Revista de Museología Kóot
2026 Año 16, n.º 19
ISSN 2078-0664
E-ISSN 2307-3942
ISNI 0000 0001 2113 0101
PORTADA
Autoridades universitarias
Lic. José Mauricio Loucel Funes
Presidente Utec
Lic. Carlos Reynaldo López Nuila
Vicepresidente Utec
Ing. Nelson Zárate
Rector
Revista de Museología Kóot
ISSN 2078-0664
E-ISSN 2307-3942
ISNI 0000 0001 2113 0101
Editor:
Dr. Ramón D. Rivas
Antropólogo social y cultural
Consejo editorial:
Dr. José Edgardo Cal Montoya
Universidad San Carlos de Guatemala
Dr. David Hernández
Universidad de Hanover, Alemania
Dr. Jaime Alberto López Nuila
Investigador asociado,
Universidad Tecnológica de El Salvador
Arq. Rafael Alas
Museo de Arte de El Salvador
Antropóloga Carmen Molina Tamacas
Periodista cultural
Dr. Rafael Guido Béjar
Académico-consultor
Msc. Laura Zavaleta
Universidad de Barcelona, España
MSc. Aracely Pérez de Hernández
Directora del Sistema Bibliotecario Utec,
Coordinadora Latindex Catálogo 2.0 El Salvador
Equipo de apoyo:
Diagramación: Evelyn Reyes de Osorio
Revisión: Noel Castro
Colaboradora: Aracely Pérez de Hernández
Traducción de textos: Ramón D. Rivas
Fotografía portada: Carlos Flores Manzano
Fotografías separadores: Katherine Sánchez Alemán
Revista indexada en Latindex
Enero, 2026
Tels. (503) 2275-8836, 2275-8837
E-mail: museo_utec@yahoo.com
Dr. José Modesto Ventura
Vicerrector Académico
Dra. Noris Isabel López Guevara
Vicerrectora de Investigación y Proyección Social
Dr. Ramón D. Rivas
Editor
Director de Cultura
Impreso en El Salvador por Tecnoimpresos, S.A. de C.V.
19.ª Av. Norte, n.º 125, San Salvador.
Tel. (503) 2275-8861
E-mail: gcomercial@ utec.edu.sv
Kóot es la revista especializada de la Universidad
Tecnológica de El Salvador, editada por el Museo
Universitario de Antropología. Pionera en su género, se
enfoca en la investigación museológica y antropológica,
abarcando áreas como la arqueología, la historia y las
artes. Además de promover el intercambio académico
institucional, la revista funciona como un espacio de
libre pensamiento donde los contenidos son
responsabilidad exclusiva de sus autores.
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Contenido
Prólogo
Lic. Carlos Reynaldo López Nuila
...............................................
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A modo de presentación ..........................................................
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Dr. Ramón D. Rivas
Entre Santos y Serpientes; narrativas de poder
y asimilación religiosa en el noroccidente
salvadoreño colonial
Between Saints and Snakes; narrative of power and religious
assimilation in the colonial salvadorean nortwest
Laura Vitelia Sermeño Echeverría
.............................................
Sacri
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cio de infantes en la memoria de la tradición
oral del lago de Güija, Metapán
Infant Sacri
fi
ce in the Oral Tradition
of Lake Güija, Metapán
Laura Vitelia Sermeño Echeverría
.............................................
Metapas del
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erro: Esbozo histórico sobre
el reconocimiento siderúrgico durante los
siglos XVII, XVIII y XX
Metapan of the iron: historical sketch on the steel
recognition during the 17 th, 18th, y 20 th centuries
José Orión Castellón Frech
....................................................
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L
Burla, condena e intolerancia. El Periódico
Correo Nacional 1925-1934 y su tratamiento
mediático a la teosofía y la masonería en Costa Rica
Mockery, Condemnation, and Intolerance: The Correo
Nacional 1925-1934 and its Media Coverage of
Theosophy and Freemasonry in Costa Rica
Chester Rodolfo Urbina Gaitán
............................................
“Salvadoreños en Nueva Jersey, 1960-Presente”
Salvadoreños in New Jersey 1960 - Present
Carmen Molina Tamacas ..............................................................
Inclusión educativa de estudiantes con trastorno
del espectro autista en educación superior
Educational inclusion of students with
Autism Spectrum Disorder in higher education
Rodrigo Antonio Colorado
Stephanie Arias Salegio
Febe Eunice Arévalo López
María Sofía Albayero García ........................................................
Peregrinaje e hibridación en Mesoamérica:
el caso del río Lempa y el lago de Güija
Pilgrimage and Hybridization in Mesoamerica:
the case of the Lempa River and Lake Güija
Carlos Flores Manzano ................................................................
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Museo Universitario de Antropología, MUA .......................
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Colaboradores .....................................................................
264
Pieza del mes .......................................................................
266
La revista
Kóot
se adhiere al modelo de acceso abierto diamante, por lo que no genera costos de publicación
para los autores ni de suscripción para los lectores. Se autoriza la reproducción total o parcial de sus contenidos,
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Licencia
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Indexación internacional en Clarivate (WoS), visibilidad en sistemas de información y estándares
de calidad editorial:
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
"Impresiones de un viaje"
Carreta en camino
Max Vollmberg
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Prólogo
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22169
URI: https://hdl.handle.net/11298/1438
Para escribir este prólogo, me tomé el tiempo de investigar un tema que
resulta éticamente inquietante para diversos sectores de la vida social
y productiva del país: la inteligencia arti
fi
cial (IA). Si bien es una
herramienta que facilita el acceso a la información para el desarrollo de
actividades y el aprendizaje personal, también existe el temor de que
desplace al ser humano en sus funciones laborales.
Tras analizar cómo la IA procesa datos de fuentes públicas —como sitios
o
fi
ciales y publicaciones académicas— y de servicios privados cuando
se le concede acceso, he llegado a la siguiente conclusión: solo el ser
humano es capaz de producir o crear conocimiento.
Por lo tanto, la inteligencia arti
fi
cial no es un ente autónomo con conciencia
propia, sino un re
fl
ejo so
fi
sticado de la inventiva humana; una extensión
de nuestras manos, pero nunca de nuestra alma. Mientras los algoritmos
operan en la frialdad de la lógica y la estadística, el ser humano habita
el terreno de la intuición y el propósito. Una máquina puede combinar
millones de datos para estructurar un verso, pero carece del duelo o la
alegría que motivan la escritura; puede calcular una trayectoria, pero no
comprende el valor del esfuerzo. La generación de saberes es un atributo
exclusivo que emana de nuestra capacidad para comprender, interpretar y
dotar de sentido al mundo, integrando vivencias, razonamiento y cultura
en una sabiduría que orienta nuestras decisiones.
En última instancia, la tecnología debe ser entendida como un ecosistema
al servicio de nuestra voluntad. El verdadero peligro no radica en que
las máquinas piensen como nosotros, sino en que nosotros olvidemos
que nuestra esencia radica en aquello que es imposible de codi
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ética, el asombro y esa chispa divina de creatividad que nos permite ver
donde otros solo cuentan. Somos, y seguiremos siendo, los arquitectos
del sentido en un mundo inundado de datos.
Es fundamental recordar que nuestra semejanza con el Creador reside en
esa capacidad creativa que, hasta la fecha, es ajena a las máquinas. Bajo
esta premisa, considero que la generación de información académica
y cientí
fi
ca es un don privilegiado que debemos potenciar, estimular y
preservar. Cada tesis, ensayo o informe fruto de la investigación humana
posee un valor incalculable; es, de hecho, el sustrato vital que la propia
IA requiere para ofrecer respuestas asertivas ante cualquier consulta
especializada.
Partiendo de esta re
fl
exión, me genera una profunda satisfacción presentar
el número 19 de la Revista de Museología Kóot, del Museo Universitario
de Antropología. Esta edición reúne siete investigaciones y ensayos que
aportan conocimiento con
fi
able, veri
fi
cable y con rigor académico, listos
para ser descubiertos tanto por nuestros lectores como por los motores de
búsqueda que indexan nuestro sitio web en la Universidad Tecnológica.
En una era saturada de desinformación y datos carentes de rigor, hacer
ciencia es un desafío creciente. No obstante, la revista Kóot rea
fi
rma
su compromiso de producir conocimiento auténtico. Al hacerlo,
garantizamos nuestra propia vigencia: mientras sigamos creando, la
inteligencia arti
fi
cial tendrá una fuente de verdad a la cual acudir; el
día que dejemos de producir conocimiento, las máquinas perderán su
capacidad de responder con acierto.
Lcdo. Carlos Reynaldo López Nuila
Vicepresidente
Universidad Tecnológica de El Salvador
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A modo de presentación
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22170
URI: https://hdl.handle.net/11298/1439
El año 2026 se perfila como un periodo de significativos desafíos para la
academia salvadoreña, particularmente en el ámbito de la investigación
científica y social. Las autoridades gubernamentales y universitarias han
señalado la necesidad urgente de articular la producción académica con los
sectores productivos, con el propósito de evitar que los programas formativos
y las agendas investigativas queden rezagados frente a la acelerada
transformación tecnológica que caracteriza al presente contexto global.
No obstante, los retos no se limitan a la vinculación con el aparato
productivo. La investigación académica que desarrollamos de manera
constante en el equipo editorial de la Revista de Museología Kóot,
publicada semestralmente, también se enfrenta a las tensiones propias
de un sistema educativo marcado por décadas de subinversión y por
desigualdades estructurales y de conocimiento. En este sentido, las
autoridades de la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC)
han subrayado que la academia debe continuar en el 2026 con la
responsabilidad de responder a estas carencias históricas mediante
propuestas innovadoras y sostenibles.
Ante tal panorama, la Revista Kóot se constituye en el espacio estratégico
de acompañamiento y re
fl
exión crítica, capaz de fortalecer las acciones
institucionales que se impulsen durante el presente año. La edición
número 19 tiene como propósito central visibilizar y difundir el esfuerzo
investigativo de hombres y mujeres comprometidos con el ámbito social,
quienes reconocen en la ciencia un instrumento indispensable para
avanzar en la construcción de un desarrollo integral —social, económico
y político— que responda a las necesidades del país y a los desafíos de la
región. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.
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Los primeros aportes que presentamos en la revista Kóot 2026 a nuestro
público lector esta distribuido de la siguiente manera:
1. “El peregrinaje e hibridación en Mesoamérica: el caso del río Lempa
y el lago de Güija”.
La investigación de Carlos Flores Manzano examina el papel del río
Lempa y el lago de Güija en la con
fi
guración cultural mesoamericana,
con especial énfasis en las prácticas de peregrinación y en la construcción
simbólica de los paisajes sagrados. A través del análisis arqueológico,
etnohistórico e iconográ
fi
co, se demuestra cómo estos cuerpos de agua
funcionaron como espacios de convergencia ritual, comercial e ideológica
para diversos grupos mesoamericanos, entre ellos los mayas, los nahua-
pipil y los incas.
2. “Inclusión educativa de estudiantes con trastorno del espectro autista
en educación superior”.
El artículo elaborado por cuatro profesionales e investigadores
nacionales ofrece aportes signi
fi
cativos para comprender los desafíos y
oportunidades de la inclusión de estudiantes con trastorno del espectro
autista en la comunidad universitaria salvadoreña. Los resultados de la
investigación subrayan la necesidad de que la educación superior adopte
estrategias pedagógicas y políticas institucionales que garanticen una
educación inclusiva y de calidad para todos.
3. “Sacri
fi
cios de infantes en la memoria de la tradición oral del lago
de Güija, Metapán”. La arqueóloga Laura Vitelia Sermeño Echeverría
presenta un relato registrado en el cantón Desagüe de Belén, en el lago
de Güija, Metapán, que remite a rituales de sacri
fi
cio infantil vinculados
a ceremonias de renovación. El estudio rescata la memoria oral como
fuente para comprender las prácticas rituales y su persistencia en el
imaginario cultural de la región.
4. “Burla, condena e intolerancia: el Correo Nacional (1925-1934) y su
tratamiento mediático de la teosofía y la masonería en Costa Rica”.
El historiador y sociólogo Chester Rodolfo Urbina Gaitán analiza el
papel del periódico Correo Nacional en la construcción de un discurso
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de rechazo hacia la teosofía y la masonería durante la primera mitad del
siglo XX en Costa Rica. El estudio evidencia cómo el medio contribuyó a
consolidar el catolicismo como sistema de creencias dominante, al tiempo
que revela las dinámicas de intolerancia y exclusión que marcaron la vida
religiosa y social del país. Es un artículo muy interesante para estudiantes
de comunicaciones y para aquellos que aman la lectura relacionada con
hechos históricos que aún tienen impacto en el mundo moderno.
5. “Salvadoreños en Nueva Jersey, 1960-presente”.
Con su estilo narrativo característico, Carmen Molina Tamacas documenta
la experiencia migratoria de los salvadoreños en Estados Unidos,
particularmente en Nueva Jersey. El artículo reúne múltiples historias
que re
fl
ejan la realidad de quienes emigraron para escapar de la violencia
del con
fl
icto armado salvadoreño, aportando al conocimiento académico
sobre las diásporas y la construcción de comunidades transnacionales. En
estos tiempos donde la cacería de inmigrantes latinos es una pesadía, es
oportuno saber cómo vive dicha comunidad en el país que los acogió y que
hoy los expulsa por políticas de odio impulsadas por grupos económicos
poderosos que gobiernan dicha nación.
6. “Metapas del Fierro: esbozo histórico sobre el reconocimiento
siderúrgico durante los siglos XVII, XVIII y XIX”.
José Orión Castellón Frech presenta los resultados de una investigación
realizada entre 2020 y 2021 en Metapán, Santa Ana, sobre la explotación
y el posicionamiento del hierro en la antigua región de Metapas del Fierro.
El estudio incluye una reconstrucción hipotética de un antiguo ingenio
siderúrgico, ofreciendo nuevas perspectivas sobre la historia económica
y tecnológica de la región.
7. “Entre santos y serpientes: narrativas de poder y asimilación religiosa
en el noroccidente salvadoreño colonial”.
En esta investigación, la arqueóloga Laura Vitelia Sermeño Echeverría
explora el patrimonio cultural inmaterial del noroccidente salvadoreño
durante la época colonial, destacando las narrativas de poder y los
procesos de asimilación religiosa.
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El artículo subraya la relevancia de estas prácticas en la con
fi
guración
de la identidad cultural salvadoreña y en la comprensión de su
legado histórico.
Son siete artículos que conforman la edición número 19 de la revista Kóot.
Con esta edición de la Revista de Museología Kóot correspondiente al
presente año, se erige un espacio plural de re
fl
exión crítica y producción
cientí
fi
ca, en el que convergen investigaciones de diversa índole —
arqueológicas, históricas, sociales y educativas— que iluminan aspectos
fundamentales de la realidad mesoamericana y centroamericana. Los
estudios presentados abordan desde la sacralidad de los paisajes acuáticos
en la cultura mesoamericana hasta los desafíos contemporáneos de la
inclusión educativa en la educación superior, pasando por la memoria
oral de rituales ancestrales, las tensiones ideológicas en la prensa
costarricense del siglo XX, las experiencias migratorias salvadoreñas
en Estados Unidos, la historia siderúrgica de Metapán y las narrativas
coloniales de poder y asimilación religiosa.
En conjunto, estos aportes con
fi
guran un mosaico interdisciplinario que
no solo rescata la riqueza del patrimonio cultural tangible e intangible,
sino que también interpela a la academia salvadoreña y regional sobre su
responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa, inclusiva
y consciente de su historia.
La Revista Kóot rea
fi
rma así su compromiso de acompañar los procesos
institucionales y sociales mediante la investigación rigurosa, ofreciendo a
la comunidad académica y al público lector un corpus de conocimientos que
contribuye al desarrollo social, económico y político del país y la región.
Ramón D. Rivas
Editor Kóot.
Director. Dirección de Cultura
Universidad Tecnológica de El Salvador.
LEGITE ET IMPLETE VOS SCIENTIA
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
"Impresiones de un viaje"
Calle El Comercio, San Salvador
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Laura Vitelia Sermeño Echeverría
https://orcid.org/0000-0002-9162-039X
Entre Santos y Serpientes; narrativas de poder
y asimilación religiosa en el noroccidente
salvadoreño colonial
Between Saints and Snakes; narrative of power
and religious assimilation in the colonial salvadorean nortwest
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22070
URI: https://hdl.handle.net/11298/1433
Arqueóloga e investigadora independiente
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Resumen
El presente artículo presenta los resultados de un estudio exploratorio
realizado entre 2020 y 2025, enfocado en el registro y documentación
de patrimonio cultural en la región noroccidental de El Salvador, con
el objetivo de profundizar en el conocimiento del patrimonio cultural
inmaterial, principalmente en la tradición oral. En este artículo se
presentan dos de las leyendas encontradas durante el trabajo de campo
y se analizan mediante el enfoque de la antropología simbólica, para
revelar algunos de los signi
fi
cados detrás de los símbolos presentes en
las leyendas. El artículo plantea que estas narrativas corresponden a
un proceso de resigni
fi
cación de símbolos efectuado durante la época
colonial, con el
fi
n de que las poblaciones nativas adoptaran una nueva
religión, estandarizando de cierta manera algunas historias y utilizando el
temor como método de persuasión para la adopción de la nueva norma, así
como también la readecuación de elementos simbólicos para modi
fi
car
de manera permanente su signi
fi
cado original.
Palabras clave:El Salvador-Patrimonio cultural. Antropología simbólica.
Tradición oral. Valores culturales-Leyendas. Evangelización-El Salvador.
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Abstract
The present article presents the results of an exploratory study
conducted in between 2020 and 2025, was focused on the recording
and documentation of cultural heritage in the northwestern region of
El Salvador, with the aim of deepening the understanding of intangible
cultural heritage, particularly oral tradition. This article presents two of
the legends found during the
fi
eldwork and analyzes them through the
lens of symbolic anthropology, in order to reveal some of the meanings
behind the symbols present in the narratives. The article argues
that these narratives correspond to a process of re-signi
fi
cation of
symbols carried out during the colonial period, intended to lead native
populations to adopt a new religion, in part by standardizing certain
stories and using fear as a method of persuasion for the adoption of the
new norm, as well as by readapting symbolic elements to permanently
alter their original meaning.
Keywords: El Salvador — Cultural heritage. Symbolic anthropology. Oral
tradition. Cultural values — Legends. Evangelization — El Salvador.
Introducción
La región del noroccidente de El Salvador posee una riqueza de
patrimonios culturales intangibles poco explorada y valorada, la
cual contiene importante información sobre el pasado prehispánico,
las dinámicas socioculturales de la región y los diferentes procesos
históricos, en especial uno, el de los procesos de evangelización
colonial. Los cambios de paradigmas o resigni
fi
cación de los símbolos
efectuados por los frailes en la Colonia son evidentes al estudiar las
leyendas populares de los diferentes cantones que conforman la región
del noroccidente, y que comparten elementos en común sobresalientes,
entre ellos, los cuerpos de agua, de vital importancia y sacralidad tanto
para las culturas mesoamericanas como para las europeas. La
fi
gura
de la serpiente como monstruo destructor y la de la Virgen o el santo,
están presentes en las leyendas o expresiones de la tradición oral que se
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mantienen vigentes en la actualidad, que forman parte del imaginario
colectivo de las comunidades, así como también del acervo patrimonial
intangible en El Salvador.
El estudio exploratorio realizado, pretende profundizar en el
conocimiento de la tradición oral de la región noroccidental del
país. Estas investigaciones plantean una metodología de trabajo para
la puesta en valor y el reconocimiento del patrimonio cultural por
parte de comunidades que habitan zonas de interés patrimonial y de
esta manera generar una sensibilización dirigida a la conservación y
utilización del patrimonio cultural de forma sostenible, de la mano
de la conservación de los recursos naturales y del desarrollo de un
turismo consciente y sustentable.
El artículo se sustenta con investigaciones personales de la autora
realizadas a partir de 2020 a 2025, realizadas en el noroccidente del
país (Santa Ana y Chalatenango).; en este texto se analizan dos de las
siete leyendas registradas pertenecientes a la región norte fronteriza con
Honduras y Guatemala, especí
fi
camente en la Isla Igualtepeque en lago
de Güija y Llano de la Virgen, Los Planes de Citalá, en ellas se evidencia
como las ideas fundamentales sobre la religión y lo sagrado fueron
modi
fi
cadas en función de un nuevo orden, una nueva religión y un nuevo
sistema social, basado desde sus inicios en la destrucción, marginación,
denigración y satanización de la cultura nativa y los símbolos venerados
por los pueblos nativos de la región.
El proceso de conquista y colonización fue un proceso de asimilación
cultural religiosa en el que los misioneros evangelizadores jugaron un
papel preponderante, tanto para aprender el idioma indígena y entender
la cultura nativa americana y de esta manera instaurar la fe católica en
la Nueva España, así como también lo fueron otros procesos macabros
de destrucción de textos y materiales de conocimiento indígena ancestral
ahora perdidos para el mundo. En Centroamérica y en El Salvador, el
proceso de evangelización sucedió en similitud a cómo ocurrió en otras
partes de la Nueva España a través de los métodos de evangelización de
las diferentes misiones enviadas a América con este
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Metodología para el levantamiento de datos
El estudio se guió por la metodología de investigación antropológica y
etnográ
fi
ca, siendo un estudio cualitativo, exploratorio longitudinal de
tipo deductivo; se llevó a cabo mediante las siguientes etapas:
1. Establecimiento de contactos primarios y exploraciones de campo
para reconocimiento de los lugares de estudio.
2. Visitas de campo para la obtención de información relacionada con
el patrimonio cultural, mediante observación participante, entrevistas
semiestructuradas y vinculación comunitaria para iniciar procesos de
sensibilización sobre el tema.
3. Revisión y sistematización del material obtenido, transcripción y
codi
fi
cación de los datos.
4. Análisis de los elementos de interés
5. Tabulación.
El presente artículo presenta dos de las siete leyendas registradas en
cuatro localidades de la región noroccidental del país y los resultados
del estudio exploratorio basado en trabajo de campo personal en el
noroccidente salvadoreño; cantón El Desagüe de Belén, lago de Güija,
Metapán, Santa Ana, cantón Los Planes, Citalá, Chalatenango, cantón
Llano de la Virgen, Citalá, Chalatenango y cantón Las Pilas, San Ignacio,
Chalatenango, entre los meses de enero y junio de 2025.
Las leyendas registradas son las siguientes:
1. Leyenda de la Virgen y la Serpiente (Caserío El Desagüe de Belén
Güijat, Metapán, Santa Ana)
2. Leyenda de la iglesia hundida (Caserío El Desagüe de Belén Güijat,
Metapán, Santa Ana)
3. Leyenda de la Virgen de Tepanguisir (Cantón Changüitón, Citalá,
Chalatenango)
4. Leyenda de la imagen de Santo Tomás (Cantón Las Pilas, San Ignacio,
Chalatenango)
5. Leyenda de la Aparición de la Virgen (Cantón llano de la Virgen,
Citalá, Chalatenango)
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Laura Vitelia Sermeño Echeverría
6. Leyenda de la Cruz y la serpiente (Cantón Los Planes, Citalá,
Chalatenango)
7. Leyenda del Des
fi
gurado (Cantón Llano de la Virgen, Citalá,
Chalatenango)
Tradición oral registrada en la región del Tri
fi
nio El Salvador
Leyenda de la Virgen y la Serpiente (Caserío El Desagüe de Belén Güijat,
Metapán, Santa Ana)
Gloria Aguilar nos cuenta que en el interior del lago de Güija habita
una serpiente gigante. Esta se encuentra amarrada con unas cadenas de
oro en la iglesia hundida que también está en ese lago, y es la Virgen
de Belén quien sostiene las cadenas para que la serpiente no salga y
destruya la ciudad.
Leyenda de la Cruz y la serpiente (Cantón Los Planes, Citalá,
Chalatenango)
Gerson Adonay nos comentó que cada año ponen una cruz en noviembre
en honor a San Francisco, pues él tiene amarrada una serpiente que habita
en la conocida Laguna de los Planes. Esta serpiente es gigante y tiene
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“cachos” en la cabeza formados de oro; se encuentra enterrada bajo el
agua. De un día para otro la serpiente creó esa laguna que antes era un
corral. San Francisco fue a su vez quien creó a la serpiente para que las
personas creyeran en él. Se dice que si se llegara a soltar tal serpiente,
destruiría, hundiendo y creando temblores en Los Planes y todos los
pueblos vecinos, incluyendo el casco urbano de Citalá, pero como San
Francisco la tiene amarrada con cadenas de oro, esta no se soltará siempre
y cuando le pongan la cruz en el cerro que se ve frente a la laguna. Muchas
personas temen acercarse a esa laguna, pues la serpiente tiene el poder de
“jalar” a las personas dentro. San Francisco, por su parte, la alimenta con
las oraciones que hacen para él, lo que la mantiene quieta.
Otras versiones de la misma historia contadas por otros lugareños
aseguran que la laguna se ha secado alguna ocasión y no han podido ver
al monstruo.
Laguna en Cantón Los Planes, Citalá, Chalatenango
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Resultados estadísticos
El análisis de las leyendas se realizó mediante el software para asistencia
de análisis de datos cualitativos ATLAS.ti, en el que se generaron 16
códigos correspondientes a elementos signi
fi
cativos en la trama. La tabla
a continuación presenta los resultados del análisis de dos de las leyendas
registradas y la concurrencia de códigos en ambas historias.
Códigos
Cuernos/cachos
Oro
Cuerpo de agua
Laguna
Lago
La cruz y la
Serpiente
1
1
1
1
0
La Virgen y la
Serpiente
0
1
1
0
1
Destrucción / poder21
Elemento persuasivo20
Hundido/enterrado/oculto11
Iglesia Católica / cruz católica11
Serpiente gigante11
Sometimiento12
Temor10
Vinculación al presente10
Virgen01
Santo10
Virgen / santo11
A continuación, se exponen los siguientes elementos de análisis.
1. En ambos relatos la serpiente es la protagonista principal.
2. Los cuerpos de agua se encuentran presentes en ambas historias; lago
y laguna, respectivamente.
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3. El elemento oro, ya fuera en cachos o en cadenas que sostienen a la
serpiente.
4. En ambas historias se menciona el poder destructivo de la serpiente;
sin embargo, en la leyenda de La Cruz y la Serpiente, este poder es
mencionado en más ocasiones
5. En ambas historias, la serpiente se encuentra enterrada u oculta bajo
el manto de agua.
6. En ambas historias se menciona un estandarte cristiano como lo es la
Cruz o una iglesia cristiana.
7. La Virgen o el santo son mencionados como protagonistas de la
historia frente a la
fi
gura de la serpiente.
8. En ambas historias está presente el elemento de sometimiento de la
serpiente frente a la Virgen o santo cristiano.
9. En una de las leyendas queda explícito el elemento persuasivo de la
historia; el temor como vehículo para la obediencia (colocación de la
cruz y oraciones dedicadas a San Francisco).
10. En una de las historias, la asimilación de esta leyenda por parte de
la población fue tan profunda que todavía existen remanentes de
prácticas relacionadas con esta historia hasta el presente (colocación
de una cruz en el cerro El Tamal durante el mes de noviembre, que
queda precisamente frente a la laguna y como acto de adoración al
patrono de la zona; San Francisco).
Discusión
Los símbolos, las culturas y la readaptación de signi
fi
cados
Los símbolos existen en la medida en la que los grupos humanos se
apropian de ellos para intercambiarlos en su vida cotidiana (Pérez-
Taylor, 2011). Consecuentemente, estos símbolos continúan siendo
parte de una institucionalización dentro de un espacio de interacciones y
diálogos entre los distintos sujetos sociales que aglutinan a su alrededor
las condiciones sociales que producen el sentido. Esta producción
de sentido es relacionada con el orden público y su materialización
representa una identidad colectiva, eje fundamental que posibilita la
acción o razones de un estado. El sentido común adquiere valor a partir
del momento en el que un saber se convierte en algo establecido o
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parte de la vida común. Dichas formas y contenidos dan al signo su
carácter de símbolo y solo al analizarlos. Siguiendo este orden de ideas,
todo símbolo valida su existencia mediante un hecho memorable que
debe estar presente reiteradamente en la conciencia y en la memoria
colectiva de las prácticas culturales, lo que a su vez da contenido y forma
dentro del ámbito de la organización social. Los símbolos o estructuras
cognoscitivas regulan las diferentes instituciones que se desarrollan en
el espacio de las identidades, la cultura moral, la ética, las festividades
y las políticas que forman la organización interna de una sociedad y
delimitan sentidos de representación metafórica para tener un lugar, un
presente vivido (Pérez-Taylor, 2011).
Estos acontecimientos que regulan el simbolismo de las instituciones
también se articulan a partir de un pasado común. El presente se
encuentra cargado de símbolos que derivan de eventos acontecidos
en otros tiempos y que, sin embargo, permanecen en las memorias
colectivas de los poseedores; esos articuladores le dan al tiempo
actual un lugar de ubicación y legitimación. Cualquier símbolo y sus
interpretaciones sociales estarán presentes en la medida en la que los
intercambios actualicen el sentido de lo sabido, es decir, de lo que
signi
fi
ca
(Pérez-Taylor, 2011).
En ese sentido, los símbolos han estado presentes desde el inicio de
la civilización y existen en la medida en la que han dado sentido a la
historia y van de la mano con el desarrollo de la cultura en sus diferentes
lenguajes, la creación de abstracciones y el establecimiento de diálogos
permanentes, son entonces componentes que posibilitan el intercambio
de saberes íntimos, privados y sociales que organizan la historia del
pasado hasta el presente de la memoria colectiva al sentido.
Podríamos deducir que es el elemento que sostiene al sistema de
comunicación social y cultural durante su ejercicio y que le remite a
relacionarlo con lo habitual, con eventos importantes del pasado y del
presente para asegurar su continuidad, se convierte en un articulador
político para producir efectos deseados, construyendo relaciones de causa
y efecto en la organización de los diferentes procesos de la producción de
cultura (Pérez-Taylor, 2011).
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Los antropólogos han aportado al estudio del simbolismo mediante su
contribución en el incremento de conocimientos, ya fueran lógicos,
lingüísticos, teológicos, psicológicos, o como un aporte para la historia
del arte. Este enfoque antropológico es meramente comparativo,
funcionalista, observacional y relativamente neutral, observando rasgos
que poseen valor vinculados a los hechos e interpretaciones desde
el simbolismo con los acontecimientos y especí
fi
cas estructuras y
condiciones sociales (Vallverdú Vallverdú, 2008).
Vale la pena recalcar que la antropología tiene como objetivo fundamental
proporcionar una descripción rigurosa y un análisis sistemático de los
diferentes actos simbólicos que existen en la realidad cotidiana de la
vida social, tanto en sus aspectos verbales como no verbales, sin dejar
de distinguir aquellas partes de acción signi
fi
cativas de las que son
accidentales, subrayar los elementos rutinarios o estandarizados en
comparación con los personales o los idiosincrásicos, todo para poner en
un contexto conceptual e institucional y dentro de un marco especí
fi
co de
relaciones de grupo.
El símbolo es, entonces, una categoría cultural; haciendo la comparación
entre humanos y animales, los animales se adaptan directamente al medio
físico o su entorno natural instintivamente, mientras que el ser humano
tiene por medio un universo simbólico formado por el lenguaje, la religión,
el arte, el mito y los patrimonios. Es a través del medio simbólico que
el ser humano se adapta a su medio, respondiendo a un mecanismo de
adaptación que le provee de una experiencia en un universo simbólico,
a
fi
nando y reforzando dicha red simbólica (Vallverdú Vallverdú, 2008).
Podría entonces, de
fi
nirse al ser humano como un animal simbólico y
racional, puesto que la lógica y la razón por sí mismas no logran explicar
toda la complejidad y riqueza inherente a la especie humana; sin embargo,
el potencial que el ser humano posee para la abstracción y la generación
de símbolos le provee de una singularidad y le abre el camino para el
pensamiento integral (Vallverdú Vallverdú, 2008).
Geertz (2003) considera que los símbolos sagrados poseen una función de
sintetizadores del ethos, es decir, el conjunto de modos de comportamiento
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y rasgos que conforman la identidad o el carácter de una comunidad o de
un individuo, marcando así el tono, el carácter, el estilo moral y estético
y la calidad de vida, así como su misma cosmovisión y el orden. La idea
es que la religión armoniza las acciones humanas con un orden cósmico
que proyecta estas imágenes al plano de la experiencia humana (Geertz,
2003).
El proceso de evangelización en el Nuevo Mundo
Las tres posturas que existen sobre la relación entre la primera
evangelización de América Latina y las culturas nativas son las siguientes:
1. El Evangelio fecundó perfectamente desde el inicio en las culturas
indígenas; esa es una tesis triunfalista.
2. El Evangelio funcionó como instrumento de dominación de los
europeos, como imposición que no consiguió someter a la religiosidad
ancestral (esta es una tesis de resistencia con teologías indias).
3. América Latina es un continente mestizo cuya población
es mayoritariamente católica, fruto de un lento proceso de
evangelización con procesos sincréticos que paulatinamente se
concentraron en las zonas marginales; esa es una tesis de realismo
matizado (Martínez Ferrer, 2009).
Existen muchas razones para entender la incorporación o conversión a la
Iglesia Católica, de las que se pueden mencionar el vacío espiritual que
los indígenas sufrieron tras el trauma cultural de la Conquista. Esta nueva
religión ofrecía la dulzura del paraíso en comparación con la oscuridad
eterna del Mictlán, y el ejemplo de virtud y solidaridad de algunos
misioneros franciscanos, dominicos y agustinos, así como su defensa
de los naturales, ofreció a las poblaciones indígenas un resguardo y un
motivo para la a
fi
liación religiosa (Martínez Ferrer, 2009).
Para
fi
nales del siglo XVI probablemente existía ya una religión
híbrida en la que la mayoría de los indígenas naturales se consideraban
sinceramente católicos y al mismo tiempo sinceramente seguidores de
las antiguas religiones, generándose así los primeros sincretismos. Es
posible que también existieran los falsos cristianos, quienes solamente
utilizaban una fe católica como fachada, y pudieran haber existido
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también otras personas con una fe bastante interiorizada, estos últimos
importantes para la irradiación de ciertas leyendas orales.
Los franciscanos fueron los primeros en llegar a la Nueva España en 1523;
propusieron un modelo a seguir por otras órdenes y perfeccionaron técnicas
para acercar el cristianismo a los indígenas. El proceso de evangelización
se realizó prácticamente a la par del sometimiento armado. Esos procesos
implicaron un cambio de pensamiento e imposición de creencias nuevas.
Por ello, el arribo de los franciscanos a la Nueva España, desarrollaron
métodos, agrupándolos en tres categorías: los lingüísticos, los educativos
y los artísticos. Se realizaron campañas orientadas a conocer los idiomas
hablados en las diferentes regiones que se querían evangelizar para recopilar
tradiciones y leyendas con las que pudieran penetrar espiritualmente de una
manera indudable. Además, existieron también procesos que se centraban
en castellanizar a la población bajo la supresión de los idiomas amerindios
(Dueñas Salinas y Ramírez Zacarías, 2019).
La evangelización en Centroamérica data de la segunda década del siglo
XVI; fue dedicada a esta tarea misionera (González Villanueva, 1992).,
sobre todo durante el siglo XVII cuando se comienza la consolidación
pues en esos años se darán construcción de los grandes conventos,
templos, hospitales, universidades y escuelas volcando los esfuerzos a
los recién formados núcleos de población (González Villanueva, 1992).
Vírgenes y santos: La imagen cristiana como centro en una narrativa
de resigni
fi
cación.
Las imágenes de los santos se relacionan directamente con la fe cristiana,
o en todo caso como referente de la cultura y religión europeas frente a
las creencias del contexto indígena.
Las imágenes formaron parte del soporte material de la imposición
colonial, la resistencia cultural y la creatividad religiosa. Una imposición
traída de Europa que cohabitaba con
fi
guras, cosmovisiones y tradiciones,
lo que el autor denomina los santos como « vectores de interculturalidad».
En este sentido, estas representaciones de santos en Latinoamérica
ofrecieron una forma de asimilación cultural entre las cosmovisiones
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indígenas y la fe católica, además de ser una estrategia de resistencia
cultural para preservar la cultura de los pueblos indígenas (De la Torre,
2022).
Algunas de las
fi
guras poseen propia agencia y aparecen de manera
prodigiosa en diferentes tradiciones, las imágenes eligen dónde quieren
estar y por quién quieren ser resguardadas. En esos procesos, la
fi
gura
se transforma en un objeto signi
fi
cativo o bendito. De esta manera,
las
fi
guras milagrosas atraen a los devotos sin intermediarios o sin la
necesidad de recurrir a sacerdotes (De la Torre, 2022).
Desde la Edad Media, una de las formas de aleccionamiento de los
pueblos había sido la de las imágenes, debido a que la mayor parte de la
población era analfabeta. De esta manera, esculturas colocadas en lugares
estratégicos como puertas de iglesias, en capiteles o altares, con
fi
guraban
una serie de hechos con lecturas continuadas a manera de metodologías
didácticas. Así, los misioneros llegados a América fundamentaron sus
enseñanzas de la doctrina cristiana como lo habrían hecho durante la
Edad Media (Díaz Díaz, 2018).
Sobre el tema de la necesidad de difundir el castellano, se crearon
escuelas, universidades e imprentas que iban a contribuir precisamente a
una mejor difusión de los textos escritos; mientras los habitantes nativos
y los misioneros no pudieran entenderse, la comunicación y transmisión
de la doctrina cristiana se fundamentó principalmente en las estatuillas
religiosas realizadas en madera, mayoritariamente de la Virgen y Cristo,
además de otros santos (Díaz Díaz, 2018).
El agua como elemento sagrado
Han existido desde siempre cultos naturalistas que implican a la tierra y las
aguas, así como al resto de elementos primigenios que han protagonizado
las primeras manifestaciones religiosas en el mundo. El agua en concreto,
ha sido una sustancia de la que depende la supervivencia de la especie,
por la que ha tenido un protagonismo claro y explícito, estando rodeada
de numerosos enclaves y estructuras de todo tipo, entre las que podemos
mencionar fuentes o balnearios, así como un conjunto de creencias
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protagonizadas por la veneración al agua como elemento natural, las cuales
evolucionaron a otras variantes como la curación con aguas salutíferas o
sulfurosas y aguas termales (González Montes et al., 2021).
En la concepción náhuat de los cuerpos de agua como lugares sagrados,
la autora de
fi
ne que en este sentido el agua no solamente tuvo un vínculo
diario cotidiano para utilizarla para cubrir necesidades básicas, sino que
existía para los pueblos mesoamericanos un nexo que se establece con el
agua para crear estructuras ideológicas (Rébsamen Reynoso, 2009).
El término «cuerpo de agua » se entiende como todo espacio que alberga
agua en cantidades abundantes y que puede presentarse tanto en la
naturaleza en forma de río, laguna, lago, manantial, ojo de agua, pozo,
entre otras, como en algún depósito arti
fi
cialmente creado (Rébsamen
Reynoso, 2009).
Lago de Güija, Metapán, Santa Ana
Para las tradiciones mesoamericanas nahuahablantes, al no existir
el término cuerpo como un concepto práctico, utilizaban el término
tonacayo, que signi
fi
ca «nuestra carne» con el su
fi
jo yo, que marca
posesión inalienable y que puede ser traducido como la carne de la que
estamos constituidos, ya fuera animal, planta o el cerro y la tierra como
corteza terrestre; también se les concebía en la cosmovisión prehispánica
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como seres animados con una masa que contenía un líquido vital, en el
caso de las personas, sangre; savia para las plantas o agua en los cerros
y en la tierra. En este caso, los sitios donde se encuentran estos líquidos,
los ríos, lagos manantiales o pozos, fueron considerados como centros de
mayor animidad y sitios donde se realiza el proceso de procreación. En
la cosmovisión náhuatl, la correspondencia entre el cuerpo humano y el
resto del cosmos es inequívoca (Rébsamen Reynoso, 2009).
La cosmovisión se entiende como una visión estructurada del cosmos
por parte de un pueblo. En opinión de (Lopez Austin, 2001). Tiene su
fuente principal en las actividades cotidianas y diversi
fi
cadas de todos los
miembros que forman un colectivo; en su manera de manejar la naturaleza
y en sus relaciones sociales integran representaciones que comparten
colectivamente y que generan pautas de conducta en diferentes ámbitos
de acción la cosmovisión es pues una construcción indispensable para el
pensamiento y la acción de grupos particulares y concretos y de ahí su
necesidad constante de articularse con el resto de las transformaciones
sociales. La religión forma parte de su estructura lógica que ordena el
mundo y marca las relaciones que existen entre los objetos y los seres
que habitan el mundo.
Muchos de estos cuerpos de agua fueron descritos por los cronistas y
ubicados, luego explorados por arqueólogos que encontraron restos de
evidencias de rituales u objetos ceremoniales. Esta presencia de ofrendas
en determinados sitios acuáticos evidencia la gran valoración que sus
pueblos mesoamericanos tenían por el agua, pero también que no todo
contenedor de agua sería ideal como vehículo para contactar con la
divinidad. El agua entonces por sí misma no iba a ser considerada como
un líquido con sacralidad, sino cuando esta venía acompañada de alguna
otra característica portentosa, como fuera la inmensidad, la profundidad,
la furia, la agitación, la sonoridad, entre otros (Rébsamen Reynoso, 2009).
También hay que tomar en cuenta las especí
fi
cas áreas del río o del lago
que se mostrarán más dedicadas a la ritualidad debido a la concentración
de presencia divina manifestada especí
fi
camente en ese sitio y evidenciada
con algún rasgo singular. Siguiendo las descripciones, se concluye que
los cuerpos naturales de agua eran de carácter sagrado y considerados:
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como tales, por lo que en algunas esculturas de las divinidades en
ellos se disponían ofrendas desde inciensos y objetos hasta corazones
de sacri
fi
cados; además, estos sitios tenían mayor importancia y una
connotación mayor durante determinadas
fi
estas. Particularmente en los
lagos se llevaban a cabo rituales en los que participaban exclusivamente
miembros de la clase sacerdotal y la gente común en contexto de ciertas
festividades; al igual que en los lagos se realizaban limpiezas rituales
e instrumentos de trabajo eran relacionados con la renovación o a la
regeneración (Rébsamen Reynoso, 2009).
Serpientes: ¿dioses o demonios?
Quetzalcóatl fue una deidad principal en Mesoamérica y un elemento
primordial de la cosmovisión de esos pueblos. Antiguamente, en las
aldeas agrícolas tenían una comunicación estrecha con el medio lacustre.
Los lagos modelaron la cosmovisión y la vida de los pobladores; se gestó
entonces una cultura en relación al agua, con humanos viviendo de la
caza y de la pesca, aprendiendo a aprovechar la
fl
ora y la fauna de sus
medios, practicando la horticultura y encontrando una vida sedentaria
alrededor de estos cuerpos de agua en la que Quetzalcóatl se encontraba
representado por las aves y los peces que imitaban las características de
la deidad, siendo viento y siendo agua (Ocaña Jiménez, 2004).
Se forman los linajes. En el mito mixteco hubo un evento temprano: el
matrimonio de 12 Viento Quetzalcóatl con 3 Pedernal. Con esta unión de
lo divino y lo humano nacen las dinastías y la autoridad externa y local; los
linajes se representan entonces con los grupos de animales sagrados durante
los procesos de diferenciación social. El grupo representado por el jaguar
tenía la primacía, remitiéndonos a los olmecas (Ocaña Jiménez, 2004).
En la cultura judeocristiana, normalmente, la
fi
gura de los o
fi
dios se asocia
con el diablo, la tentación y el pecado, y con astucia y el conocimiento de
los principios del mal o el dragón color del fuego con siete cabezas y diez
cuernos. Por otra parte, en las cosmogonías de los pueblos originarios de
América, la serpiente ocupa un papel central fundamental. La serpiente
emplumada es una
fi
gura recurrente, alada o cornuda, en algunas
ocasiones con una o dos cabezas. Se sabe que, en particular, Quetzalcóatl,
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la serpiente emplumada de diferentes culturas mesoamericanas desde los
olmecas, estaba asociada con el agua. Esta tenía la habilidad de recorrer
los diferentes niveles del universo: el terrestre, el inframundo y el celeste.
Para las culturas mesoamericanas, la serpiente emplumada personi
fi
caba
la fertilidad asociada con el agua, el viento y el fuego que lo puede
transformar todo; en términos sociales representaba el conocimiento, las
artes, la creatividad, la jerarquía de los reyes, el comercio y los sacri
fi
cios
(Gutiérrez del Ángel, 2019).
Para los pueblos mixtecos y huicholes, María Benciolini evidencia
que las serpientes aparecen en varios mitos relacionados con el mundo
subterráneo y acuático; con el cielo nocturno y el océano Pací
fi
co,
también se vinculan con remolinos y algunas veces con demonios; no
obstante, esta última asociación, explica la autora, es una visión exógena,
un constructo de la visión que tenían los misioneros para acusar a los
indígenas de paganos (Benciolini, 2019).
Para los pueblos mayas, la serpiente es la que crea el bordado como un
elemento que es el universo mismo construido, un concepto asociado
a la serpiente que sufre varias transformaciones en mitos y rituales. La
víbora se relaciona con una mujer creadora del universo que en ocasiones
adquiere potencias nefastas y en otras fastas; tanto en fertilidad como
aliento de muerte. En esta idea, el universo es creado como si fuera un
textil, un
fi
no bordado en donde es la serpiente el hilo que crea la forma
del universo y la urdimbre es el mundo o plataforma ecológica donde
aparece este universo con todos sus seres (Gutiérrez del Ángel, 2019).
Las serpientes y su relación con el agua están presentes desde los altiplanos
y las tierras mexicanas hasta las tierras del Pací
fi
co sur. Algunos pueblos
de las sierras de Nayarit poseen cantos que relatan una divinidad asociada
con el venado y la estrella de la mañana que
fl
echa una serpiente que
amenaza a los seres humanos, la cual se asocia con el agua y lo nocturno.
En esta relación con el mundo acuático se a
fi
rman los cantos y también
queda plasmada en algunos elementos del paisaje, particularmente en
referencia a la Laguna de Santa Teresa, un lugar sagrado ubicado en el
territorio de la comunidad homónima. Esta laguna, según los habitantes,
contiene aguas de un diluvio primordial; estas aguas recolectadas se
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utilizan en algunos rituales. Existe una leyenda en la que una enorme
serpiente que amenazaba a las personas
fi
nalmente es
fl
echada cayendo
al suelo y creando así esta laguna. La cabeza de la serpiente se rompió en
pedazos que quedaron esparcidos como grandes piedras; según algunas
personas, la víbora todavía se encuentra en las profundidades de la laguna
(Gutiérrez del Ángel, 2019).
Existen en otras comunidades de la sierra, especí
fi
camente en Mesa del
Nayar y Jesús María, versiones desdibujadas del mismo mito en el cual
se a
fi
rma que la laguna es habitada por una víbora y que a través de la
mirada, es capaz de «jalar» a las personas hasta la laguna para hacerlas
desaparecer (Gutiérrez del Ángel, 2019).
Tradición judeocristiana la serpiente es el mal
La serpiente ha sido preponderante en diferentes creencias por todo el
mundo, principalmente por la forma de su cuerpo, sus movimientos
y por su veneno; ha sido un animal temido alrededor del mundo. Su
naturaleza dual enigmática se considera como un demonio y causa
de muerte y, por otra parte, poseedora de poderes bené
fi
cos y divinos
(Álvarez Cineira, 2003).
En el mundo bíblico juega un papel importante en la concepción
religiosa sobre el origen del pecado y la caída de Adán y Eva; la
serpiente representa las fuerzas malignas portadoras de la muerte y en la
fe cristiana se asocia frecuentemente con el pecado, con el príncipe de
las tinieblas y el in
fi
erno. En la mayoría de las religiones del Próximo
Oriente, la serpiente es un ser hostil a Dios y la victoria sobre el dragón
signi
fi
ca en los mitos y fábulas la victoria sobre el caos y las tinieblas
(Álvarez Cineira, 2003).
Es así como la idea de que la serpiente representa la tentación o el mal
se establece en el mundo cristiano, siendo símbolo de la decadencia del
hombre en cuanto le seduce para que desee poseer conocimiento. Esta
idea fue importada por los frailes al nuevo continente y adoptada en una
gran diversidad de mitos y relatos de las zonas rurales.
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Conclusiones
La tradición oral en la región del noroccidente salvadoreño se encuentra
marcada por los procesos de rede
fi
nición de signi
fi
cados; estos procesos
de resigni
fi
cación fungieron como elementos persuasivos en una empresa
más grande para sus ejecutores: la evangelización. Vale la pena resaltar
que estas manifestaciones son parte de la colectividad en el presente, y
presentan elementos que corresponden a ese cambio o resigni
fi
cación de
símbolos y estatus.
Por otra parte, en ambos casos las serpientes se encuentran asociadas a
cuerpos de agua en reposo (Lago de Güija y Laguna de Los Planes de
Citalá). Es necesario entender entonces que la alusión a este cuerpo de
agua y el hecho de que ambas estén asociadas a cuerpos de agua similares
pone de mani
fi
esto la importancia de la sacralidad del cuerpo de agua en
sí mismo como lugar sagrado para las poblaciones de esta región.
En la tradición mesoamericana, la serpiente es Quetzalcóatl, la serpiente
sagrada, relacionada con la fertilidad y el ciclo de lluvias. La relación entre
la
fi
gura de la serpiente y el cuerpo de agua queda evidente al conocer
el signi
fi
cado original del símbolo de la serpiente sagrada y el agua y
el contexto en el que se desenvuelven las leyendas, que se desarrollan
cercanas a dichos cuerpos de agua.
El oro en la época prehispánica poseía un valor no monetario como en las
culturas europeas, siendo un símbolo de divinidad. La mención del oro
contiene una simbología casi imperceptible del valor que esta serpiente
en algún momento poseyó, resguardando una parte de su valor en la
manifestación de «cachos de oro» o las cadenas que, al ser de oro, de alguna
manera hacen referencia al extremo valor que existía en el ser encadenado.
En ambas leyendas la serpiente es sometida mediante cadenas de oro.
Tanto la Virgen de Belén como San Francisco son imágenes cristianas que,
frente al símbolo de la serpiente o dios mesoamericano ahora satanizado
en un espacio antiguamente sagrado como lo eran los cuerpos de agua,
se consignan sosteniendo estas cadenas como símbolo de imposición de
la nueva religión.
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En ambas historias, es la fe católica la que detiene o contiene el poder
“maligno” de la serpiente, puesto que la serpiente contiene una fuerza
destructora según la versión cristiana, pero para los pueblos indígenas era
una fuerza vital, prístina, poderosa y sagrada. Estos atributos son cambiados
y tergiversados para demonizar a la serpiente y su culto original.
El hecho de que el santo católico mantenga presa a la serpiente, denota
la imposición forzada por parte de las misiones evangelizadoras, frente a
la religión indígena y su fuerte arraigo existente en la zona, evidenciado
en diferentes textos coloniales (García de Palacio, 1996; Guzmán, 1933),
donde quedaron explícitas las prácticas y rituales en relación con los
cuerpos de agua, sagrados para ellos.
El poder destructivo de la serpiente fue utilizado para crear temor, un
elemento persuasivo muy utilizado por los frailes y que sirvió, en primer
lugar, para manipular los comportamientos de los pueblos nativos, como
por ejemplo, la realización de rituales cristianos y ofrendas a santos
especí
fi
cos; en la leyenda de La Cruz y la Serpiente es el miedo a la
destrucción el que motiva a las poblaciones a creer en el santo y brindarle
reverencia.
Existe, por otra parte, una vinculación de estas historias con el presente.
A manera de ejemplo, comentamos el caso del joven quien nos relató la
leyenda; nos comenta que, hasta la fecha, se sigue realizando el ritual de
colocación de la cruz en honor a San Francisco, y él mismo comentó tener
miedo de la serpiente que, según habita en la laguna, que no se atreve a
dejar de creer en ella, pues de ser cierto que existe, la falta de rezos para
apaciguar su hambre terminaría alentando a la gran bestia a salir.
Podemos mencionar también otro ritual que ocurre todavía en el presente
durante el mes de mayo, en el cual se realiza una peregrinación náutica,
donde la Virgen de Belén protagoniza la movilización en lancha de
fi
eles
que mueven la imagen de un lado del lago al otro. Finalmente, en otras
de las leyendas no analizadas en el presente artículo, se mencionan unas
fotografías de la imagen de Santo Tomás, aún resguardadas en la iglesia
de Tejutla. Los feligreses creen fervientemente en la aparición milagrosa
de esta imagen y menciones de indígenas como protagonistas de dichas
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apariciones, no en vano, pues estos relatos fueron precisamente creados
y dirigidos a las poblaciones locales y es evidente que el objetivo era
enseñar un nuevo orden de ideas y de creencias religiosas y recon
fi
gurar
así el signi
fi
cado de los símbolos que las poblaciones ya conocían.
La tradición oral de la región del Tri
fi
nio encierra en sus elementos
simbólicos una imposición de creencias religiosas, asimilada por
la población a manera de “cuento” o “fábula” con moraleja: la
serpiente (tu dios antiguo) es mala y te destruirá si no cumples la
nueva norma establecida.
Cerro El Tamal, Cantón Los Planes, Citalá, Chalatenango
Algunas de las leyendas populares encierran una realidad ocurrida
a partir de la colonia, el establecimiento de cuentos (leyendas
estándar) para modi
fi
car el imaginario colectivo de la población
en la época colonial. Esta recon
fi
guración fue principalmente
hacia las ideas estandarizadas sobre la signi
fi
cación de la serpiente
como fuerza destructora y al santo y la Virgen como símbolo de
salvación, del mismo modo las apariciones de imágenes únicamente
a nativos y la reclamación de pertenencia de la imagen al lugar para
justi
fi
car el establecimiento o construcción de un templo cristiano;
son inequívocamente elementos insertados en la sociedad con el
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objetivo de evangelizar. Sin embargo, algunos elementos en la trama
de algunas de las leyendas nos permiten reconocer remanentes
de la cultura nativa, como los símbolos de valor como el oro, o
la mención de prácticas antiguas como la caza, o apariciones de
«espíritus penantes», que encierran una trama de signi
fi
cados
bastante diferentes a las leyendas que involucran a vírgenes o santos,
cuestión que deberá ser abordada en próximos análisis.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
"Impresiones de un viaje"
Carreta en camino
Max Vollmberg
1918
Acuarela
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Laura Vitelia Sermeño Echeverría
https://orcid.org/0000-0002-9162-039X
Sacri
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cio de infantes en la memoria de la
tradición oral del lago de Güija, Metapán
Resumen
Infant Sacri
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ce in the Oral Tradition
of Lake Güija, Metapán
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22074
URI: https://hdl.handle.net/11298/1437
Arqueóloga e investigadora independiente
laura.sechev@gmail.com
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06
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2025
El presente artículo expone un relato registrado en cantón Desagüe de
Belén, lago de Güija, Metapán, durante la tesis de la autora, enfocada
en el valor del sitio Igualtepeque y en la propuesta de una metodología
de recolección de datos y vinculación comunitaria para conservar los
patrimonios culturales que ahí existen. El estudio se centra en el ritual
de sacri
fi
cio infantil y otros elementos de la trama, como la mención
de eventos volcánicos pasados. El análisis simbólico sugiere que estos
sacri
fi
cios formaban parte de rituales de renovación, quedando remanentes
sincréticos en forma de relato en las comunidades.
Palabras clave: Sacri
fi
cios humanos. Sangre (en religión, folclor, etc.).
Tradición oral. Metapán (El Salvador)–Historia-Ciudades históricas. Lagos (en
religión, folklore, etc.). Culturas tradicionales. Leyendas. Mitología. Etnología.
Astract
This article presents a narrative recorded in cantón Desagüe de Belén, Lake
Güija, Metapán, during the author’s thesis, which focused on the value of the
Igüaltepeque site and the proposal of a methodology for data collection and
community engagement to preserve the existing cultural heritage. The study
centers on the ritual of child sacri
fi
ce and other elements in the plot, such
as references to past volcanic events. Symbolic analysis suggests that these
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sacri
fi
ces were part of renewal rituals, with syncretic remnants surviving in
the form of a narrative within the communities.
Keywords: Human sacri
fi
ce. Blood — Religious aspects (Folklore, etc.). Oral
tradition. Metapán (El Salvador) — History — Historic cities. Lakes — Religious
aspects (Folklore, etc.). Traditional cultures. Legends. Mythology. Ethnology.
Introducción
En El Salvador, actualmente se están generando esfuerzos de parte de las
disciplinas sociales para encaminar una puesta en valor y protección de los
patrimonios culturales, que durante mucho tiempo fueron desestimados.
El presente estudio expone los resultados de un estudio llevado a cabo en
la región noroccidental de El Salvador, especí
fi
camente en Cantón Belén
Güijat, junto al lago de Güija y cerca del sitio arqueológico Igualtepeque.
El relato fue documentado durante la tesis de grado de la autora en 2020
Sermeño Echeverría (2021). y se centra en la tradición oral de la zona,
poco estudiada hasta ahora. Las leyendas locales contienen elementos
signi
fi
cativos de un contexto multiétnico que, pese a transformaciones
ideológicas, conserva rasgos prehispánicos. La leyenda analizada
se estudia mediante un análisis simbólico de sus signos principales,
enfocándose en el ritual del sacri
fi
cio infantil. Se destaca la importancia
de correlacionar crónicas coloniales, evidencia arqueológica y relatos
etnográ
fi
cos para reconstruir la historia de estas localidades.
Fotografía de Jesús Alfaro durante un recorrido por canoa y vista de parte de Isla
Igualtepeque. Diciembre de 2020.
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Metodología
El estudio exploratorio-longitudinal se basa en una metodología
cualitativa deductiva realizada mediante las etapas siguientes: 1)
búsqueda documental y establecimiento de contactos en comunidades, 2)
jornadas de recolección de datos, 3) análisis del material y 4) tabulación
de resultados. El material presentado es la transcripción del audio
«Tradición oral relacionada con Igualtepeque; voz de Manuel de Jesús
Alfaro» Sermeño Echeverría (2021).
“Empezó el proceso de la formación de estas dos siudades
(ciudades), las cuales en estos momentos están cubiertas con una
inmensa cantidad de agua, lo que son 44 kilómetros de agua los que
están dándole cobertura a estas dos suidades (ciudades).
Pero, ahora bien, cuando esto fue formado, el pecado jue (fue)
grande, eh, en las dos suidades (ciudades). Cuando esto se da, Dios
se enoja con estas dos suidades (ciudades) y des..., decide, ¡perdón!
Decide castigarlas.
Entonces podemos ver nosotros, a través de las partes arqueológicas
que hay en las riberas de agua, todo lo que el indio hacía uso para
poder alimentarse.
Pero luego, después, cuando ya Dios vido (vio) que estas dos ciudades
estaban atacándose en el pecado -¡no en contra de la humanidad,
sino ya en contra del mismo Dios de los cielos!-, los que hicieron el
pecado grande hacia Dios e hicieron que Dios se enojara, y Dios un
día decidido (decidió) consumirlas en lava volcánica…
Un anciano desciende de Azacualpa. Antes no se llamaba Azacualpa,
pero cuando el anciano descendió de allí, en busca de un vaso de
agua, se puede ver que no encontró una persona con un buen corazón
que le cediera, o que le diera o que le donara un vaso de agua para
calmar la sed de ese anciano.
¿Por qué razón? Porque este anciano tenía lepra; su ropa se le
pegaba en el cuerpo. Cuando recorrió la primer (primera) suidad
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(ciudad), pasa a la segunda; igual empezó a... a... a pregonar o a
pedir un vaso de agua.
Pero allá, cuando era ya tarde —tipo tres de la tarde
aproximadamente—, el anciano va a la última cabañita que le
quedaba por recorrer, y había una joven, tal como usted.
El anciano le dice:
—Hija, ¿serías tan amable en regalarme un vaso de agua? Todo el
día he pedido un vaso de agua y no me lo han querido regalar.
La joven, con un buen corazón, viene y le dice:
—Venerable anciano, espera.
Va al recipiente, o a un guacal, como le queramos llamar, toma un
vaso y vacea (vierte) agua y le da de beber al anciano.
Luego, después la joven, al verlo con la…, con el cuerpo llagado,
dice:
—Venerable anciano, te ofrezco mi cama para que descanses, pues
vienes cansado y estás enfermo.
—Joven, yo con todo gusto te aceptaría lo que es la cama o el lecho,
pero pueda tu esposo molestarse.
—No, venerable anciano, lo que yo decido, en cuanto no sea pecado,
mi esposo lo acepta.
Viene el anciano y al ver el interrogatorio y... y.. la... y la..., el
ofrecimiento de la joven, acepta..., y luego pasa a reposar a la cama,
o al lecho de esta joven.
Allá cuando ya era tarde —cuando ya por costumbre todos los
agricultores tenemos de llegar a nuestra casita— la joven inquieta
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va y encuentra al joven y le toma lo que es la matata o la shula, o
como le queramos llamar, y luego, pues, le seca el sudor con una
toallita. Pero la joven estaba curiosa; quería contarle lo que..., lo
que estaba sucediendo.
Luego, después, le dice:
—Hijo, yo tengo algo que contarte.
El joven curioso y con desesperación le dice:
—Vamos, hija, pero ¿qué es que lo que quieres contarme?
—Fíjate que vino un anciano en busca de un vaso de agua.
Él le contesta:
—¿Y qué? ¿Pero le diste de beber?
Le dice ella:
—Sí.
—¿Y ya se fue?
—No —le dice—, le di nuestra cama para que reposara, pues está
enfermo, tiene lepra.
El joven le dice:
—¡Qué mujer! Pero, ¿tienes comida, tienes cena?
Dice ella:
—Sí, está la comida, vamos.
Entonces le dice;
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—Sirve los tres platos en la mesa mientras yo voy y le dispierto
(despierto).
El joven se encamina hacia la cama y cuando lo toca...
—Venerable anciano, venerable anciano…
El anciano se despierta sorprendido, asustado; en otras palabras, le
dice:
—¡Pero igh!, joven, perdóname, me quedé dormido en tu cama.
Él le dice:
—No temas, ningún daño voy a ocasionarte. Vamos, levántate y
vamos a la mesa porque vamos a cenar.
El anciano se levanta y rodea la mesa, así tal como estamos acá.
Okey.
Cuando estaban cenando, la joven codea al esposo y le dice:
—Hijo, ¿acaso no existe planta alguna que cure a este anciano?
(Pues los indios se curaban solo con plantas naturales, nunca
visitaron un hospital, nunca visitaron lo que es una clínica; solo con
plantas naturales ellos se curaban).
Pero el joven le dice:
—Vamos, preguntémoselo.
Y le dicen:
—Venerable anciano, quisiéramos saber si no existe planta alguna
que cure tu enfermedad.
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Y dice el anciano:
—No, no existe planta alguna, pero, si existe medicina.
—Vamos —le dice el joven— ¿y dónde está esa medicina?
Y él le dice:
—Es muy difícil, porque yo me puedo curar mi lepra solamente con
las cenizas de un niño que se queme.
—¿Es así —le dice el joven— como tú te curarías?
Dice la joven:
—¡Pero nosotros tenemos un niño!
Tenían un bebé que apenas gateaba, y le dice el anciano:
—¿Harían ustedes eso por mí?
—Sí, sí, claro que se hace, lo haremos.
Viene y le ponen juego (fuego) al horno. El horno se puso al rojo
vivo, toman al niño y lo meten al horno. A los cinco minutos el niño
estaba calcinado. Cuando ya estaba el niño calcinado, lo sacan en
una bandeja y se la llevan al anciano.
El anciano empezó a hacer toma de las cenizas del niño y empezó
a echarse en todo su cuerpo, y luego, momentos después, él estaba
completamente sano…
Estaba pasando algo en la cabaña de estos dos inditos, que por
últimamente ellos se sentían confundidos. Pero como costumbre
anterior, antiguamente hablando, a la visita que llegaba a aquella
casa se le daba la cama siempre para dormir, y los dueños de la casa
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se quedaban acostados en algunos sacos en algún rincón de la casita
o de la cabaña.
Y ellos lo hicieron. Le dicen al anciano:
—Anciano, vuelve, por favor, al lecho, pasa ahí la noche mientras
nosotros dormiros (dormimos) acá.
Okey. Se va la parejita, se acuestan, el anciano se acuesta también en
la cama y empiezan ellos a dar vuelta de un lado a otro y no tenían
quietud alguna; se preguntaban qué era lo que estaba sucediendo,
qué había sucedido. El niño lo habían quemado, el anciano había
sanado, pero estaban confundidos, no entendían qué era lo que ahí
iba a acontecer.
Pero allá como a las dos de la mañana la pareja de esposos oyó que
en el horno jugaba un niño, oyían (oían) el ruido oyían (oían) las
voces de un bebé que jugaba en el horno.
Curiosos se levantaron rápidamente y corren hacia al horno. Se
llevan la gran sorpresa, grande, cuando ven que el niño estaba
sentado en medio de muchas
fl
ores y jugaba con una bola de oro.
Toman al niño y luego corren a la cama donde estaba el anciano. Ya
no estaba el anciano.
Amanece. El joven no fue a trabajar porque lo que estaba sucediendo
en esa cabaña era tan grande que los demás ignoraban lo que allí
estaba aconteciendo en esa cabaña.
Pero luego, después, allá como a las nueve de la mañana, de
Azacualpa un jinete bajaba a todo galope. Empezó a descender y
llegó, y se detuvo perfectamente en la cabaña de los esposos que
lo habían atendido. La sorpresa grande fue cuando el jinete era él.
Paró con su caballo en el patio de la cabaña y les dice:
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—Hijos, he venido porque ustedes han hallado gracia delante de
Dios y los va a librar del fuego que en estos momentos va a empezar
a caer en estas dos suidades (ciudades). Vamos, escapen porque la
hora ha llegado.
Entonces, cuando el joven toma al niño con la bola de oro y la
muchacha iba juntamente con ellos, les dice el anciano:
—Esperen, hay algo que quiero decirles. En su escapada, cuando
escuchen que a sus espaldas cae del cielo algo fuerte como un rayo,
como un trueno, por favor, no voltee a ver nadie hacia atrás, porque
algo malo les pueda suceder.
Okey, corren y corren y corren y corren y corren y llegando al Cerro
Igualtepec (Igualtepeque) —lo cual entre pocos momentos vamos
a visitar ciertas partes de ese cerro— cuando el primer rayo cae en
la primera suidad (ciudad), era una gran enorme bola de fuego que
empezó a consumir partes de esta ciudad y así fue empezando a caer
la tormenta de fuego del cielo en las suidades (ciudades).
Entonces, cuando cayó el primer rayo a la primera ciudad, la joven
volteó a ver hacia atrás, convirtiéndose en el cerro Igualtepec
(Igualtepeque), lo cual ahora es mencionado como el cerro de las
fi
guras. Sí, la joven se convirtió en una piedra.
La estatua quedó, la imagen quedó perfectamente, con sus pechitos,
con sus chichitas, con sus brazos, con todo, todo su cuerpecito
convertido en la roca.
El joven no se detuvo; el joven huyó hasta el pueblito llamado
Texistepeque, quedando ahí la joven ya convertida en una estatua
de piedra.
Cuando esto sucede, también los volcanes aledaños a las dos
suidades (ciudades) erupcionaron, lanzando una enorme cantidad
de agua hirviendo con lava volcánica a sus alrededores, dándole
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cobertura a todo lo que es onde (donde) había las dos suidades
(ciudades) maya y pipil.
Muchos indios escaparon y corrieron para el lugar de Azacualpa.
Por esa razón, de la huida de esos indios maya y pipil hacia la parte
de Azacualpa, ya le quedó el nombre de Azacualpa, la cual signi
fi
ca
“ciudad vieja remodelada”: Azacualpa.
Entonces vemos que el joven huye para Texistepeque, como ya lo
mencionamos.
Seguidamente, se presenta un cuadro que presenta los seis códigos
utilizados referentes a las ideas principales y el número de secciones del
texto que corresponden a dichos códigos.
Los resultados del análisis de estadística descriptiva utilizando nueve
códigos son los siguientes:
Código
Contexto
No. de párrafos analizados correspondientes
11
Erupción volcánica1
Historia universal2
Idea europea7
Lava/Fuego6
Particularidades7
Prueba de fe/Milagro2
Ritual1
Sacri
f
icio1
Tabla 1. Muestra distribución de códigos y número de párrafos correspondientes
analizados
A continuación, se presenta el análisis de los resultados obtenidos de
las secciones correspondientes al sistema de clasi
fi
cación de elementos
sustanciales en la trama y su frecuencia en los relatos.
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Contexto
1. Se alude a dos ciudades antiguas vinculadas al paisaje cultural actual
del lago de Güija.
2. Se menciona el material arqueológico en la zona.
3. Se menciona Azacualpa, y la importancia del sitio como origen del
anciano protagonista.
4. Se menciona el
fi
nal de la tarde y un contexto doméstico donde
aparece la joven quien, mostrando compasión, rompe el patrón de las
ciudades condenadas al ofrecer agua.
5. Se menciona que el papel del hombre era (y es) trabajar la “milpa”,
es decir, la agricultura, e incluye una mención sobre la artesanía
tradicional salvadoreña Shula o Matata.
6. La con
fi
rmación accionar del joven y su esposa es de compasión
y solidaridad hacia el anciano enfermo, ofreciéndole comida que
rea
fi
rma su generosidad.
7. Se menciona una costumbre prehispánica: “a la visita se le daba la
cama para dormir, y los dueños quedaban en sacos en un rincón de la
casa o cabaña”.
8. La aparición del niño re
fl
eja la aceptación de la nueva criatura como
parte del cambio o reciprocidad. La búsqueda y desaparición del
anciano re
fl
ejan el misterio del protagonista.
9. Azacualpa es citado como el lugar desde donde «desciende», hoy
a orillas del lago de Güija, este cuerpo de agua era inexistente en
la época de la leyenda, por lo que el sitio después de que estaría a
mayor altitud. El jinete re
fl
eja la in
fl
uencia europea, pues los caballos
llegaron tras la Conquista.
10. Los jóvenes y el niño, incluyendo la mencionada “bola de oro”,
inician la escapada mientras la advertencia de no ver atrás es parte de
la historia bíblica de Lot, idea introducida durante la Colonia (Biblia
Latinoamericana, 1995).
11. El pueblo vecino de Texistepeque es mencionado, tal como la historia
de Lot, el joven sobreviviente huye a ese pueblo vecino.
Erupción volcánica
1. Se menciona que “los volcanes aledaños a las dos (ciudades)
erupcionaron”, lo que hace alusión a posibles eventos volcánicos
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ocurridos durante el Periodo Clásico en la región de occidente de
El Salvador.
Historia universal
1. El acto de pedir agua / reto, prueba de fe, el hecho de que estuviera
enfermo y con mal aspecto incrementa el valor de la compasión.
2. La frase “venerable anciano” podría hacer referencia a la costumbre
antigua de estimar a las personas de mayor edad (gerontocracia
simbólica).
Idea europea
1. La mención del pecado y la furia de Dios contra dos ciudades remite
a la historia bíblica de Lot, Sodoma y Gomorra; en la leyenda del
lago de Güija, las ciudades son destruidas por lava volcánica.
2. La lepra, introducida desde la colonia, simboliza repugnancia o
aversión por ser una condición indeseable.
3. La idea del «jinete… a todo galope» es una idea meramente europea
al no existir equinos modernos en América antes de la Conquista.
4. Cuando el jinete se detiene con su caballo en el patio de la casa, dice
para advertir y constatar el perdón de Dios para esa familia; sin lugar
a dudas es parte de la historia de Lot.
5. El anuncio de parte del jinete para que al escuchar «algo fuerte como
un rayo, como un trueno» no volteen a ver, pues «algo malo les pueda
suceder», refuerza la inserción de la moralidad judeocristiana en la
narrativa local.
6. Se menciona que la joven se convierte en piedra, como la mujer de Lot;
sin embargo, la abundancia de petrograbados en el sitio arqueológico
Igualtepeque (Cerro de las Figuras) in
fl
uye en esta variante regional
donde la transgresión se petri
fi
ca en el paisaje actual.
Lava/fuego
1. Se menciona «lava volcánica».
2. Se menciona de nuevo «lava volcánica».
3. Se menciona «fuego».
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4. Se menciona nuevamente «fuego».
5. Hay una mención de «bola de fuego».
6. Hay una mención de «tormenta de fuego».
Particularidades
1. El anciano, posible deidad, es el protagonista y sustituye a los ángeles
en la historia de Lot. El ofrecimiento de la joven para que descanse
recuerda al pasaje donde Lot invita a los ángeles a pasar la noche.
El diálogo, donde el anciano teme incomodar al esposo y la joven
a
fi
rma que sus decisiones son aceptadas si no son pecado, sugiere
una concepción social prehispánica. El anciano acepta, emulando la
estructura del relato bíblico.
2. La aparición de un niño sentado entre muchas
fl
ores puede tener
relación con la idea mesoamericana de la vinculación entre las
fl
ores
y la fertilidad, la primavera y la renovación (relacionado con deidades
como Xochipilli).
3. En ambas culturas el oro tenía valor aunque con distinta connotación:
para los europeos simbolizaba poder económico y para las
prehispánicas, lo divino y sagrado. La bola de oro, concepción
circular sagrada.
4. El castigo de Dios incluye la erupción de volcanes que lanzan agua
hirviendo y lava, destruyendo ciudades mayas y pipiles, lo que revela
la persistencia de la memoria geográ
fi
ca prehispánica en la historia.
5. Se menciona que «muchos indios escaparon», vinculados a lugares
con toponimia nativa como Azacualpa y Texistepeque.
Prueba de fe/milagro
1. La transformación del hombre ocurre momentos después cuando
se coloca las cenizas del niño sobre su cuerpo y momentos después
queda completamente sano; está relacionado con la renovación.
2. En la madrugada, la pareja oye a un niño jugando en el horno,
sentado entre
fl
ores y con una bola de oro. Las
fl
ores sugieren la
idea prehispánica de fertilidad, y la bola simboliza la perfección
del valor en ambas culturas.
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Ritual
1. Encender el horno al rojo vivo, calcinar al niño y entregar las cenizas
al anciano en una bandeja para untarlas en su cuerpo, alude a la
inmolación infantil mesoamericana, especí
fi
camente a la incineración;
el sacri
fi
cio de infantes se vincula históricamente, a la renovación o
al renacimiento.
Sacri
fi
cio
1. El anciano a
fi
rma que solo puede curar su lepra con la cenizas de
un niño; la pareja ofrece sacri
fi
car al niño que gateaba, aludiendo
a rituales prehispánicos realizados cerca de la isla Igualtepeque,
vinculando cuerpos de agua con la regeneración y fertilidad. Este
relato re
fl
eja la resistencia de comunidades que disfrazaban su antigua
religión bajo nuevas leyendas del Viejo Continente.
Discusión
Algunos elementos de la trama re
fl
ejan rasgos sociales tanto
prehispánicos como europeos, evidentes en la historia. La comparación
entre evidencia arqueológica, etnográ
fi
ca y textos coloniales muestra
coincidencias en rituales presentes en la tradición oral del lago de
Güija, especialmente el ritual de inmolación infantil. Estas prácticas
sacri
fi
ciales justi
fi
caron la evangelización y Conquista. El estudio
busca comprender ideas clave del pensamiento nativo y su contexto, y
a continuación se discuten algunos signos.
Contexto de las leyendas: lago de Güija y sitio arqueológico
Igüaltepeque
El sitio Igüaltepeque se ha caracterizado por presentar rasgos o atributos
referidos como ceremoniales o asociados a rituales; un punto de reunión
de muchas etnias que se asentaron en los contornos del lago Sermeño
Echeverría (2021).
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La ocupación de la región del lago de Güija, puede remontarse al
periodo Clásico Medio (600 - 1524 d. C.). Hasta el periodo Postclásico
Tardío (600 d. C.–1524). Se ha comentado reiteradamente que el
sitio contiene una de las mayores concentraciones de petrograbados
conocidos en Centroamérica (Amaroli, 2006; Chávez Servano, 2018).
Cuenta con terrazas y plataformas, siendo una de las características más
interesantes su muralla defensiva, lo cual apunta a una relación con
sitios de las mismas características (Cihuatán, Carranza, Las Marías,
Chalchuapa, entre otros) y pertenecientes al denominado Complejo
Guazapa, estudiado y propuesto inicialmente por el arqueólogo
estadounidense William Fowler. Fowler (2011). Sugiere tras la revisión
de los restos cerámicos, haber encontrado a
fi
nidades entre el complejo
cerámico de la fase Tollan del Postclásico Temprano de Tula Hidalgo,
así como también características arquitectónicas que sugieren que la
cultura material del sitio, su origen y procedencia étnica son mexicanos,
especí
fi
camente del centro de México en sitios de
fi
liación tolteca.
Los grupos de habla náhuat emigraron hacia Centroamérica como
parte de una diáspora, formando parte de movimientos poblacionales
ocurridos durante los últimos siglos de la época prehispánica, motivo
por el cual en El Salvador uno de los dialectos más hablados fue el
náhuat de la familia Yuto - azteca, que todavía se habla en algunos
estados mexicanos como: de Puebla, Veracruz y Tabasco, sobreviviendo
como una lengua en peligro de extinción en el occidente de El Salvador,
especialmente en Santo Domingo de Guzmán, Nahuizalco e Izalco y
Tacuba (Amaroli, 2006; Fowler, 2011).
Otro hallazgo sobresaliente y pertinente a este estudio fueron las dos
estatuas cerámicas del dios Xipe Tótec, llamadas en principio «dos
tapaderas de incensario»; las cuales poseen la representación del dios
sentado en un trono (Amaroli, 2006; Fowler, 2011; Chávez Servano,
2018).
El fragmento de placa de jade hallado cerca de la península, proveniente
del período Clásico Temprano, fue otro hallazgo signi
fi
cativo; esta placa,
según Amaroli (2006), formaba parte de los atuendos de los señores
mayas de las tierras bajas, incluidas las de Belice y el Petén. El motivo
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de la localización de la placa en el lago puede deberse al resultado
de saqueos de tumbas después del colapso maya o a intercambios de
objetos antiguos, indicando una posible deposición posterior durante el
período postclásico entre el 900 y el 1200 d. C. (Amaroli, 2006; Chávez
Servano, 2018).
Por otra parte, las llamadas «
fi
guras» que decoran numerosas rocas en la
región norte de la isla península, han sido estudiadas parcialmente para
revelar el signi
fi
cado de sus formas. El arqueólogo Hugo Iván Chávez
Servano (2018), quien se ha especializado en el estudio del sitio, plantea
que los códices mexicanos pueden proveer luz sobre el contenido
simbólico y geográ
fi
co. Este autor sugiere que en una de las rocas existe
una carga simbólica asociada al sacri
fi
cio y al inframundo. En ella se
identi
fi
caron las
fi
guras de Tláloc, aves, mono o jaguar y una referencia
a la deidad Mictlantecuhtli que coincide con otra manifestación rupestre
en el sitio Zihuatanejo en la zona de la Costa Grande de Guerrero en
México (Manzanilla López, y Mena Cruz 2010, en Chávez Servano,
2018), además de otras
fi
guras antropomorfas en posturas sugerentes de
rituales. Chávez Servando (2018) propone que los elementos descritos
indican una escena de sacri
fi
cio humano, relacionando animales y
deidades del inframundo mexicano. Otras imágenes presentes en otras
rocas grabadas de la isla Igualtepeque re
fi
eren a
fi
guras zoomorfas,
fi
tomorfas, antropomorfas, geométricas y abstractas (Barraza Perdomo
et al., 2008)
Vale la pena mencionar que, para el momento de la Conquista, se plantea
un mapa lingüístico que re
fi
ere a las diferentes etnias establecidas para
ese momento en el territorio. Amaroli (1979), indica que las lenguas
habladas en la región noroccidental de El Salvador e inmediaciones
de Guatemala fueron la pokom, la maya chortí, la xinka y la nahua-
pipil, esbozando así una idea más clara de la multietnicidad en el área
(Amaroli, 1979). Actualmente, el sitio sigue siendo un patrimonio
arqueológico rico en elementos arquitectónicos y rupestres que vale la
pena seguir investigando y conservando para futuras generaciones, y
que, como muchos otros sitios, se plantea retos y amenazas (Amaroli,
2006), que enfrenta en lo cotidiano como en las esferas políticas.
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Crónicas de la Colonia que mencionan el contexto del lago
Una de las primeras referencias españolas al sitio Igüaltepeque y lago
de Güija es la carta de Diego García de Palacios (1573-1580), que
describe el ambiente y actividad cultural, destacando sacri
fi
cios y
rituales. Menciona Mictla (hoy Mita), un asentamiento con toponimia
nahua (Chávez Servando, 2018).
Diego García de Palacio (1996). escribe sobre Igualtepeque: “Tiene
en medio dos peñoles (cerros o montículos), en uno de los cuales,
antiguamente, los indios de aquel distrito hacían sus sacri
fi
cios e
idolatrías… Es tierra, aunque caliente, fértil, de mucha pesca y caza”.
“Tres leguas della está el lugar de Mita, donde antiguamente los Indios
Pipiles desde distrit tenían gran devoción, y venían a ofrecer sus dones
é hacer sacri
fi
cios; y lo meso hacían los Chontales é otros indios
comarcanos de diferentes lenguas. Tenían en sus sacri
fi
cios algunas
especialidades de que aun hoy hay grandes señales é indicios”.
De Fuentes y Guzmán (1882) es otra fuente de gran valor que nos esboza
una idea de los asentamientos cercanos al lago. En su recordación
fl
orida
se re
fi
ere a la isla como: “notable y bella antigüedad es que dilatándose
por el oeste un largo término por lo interior… a la manera de península
abriendo más la capacidad del terreno a donde va a terminar dentro del
agua se admira en su contorno un gran vestigio de bello y magní
fi
co
aparato que representa sin duda haber sido en su antigualla casa de
placer o defensa segura de algún señor de aquellos tiempos... Conserva
el nombre de Zacualpa que quiere decir pueblo viejo”
Cuerpos de agua como lugares sagrados
La relación entre los cuerpos de agua y la sacralidad se encuentra
establecida desde los inicios de la humanidad, siendo el agua de vital
importancia para la vida. Los cuerpos de agua pueden manifestar
diferentes connotaciones sagradas. A manera de ejemplo, podemos
mencionar el lago de Texcoco, epicentro de la cultura mexicana, en
donde al centro del lago se formaba un remolino llamado Xiuhchimalco,
donde se realizaban sacri
fi
cios de infantes cada año, echando al remolino
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a la criatura de tres o cuatro años en una pequeña canoa. Durante las
diferentes festividades los niños, eran las víctimas más frecuentes de
los sacri
fi
cios para la petición de buenos temporales, existiendo una
selección los niños, quienes debían cumplir ciertas características, como
por ejemplo haber nacido bajo un buen signo o tener doble remolino en
la cabeza (Limón Olvera, 2012; Rébsamen Reynoso 2009).
El sacri
fi
cio humano en Mesoamérica.
La práctica del sacri
fi
cio humano estuvo difundida por todo el mundo
antiguo, sin excluir a Mesoamérica, existía un estereotipo negativo hacia
las culturas mesoamericanas formado por fundamentos ideológicos
acuñados desde el momento de la Conquista española. España y
Portugal debían justi
fi
car, entre las monarquías europeas, el privilegio
que les había otorgado el papa Alejandro VI en 1493 para adueñarse del
Nuevo Mundo con la obligación de adoctrinar a los habitantes de las
regiones conquistadas dentro de la fe católica. Uno de los argumentos
para defender el cristianismo y legitimar su conquista fue el hallazgo
de la religión autóctona que tenía entre sus prácticas más reprobables
el sacri
fi
cio humano y el canibalismo, por lo que los europeos alegaron
que su misión incluía la erradicación de dichas costumbres (Limón
Olvera, 2012).
Mesoamérica es, sin duda un espacio de
fi
nido por una serie de elementos
culturales comunes en casi todas sus regiones, las cuales comparten
concepciones religiosas del cosmos y de su dieta ritual bastante similares.
El sacri
fi
cio humano constituye una de las características esenciales
de la religión mesoamericana y parte de las actividades rituales de esa
religión se compuso de esta. En este sentido, el sacri
fi
cio humano tenía
la
fi
nalidad de consagrar, mantener o restaurar una relación entre lo
sagrado y lo humano con el
fi
n de recrear el cosmos y las fuerzas de
la naturaleza. Los sacri
fi
cios de infantes fueron, sin duda alguna, uno
de los rituales de mayor importancia para el sostenimiento del orden
cósmico, las fuerzas telúricas y la regeneración del tiempo. Algunos
de sus sacri
fi
cios eran realizados en momentos ocasionales y otros de
forma periódica dentro de un calendario de
fi
estas mensuales (Díaz
Barriga Cuevas, 2012).
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Laura Vitelia Sermeño Echeverría.
Uno de los mitos primigenios mexicas trata sobre la historia de los
dioses que fueron expulsados de su morada por haber transgredido
el orden establecido. Uno de los hijos, Nanahuatzin, se inmoló en el
fuego a voluntad y, como consecuencia de su valor, bajó al inframundo
y resurgió por el oriente transformándose en la primera criatura; el
Sol, convirtiéndose en el rey del mundo de la gestación. Sin embargo,
este Sol se negó a recorrer el cielo hasta que todos sus hermanos lo
imitaran y así los otros dioses, sin poder evitar la muerte, descendieron
al inframundo y reaparecieron constituidos en otro tipo de seres como
venados, an
fi
bios y otros animales. Probablemente, parte de las prácticas
de sacri
fi
cio emulaba a este mito, y respondía así a una creencia en el
mantenimiento de la vida y y su prolongación después de la muerte, y
el deseo de pretender controlar un universo percibido como inestable
(Graulich, 2003; Limón Olvera, 2012).
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Inmolación infantil
El sacri
fi
cio de infantes no fue una práctica exclusiva de las etnias
mesoamericanas. Para mencionar algunos ejemplos, podemos citar los
sacri
fi
cios realizados por los incas, tanto para favorecer las cosechas,
como para favorecer a la parentela de la niña ofrendada, quienes, del
sacri
fi
cio pasaban a ser ascendidos a una mejor jerarquía social (Díaz
Barriga Cuevas, s. f.).
Así también, existen datos de inmolaciones los muiscas, quienes
realizaban los sacri
fi
cios en la cima de montañas para épocas de sequía
o en cuerpos de agua sagrados para ellos, como el lago Guachetá. En
este último, el sacri
fi
cio era realizado una vez cada semana a través de la
extracción del corazón. Otros parajes como los Andes centrales también
protagonizaron este tipo de sacri
fi
cios. Diferentes grupos étnicos del
norte de América también realizaban sacri
fi
cios de niñas para apaciguar
la furia de los dioses o para asegurar buenas cosechas. Entre estos
pueblos se mencionan los PAWNEE, LOS POTOMAC, LOS SIOUX y
LOS NATCHEZ (Díaz Barriga Cuevas, 2009).
En Mesoamérica, normalmente los sacri
fi
cios de niños eran destinados
a las deidades de la lluvia; mediante el ritual se pretendía compensar y
pagar los bienes recibidos, y pedir abundantes lluvias que permitieran el
crecimiento de las plantas necesarias para el mantenimiento del grupo.
Los niños eran asociados al agua, debido al simbolismo de pureza que
equivalía a la del líquido celeste. Muchas de las víctimas eran hijos
o hijas de la «gente principal», planteando así que los dirigentes, de
alguna manera, se encontraban con el compromiso de autosacri
fi
carse
en favor del pueblo. La edad de los infantes ofrecidos variaba a
medida que transcurría el año y se acercaban las épocas de lluvias. El
abastecimiento de agua fue sin duda, uno de los ejes que sustentaban
la realización de este ritual (Díaz Barriga Cuevas, 2009, 2012; Limón
Olvera, 2012; Molina et al., 2006; Rébsamen Reynoso, 2009).
Existen numerosas crónicas que relatan rituales con sacri
fi
cio de
infantes en toda la región de Centroamérica, pudiendo comentar los
niños chorotegas a quienes sacri
fi
caban durante las sequías en el volcán
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de Masaya. Otro ritual de origen nahua fue relatado por el abad Brasseur
de Bourbourg en sus notas de viaje por El Salvador, en el cual menciona
que el lago de Ilopango antiguamente era consagrado a las deidades del
agua cada año, cuando el maíz estaba cerca de madurar; entonces era
el momento en que se inmolaban cuatro niñas pequeñas (Díaz Barriga
Cuevas, 2009)
El franciscano español Toribio de Benavente es relator de las
«obligaciones infantiles» que se realizaban cuando el maíz estaba
apenas brotando y cuando se marcaba el inicio de la siembra del maíz
así. Y en otro tiempo se sacri
fi
caban niños, más grandes, de cinco a
seis años, cuando ya el maíz había crecido a una altura relativa de las
rodillas (Rivas García, 2019).
Muchos investigadores creen y han sugerido que los olmecas practicaron
el sacri
fi
cio de infantes, tomando como evidencia algunas esculturas
de hombres cargando bebés, los cuales probablemente fueran víctimas
de sacri
fi
cio. Esto puede ser observado en la cara lateral del Altar 5
en el sitio arqueológico La Venta; dos personajes llevan en brazos a
un bebé desnudo que llora mientras otro personaje carga en sus brazos
a un bebé jaguar. Algunos investigadores sugieren que esta es una
representación de la futura inmolación infantil. Los bebés representados
en la iconografía olmeca re
fl
ejan numerosas representaciones de bebés
con bocas, colmillos e incluso garras de jaguar. El felino en la sociedad
olmeca ha sido relacionado con el agua, la lluvia y la fertilidad, motivo
por el cual, posterior e iconográ
fi
camente, pasará a ser representado
por Tláloc. Existen evidencias físicas de hallazgos de huesos infantiles
quemados junto a otros de aves en el Monumento 14 de San Lorenzo
Tenochtitlán y en el Cerro del Manatí, donde se encontraron durante
1988 restos óseos de varios infantes recién nacidos, probablemente
neonatos, desmembrados y dispersados en las esculturas asociadas,
datados para el 1200 a. C. (Díaz, 2009).
Otras evidencias arqueológicas corroboran el ritual para el período
Clásico. En el sitio El Tajín existe evidencia que sugiere el sacri
fi
cio
de infantes relacionados simbólicamente al maíz (Ladrón de Guevara,
2010). Muchas de las evidencias de la práctica ritual de sacri
fi
cios de
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niños se enmarcan en la costa del altiplano y el área maya. A partir
del período Postclásico existen evidencias arqueológicas y fuentes
coloniales que describen el denominado chi’ ich’; (sacri
fi
cio de niños
o «matanza de aves»)., y la evidencia en rituales en las regiones mayas
describe la forma de sacri
fi
cio a través de la extracción del corazón
(Díaz Barriga Cuevas, 2009) Tanto para los mayas como para otras
civilizaciones en Mesoamérica, los niños eran considerados como un
regalo divino, proveniente de la diosa Ixchel, patrona de los partos y
el nacimiento; de un hijo era un acontecimiento de gran importancia,
realizándose grandes
fi
estas y ceremonias en conmemoración del niño.
Parece indicar, según los datos y las fuentes, que los padres y madres
sentían un gran afecto por sus hijos (Díaz Barriga Cuevas, 2009).
En el caso de los sacri
fi
cios de niños mexicas, estos cumplían un papel
doble, destinados a la petición de abundantes lluvias para satisfacer los
cultivos y a la creación del vínculo para la restitución del tiempo anual
(Díaz Barriga Cuevas, 2009). Algunas
fi
estas en las cuales se realizaban
sacri
fi
cios de infantes para pedir la llegada oportuna de abundantes
lluvias se mencionan a continuación:
En el Atlcahualo, se celebraba una
fi
esta dedicada a los tlaloque y
los principales ritos de sacri
fi
cios involucraban la inmolación de
infantes en los diferentes cerros de la cuenca de México y centro del
lago de Texcoco. Atlcahualo, también conocido como Cuahuitlehua y
Xilomaniztli, hacía referencia al maíz tierno llamado xilote. Atlcahualo
es coincidentemente el mes con el que se iniciaba el año; según
Bernardino de Sahagún, aproximadamente el 13 de febrero, una fecha
signi
fi
cativa dentro de las actividades agrícolas, ya que en este mes se
comenzaba la siembra y era momento en el que se iniciaban lluvias
esporádicas. Durante esta celebración se realizaban sacri
fi
cios de niños
y niñas ricamente ataviados y acompañados de música y danza (Díaz
Barriga Cuevas, 2003, 2012; Limón Olvera, 2012; Rébsamen Reynoso,
2009).
Existe una correlación propuesta sobre que los niños y niñas eran
sacri
fi
cados en temporadas de sequía o de lluvias residuales que podían
ocurrir desde el 10 al 29 de diciembre durante el mes Atemoztli hasta el
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14 de abril o 3 de mayo, culminando con la llegada del periodo de lluvia;
en ese sentido, los sacri
fi
cios parecieran corresponder a la petición de
lluvias y a la restitución del tiempo (Díaz Barriga Cuevas, 2012).
En el mes Tozoztontli, sacri
fi
caban niños y niñas pequeñas y recién
nacidos, llamándose esta
fi
esta tlaloque o pipiltontli. Otro mes en el que
se inmolaban infantes era el de Izcalli, siendo el décimo octavo mes,
con el cual
fi
nalizaba el año. Se ha propuesto que el nombre del mes; es
una forma sustantiva y arcaica del verbo izcalia, que signi
fi
ca «avivar»
o «resucitar».
Durante la
fi
esta de Izcalli, la pilquixtia, celebrada cada cuatro años,
ayunaban durante ocho días en memoria de las veces que se había perdido el
mundo, a la cual llamaban «la
fi
esta de la renovación». Después del ayuno
y los sacri
fi
cios, se concluía con una danza en la que los adultos tomaban
a los niños de las manos, representando con ellos el renacimiento. Esta
es una referencia directa a la relación que tenía la infancia con la idea de
rejuvenecer y su relación con la renovación del tiempo y la regeneración
de los ciclos cósmicos (Díaz Barriga Cuevas, 2012; Molina et al., 2006).
El mito descrito en el Códice Chimalpopoca narra cómo el gobernante
de Tollam Huémac, después de jugar pelota con los tlaloque y ganarles,
les exige joyas en lugar de mazorcas de maíz que le estaban ofreciendo.
Esta burla ante los dioses les ofende y deciden irse llevándose consigo
la lluvia, lo que generó grandes sequías.
Después de cuatro años, los tlaloques aparecieron de nuevo; para hacer
crecer el maíz, se estableció un convenio con los dioses de la lluvia: el
nextlahualli o «deuda pagada», que consistía fundamentalmente en la
ofrenda de infantes.
Exigieron el sacri
fi
cio de la hija del Cuauhtlatoani mexica, Quetzalxoch.
Ella fue inmolada en la laguna de Pantitlán. Después del sacri
fi
cio,
los tlaloque se le aparecieron al padre de la niña anunciándole el
fi
n
de los toltecas y el inicio del período mexica, es decir, el nacimiento
del Quinto Sol. Este mito servía como justi
fi
cante para la hegemonía
mexica sobre otros pueblos y representa el inicio mitológico de los
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sacri
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cios de infantes, el cual fue representado anualmente mediante
la emulación de una niña en un cerro cercano a Pantitlán, otorgándole
el nombre de aquella princesa sacri
fi
cada (Díaz Barriga Cuevas, 2012;
Limón Olvera, 2012)..
De manera general y como conclusión, el sacri
fi
cio de infantes en
Mesoamérica fue una práctica común y extendida en diferentes grupos y
se han encontrado sugerencias sobre los motivos de realización de estos
rituales, particularmente con el inicio o
fi
n de etapas o ciclos agrícolas
(Díaz Barriga Cuevas, 2009).
Vigencia de la leyenda del lado de la frontera de Guatemala
Vale la pena mencionar una investigación realizada en 2006, referida a
la región de Santa Catarina Mita, y centrada en la vigencia de algunas
manifestaciones de tradición oral cercanas al lago de Güija.
Antes de Jornada de vinculación comunitaria a favor de la puesta en valor y conservación
del sitio arqueológico Igualtepeque. Noviembre de 2020
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Los autores mencionan la importancia de la zona debido a los
diferentes sitios que proveyeron de obsidiana al comercio de la región,
convirtiéndose así en un área de variadas in
fl
uencias culturales. Durante
el período Postclásico, el municipio fue un enclave nahua-pipil, se
menciona nuevamente a las culturas vecinas como pocomames en el
actual municipio de Santa Catarina Mita y en la parte de El Salvador, y
en la zona de Chiquimula a los chortís y a los xincas en el área de Santa
Rosa. La llegada de los pipiles al territorio, según algunos autores, se
debió a la invasión de grupos nahuas durante el Postclásico Temprano,
(entre el 900 y el 1200 d. C.), asentándose así en los alrededores del lago
de Güija. Como evidencia arqueológica que sustenta esta idea, se pueden
mencionar las investigaciones realizadas alrededor del lago, en donde se
encontraron e
fi
gies de Tláloc, Xipe Tótec y Mictlantecutli, consideradas
divinidades pipiles, aunque el resto de la arquitectura regional demuestra
una fuerte in
fl
uencia maya (Molina et al., 2006).
Molina et al. (2006) comentan que Mita es considerada importante por
la presencia de un templo antiguo llamado Mictlán, que fue destino en
numerosas peregrinaciones. El santuario contaba con un sacerdocio
especializado que, según Diego García de Palacio, era similar a otro del
centro de México que él había conocido durante sus viajes. Menciona
además, que durante los cultos se incluían sacri
fi
cios humanos por
lo menos dos veces al año. Mita podría derivar del náhuatl mictlán,
pudiendo ser interpretado como «lugar de muertos» o «donde hay
huesos humanos», re
fi
riéndose así al templo Mictlán y concordando
con el jeroglí
fi
co que identi
fi
caba a la población, el cual representaba la
tierra y tres fémures.
Vale la pena mencionar que, durante el siglo XIX el abate Charles Étienne
Brasseur de Bourbourg a
fi
rmó que Mictlán era una ciudad sacerdotal
fundada por grupos nahuas que derivó en Mita y aseguró que existían ahí
ruinas de la antigua ciudad-, mientras, en la carta dirigida al rey español
Felipe II, el oidor Diego García de Palacios de la Real Audiencia de
Guatemala, menciona aspectos importantes sobre los antiguos moradores
de la región. En sus descripciones se abordan aspectos religiosos
relacionados con las creencias de los habitantes del Altiplano Central
mexicano (Molina et al., 2006), corroborando así las suposiciones de
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la procedencia étnica de los habitantes de esos asentamientos. Entre los
principales dioses venerados en la región se encontraban Quetzalcóatl e
Itzqueye, lo que a su vez se relaciona con Camaxtli, que es la divinidad
de la caza y la pesca y de vital importancia para los toltecas. Se relaciona
así la región de Güija con el componente tolteca dentro de la cultura de
los pipiles que habitaron la zona. La investigación mencionada, presenta
algunas leyendas sobre el origen del lago de Güija. En una de ellas se
menciona que fue el diablo quien creó el lago al tirar su corona a la
tierra, convirtiéndola en agua (Molina et al., 2006).
Por otra parte, en la aldea San Juan la Isla, una comunidad asentada en
las riberas del lago, se comenta que el lago no existía, sino que fue el
volcán San Diego fue el que erupcionó y modi
fi
có el cauce de dos ríos
que se unían; la lava tapó ese cauce y fue así como se creó el lago. Existe
también el relato de que hacía mucho tiempo había un pueblo con una
iglesia, pero que las personas de ese pueblo eran malas, no se querían y
hablaban mucho, hasta que Dios, un día, provocó una enorme tormenta
que hasta que les cayó, llovió y llovió hasta que se hundieron todas las
casas; ninguna persona sobrevivió y fue así como se formó la laguna
(Molina et al., 2006).
En todas las leyendas se menciona la inexistencia remota del lago y,
las ciudades que ahí habitaban como «malas», pudiendo derivar de las
in
fl
uencias cristianas que querían tanto denigrar la cultura nativa como
simultáneamente, brindar un soporte verídico a la historia en la que
las mismas poblaciones pudieran sentirse identi
fi
cadas. El punto más
interesante y que atañe al presente estudio es la versión que se tiene en
Guatemala del mismo mito. La versión acerca del origen del lago de
Güija contiene en su trama el relato de una piedra con forma de mujer.
Comentan que antiguamente existía un pueblo llamado Azacualpa
ubicado en los márgenes de un río del mismo nombre.
En el agua hay una piedra con forma de una mujer, porque cuando
fue la erupción del cerro había un baile y en ese momento llegó un
anciano para darle la nueva a la gente, anunciando que iba a haber
una erupción y se iba a convertir todo en un lago. El anciano llegó
a una casa donde vivía un niño tierno, pero el anciano era leproso,
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y cuando la mujer lo vio, le preguntó qué tenía y él le contestó que
eran llagas que no se curaban con nada, sino que solamente la receta
que tenía era que le entregara a un niño pequeño como ese para
quemarlo y después ponerse las cenizas sobre las llagas. Entonces
la mujer le regaló al niño y él lo quemó. Pero cuando ella entró, y el
señor se había ido, encontró a un niño más bonito que el que tenía
y le dijo que salieran de ahí por la erupción. Pero ella también tenía
tres hijas que estaban en el baile y cuando las fue a traer les dijo que
no volvieran a ver para atrás cuando fuera la erupción, pero una de
ellas iba brava porque la fueron a sacar del baile y volteó a ver, por
eso se quedó hecha piedra y en el agua está la piedra con sus dos
pechos (Molina et al., 2006).
El fenómeno del saqueo de piezas arqueológicas es una realidad de
innumerables sitios arqueológicos, y en el sector de Guatemala que
menciona el estudio previamente citado, se comenta que algunas piezas
arqueológicas se vendían hasta por el precio de diez quetzales. Los
pobladores del lado de Guatemala conocen sobre el Cerro de las Figuras
y declaran que no pueden leer lo que dice en las rocas y no saben lo que
ellas signi
fi
can (Molina et al., 2006).
Xipe Tótec como deidad principal mexica (tolteca) del lugar
El principio básico de la cosmovisión mesoamericana es el binomio
vida-muerte, una dualidad basada en los ciclos naturales que abarcan
cosmos,
fl
ora, fauna, cuerpos celestes y otros fenómenos. Esta idea es
fundamental para la religión mesoamericana, pues a través de ella se
logra el equilibrio cósmico (Camacho Ángeles, 2020). Las deidades
representaron astros o fenómenos atmosféricos y a menudo rasgos
antropomorfos mezclados con
fi
tomorfos o zoomorfos, con atributos
identi
fi
cables y relacionados con otras deidades. Esta mezcla re
fl
eja
una proyección humana con virtudes fertilizadoras, reproductivas o de
fuerza animal. Además, los dioses, similares a los humanos en voluntad
y pasiones, podían comunicarse con ellos, razón por la cual se realizaban
rituales para mantener ese vínculo y equilibrio, interpretado como
«alimentar a los dioses», mostrando la importancia de los ritos en los
pueblos mesoamericanos (Camacho Ángeles, 2020).
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La revisión de las características del dios Xipe Tótec es indispensable
para este estudio, siendo una deidad conocida en El Salvador y vinculada
a los grupos nahuas del lago de Güija. Relacionado con la guerra, el
sacri
fi
cio y la fertilidad, es protagonista del mito cosmogónico y la
fi
esta
Tlacaxipehualiztli, celebrada entre la cosecha y siembra del maíz, en el
segundo mes de las dieciocho veintenas del año solar. En estas ceremonias
degollaban a las víctimas, arrancando el cabello de la coronilla como
reliquia, y ofreciendo su corazón y sangre al dios. La
fi
esta tenía como
fi
nalidad activar las semillas de maíz y asegurar mejores mazorcas
para la siguiente cosecha, simbolizado en el ascenso militar de los
guerreros más fuertes. Los cuerpos eran degollados, similar al proceso
de nixtamalización, proceso donde el maíz se cuece en agua con cal
para quitar su recubrimiento, vinculando simbólicamente el ritual con la
deidad del maíz como intermediario entre las personas y el lugar sagrado
donde renacía la planta dios; por este motivo, la deidad Xipe Tótec está
ligada a la creación del Quinto Sol, siendo una de las personi
fi
caciones
del maíz. De no realizarse la celebración estaba prohibido cocer el maíz
en agua con cal; esto era de vital importancia, puesto que las víctimas
eran las personi
fi
caciones del dios mismo, y en muchas ocasiones, los
sacri
fi
cados eran destacados militares que se enorgullecían de obtener
una muerte, para su perspectiva, heroica y así poder renacer victoriosos.
Tanto así que uno de los himnos dedicados al dios Xipe Tótec recopilado
por el fraile Bernardino de Sahagún retrata de manera poética la devoción
que tenían por la planta de maíz y una tendencia hacia la guerra: “Yo soy
la mata tierna del maíz: desde tus montañas te vengo a ver yo, tu Dios.
Mi vida se refrescará; El hombre primerizo se robustece: ¡Nació el que
manda en la guerra!” (Camacho Ángeles, 2020).
Cabe mencionar uno de los rasgos o características más destacadas
del dios: el anáhuatl, representado iconográ
fi
camente como un aro
ubicado en la parte media de su cuerpo y que se ha interpretado como
«anillo de agua», pudiéndose referir de esta manera al renacimiento y
la renovación anual de la naturaleza mediante el líquido vital (Camacho
Ángeles, 2020).
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Evangelización y resistencia mediante el sincretismo religioso
Uno de los objetivos principales de la Iglesia y sus evangelizadores era
penetrar sinceramente en la mente de los nativos a través de diferentes
métodos de adoctrinamiento conocidos para ellos y aplicados desde la
Edad Media en Europa. Algunos de los más devastadores implicaban la
destrucción total de manuscritos, objetos o cualquier otro artefacto que
pudiera formar parte de una «idolatría». Las imágenes grá
fi
cas de santos,
tanto las presentes en pinturas como las talladas, también cumplieron
un papel fundamental durante el proceso de evangelización, aunque,
simultáneamente, sirvieron como base para sincretismos y la creación de
estrategias de resistencia de la antigua religión frente a la fe católica (De
la Torre, 2022; Díaz Díaz, 2018).
A las denominadas «brujas» durante la Edad Media se les atribuían los
sacri
fi
cios de infantes para fabricar con ellos ungüentos a partir de sus
cuerpos, motivo por el cual para los europeos, durante la Conquista
pudieron haber relacionado esta idea con conocer y ver los sacri
fi
cios
humanos en Mesoamérica (Rivas García, 2019). En la otra cara, se
encuentra el sincretismo considerado como actitud de resistencia
durante los procesos de evangelización, sobre todo en un principio. El
sincretismo nace como un fenómeno espiritual y psicológico en el que,
probablemente, un líder religioso aprovechó las estructuras creadas por
los cristianos para adecuar parte de su religión prehispánica a la nueva
norma cristiana (Martínez Ferrer, 2009).
Conclusiones
Las manifestaciones de tradición oral en el entorno del lago son
ejemplo de los sincretismos ocurridos para conservar referencias e ideas
fundamentales de la religión ancestral. Si bien el mismo contexto puede
darnos pistas de los rituales ocurridos en el lugar, es la coincidencia entre
los resultados de las investigaciones arqueológicas, los diversos textos
coloniales y los registros de las exploraciones etnográ
fi
cas en el presente,
lo que hace posible sustentar y esbozar manifestaciones rituales antiguas
de las cuales los grupos humanos hablan aún en el presente.
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El sacri
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cio humano, especialmente de infantes, fue una práctica ritual
relacionada con el renacimiento, la renovación y el maíz, ligado a los
ciclos agrícolas y calendarios ceremoniales. La existencia de un mito
similar en Guatemala sugiere que esta historia se extendió por la región.
Aunque en El Salvador solo se registró en una familia, se puede concluir
una relación entre el sacri
fi
cio de infantes y cuerpos de agua, como el
lago de Güija. La aparición de un nuevo niño tras el sacri
fi
cio re
fl
eja el
pensamiento prehispánico de que rendir culto y ofrenda a un dios trae
mayores bene
fi
cios; la descripción del niño «más bonito» y «entre
fl
ores
con una bola de oro» muestra la valoración positiva del sacri
fi
cio. Es posible
que el rito estuviera dedicado a Xipe Tótec, símbolo del renacimiento. La
persistencia de esta leyenda en comunidades cercanas al lago de Güija, en
El Salvador y Guatemala, indica un proceso sincrético donde elementos
de la religión antigua se integraron en una crónica cristiana.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
"Impresiones de un viaje"
Arrieros con mulas
Frontera entre México y Guatemala
Max Vollmberg
1919
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José Orión Castellón Frech
https://orcid.org/0009-0005-9667-9920
Metapas del
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erro: Esbozo histórico sobre el
reconocimiento siderúrgico durante los siglos
XVII, XVIII y XX
Metapan of the iron: historical sketch on the steel
recognition during the 17 th, 18th, y 20 th centuries
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22072
URI: https://hdl.handle.net/11298/1435
Arqueólogo e Investigador independiente
Orionfrech.oc@gmail.com
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/
2025
Resumen
El presente artículo forma parte de los resultados obtenidos durante una
investigación desarrollada entre los años 2020 y 2021, cuyo objetivo
es vislumbrar una serie de aspectos vinculados con el reconocimiento,
tratamiento, explotación y posicionamiento dentro del comercio
transatlántico durante un período de efervescencia y fulgor económico,
político y social de la histórica producción de hierro en la antigua región
de Metapas del Fierro (actual territorio del departamento de Metapán),
departamento de Santa Ana, El Salvador.
Para el desarrollo del presente estudio, se hizo uso del método exploratorio,
de carácter cualitativo y documental, recurriendo así a la investigación
bibliográ
fi
ca de fuentes primarias y secundarias, establecimiento de
postulados teóricos e interpretación historiográ
fi
ca, con el objetivo
de establecer una diacronía y sincronía sobre la evolución férrica en
la frontera sur del entonces Reino de Guatemala, abordado desde la
arqueología histórica.
Finalmente, a partir de los resultados, se genera una propuesta sobre una
reconstrucción hipotética de un antiguo ingenio de hierro ubicado en la
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región, haciendo uso de programas grá
fi
co-digitales, con el objetivo de
generar un mayor entendimiento al lector.
Palabras clave: Metapán (El Salvador)–Industria siderúrgica-
Investigaciones. Minerales de formación rocosa. Hierro-Fundición.
Arqueología. Cultura material.
Abstract
This article is part of the results obtained during research carried out
between 2020 and 2021, whose objective is to shed light on a series of
aspects related to the recognition, treatment, exploitation, and positioning
within transatlantic trade during a period of economic, political, and social
effervescence and splendor in the historic iron production of the ancient
region of Metapas del Fierro (now the department of Metapán), department
of Santa Ana, El Salvador. For the development of this study, an exploratory,
qualitative, and documentary method was used, drawing on bibliographic
research from primary and secondary sources, the establishment of
theoretical postulates, and historiographical interpretation, with the aim of
establishing a diachronic and synchronic view of the evolution of iron on
the southern border of the then Kingdom of Guatemala, approached from
the perspective of historical archaeology. Finally, based on the results,
a proposal is generated for a hypothetical reconstruction of an ancient
ironworks located in the region, using digital graphics programs, with the
aim of providing the reader with a greater understanding.
Keywords:Metapán (El Salvador), steel industry, research, rock-forming
minerals, iron, smelting, archaeology, material culture.
Introducción
La concepción del Nuevo Mundo fue un hecho circunstancial que
implicó una diversidad de reformas estructurales y cognitivas, y permitió
la implantación de una serie de elementos que fueron esenciales para la
subsistencia de las nuevas sociedades creadas. Desde la incorporación
de prácticas especiales, como la religión, la política y la economía, hasta
aquellas actividades de uso cotidiano como la alimentación, prácticas
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laborales, convivencia social, entre otras, expusieron la necesidad de
un criterio indispensable: la dialéctica entre el humano y la materia. La
segmentación regional permitió concretar ese propósito, particularmente
bene
fi
ciadas por una amplia diversidad de recursos naturales, en cuya
explotación puede percibirse un determinado ascenso, permanencia y
declive, dictaminados o determinados por pautas económicas. El azúcar,
el añil, la ganadería y la plata fueron algunos de esos recursos.
La siderurgia fue otra de las prácticas laborales que fomentaron la
implantación cognitiva y estructural del modelo europeo. Asimismo,
existieron una serie de actividades de diversa índole que giraron en torno
a la misma. La adquisición de un debido conocimiento para efectuar una
explotación adecuada fue un proceso constante y paulatino durante la era
colonial. El importante valor que tuvo el hierro durante la época colonial,
resultó ser un factor crucial para el desarrollo sociocultural. Exceptuándose
de sus derivados tan preciados como el oro y la plata, se destacaron
metales de sumo interés debido a su carácter utilitario. El hierro de la
tierra, reconocido así por los europeos y la globalización europea, adoptó
un valor irremplazable, principalmente los históricamente reconocidos
«Metales Plebeyos» (plomo, bronce y cobre); estos resultaron ser de
particular interés en regiones especí
fi
cas. Metapas del Hierro, percibió
una importante actividad siderúrgica, desde periodos tempranos a
fi
nales
del siglo XVII, logrando establecerse
fi
rmemente para mediados del
siglo XVIII, por medio de técnicas y mecanismos de explotación férrica,
facilitadas por peninsulares establecidos en la región.
Metodología de la investigación
La presente investigación posee un carácter exploratorio, la cual fue
ejecutada a partir de un análisis metodológico de tipo cualitativo,
compuesta por un modelo teórico documental, debido a la procedencia
de los datos analizados. El análisis de los datos históricos obtenidos se
desarrolló por medio de un método de tipo exploratorio y de carácter
documental, con el objetivo de elaborar una cronología de los sucesos
históricos fundamentales para la comprensión sobre el desarrollo de la
práctica siderúrgica en el actual territorio de Metapán.
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Por otra parte, se concibe un enfoque teórico sobre la materialidad y la
cotidianidad, permitiendo así una comprensión certera de la realidad
estudiada, a partir de sucesos históricos fundamentales, de
fi
nidos por
una constante dinámica sociocultural, fomentada por el desarrollo
social, político, económico y comercial en la región durante la época
colonial, previo a la independencia, en el entonces Reino de Guatemala,
cuyos sucesos propiciaron la cimentación de una identidad histórica
metapaneca, a partir de su producción férrica y alcance comercial.
La estructura del presente estudio estuvo conformada por tres fases:
investigación bibliográ
fi
ca, trabajo de campo e interpretación digital.
La primera de ellas consistió en una revisión exhaustiva de bibliografía
pertinente que permitiese identi
fi
car elementos de particular interés acerca
del desarrollo siderúrgico en la región, para su posterior recopilación y
sistematización de acuerdo con un orden cronológico para establecer una
diacronía y sincronía de la práctica en la región, desde su reconocimiento
en el período colonial durante la primera mitad del siglo XVII hasta su
decaimiento en la segunda mitad del siglo XIX.
Para la segunda fase se desarrolló el trabajo de campo, el cual consistió
en dos visitas a los restos de la antigua Hacienda El Carmen para una
identi
fi
cación del material in situ en las áreas circundantes del sitio a
investigar, con el objetivo de establecer un reconocimiento de las áreas de
trabajo y una delimitación espacial que permitiese el análisis y registro de
la locación del antiguo conjunto operario al interior del antiguo ingenio
de hierro y el complejo inmobiliario, identi
fi
cando así las características
arquitectónicas y dimensiones que poseen el inmueble in situ.
Finalmente, luego de realizar una documentación minuciosa y análisis
exhaustivo de los datos obtenidos durante las primeras fases, se procedió
con una interpretación y recreación virtual sobre el sistema tecnológico
del Ingenio de Hierro El Carmen. Para ello se digitalizó cada uno de
los datos relacionados con la distribución espacial y composición
arquitectónica del complejo laboral, previamente obtenidos durante la
fase de campo, con el propósito de elaborar una reconstrucción hipotética
de la maquinaria hidráulica y su funcionamiento con el objetivo de
comprender la composición del circuito operario para el tratamiento
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y procesamiento férrico, por medio del programa SketchUp, con el
objetivo de esquematizar la estética y composición industrial al interior
de la fragua.
Arqueología histórica
La arqueología histórica es considerada una de las subdisciplinas más
recientes en la arqueología; utiliza los métodos tradicionales como la
investigación, excavación y análisis material; sin embargo, su investigación
se centra en los contextos históricos correspondientes al periodo de la
Conquista Europea en el continente americano, a partir de los fenómenos
sociales que propiciaron un cambio cultural y estructural, perceptibles en
la documentación o registros elaborados durante la ejecución de dichos
sucesos. En América del Norte se establece una brecha en la investigación,
a partir de criterios metodológicos de acuerdo con una cronología. Orser
(2000) destaca tres grandes subdivisiones en el campo investigativo, cada
una de ellas de acuerdo con una etapa sobre el desarrollo humano en
América, con base en la inclusión europea, las cuales son: “Prehistórica,
Protohistórica e Histórica” (pp. 6-7).
La primera de ellas, la etapa “Prehistórica”, enfoca su estudio en
los yacimientos arqueológicos que corresponden a las “ocupaciones
prístinas de la civilización humana, dentro del continente americano,
aproximadamente hace unos 10,000 años a. C.” Orser, 2000, pp. 6-7). No
obstante, algunos investigadores hacen énfasis en el principal argumento
teórico: la inexistencia de una escritura. Posteriormente, la etapa
denominada como «Protohistórica», es de
fi
nida como un “periodo de
transición social, entre aquellos espacios culturales predominantemente
indígenas y la posterior intervención europea, por medio de una
imposición gubernamental” (Ibíd. pp. 6-7). Esta última etapa, debe ser
estudiada a partir de una determinada cronología de acuerdo con una
región especí
fi
ca, ya que su periodización no es absoluta; por lo tanto, no
existe un límite estipulado.
De manera subsiguiente, Orser (2000) continúa y mani
fi
esta que la
tercera etapa es reconocida como “Histórica”, debido a la intercepción
e incorporación absoluta de aspectos sociales y políticos, perceptibles
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en elementos europeos, posterior al periodo de “Conquista y durante la
colonización dentro del continente (Época Colonial y Novohispana),
cuya periodización se extiende hasta su concepción como república”
(p. 7), tomando como objeto de estudio las fuentes bibliográ
fi
cas
correspondientes a dicha temporalidad.
Orser (2000) sostiene que los restos materiales procedentes de la época
evidencian la sinergia social y cultural, intrínseca en el desarrollo, ya
que muchos de estos son el resultado de las “transformaciones entre
ambas culturas (principalmente en las comunidades indígenas), siendo
parte de las consecuencias en la adhesión de elementos europeos”. Por
ende, los contextos arqueológicos históricos, permiten centrar su estudio
en “artefactos tra
fi
cados por indígenas, arquitectura, asentamientos,
cultura de los esclavos africanos, plantas de los fuertes europeos,
ciudades coloniales, la relación de artefactos y clases económicas entre
trabajadores urbanos, entre otros” (p. 8).
Por consiguiente, se sostiene que la arqueología histórica permite
examinar diversos fenómenos sociales que implican ciencias como la
historia, la economía, la geografía, la etnohistoria, entre otros, siempre
y cuando se “[…] centre en aquellos aspectos de la cultura material
del pasado, y el modo en cómo estos han sido utilizados, con el
fi
n de
conservar las manifestaciones del desarrollo cultural y evolución social
de la época” (Orser, 2000, p. 17).
Cotidianidad
Para el desarrollo de la presente investigación, es preciso conceptualizar
la «cotidianidad», ya que es una perspectiva teórica que permite abordar
el fenómeno social estudiado, desde un lente más especí
fi
co, debido a
su aplicabilidad como una de las posturas compuestas por el método
documental e interpretativo, de acuerdo con los sucesos históricos. En los
contextos arqueológicos, los cambios cotidianos en los sitios productivos
y residenciales pueden ser estudiados cientí
fi
camente con el propósito
de indagar en la productividad material y manifestaciones culturales,
producto de una con
fi
guración cognitiva, dictaminada a partir de una
estructura social en una temporalidad especí
fi
ca. Por consiguiente, las
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expresiones materiales y la documentación histórica son el principal
objeto de estudio para comprender el funcionamiento sociocultural,
regido por hábitos, implícito en actividades cotidianas en torno a una
labor especí
fi
ca.
Para Goffman (1959), la cotidianidad permite vislumbrar aquellos
caracteres de suma relevancia, los “aspectos más rutinarios de las
nuestras interacciones” (p. 27), tomando en cuenta el resultado de aquella
sucesión de prácticas habituales dentro de una determinada espacialidad
y temporalidad.
Agnes Heller (1970) conceptualiza la cotidianidad como la formación
del hombre y su mundo, por medio de un mundo en particular y una
ontología, que a su vez in
fi
ere un “ambiente inmediato” (p. 30), siendo
atribuida a una capacidad adaptativa, por la cual el ser humano adopta
un comportamiento y lo trasmite de manera generacional y colectiva.
Dicha conceptualización, parte de valoraciones teóricas sociológicas,
principalmente abordadas desde una perspectiva marxiana, con
relación a planteamientos teóricos como la dialéctica y la estructura de
una sociedad.
En un sentido más amplio, la cotidianidad es entendida como “[…] el
conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los hombres
particulares, los cuales, a su vez, crean la posibilidad de la reproducción
social” (Heller, 1970, p. 25).
Gonzalbo Aizpuru (2006) se enfoca más en aquellos aspectos simbólicos
que repercuten en la realidad social, con base en una con
fi
guración
cognitiva del individuo, cuyo resultado es perceptible en la adopción de
costumbres. Además, propone que su principal
fi
nalidad es comprender
cómo es el mundo a partir de los criterios ontológicos y epistemológicos
de una sociedad, lo cual permite “[…] situar la historia de la vida
cotidiana dentro de un marco general en el que la historia social y la
historia cultural son el referente obligado.” A partir de ello, se destacan
aspectos fundamentales para la formación y “segmentación de una
sociedad” (p. 19), examinando la estrecha relación con el mundo exterior
y el ser en particular, determinando la forma en la que este va a adoptar
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su estructura cognitiva, y, por consiguiente, producir y reproducir esferas
de pensamiento, a través de un “comportamiento ya determinado por la
sociedad, lo cual puede ir desde sesgos ideológicos o psicológicos, hasta
la subsistencia dentro de un determinado entorno” (Heller, 1970, p. 26).
Por otra parte, el
fi
lósofo francés Henri Lefebvre, propone que la vida
cotidiana es ese espacio en donde convergen el individuo, la naturaleza
y la sociedad, y de manera subsecuente, al mediar entre sí, se tergiversan
para ejecutar la “con
fi
guración de esferas socioculturales, dictaminadas
por hábitos y costumbres dentro de un determinado entorno, con el
fi
n
de atender necesidades acopladas a una temporalidad especí
fi
ca” (Henri
Lefebvre, 1987. En Medina, 2009, p. 131).
Con base en lo anteriormente expuesto, es importante tomar en cuenta
cada uno de los trabajos anteriormente mencionados, con relación
a los enfoques teóricos de cotidianidad, ya que permite vislumbrar la
dinámica sociocultural que condujo la actividad siderúrgica, que, a su
vez, por medio de la actividad laboral, permitió el establecimiento de
“patrones conductuales colectivos, favoreció a la con
fi
guración espacial”
(Heller, 1970, p. 26). Por ende, para el presente estudio, dicho enfoque
debe ser comprendido por medio del enfoque teórico del paisaje cultural,
basándose en aquellas áreas de uso particular, como es el caso de:
espacios laborales destinados para la extracción y posterior tratamiento
férrico, áreas ocupacionales, espacios de explotación (a
fl
uentes o nichos
ecológicos compuestos por recursos esenciales para la producción y
manufactura), movilidad, entre otros espacios (Castellón Osegueda,
2014; Castellón Osegueda, 2018; Fernández Molina, 2005).
Asimismo, es fundamental tomar en cuenta criterios relacionados con la
identidad, es decir, las implicaciones sociales y biológicas, presentes en
una dispersión genética por parte de los pobladores locales y extranjeros
quienes propiciaron el paulatino crecimiento demográ
fi
co en la región,
a causa de la proliferación cultural y subsistencia misma que determinó
la adopción de facultades apropiadas para el desarrollo de la práctica, es
decir, la adopción de conocimientos especializados para la aplicabilidad de
técnicas para una debida explotación y tratamiento del hierro, repercutiendo
así en las capacidades cognitivas del individuo, de
fi
nidas como “ontología
humana de un mundo en particular” (Heller, 1970, p. 32).
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Por lo tanto, la siderurgia puede ser considerada como una de las
actividades laborales desarrolladas durante el siglo XVIII en el Reino
de Guatemala que in
fl
uyeron signi
fi
cativamente en el mestizaje,
particularmente en la región de Metapas, re
fl
ejando así una hibridez
cultural, manifestada y comprendida por medio de la materialidad, como
principal referente teórico de acuerdo con la comprensión del desarrollo
y dinámica sociocultural visto desde la óptica arqueológica (Heller, 1970;
Fernández Molina, 2005; Erquicia Cruz, 2013; Castellón Osegueda,
2014; Castellón Osegueda, 2018).
Materialidad
Las causas y repercusiones del desarrollo, vistas desde una teorización
sobre el “mundo de los objetos y la adhesión de un determinado
orden” (Salvi y Acuto, 2005. p. 11), permiten establecer una debida
homogenización entre la diacronía y sincronía con la dinámica social
y la constante producción y reproducción de modelos estructurales
históricamente establecidos. La “materialidad” es una perspectiva que
desempeña un rol fundamental en la arqueología, entendida como la
“disciplina de las cosas” (Bjørnar Olsen, 2012. 477. En González-Ruibal,
y Ayán Vila, 2018, p. 15), aquella que centra su estudio en la materialidad,
incorporando así, una serie de aspectos que son indispensables para
comprender un estatu quo.
La materialidad muestra la relación entre el individuo y los objetos,
mediada por un proceso histórico, el cual está en un constante dinamismo
de acuerdo con una realidad especí
fi
ca, visto como el “re
fl
ejo de la
producción y reproducción de una sociedad, con
fi
gurada a partir de las
prácticas habituales entre los agentes culturales” (p. 19), quienes, por
medio de una constante dialéctica, ejecutan la construcción identitaria
del objeto, y de manera recíproca bajo una realidad especí
fi
ca. Vaquer
(2012) continúa y considera que, la materialidad debe ser analizada
desde una perspectiva semiótica, ya que es fundamental interpretar las
relaciones entre los individuos y los objetos o el conjunto material.
Por ende, sostiene que los agentes sociales y la cultura material, están
completamente vinculados por un aspecto simbólico, de acuerdo con un
“principio de origen” (pp. 19-20).
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La cultura material se encuentra ligada a los cambios históricos por
procesos formativos de una determinada región. Es fundamental ahondar
en su valoración simbólica con base en una respectiva diacronía y
sincronía, con el propósito de establecer analogías en comparación con
la evolución social. Su absoluta e interminable relación con el tiempo,
el espacio y la cognitividad hace de la cultura material un “elemento
canalizador que brinda una lectura histórica” (González-Ruibal, y Ayán
Vila, 2018, p. 16).
Desde el marco histórico-social, la cultura material cobra un sentido propio
al momento de formular un análisis sobre las repercusiones de los objetos
en la historia dentro de una sociedad, siendo incorporada en diversas
esferas de pensamiento, a partir de hábitos conductuales o prácticas
cotidianas de uno o más individuos, “originándose principalmente en la
estructura cognitiva del ser humano como tal” (González-Ruibal, y Ayán
Vila, 2018, p. 16-17). Los objetos o la cultura material también adquieren
un sentido de propiedad, el cual alude a un determinado contexto, de
acuerdo con el desarrollo o transformación de los espacios. Estos mismos,
a su vez, están con
fi
gurados por conglomerados. Por ende, el paisaje
cultural desempeña un papel importante con respecto a la construcción
simbólica del objeto.
Para Sevillano Perea (2013), la materialidad debe ser entendida como
las “[…] entidades físicas, pero no exclusivas de las acciones humanas,
sino como el conjunto de elementos incorporados en su ontología tras
la dinamización sociocultural de conglomerados […]” (p. 776). La
materialidad como el mutuo “[…] reforzamiento que practican una
diversidad de elementos con una debida propiedad física […]” (p.
776), en donde además conforman al medioambiente y todas aquellas
actividades sociales que conllevan su génesis. Es importante precisar la
incidencia que tiene la “[…] materialidad con respecto a su signi
fi
cancia
en el registro arqueológico, concediendo a sus propiedades físicas un
signi
fi
cado de social y cultural” 482. (Sevillano Perea, 2013, pp. 776–
777), el cual fue adquirido en un determinado momento. A partir de ello,
la materialidad puede ser entendida como el resultado de un “bagaje
histórico, el cual está segmentado por aspectos fundamentales como
analogías entre criterios sociales, culturales y principalmente simbólicos”
(Smith, 2011, pp. 45–46, citado por Cardona Machado, 2016, p. 51).
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La adopción de un valor parte de consideraciones que conjugan diversos
aspectos de la realidad humana, permite crear un valor trascendental, el
cual reside en su signi
fi
cancia material, no solo por un valor utilitario,
sino más bien histórico. En torno a un marco histórico, la materialidad
cobra sentido al precisar en la delimitación temporal. Tal es el caso de la
producción férrica, durante el periodo colonial en Metapas, debido a su
signi
fi
cativa explotación mineral y producción férrica, adoptando así un
valor utilitario y simbólico-cultural.
Desarrollo de la siderurgia en el Oriente del Reino de Guatemala: Metapas
de San Salvador
En los con
fi
nes más remotos del Reino de Guatemala, precisamente en la
porción oriental del territorio, se ubicó una de las regiones más fructíferas,
referente a un entorno ambiental apropiado para la ejecución de una
producción lucrativa o de
fi
nes mercantiles. Dicha área se caracterizó
por estar conformada por una amplia palestra de recursos naturales que
propiciaron la implementación y el desarrollo de determinadas prácticas,
tanto de carácter cotidiano como de uso especial. Durante el siglo XVIII,
fue reconocida como “Metapas del Hierro”, cuya ubicación correspondía
a la Intendencia de San Salvador; histórica región productora de los
distinguidos metales plebeyos, y principalmente, el metal de la tierra. Su
destacable entorno natural atrajo a muchos de los peninsulares o europeos
que buscaban posicionarse dentro de la estructura política, social y
especialmente económica de la Nueva España, tras la explotación de dicho
recurso mineral, el cual formó parte de los tantos a
fl
oramientos férricos
en América Central, en pro de la incorporación de un naciente monopolio
centroamericano, impulsado por aquella dinámica agroexportadora en la
región (Fernández Molina, 2005).
No obstante, en sus inicios, una de las principales problemáticas se trató de
la carencia de mano de obra especializada, principalmente para los siglos
XVI y XVII, cuando predominantemente se trató de indígenas esclavos o
de repartimiento, mientras que para el siglo XVIII, se percibió un mayor
conocimiento por parte de mulatos y mestizos, bajo una determinada
remuneración o por un mismo contrato (Castellanos Rodríguez, 1995)
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El actual territorio de Metapán se encuentra ubicado en el departamento de
Santa Ana, en la porción occidental de la región salvadoreña. Colindando
al noroeste con la República de Guatemala y al noreste con Honduras. Su
cabecera municipal se aloja en el área central de la municipalidad, a una
altura de aproximadamente 470.0 metros sobre el nivel del mar, la cual
corresponde a las siguientes coordenadas geográ
fi
cas: 14°19´34.04” N y
89°27´01.97” O (Ver ilustración 1). Metapán se destaca por su riqueza
natural, con un entorno ampliamente cubierto por un frondoso follaje de
fl
ora y diversi
fi
cada fauna (Pasasin Argueta, 2017).
Ubicación geográ
fi
ca del distrito de Metapán, departamento de Santa Ana, El Salvador.
Mapa tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Departamentos_de_El_
Salvador.svg y editado por José Orión Castellón Frech, 2025.
Metapán posee una signi
fi
cativa riqueza hídrica, ya que está rodeada
de cuerpos de agua y arroyos de gran magnitud en cuanto a su carácter
utilitario como recurso acuífero para abastecer a muchas de las áreas
destinadas para la gesta de labores cotidianas en la región, las cuales en
diversos periodos han ocupado un papel fundamental en su explotación
como un recurso más. A
fl
uentes como la Laguna de Metapán y el Lago de
Güija. Además, los a
fl
uentes del río Lempa, Guajoyo, Angue, San José,
Chimalapa, el cual desemboca en la misma laguna de Metapán, Ostúa y
Tahuilapa, con sus a
fl
uentes El Rosario y San Miguel. La diversi
fi
cada
y abundante vegetación ha propiciado la existencia de muchas de las
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José Orión Castellón Frech
industrias locales en la región centroamericana, desde sus inicios con la
explotación del xiquilite, hierro, azúcar y café, hasta la producción de
cemento y cal. (CESSA, 2002).
Su amplia palestra de recursos naturales, por ende, su recurrencia
y secuencial producción de materias primas y diversos elementos,
implícitos en la sucesión histórica del comercio centroamericano,
propició su reconocimiento a nivel regional. No obstante, uno de los más
destacados fue su histórica producción minera. En un principio, la minería
metapaneca, resultó estar con
fi
gurada por técnicas y métodos primitivos.
Su explotación demostró ser ostentosa y relativamente sencilla, ya
que la recolección del mineral era ejecutada de manera super
fi
cial o a
profundidades leves (Castellanos Rodríguez, 1995).
Según Castellanos Rodríguez (1995), la indumentaria estaba conformada
por herramientas de muy poca complejidad, tal y como almádanas de
hierro con un cabo largo de madera, el cual permitía agotar los núcleos
líticos. Asimismo, para obtener mayores cantidades del mineral, se hacía
necesaria la elaboración de minas abiertas, para las cuales se utilizaban
barras de hierro. En primera instancia, lo anteriormente mencionado
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permite dilucidar las razones concretas de su elevado precio, tanto por la
ardua explotación de recursos naturales, enfrentándose a una constante
e intensi
fi
cada producción, como de manera subsecuente la demandante
mano de obra (Fernández Molina, 2005).
Fernández Molina (2005) destaca, acerca de su laboriosa explotación,
la exigencia de madera su
fi
ciente para una frecuente producción, la cual
se trató de una actividad de sumo riesgo y di
fi
cultad ante la época de
invierno tropical, y a su vez, complicaba el trabajo en la concavidad a
cielo abierto, por lo que resultó ser necesaria la elaboración de desagües,
añadidos al mecanismo de explotación.
El mineral obtenido era reducido a pequeños pedruscos por medio de la
utilización de almádana para así, posteriormente, pasar por un proceso
llamado “refogado” o “sangrado” consistía en la elaboración de un
agujero de forma esférica y de super
fi
cie cóncava en el suelo, en donde
se colocaban de manera superpuesta los pedruscos de mineral y leña,
dejando un hueco en el centro, con el objetivo de encender el fuego
(Erquicia Cruz, 2013). Castellanos Rodríguez (1995) menciona acerca
de este mecanismo: “[…] Si el terreno lo permitía se hacían los hoyos
cerca de una barranca, y se abría un túnel horizontal para efecto de
ventilación y que el aire actuara como fuelle a
fi
n de avivar el fuego […]”,
y así posteriormente, el material era colocado sobre la leña (Castellanos
Rodríguez, 1995, p. 330).
Fernández Molina (2005), señala que el “refogar”, popularmente
reconocido en Centroamérica del siglo XVIII, era fundamental
precisamente porque el mineral en bruto debía perder la cantidad
su
fi
ciente de agua y material orgánico. Posteriormente, este mismo era
llevado al ingenio o fragua, en donde se ejecutaba el resto del proceso de
fundición y amoldamiento del hierro.
Estos hornos estaban conformados por muros de una vara (0.83 cm) de
alto y una vara de circunferencia; al interior se elaboraba una concavidad
de un tercio de vara, la cual permitía la concentración del metal fundido;
además, poseían una abertura o boca para la extracción de la escoria. Un
elemento fundamental era la abertura tubular conocida como “alcherebiz”
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o “alquiribuz”, la cual permitía el ingreso de la corriente de aire al horno
provocada por “barquines” o “fuelles”, ubicados a un costado del horno,
dentro del ingenio. Estos fuelles cumplían el proceso de combustión para
la fundición del mineral en la ferrería, constantemente impulsados por una
noria que producía energía hidráulica. Este último proceso era conocido en
Centroamérica como “soplo”. Dentro del horno se colocaban de manera
superpuesta capas alternas de carbón vegetal y mineral férrico. El mineral era
colocado en una posición a manera de estar recargado en una pared opuesta a
la ubicación del “alquiribuz”, con el objetivo de evitar algún tipo de bloqueo
en el acceso del aire. Luego de haber colocado cada uno de los elementos
necesarios, se iniciaba con el proceso de fundición mediante la constante
interacción del fuego, el aire y el material expuesto a unas temperaturas que
oscilaban entre los 960, 1063 y 1540 °C (Fernández Molina, 2005)..
Posterior a su fundición, el material era extraído haciendo uso de pinzas
metálicas de gran dimensión, y se procedía con la forja, haciendo uso de
un “martinete”, por medio de un constante proceso de percusión directa
adjunto a un yunque. El martinete era impulsado por una segunda noria,
la cual funcionaba por medio de energía hidráulica. No obstante, luego
de este último paso, se sometía a un proceso de reducción, para el cual se
requería de un nuevo soplo para solidi
fi
car el hierro y obtener una mayor
maleabilidad, para lo que se requería de un molde de hierro agujerado,
también llamado “greda”, con el propósito de reducirlo a “hilo”, o metal
fundido [ver Ilustración 2] (Castellanos Rodríguez, 1995).
Distribución espacial de maquinaria al interior del ingenio de hierro. De izquierda a derecha:
Caída de agua, noria, martinete y yunque, horno y fuelle. Elaborado por: José Orión Castellón
Frech, 2021.
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Uno de los aspectos fundamentales para comprender el desarrollo de
la práctica, es su origen, el cual remite a uno de los personajes más
in
fl
uyentes para la implantación de la práctica en el histórico Reino de
Guatemala, especí
fi
camente en la región de Metapas durante el siglo
XVII. don Marcelo Flores de Mogollón; descendiente de una familia
de hidalgos vecinos de la región de Sevilla, con un padre escribano del
mismo Tribunal de la Santa Inquisición. Para el año de 1683, Mogollón
obtuvo una Real Cédula para la Casa de Contratación de Sevilla, la cual
le permitía pasar por Santiago de los Caballeros (la entonces Ciudad de
Guatemala), ya que su esposa Francisca Godoy y Guzmán era natural de
dicha ciudad (Fernández Molina, 2005).
Don Marcelo Flores de Mogollón, como descendiente de una familia
con un determinado prestigio social, siendo un peninsular y dotado del
conocimiento minero. Para mediados de la segunda mitad del siglo XVII,
estaba a cargo del Real de Minas de Nueva Zaragoza, región cercana
a Ocotepeque, bajo el título de “Alcalde Mayor”. De esta manera, se
involucró en el ambiente de la minería centroamericana durante la época
colonial. No obstante, el aspecto más relevante de don Marcelo Flores
de Mogollón fue su particular interés por los yacimientos de plata en la
porción noroccidental del actual territorio salvadoreño. Para Fernández
Molina (2005), su destacable reconocimiento por riquezas minerales es
fomentada desde periodos tempranos, uno de ellos es detallado de la
siguiente manera:
En mayo de 1544 Cristóbal Lobo se obligó a “cavar y ahondar”
hasta dos “estados” de profundidad, unos 250 pasos, en dos minas
de plata que tenía Diego Sánchez en jurisdicción del pueblo de
Metapas. A cambio de cumplir con lo prometido en el término de
cuatro meses, Lobo recibiría la mitad del metal extraído una vez
completado el trabajo. Sánchez tenía otros mineros vecinos, lo que
demuestra que desde las primeras generaciones de conquistadores
se exploraron las riquezas minerales de la región (Fernández
Molina, 2005, p. 64).
El interés de Marcelo Flores de Mogollón rindió frutos a partir del
hallazgo de una veta de liga plomosa en el Cerro Tecomapa, ubicado
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especí
fi
camente a dos leguas de los pueblos San Pedro y Santiago de
Metapas. Dicho hallazgo es reconocido, a partir de una Real Provisión
por parte de la Audiencia el 11 de noviembre de 1695, otorgada a Marcelo
Flores de Mogollón. Dentro de esta misma, se le concedió la posesión
del río Amayo y los nichos ecológicos que se encontraban en las áreas
circundantes, con el objetivo de obtener la madera dentro de la zona,
señalando que “Metapas, jurisdicción de Santa Ana, Alcaldía Mayor de
San Salvador, continuaba siendo un distrito minero, aunque no se pudo
localizar ninguna información sobre su evolución” (Fernández Molina,
2005, p. 64).
Uno de los datos más relevantes de este registro se trata de la posesión
de dichos recursos, a bene
fi
cio propio para el funcionamiento de la
nueva mina “La Concepción” (nombre acuñado por el mismo Marcelo
Flores de Mogollón). Dos años después, Marcelo Flores de Mogollón
durante 1697 reportó a tres leguas de la mina “La Concepción” una veta
más de plomo, la cual estaba “encajonad(a) en antimonio”. Dicha mina
recibió el nombre de “La Calera”, cuyo derecho fue complementado a
inicios del siglo XVIII, especí
fi
camente en 1714, tras la compra de “[…]
cuatro caballerías y doce cuerdas de tierra alrededor de la misma […]”
(Fernández Molina, 2005, p. 64).
De acuerdo con Fernández Molina (2005), el interés de Marcelo Flores
de Mogollón por las minas de plomo es atribuido a su requerimiento en
la importante actividad argentífera, ya que, la incorporación de plomo
era fundamental para el proceso químico de amalgamación de la plata,
labor con la cual Flores de Mogollón estuvo muy familiarizado, debido
a su función en el Real de Minas de Nueva Zaragoza; sin embargo,
pese a su interés por el plomo, su explotación se vio enfocada en el
hierro, de tal manera que para 1712 estaba muy bien posicionado en
la actividad siderúrgica. Tal argumento es basado en la posesión de las
minas anteriormente mencionadas, y a su vez, la mina La Calera, ubicada
en Santa Ana, y otra de la cual no se dispone de un dato preciso del
registro, únicamente su localización en “[…] Alotepeque, jurisdicción
de Chiquimula de la Sierra.”, fueron parte de una compañía formada en
conjunto con “[…] don Marcos Dávalos (o de Ávalos) y don Esteban
Lanz […]”. No obstante, dicha compañía tuvo una existencia efímera,
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ya que, posterior a su fundación, duró únicamente cinco años (Fernández
Molina, 2005, p. 65).
Don Esteban Lanz es otro de los grandes in
fl
uyentes de la instauración
siderúrgica en Metapas, ya que, posterior a 1715, descubrió la mina
“San Juan Bautista”, ubicada en el Cerro Tapado, Metapas, en conjunto
con el regidor perpetuo de la entonces Ciudad de Guatemala (Santiago
de los Caballeros), el capitán Pedro Severino López de Estrada, quien
además poseía plantaciones de xiquilite y un mismo obraje de añil. En
este proceso, también están involucrados Juan de Molina y don Domingo
de Vidaburú, para fundar el “Ingenio Nuevo”. Este último desempeñó un
papel fundamental, ya que fue asignado como asesor principal, tratándose
del “único maestro inteligente en fabricar ingenios y minería de
fi
erro en
el Reino de Guatemala” (Fernández Molina, 2005, p. 66).
El 13 de marzo de 1714, Marcelo Flores de Mogollón, en conjunto con su
yerno Carlos Sunsín de Herrera, emiten una carta al rey con el objetivo de
informar sobre los hallazgos de Mogollón; no obstante, ambos carecieron
de una respuesta. Posterior al fallecimiento de Flores de Mogollón, su
yerno Sunsín de Herrera continuó con el proceso y en 1724 solicitó “[…]
se informara al rey sobre los descubrimientos de su suegro, aparentemente
ya fallecido” (Fernández Molina, 2005, p. 68). Durante el 4 de junio del
mismo año, el tribunal realiza su aprobación, en donde únicamente se
concede el reconocimiento por haber descubierto tal región minera.
De acuerdo con Fernández Molina (2005), para el año de 1720 no se
evidencia algún tipo de incidencia en la introducción de hierro en la Ciudad
de Guatemala por parte de Marcelo Flores de Mogollón y Sunsín de Herrera,
pero sí se destaca la leve pero signi
fi
cativa incorporación de don Esteban
Lanz, además de otros productores, tanto locales como extranjeros.
A inicios del segundo decenio del siglo XVIII, precisamente en 1722, fray
Francisco Ximénez, en su “Historia Natural del Reino de Guatemala”,
menciona en su visita al pueblo de Sacapulas:
En aquesta Provincia de Guatemala hacia el Pueblo de Mita las hay
abundantíssimas [minas de hierro]. Y aplicados a sacarlos algunos,
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les ha sucedido lo que a todos los mineros, topar con embusteros
que les hacen gastar innutimente sus caudales, y así les ha sucedido
a estos, de modo [que] aunque se saca algún
fi
erro, no pueden
todavía resarcir lo mucho que les ha costado (Fernández Molina,
2005, p. 69).
Los dos primeros decenios del siglo XVIII fueron circunstanciales para
la práctica siderúrgica en Metapas. Es así como, a partir de ello, se
instaura el naciente monopolio del hierro; sin embargo, claramente se
encontraba en un paulatino ascenso, ya que, para 1730, los o
fi
ciales de
la Real Hacienda, mani
fi
estan la ejecución de edi
fi
caciones denominadas
“ingenios de fabricar hierro” en distintas jurisdicciones del Reyno de
Guatemala, los cuales evadían el pago del quinto correspondiente al
rey; por ende, “[…] solicitaron las autoridades de Santa Ana, Metapas,
Chiquimula, Verapaz y el Valle de Guatemala recibieran declaración
jurada de lo producido” (Fernández Molina, 2005, p. 71).
Para el año de 1730, un censo indica la existencia de tres ingenios en el
actual territorio salvadoreño. Dos de ellos correspondían a Metapán, cuyos
dueños fueron reconocidos como Juan de Medina y Julián Izquierdo, y uno
de ellos en Sonsonate, correspondiente a Enrique de Sessi y Julbi. Estos
dos últimos personajes, desempeñaron un papel fundamental, debido a
su signi
fi
cativo reconocimiento en la incorporación de la élite colonial
del histórico Reino de Guatemala a principios del siglo XVIII. Por otra
parte, un aspecto fundamental fue la exigencia de obra especializada,
ya que la región carecía de ello. Predominantemente, la mano de obra
estaba conformada por mulatos; no obstante, no dejó de estar presente
la demanda de fuerza laboral indígena por repartimiento, a cambio de
una remuneración baja. Referente a ello, Izquierdo continúa y menciona:
“[…] insuperables desperdicios y mermas que trae el manejarse esta
nueva fábrica con jente tan inexperta y mala fe por la total inopia de
maestros y operarios inteligentes” (Fernández Molina, 2005, pp. 74-75).
Alterno a ello, durante inicios del tercer decenio del siglo XVIII,
Enrique Sessi y Julbi, fue otro de los mayores in
fl
uyentes en el
reconocimiento siderúrgico del actual territorio salvadoreño. Durante
el año de 1732, ejecutó la cancelación de diez años por adelantado del
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quinto al diezmo, debido al funcionamiento de un ingenio de hierro
ubicado en Sonsonate (Fernández Molina, 2005, pp. 74-75).
En comparación con el censo realizado durante el tercer decenio del siglo
XVIII, el cual evidencia la existencia de 3 ingenios correspondientes
a la Alcaldía Mayor de San Salvador, un censo de 1746 re
fl
eja una
ascendente continuidad. Para dicho periodo, fueron identi
fi
cados un
total de 6 ingenios, algunos de ellos ubicados en San Salvador, otros
en Quezaltepeque, Sonsonate y Santa Ana. Muchos de los ingenios
permitieron que su prolongada actividad enriqueciera la persistencia de
la actividad laboral. Uno de ellos, es el Ingenio de Atapasco, ubicado
en Quetzaltepeque, cuyo ingenio estaba bajo el poder eclesiástico de la
Orden de los Dominicos (Erquicia Cruz, 2013).
La práctica siderúrgica no solamente conllevó la explotación de recursos
naturales, a favor de un abastecimiento de materia prima, sino además
una recon
fi
guración sociodemográ
fi
ca, la cual permitió la incorporación
de mestizos y mulatos, manteniendo una permanencia en la segmentación
social, en relación con los poblados indígenas que predominaban en sus
respectivas regiones. Por ende, las prácticas laborales como la minería
y la actividad siderúrgica son fundamentales para identi
fi
car aquellos
factores medulares que favorecieron la multiculturalidad de la Nueva
España (Castellón Osegueda, 2019).
Durante el siglo XVIII, el sector minero y siderúrgico esencialmente
dependía del
fi
nanciamiento de todas aquellas actividades agropecuarias,
las cuales permitían la obtención y consumo de insumos férricos; por ende,
devino el ascenso de la práctica siderúrgica en la Nueva España, tanto
por la producción y tratamiento del xiquilite como por la aplicabilidad de
herramientas para la explotación azucarera y la demanda de hierro en los
astilleros o nacientes edi
fi
caciones. El suplir cada una de las necesidades
que demandaba la práctica justi
fi
ca la ubicación estratégica de cada uno
de los yacimientos con relación a los ingenios, habiendo así un total de
4 yacimientos y 12 áreas especí
fi
cas destinadas a la explotación férrica
en el Reino de Guatemala durante la primera mitad del siglo XVIII
(Fernández Molina, 2005).
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La siderurgia generó un impacto signi
fi
cativo, ya que, durante este
mismo periodo y la segunda mitad del siglo XVIII, demográ
fi
camente
contribuyó a la propagación de los pobladores llamados “mulatos”,
quienes se destacaron notoriamente, por lo que la mano de obra indígena
y esclava pasó a generar una menor demanda. Asimismo, la popularidad
de la actividad minera en Metapán permitió reemplazar el término “Hierro
de la Tierra”, acuñando así “Hierro de Metapas” (Castellanos Rodríguez,
1995; Fernández Molina, 2005; Erquicia Cruz, 2013).
Para el año de 1740, los ingenios de hierro correspondientes a San
Juan Opico, San Salvador, Santa Ana y San José Quezaltepeque eran
abastecidos por dos minas ubicadas en la región de Metapas. Dicho
argumento es sostenido por el alcalde mayor Gálvez Corral. No
obstante, el hierro metapaneco adopta un mayor protagonismo a partir
de la segunda mitad del siglo XVIII cuando, durante la última década
de 1760, se debate la competencia del comercio ultramarino, debido a la
diferencia en los costos del transporte. Una de las mayores di
fi
cultades
en el comercio del hierro para
fi
nales del siglo XVII se debió a la
esporádica relación existente entre Metapas y la metrópoli. No obstante,
el panorama se diversi
fi
có para la primera mitad del siglo XVIII, debido
a la introducción de técnicas de explotación por parte de peninsulares,
logrando así una expansión tan amplia y diversi
fi
cada que se extendía
desde las alcaldías mayores de San Salvador y Sonsonate hasta el
Altiplano de Guatemala (Fernández Molina, 1996)
Tomando en cuenta los costos de extracción, tratamiento, producción y
movilidad, para la segunda mitad del siglo XVIII, se procedió a modi
fi
car
el método de obtención, pero no la técnica, con el propósito de ejecutar
una producción mucho más económica y e
fi
caz, conservando el proceso
original. La compra de carbón y el mineral férrico ya refogado, para ser
tratado en los ingenios, se convirtió en un método mucho más favorable
(Fernández Molina, 1996)
Es así como para el séptimo decenio del siglo XVIII, tras la ejecución
de la construcción de Nueva Guatemala de Asunción, la explotación de
hierro en Metapas percibe una ascendente y signi
fi
cativa producción,
tras el a
fl
oramiento de diversos ingenios, tanto de propietarios locales,
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como foráneos, quienes se acomodaron muy bien en la élite regional,
debido a la efervescente economía del naciente monopolio del Reyno de
Guatemala y la Nueva España (Castellanos Rodríguez, 1995; Fernández
Molina, 2005; Erquicia Cruz, 2013). Su creciente y constante desarrollo
férrico, propició el reconocimiento a nivel regional, destacándose así
como una de las regiones mineras más fructíferas en la denominada
Audiencia de los Con
fi
nes a
fi
nales del siglo XVII e inicios del XVIII,
y siglos posteriores, siendo reconocida no solo por productores ladinos
o arrendatarios, sino además por viajeros y censos provinciales, en
los cuales se destacan como grandes edi
fi
caciones conocidas como
“ingenios” o “fraguas” y “herreros” especialistas.
Identidad metapaneca: Reconocimientos del hierro de la tierra y los
metales plebeyos
En sus descripciones más tempranas, Metapas del Fierro se destaca
como una de las regiones más fructíferas en cuanto a recursos naturales
que desempeñaron un aspecto medular dentro de la economía regional
del histórico Reino de Guatemala.
Durante el periodo de 1768 a 1770, el arzobispo de Guatemala Pedro
Cortés y Larraz (1958), en su “Descripción Geográ
fi
co-Moral de la
diócesis de Goathemala”, elabora una descripción de la histórica región
de Metapas, en donde yacen ingenios de hierro, cuya magnitud es de
considerable valor en cuanto a la magni
fi
cencia y productividad en la
región. Cada una de dichas descripciones permiten dilucidar acerca del
temprano desarrollo en la inhóspita región, de tal manera que en su mapa
del Curato de Metapas (Ver Ilustración 3), mani
fi
esta cada una de su
extensa territorialidad y riqueza natural. Además, destaca la existencia
de “[…] treinta y ocho haciendas, con inclusión de un ingenio para
fabricar hierro” (Larraz, 1921, p. 227).
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Mapa del Curato de Metapas, dentro de la Diócesis de Goathemala para el año de 1770, elaborado
por el arzobispo de Guatemala Pedro Cortés y Larraz. Descrito en “Descripción Geográ
fi
ca-
Moral de la Diócesis de Goathemala”, por Pedro Cortés y Larraz. Tomado de: PARES | Archivos
Españoles.
Referente a su composición demográ
fi
ca, identi
fi
ca un total de 15 familias
de indios con un total de 41 personas y 86 familias de ladinos, habiendo así
un resultado general de 671 personas. Referente a sus valles, los primeros
de ellos, San Juan y Montenegro, están conformados por 45 familias y
424 personas; Lanqui, Espinal y haciendas de algunos españoles, un total
de 42 familias con 390 personas; en el Valle Capulín hay 2 familias con
29 personas. De tal manera que la Parroquia de Metapas se conforma por
190 familias con un total de 1.555 personas. Cortés y Larraz menciona:
“[…] en las que hay muy poco indios y la mayor parte de la gente en
despoblados […]” (Cortés y Larraz, 1958, p. 259). La riqueza natural de
la región no es un aspecto que pasa desapercibido para Cortés y Larraz
(1958), de manera que, destaca el cultivo de maíz, frutas, caña, verduras,
frijoles, algodón, ganadería y precisamente menciona “[…] hay fábricas
de hierro”.
Por otra parte, durante el año de 1807, el Corregidor Intendente de la
Provincia de San Salvador, Antonio Gutiérrez y Ulloa (1926), publicó
su obra literaria titulada “Estado General de la Provincia de San
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Salvador”, en donde menciona acerca de Metapán, ser el único Curato
del Partido, conformado por 2 pueblos, 9 valles y 55 haciendas. Además,
un total de 1.581 españoles, 462 indios y 2.160 mulatos. Esto último es
circunstancial para dimensionar la densidad demográ
fi
ca y diversidad
cultural por la que estuvo conformada la región de Metapas, ya que,
en toda la intendencia de San Salvador, el partido de Metapán percibió
la mayor cantidad de habitantes criollos y españoles, lo cual se debió
a su amplia palestra comercial, dentro de la cual se destaca el hierro.
Referente al ambiente, lo caracteriza como un espacio de sumo provecho
para la actividad agrícola, cuya dinámica social propició el comercio
y la ejecución de una diversidad de labores en torno a la producción
local, en donde, además, propicia el abastecimiento del recurso acuífero,
temperaturas ambientales intermitentes, entre otras particularidades. En
cuanto a la explotación de tierras, él las de
fi
ne como “labores de sus
campos” y cita particularmente a “[…] los vene
fi
cios de Minas de hierro
de que abunda, cuyo metal, comercian […]”. Adicional a ello, hace
énfasis en el comercio de añil, arroz y azúcar (p. 93).
Con respecto a las haciendas que conforman a Metapas, destacan las
productoras de hierro, reconocidas bajo el título de “Yngenio de Hierro”,
las cuales son las siguientes: Carmen, San Francisco de Paula, San Josef,
San Miguel, San Rafael y Santa Gertrudis (Gutiérrez y Ulloa, 1926, pp.
94-96). Dentro de dicho registro, Gutiérrez y Ulloa hacen una compilación
de aquellos frutos o recursos a favor del comercio anual para 1786, y en
el caso de Metapán, especí
fi
camente en cuanto a la producción férrica,
estimó un total de 3.240 quintales (el quintal es de
fi
nido por Ulloa por
un total de “Cuatro arrovas castellanas”)
1
, sumando un valor total de
51.840 pesos. Dicho ingreso por año, permite comprender la signi
fi
cativa
producción de hierro en la región. Adjunto a ello, dentro de un censo
poblacional, de
fi
ne cada una de las labores ejecutadas dentro de los
Partidos y en el de Metapán identi
fi
ca un total de 45 herreros (p. 170).
A principios del cuarto decenio del siglo XVIII, el viajero inglés Robert
Dunlop, realizó una descripción de las minas de Metapas, de
fi
niendo su
1 En el sistema de pesos y medidas del Reino de Guatemala, un quintal equivalía
exactamente a cuatro arrobas castellanas (aproximadamente 100 libras o 46 kilo-
gramos). La grafía “arrova” se mantiene en el texto respetando la fuente primaria
de Gutiérrez y Ulloa (1926), donde se documenta la transición de las medidas
coloniales a los estándares del siglo XIX.
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mineral como “[…] un metal más puro y maleable que cualquier metal
importado de Europa […]”. Fernández Molina (2005), cita a John Baily,
quien una década después envió una muestra de hierro, procedente
de Metapas, y con base en ello, menciona ser “[…]adecuado para la
fabricación de acero
fi
no, aproximándose mucho en este respecto al
famoso Wootz de la India […]” (p. 98).
Durante el año de 1857 el clérigo Domingo Juarros realiza una descripción
titulada “Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala”,
constituida por una diversidad de elementos sociales, culturales y
políticos, los cuales van desde aspectos generales, hasta aquellos de
suma particularidad dentro de la región centroamericana; sin embargo,
su mayor enfoque se centra en la Ciudad de Guatemala, en donde elaboró
una breve descripción de la Provincia de San Salvador o, como también
la denomina, “Cuscatlán”. En dicha provincia, describe la existencia de
131.270 habitantes, la cual está constituida por una diversidad étnica
(españoles, mulatos, mestizos e indígenas) y predomina la “lengua
castellana”. Cuenta con 121 pueblos, conformados por una diversidad de
haciendas y valles (p. 29).
Domingo Juarros (1857), continúa y menciona acerca de los recursos,
la producción y el comercio, identi
fi
cando así: madera, frutas, gomas,
animales, añil y hace énfasis en “[…] hay minas de plata,
fi
erro, plomo
ocre, yeso y bol” (p. 29).
Con respecto a Santa Ana, menciona estar constituida por 19 pueblos,
habiendo una población total de 11.000 habitantes. Dentro de estos
se identi
fi
ca Santa Ana Grande, el cual consta de ser el pueblo con
una mayor cantidad de habitantes, con un total de 6,000, conformada
por 558 españoles, 5.417 ladinos, y según Juarros (1857), “[…] y los
demás indios […]” (con base en los datos anteriormente mencionados,
estadísticamente habría un total de 25 indígenas) (p. 30).
Domingo Juarros (1857), de manera subsiguiente, de
fi
ne el pueblo de
San Pedro:
San Pedro Metapas: uno de los mejores pueblos de este partido: su
iglesia matriz es de muy buena fabrica y ricamente adornada y bien
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proveida: es cabeza de curato: tiene 4,000 vecinos; de éstos los 400
son indios y viven en barrio separado. Gobiérnanlo dos Alcaldes
españoles, que nombra el Intendente. Su comercio consiste en añil,
azúcar, maíz y otros frutos: hay en sus contornos cinco ingenios
de
fi
erro, en que se trabajan más de 1,500 quintales al año. A dos
leguas de largo y tres de ancho, cria muchas mojarras y otros peces:
en ella tiene su origen el famoso rio de Lempa (p. 31).
Durante el año de 1880, W. Goodyear llevó a cabo una descripción de las
áreas productoras de hierro dentro de la región salvadoreña, adjudicando
que los minerales férricos metapanecos “[…] pudieran ofrecer el mejor
hierro maleable conocido hasta hoy […]” (Fernández Molina 2005, p. 98).
Por otra parte, durante el año de 1957, el historiador Jorge Lardé y Larín,
en su obra “El Salvador: historia de sus villas, pueblos y ciudades”, elabora
una descripción de Metapán. Lardé y Larín (1957), menciona acerca de la
composición étnica de su prístina población, la cual corresponde a grupos
culturales “mayachortis”. Además, debido a la in
fl
uencia pipil o yaquis,
son adoptados conceptos en náhuat, cuyo valor repercute en la transición
poblacional de la región. De manera que, etimológicamente, “Metapán”
se deriva del náhuat met = (magüey) y apan = (río), de
fi
niéndose como
“río del maguey” (p. 258).
No obstante, Lardé y Larín (1957), continúa y re
fi
ere a un informe
municipal dictaminado para el 4 de diciembre del año de 1858,
mencionando así:
[…] se lanza la peregrina y festinada etimología de que “Metapán
quiere decir, metales tapados”, lo cual no pasa de ser una puerilidad o
una tomadura de pelo para los incautos. En efecto, Metapán vendría
meta, metales, y tapan, tapados, ocultos (Larín, 1957, p. 258).
Adicionalmente, Lardé y Larín (1957), destaca otro suceso circunstancial,
referente a la producción férrica de Metapán durante el año de 1740, el
cual fue ejecutado por el alcalde mayor de San Salvador, don Manuel de
Gálvez Corral, en donde se hace mención de “[…] dos minas de metal de
fi
erro, que sirven a los ingenios de
fi
erro, y se hallan las dichas minas a
corta distancia de estos pueblos” (p. 262).
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El reconocimiento de minas de hierro no termina de ser ajeno en cada
una de las declaraciones que conforman los informes de la intendencia,
de tal manera que continúa y describe la ejecución de un incendio durante
1763 en donde el “templo” y la casa de “doña Juana Chávez” fueron los
únicos inmuebles que resistieron ante dicha catástrofe. Adjunto a ello, en
el testamento del padre cura don Francisco Javier Estrada, quien durante
tal suceso, perdió una signi
fi
cativa cantidad de “plata labrada”, ya que,
se fundió y formó una corriente que “[…] salió hasta la calle inmediata
a la casa parroquial, las alhajas de este metal que dejó a bene
fi
cio de sus
herederos fue preciso pesarlas a romana” (Lardé y Larín ,1957, p. 263).
En el año de 1998, el historiador Santiago Barberena, en su publicación
“Monografías Departamentales”, sostiene lo anteriormente propuesto por
Lardé y Larín (1957), acerca del topónimo de Metapán. De igual manera,
estipula un total de 15,072 habitantes. Adjunto a ello, de
fi
ne cada uno de
los cantones y diversas particularidades que los conforman, destacando
así la existencia de actividad minera, particularmente en los ingenios de
hierro de Rafael (Cantón de Santa Rita), San Miguel (Cantón San Miguel),
Santa Gertrudis (dentro del Cantón El Zapote), San Francisco (en el
Cantón del Brujo) y San José Ingenio (Cantón de San José), destacando
así, un histórico reconocimiento por su signi
fi
cativa producción férrica.
Además, de un alto potencial minero por entidades que desempeñaron
un papel fundamental dentro del monopolio centroamericano, aludiendo
así a los señores Luna Hermanos, quienes ejecutaron una signi
fi
cativa
explotación y actividad siderúrgica dentro del Ingenio de Hierro San
José, además de las importantes minas de cobre de El Carmen y El Brujo,
las minas de oro de San Andrés y San Isidro, y la mina de hierro y plomo
de Santa Gertrudis (Barberena, 1998, p. 174).
Con base en lo anterior, Barberena (1998), menciona: “De estas minas
ya se ha sacado lo su
fi
ciente para reconocer su gran importancia, pero
hay otras varias que aún no han sido ensayadas”, en consideración a su
evidente riqueza mineral, a partir de su extensión territorial.
Un aspecto de suma relevancia es la variación en la
fl
uctuación y
tasación del hierro metapaneco, tanto dentro del comercio local como
su incorporación en el monopolio centroamericano. La constante
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interacción mercantil fue un factor determinante en cuanto a la in
fl
ación
y demanda del mineral férrico. Por lo tanto, su ascendente producción
incrementó de manera signi
fi
cativa para principios del siglo XIX, ya
que, dentro de un registro de las declaraciones para el pago del quinto
y guías de comercio (en quintales), desde 1778 a 1820, re
fl
eja la
efervescente producción férrica, identi
fi
cándose así el periodo que dista
de 1808 a 1812 como los ciclos de mayor producción. Dicha
fl
uctuación
puede ser comprendida como un “indicador de las tendencias”, en vez
de un “re
fl
ejo del
fi
el volumen”. Además, considera que gran parte de
la producción, estuvo bajo el incentivo de la construcción de Asunción
de Guatemala y por “[…] la guerra de independencia de los Estados
Unidos a
fi
nales de la década de 1770 y principios de la de 1780 […]”
(Fernández Molina, 2005, p. 103).
A pesar de la escasa información sobre la producción férrica en la región,
los ingenios de hierro tuvieron una signi
fi
cativa actividad dentro de los
registros del pago del quinto; por ende, un registro certero acerca de los
propietarios de 7 ingenios de hierro dentro de Metapas con sus debidos
dueños, arrendatarios y vecinos durante un periodo de tiempo entre
1771 y 1807. La efervescencia de la explotación minera en Metapas,
puede resultar perceptible en la edi
fi
cación de ingenios. Desde los más
tempranos para el año de 1770, en donde se posiciona el primero de los
más signi
fi
cativos ciclos de explotación férrica, debido al abastecimiento
de hierro, en pro de la edi
fi
cación de Asunción de Guatemala,
identi
fi
cándose así los ingenios de San Rafael, Santa Gertrudis y el más
temprano de ellos, el ingenio Nuestra Señora del Carmen (Fernández
Molina, 2005, p. 103).
Asimismo, para el octavo decenio del siglo XVIII, se conciben los
ingenios de hierro San Miguel, San José y Santa Bárbara, cuyo
surgimiento es atribuido al abastecimiento del material férrico, tras la
demanda del auge añilero durante la guerra con Gran Bretaña, debido a
la “[…] incapacidad del sistema imperial de comercio de proveer metal
requerido […]” (p. 113).
A pesar de su constante
fl
uctuación, el paulatino ascenso, a favor de
su incorporación dentro del monopolio ístmico, es adjudicado a la
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conservación del método y tecnología minera e hidráulica a nivel
regional, ya que cumplía con aquellos requisitos al momento de suplir
la necesidad del mineral, ante la carencia a causa de la obstaculización
mercantil europea. Por otra parte, llama la atención uno de los sucesos
más signi
fi
cativos dentro de la región de Metapas, y este precisamente
es atribuido a un alza demográ
fi
ca precisamente por el decaimiento de
actividades alternas a la siderurgia, como la actividad agrícola y ganadera
afectadas por plagas; una de ellas corresponde al añil y, probablemente, a
la fragmentación del comercio europeo (Fernández Molina, 2005)
El censo de 1807 re
fl
eja un alza poblacional entre mulatos (2.160),
indígenas (462) y españoles (1.581). Fernández Molina (2005), considera
que esta “evolución poblacional”, en la región de Metapas, formó parte
de aquellas regiones prometedoras, cuya economía estaba en pleno
fortalecimiento, con base en los recursos naturales in situ. Siendo Metapas,
el Partido con mayor cantidad de españoles dentro de la región para dicho
período. De acuerdo con lo anterior, es preciso destacar la signi
fi
cativa
presencia de españoles en la región, ya que, predominantemente para
1807, en contraste con 1769, coexistían en Metapas una cantidad mayor,
en comparación con la capital de la Intendencia. No solamente de
españoles, sino más bien de mulatos e indígenas.
Según Fernández Molina (2005), según este signi
fi
cativo incremento
demográ
fi
co, dentro de las especulaciones puede argüirse en las causas
de dicho suceso, para así argumentar una migración debido a la misma
depresión económica, a causa del decaimiento de las zonas añileras.
Es preciso destacar las relaciones sociales derivadas de la producción
férrica, ya que muchos de los propietarios o arrendatarios de ingenios
debían sostener un vínculo sólido con aquellos pequeños comerciantes,
herreros y transportistas, ya que cada uno de ellos desempeñaba un papel
fundamental, desde la producción de herramientas o utensilios para uso
cotidiano, especialmente para el desarrollo de actividades laborales como
clavos, herraduras y machetes, para ser posteriormente transportados y
fi
nalmente comercializados.
A partir de ello, es preciso destacar el ingreso de “[…] 275 libras de
herraduras y 86 docenas de cuchillos provenientes de San Salvador,
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productos que nunca habían sido introducidos con anterioridad […]” a la
ciudad de Guatemala durante el año de 1816 (Fernández Molina, 2005,
p. 122).
Castellón Osegueda (2019), considera que el estrato artesanal desempeñó
un papel medular dentro de la con
fi
guración del tejido social colonial, ya
que muchas de las actividades que implicaban mano de obra o alcance
regional estuvieron bajo su potestad, debido a la incidencia que podía
llegar a poseer tras la movilidad. Por lo tanto, es fundamental considerar
que muchos de los indígenas o mulatos libres fueron partícipes dentro de
las actividades siderúrgicas, tanto dentro como fuera de los ingenios, en
torno al movimiento productivo y mercantil del hierro a nivel regional.
Un dato de suma particularidad es la dinámica laboral que desempeñó
la fabricación del acero, ya que, sobre el metal, requiere de un proceso
mucho más laborioso, y este último elemento es considerado como “[…]
el producto más importante que elaboraban los herreros metapanecos
[…]” (Fernández Molina, 2005, p. 122).
El proceso de fabricación del acero estaba conformado por un proceso
reconocido como “cementación”, el cual consiste en la incorporación
de carbono sobre la capa super
fi
cial de hierro, interactuando con la
atmósfera, para así obtener una mayor dureza y resistencia al momento
de su maleabilidad. El núcleo de dicho elemento conserva su capacidad
al momento de percibir la energía de un determinado impacto. Es preciso
destacar dos aspectos fundamentales durante el proceso; el primero de
ellos consta de “[…] la absorción de carbono en la super
fi
cie […]”, y el
segundo factor repercute en la “[…] velocidad de difusión hacia el metal”.
Dicho proceso tiene como parámetro las temperaturas que oscilan entre
850 y 950 °C (Luna Álvarez, 2005, p. 46).
Este proceso sería efectuado durante su tratamiento dentro de la fragua,
para ser posteriormente tratado con yunque y martillo. De manera
subsecuente, Fernández Molina (2005), basado en los registros por el pago
de impuestos durante los años de 1803, 1804, 1808, 1809, 1813, 1818
y 1820, del acero producido en Metapas, resultó evidenciar cantidades
signi
fi
cativas, por lo que demuestra una importante actividad artesanal
por parte de herreros locales. Con base a ello, se debe hacer hincapié en
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la dinámica colectiva férrica, ya que, dentro del mercado artesanal, la
existencia de los 45 herreros (registrados dentro del censo del Intendente
Gutiérrez y Ulloa) permite formular una puesta en valor del papel que
desempeñaron dentro de un comercio cotidiano. El valor del acero, en
comparación con el del hierro,
fl
uctuaba entre los 25 y 27 pesos, mientras
que el del hierro oscilaba entre los 10 y 12 pesos (Fernández Molina,
2005).
El registro de guías y tornaguías para los años de 1803, 1804, 1806, 1808
y 1809 ha permitido vislumbrar las áreas y cantidades de consumo del
mineral metapaneco. A partir de ello, se detalla la distribución porcentual
del hierro proveniente de Metapas, calculado a partir de las cargas
registradas en arrobas, con destino a las intendencias y partidos de estas,
ubicados en las áreas circundantes de la región por medio de vía terrestre
(Fernández Molina, 2005)..
Dicha actividad es detallada de la siguiente manera: (0,6), León (1,45),
Comayagua (1,44), Tonacatepeque (0,04), Chalatenango (0,31),
Apastepeque (0,15), Zacatecoluca (1,6), Sonsonate (1,06), San Miguel
(4,66), San Vicente (1,77), San Salvador (18,41), Chiquimula (0,13),
Salamá (0,6), Esquipulas (0,46), Quezaltenango (0,73), Antigua (13,83)
y Ciudad de Guatemala (52,37). A partir de estos datos estadísticos,
puede argumentarse un futuro prometedor para la siderurgia metapaneca;
no obstante, su dinámica socio-comercial estaría condicionada por el
establecimiento de un mercado internacional; así pues, una serie de
sucesos dictaminarían su camino.
A pesar de ello, para el año de 1810, se elaboró una campana con un
diámetro de un metro y una altura mayor a un metro, acompañada de
una decoración suntuosa y sus respectivos grabados, los cuales aluden
a su fecha y sitio de procedencia. Esta misma, representa el auge de la
actividad siderúrgica en Metapas del Fierro, por ende, estuvo destinada a
formar parte de los elementos más particulares de dicho periodo, siendo la
reconocida Iglesia de San Pedro Apóstol (iglesia de Metapas) un elemento
emblemático en conmemoración a ello. Este último es reconocido como
“Campana del Socorro” [Ver Ilustración 4] (Fernández Molina, 2005).
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Fotografía de la “Campana del Socorro”, ubicada en la Iglesia de San Pedro Apóstol,
Metapán, Santa Ana, El Salvador. Fotografía tomada por Nelson Crisóstomo.
Obtenida de “El Salvador. Nacimiento de un Estado” por Banco Agrícola, 2020.
Un suceso de gran envergadura como las Guerras Napoleónicas propició
el signi
fi
cativo ascenso de la explotación férrica metapaneca debido a la
interrupción de las vías del comercio transatlántico. A principios del siglo
XIX se gestó la mayor producción y comercio de hierro, reconociendo
un alza durante los años de 1810, 1812 y 1814. No obstante, la actividad
siderúrgica estuvo estrictamente ligada con diversos acontecimientos
políticos, cuya dinámica tuvo repercusiones signi
fi
cativas en la estructura
social del entonces Reino de Guatemala durante la época colonial, hasta
su descenso al ser
fi
nalizada y llegar a la independencia durante 1821,
y años posteriores en donde escasamente se prolongó su explotación
(Fernández Molina, 2005)..
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Consideraciones
fi
nales
La revisión histórica sobre la explotación férrica en la región metapaneca
permite comprender aspectos fundamentales sobre desarrollo económico,
político e industrial dentro de la intendencia de San Salvador, de acuerdo
con una determinada cronología, partiendo del siglo XVII al siglo
XVIII, en donde dicha práctica se establece como una de las actividades
laborales predominantes en la región de Metapas, hasta su punto álgido
durante
fi
nales e inicios del siglo XIX. Su reconocimiento en el entonces
Reino de Guatemala y posicionamiento mercantil condujo a la adopción
de elementos esenciales para la construcción identitaria, a partir de
actividades vinculadas con la producción laboral y la cotidianidad,
generando así una puesta en valor dentro del istmo centroamericano
re
fl
ejado en la actualidad en elementos simbólicos que atestiguan un
efervescente período de bonanza, hasta su decaimiento posterior al
proceso de independencia centroamericana.
La cultura material del hierro procedente de los mismos ingenios de
hierro metapaneco permitió establecer una construcción identitaria
sólida a nivel histórico. No obstante, a pesar de su probable ausencia o
desconocimiento local por parte de nuevas generaciones, los antiguos
ingenios de hierro permiten formar parte de una ventana hacia el glorioso
pasado histórico de Metapas del Fierro.
La amplia palestra de herramientas tecnológicas o digitales permite la
construcción de métodos documentales para
fi
nes preventivos o de rescate,
debido a una diversidad de causas que atentan contra la existencia de los
bienes patrimoniales, tanto muebles como inmuebles, especí
fi
camente
aquellas zonas de acceso restringido, en donde las limitaciones exceden
los criterios de seguridad y atentan contra la seguridad del patrimonio
local. Se debe tomar en cuenta una diversidad de elementos asociados
con la misma construcción documental, enfatizando en aquellos
aspectos multidisciplinarios, los cuales contribuyen a la investigación
arqueológica, en pro de un reconocimiento regional e internacional.
En conclusión, la investigación arqueológica permite vislumbrar aquellos
elementos materiales implícitos en una realidad común, cuya funcionalidad
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se ha visto e incorporado en las diversas esferas de pensamiento, bajo
un mismo interés: la subsistencia social. La cotidianidad, es una de las
características que per
fi
la no solamente a individuos particulares, sino
más bien a conglomerados que se ven fuertemente arraigados por un
histórico pasado común, que a su vez remite a una memoria, implícita en
una identidad.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
"Impresiones de un viaje"
Joven campista a caballo
Max Vollmberg
1920
Acuarela
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Burla, condena e intolerancia. El Periódico
Correo Nacional 1925-1934 y su tratamiento
mediático a la teosofía y la masonería
en Costa Rica
Mockery, Condemnation, and Intolerance: The Correo
Nacional 1925-1934 and its Media Coverage of Theosophy
and Freemasonry in Costa Rica
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22069
URI: https://hdl.handle.net/11298/1432
Chester Rodolfo Urbina Gaitán
Historiador y sociólogo | Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica
https://orcid.org/0000-0001-8351-2594
chesterurbina@yahoo.com
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El autor agradece los comentarios a una versión preliminar del texto que hicieron
el Dr. René Antonio Chanta Martínez y el M.Sc. Andrey Pineda Sancho. El autor
ganó el Premio Nacional de Literatura de Costa Rica Aquileo J. Echeverría en
el Área de Ensayo por su libro: Mujer, deporte y nación en Costa Rica (1888-
2015). Cuenta con el Premio UNA 2020-2021 y el de Universitario Distinguido
de la UNED 2021. Es miembro correspondiente de la Academia de Geografía e
Historia de Nicaragua.
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Resumen
El ataque mediático del periódico Correo Nacional entre 1925-1934
pretendía desprestigiar a la teosofía y la masonería, con el
fi
n de exaltar
al catolicismo como el único y verdadero sistema de creencias, que debía
orientar y guiar el pensamiento y la acción en materia religiosa y de
sociabilidad. Esto tenía como objetivo impedir que la Iglesia católica
fuera impugnada en cuanto a su posición privilegiada en el control social
y mental de los costarricenses, manteniendo la cultura dentro de los
cánones tradicionales. Para sostener este estado de cosas, la Iglesia creó
y difundió discursos de odio e intolerancia, lo que incidió negativamente
en el imaginario mental del
fi
el católico. Esto hizo que el creyente
católico satanizara y rechazara otros tipos de enseñanzas que de
fi
nieran
la realidad tanto desde la
fi
losofía como desde la ciencia.
Palabras clave:
Masonería—Historia—Costa Rica. Masonería—
Simbolismo. Teosofía—Historia—Costa Rica. Ocultismo. Intolerancia
religiosa. Prensa católica—Costa Rica. Comunicación—Aspectos sociales.
Medios de comunicación de masas y cultura.
Abstract
The media attack by the newspaper Correo Nacional between 1925
and 1934 sought to discredit Theosophy and Freemasonry, to exalt
Catholicism as the only true system of belief, which should guide and
direct thought and action in matters of religion and society. This was
intended to prevent the Catholic Church from being challenged regarding
its privileged position in the social and mental control of Costa Ricans by
maintaining culture within traditional canons. To sustain this situation, the
Church created and disseminated hate speech and intolerance, negatively
impacting the mental imagery of the Catholic faithful. This led Catholics
to demonize and reject other types of teachings that de
fi
ned reality from
both philosophical and scienti
fi
c perspectives.
Keywords: Freemasonry—History—Costa Rica. Freemasonry—
Symbolism. Theosophy—History—Costa Rica. Occultism. Religious
intolerance. Catholic press—Costa Rica. Communication—Social aspects.
Mass media and culture.
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Introducción
Durante las últimas tres décadas del siglo XIX, el Estado obtuvo una
concentración de poder y capitales, lo que le permitió exhibir su poder
sobre otras instituciones, siendo una de ellas la dirigida por los líderes
de la Iglesia católica.
1
(Bourdieu, 1993, pp. 49-62). El Estado logró
captar capitales que otrora fueron patrimonio de la Iglesia, y en el mismo
proceso le marcó los límites de rol deseable en el marco general de la
sociedad costarricense. Se rede
fi
nen sus funciones e importancia como
mecanismo de control. Esto se evidenció con la promulgación de las
llamadas leyes liberales de 1884-1894. (Solano Muñoz, 1994).
Empero, la jerarquía católica se transformó como producto de la
pérdida de determinados capitales, lo que la llevó a incursionar en un
campo extraño para ella. Esta incursión nació de la necesidad de su
desplazamiento después de la emisión de la anterior legislación, por
cuanto ella no inhibió su posterior participación político-electoral, su
expansión organizativa, su reforzamiento doctrinario y su mantenimiento
material. Esto se debió a que la Iglesia estuvo casi siempre cercana al
poder civil y sostuvo buenas relaciones con las autoridades gubernativas.
(Betrano Valverde et al., 1994; Gil Zúñiga, 2015, pp. 1-28; Seleme, 2013,
pp. 1-29; Solano Muñoz, 1994, pp. 83-85).
Para esta época en el país se leían algunos periódicos de tendencia
izquierdista, los cuales arremetían en sus publicaciones contra los
clérigos. Sin embargo, debe aclararse que estas publicaciones fueron
de importancia secundaria y no constituyeron una amenaza verdadera
a la posición honrosa que la Iglesia ostentaba en la sociedad nacional.
Esto explica por qué la Iglesia no sintió inicialmente la motivación para
contar con una prensa beligerante capaz de asegurar una comunicación
continua con su feligresía, ya que para ello tenía asegurados espacios en
los periódicos de mayor circulación. (Quesada Rivera, 2022, pp. 1-35).
1
Esto remite a la tesis clásica de Max Weber sobre el Estado, su creciente mod-
ernización/racionalización/burocratización, y especialmente a la interpretación que
hace Bourdieu de estos planteamientos.
Cabe recordar que por aquellos años la Iglesia no terminaba de sentirse cómoda con
la democracia moderna.
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En el presente artículo se matizará esta a
fi
rmación en el sentido de que la
prensa católica sí polemizó, desde la década de 1890, con el liberalismo,
con la masonería, con el protestantismo, con la teosofía y con el comunismo
desde la década de 1890. (Sánchez Solano, 2010). Aunque desde
fi
nales
del siglo XIX el Estado trataba de modi
fi
car la mentalidad de los sectores
populares al identi
fi
carlos con valores modernos y democráticos, como
los de libertad de cultos y la tolerancia religiosa. Esto adversaba los
intereses de los dirigentes católicos, quienes no querían perder su poder
en la sociedad.
(Bethell, 1986; Reuben 1996; Vargas Arias, 1991). A
pesar de diferencias y roces que hubo entre los prelados y el Estado, la
Iglesia católica fue un soporte gubernamental importante en el proyecto
liberal de construcción del Estado-nación. (Vargas Arias, 1991). Los
enfrentamientos, cuando los hubo, fueron por la intromisión estatal en
la autonomía política en la que la Iglesia había vivido desde la colonia,
es decir, en materias que consideraba de su dominio absoluto, como
la educación. (Reuben, 1996). La Iglesia no estaba dispuesta a aceptar
los fundamentos ontológicos y axiológicos últimos de una sociedad
liberal: pluralista, secular y democrática. (Bethell, 1986). Se replegó a
regañadientes, aceptó parcialmente determinados aspectos del proyecto,
y esperó su oportunidad para “reconquistar la sociedad” e imprimirle su
sello en todos los aspectos de la vida socialñ. (Dussel, 1978).
El desagrado de la jerarquía católica giró alrededor del rechazo de la
delimitación impuesta por las leyes liberales de 1884 y a la laicización de
la educación, del matrimonio, a la posibilidad del divorcio civil, etc. Esta
legislación anticlerical le impedía impartir clases de religión con carácter
obligatorio y le disminuía su in
fl
uencia ideológica en los costarricenses.
Esto hace que una parte de la impugnación clerical conservadora se
dirigiera mantener la cultura dentro de los cánones del orden tradicional.
Esta posición rechazó el liberalismo, la masonería, las doctrinas utópico-
socialistas; en líneas generales, toda idea progresista. A la intelectualidad
liberal se le acusó de atea y conspiradora. (Morales García, 1993).
La postura intolerante anterior contra la teosofía en el país se evidencia
en publicaciones como las siguientes: el artículo pionero de Chester
Urbina del año 2000 denominado: “Teosofía, intelectuales y sociedad en
Costa Rica (1908-1929)”, donde se concluye que la intolerancia religiosa
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Chester Rodolfo Urbina Gaitán
ejercida por la jerarquía de la Iglesia contra la teosofía (1908-1924), no
concedió el respeto a la libertad de conciencia y la difusión de ideas
sobre nuevas relaciones culturales de convivencia política, optativas al
liberalismo y al catolicismo. (Urbina Gaitán, 2000, pp. 139-144). En el
libro de Iván Molina del 2001: La ciudad de los monos. Roberto Brenes
Mesén, los católicos heredianos y el con
fl
icto cultural de 1907 en Costa
Rica, donde estudia el con
fl
icto producido por la explicación de la teoría
de le la evolución en el Colegio San Agustín de la ciudad de Heredia por
medio de Roberto Brenes Mesén, quien era masón y teósofo. (Molina
Jiménez, 2001).
Sobre la masonería, Ricardo Martínez Esquivel publicó en el 2009:
“Documentos y discursos antimasónicos católicos en Costa Rica (1865-
1899)” (Martínez Esquivel, 2009); ocho años después da a conocer su
libro intitulado: Masones y masonería en la Costa Rica de los albores
de la Modernidad (1865-1899); en ambos trabajos se analizan los
discursos antimasónicos por parte de la prensa católica. (Martínez
Esquivel, 2017). Lo mismo hace en su artículo del 2023: “Una lectura
retrospectiva de los masones, las masonas y la masonería en Costa Rica”.
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(Martínez Esquivel, 2023, pp. 114-139).
La masonería fue representada
como agrupación condenada y prohibida, peligro social, adversario de la
Iglesia, agrupación de rápida y constante propagación, ente misterioso y
secreto, secta, institución política e institución religiosa. En este artículo
se añadirán otros epítetos desacreditantes hacia la masonería. Para el
2015, Chester Urbina dio a conocer: “Iglesia, Estado y control mental en
Costa Rica: El caso de la enseñanza de la teosofía en el Colegio Superior
de Señoritas (1922)”, donde se acota que el con
fl
icto entre Estado e
Iglesia originado de la “supuesta” enseñanza de la teosofía en el Colegio
Superior de Señoritas está vinculado al interés de esta última por ejercer
la enseñanza religiosa con carácter obligatorio y acrecentar su poder
mental y dirección de la conciencia y percepción de la realidad. Esta
situación provocó un intenso y frontal debate en el Diario de Costa Rica
y La Tribuna, en el cual se incita a la Iglesia a apoyar a los pobres, se
censura el carácter confesional del Estado costarricense y su in
fl
uencia
negativa en la libertad de conciencia. Además, la Iglesia es criticada por
no enfrentar el materialismo, por no fomentar la igualdad de la mujer, la
venta de licor en los turnos, la vivencia de los curas mediante el trabajo
ajeno y la falta de apoyo a la protección de los animales. (Urbina Gaitán,
2015, pp. 53-61).
Con respecto al periódico Correo Nacional: Diario de la mañana comenzó
a publicarse en el año 1919; sin embargo, la Biblioteca Nacional de Costa
Rica solo conserva ejemplares entre 1925 y 1934. Para 1925 sus o
fi
cinas
y talleres se ubicaban en San José en la Avenida 2 este, 100 varas al sur
del Banco de Costa Rica. El gerente era el sacerdote y futuro arzobispo
del país. Dr. Víctor Manuel Sanabria Martínez. Lo editaba la Sociedad
Tipográ
fi
ca de Costa Rica. El administrador era don Adriano Arlé. El
director de la imprenta era don Luis Cartín González. La suscripción
mensual tenía un valor de 2.50 colones. (Correo Nacional, 5 de julio
de 1925, p. 8).
Sobre Cartín González se sabe que fue una
fi
gura activa
del periodismo católico nacional entre 1902 y los años treinta. Fue un
herediano que empezó su carrera como publicista católico a los 25 años,
siendo el administrador y editor de El Orden Social. Luego asumiría las
mismas funciones en El Boletín Católico, La Época, El Amigo del Hogar,
Nueva Era, La Verdad y La Acción Social.
(Quesada Rivera, 2022, pp.
1-35). La elección de este periódico como fuente de estudio se debe a
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que se declaraba abiertamente defensor de los intereses de la Iglesia
católica. A partir de todo lo anterior es que el presente artículo pretende
dar respuesta a las siguientes interrogantes: ¿Qué función cumplía
el ataque mediático contra la teosofía y la masonería del periódico
Correo Nacional en el campo religioso y político costarricense?, ¿qué
imaginarios de amenaza o herejía construyó? y ¿qué relación guardaban
estos ataques con la modernización/secularización/pluralización cultural
del país y los impactos que esta tuvo sobre el catolicismo? La escogencia
de este período de estudio se debe a que la Biblioteca Nacional de Costa
Rica solo cuenta con ejemplares de esos años.
El periódico Correo Nacional: Diario de la mañana y sus ataques
mediáticos a la teosofía y la masonería, 1925-1934
Teosofía
Para el 7 de octubre de 1925, el Correo Nacional publicó una serie de
artículos de E. Ugarte de Ercilla, para desmeritar a la teosofía. Señaló que
la teosofía era panteísta, según lo cual Dios no es un ser trascendente ni
distinto del mundo. Proponía la existencia de un ser absoluto, Brahma,
en cuanto produce las cosas; Vichnú en cuanto las conserva, y Siva
en cuanto las destruye. Esa era la Trimurti de los hindúes, que no era
más que una caricatura del Dios y de la trinidad del cristianismo.
17
En
otra publicación se resaltó que la teosofía rechazaba la idea de un Dios
personal y extracósmico y antropomór
fi
co. Luego se pasa a explicar la
evolución de la materia: mineral, vegetal, animal y animal-humana.
En otra publicación resalta que para los teósofos hay una sola vida, que es
la vida divina, esencialmente identi
fi
cada con todos los seres. El hombre,
por tanto, procede de Dios por emanación y es divino por la emanación
de Dios en él. Posteriormente, se comenta la ley de la reencarnación
subordinada a la ley del karma. (Ugarte de Ercilla, 7 de octubre de 1925,
p. 2). También se re
fi
ere a que la teosofía no solo es base de todas las
religiones, sino también fuente y origen de la ciencia. Alardeaba de tener
soluciones para todos los problemas
fi
siológicos, sociales y políticos.
Los individuos más desarrollados eran los practicantes y maestros
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de la teosofía; poseían nuevos sentidos para observar los fenómenos
de la materia. En un tiempo no muy lejano a los cinco sentidos se les
agregarán dos más: la glándula pineal y el cuerpo pituitario. La teosofía
establece como único criterio de verdad, la facultad latente del hombre
en su reconcentrado. Ella sustituye a todas las ciencias, aunque nadie,
a excepción de los teósofos, la experimenta. (Ugarte de Ercilla, 7 de
octubre de 1925, p. 2).
Portada del periódico Correo Nacional El diario de la mañana
Después de Nacional del 2 de julio de 1925
Fuente: https://www.sinabi.go.cr/ver/Biblioteca%20Digital/Periodicos/
Correo%20Nacional/Correo%20Nacional%201925/gb-2%20de%20julio.pdf
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El 11 de octubre del año en mención, se dio a conocer que los teósofos,
además del cuerpo y del alma, admiten como los espiritistas una tercera
substancia intermedia, llamada cuerpo astral. Para probar su existencia,
aducen el dolor que sienten las personas, a quienes se les ha amputado
un miembro cualquiera, en el miembro que les falta. Explican ellos este
fenómeno, diciendo que a dichos amputados se les cortó la pierna visible,
pero no la del cuerpo astral, que es donde sienten el dolor. Lo que no se
pruebe es la existencia de esa pierna invisible en la del cuerpo astral,
sobre todo después de haber sido cortada la pierna visible. Se critica que
el medio más expedito para llegar al conocimiento de la verdad y de
la perfección es que el aspirante teósofo se entregue completamente al
maestro viviente o Mahatma. Mahatma (Ugarte de Ercilla, 11 de octubre
de 1925, p. 3).
Se continúa diciendo que los poderes de los maestros o Mahatmas son
sencillamente la actuación de las fuerzas latentes del hombre, cuya
existencia empieza a reconocer la ciencia o
fi
cial. Esta iniciación y sobre
todo la inmanencia divina en el hombre, bastaba a los teósofos para
explicar los misterios más profundos de la ciencia. (Ugarte de Ercilla, 14
de octubre de 1925, p. 7). La idea detrás de la presentación y ridiculización
del cuerpo doctrinal de la teosofía era condenarla —porque, al igual que
la masonería— se le atribuía el intento de fomentar un nuevo culto que
sustituyera al católico o que se enseñara y propagara a través del sistema
educativo. (Sánchez Solano, 2010, pp. 34-52). Esto último asustó a
ciertos sectores católicos en El Salvador bajo el régimen de Maximiliano
Hernández Martínez (1931-1944). (Chanta Martínez, 2020).
En la misma línea de descrédito y de burla se escribe una publicación del
padre Rosendo de Jesús Valenciano, quien para el 20 de diciembre relató
que el reconocido teósofo, don Tomás Povedano, había dicho que el Gran
Instructor del mundo tomaría posesión a las dos y media de la tarde del 24
de diciembre del cuerpo que para su manifestación externa le había sido
preparado. Si lo señalado por el señor Povedano no se cumplía, pondría
en desprestigio todas las creencias teosó
fi
cas. Agrega el sacerdote lo
siguiente: “La teosofía blasfema de N. Señor Jesucristo Dios-Hombre: y
solo lo utiliza, (como lo hizo en su hoja el Sr. Povedano), para encubrir en
los países católicos, los disparates de esa doctrina incoherente…”.
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El sacerdote Valenciano le volvió a pedir explicaciones a don Tomás en
otra nota publicada el 30 de diciembre, pero no obtuvo respuesta. (De
J. Valenciano, 20 de diciembre de 1925, p. 2). El silencio de don Tomás
hizo que fuera víctima del acoso y mofa por alguien que escribía desde
Heredia con el seudónimo de “Milleto”. Según este escritor, en el poblado
de Gujerat, en la India, sus habitantes se encontraban asustados con el
nacimiento de un horrible monito, con muchos pelos largos alrededor de
los ojos. Con una gran melena y una estrella formada por pelos de colores,
en la frente. Con la particularidad de tener las letras T. y P. colocadas
una y otra a los lados del ombligo o panza del mesiano. Al dorso del
rabo se veían claramente estas abreviaturas: Soc. Teo…ca”. (Milleto, 9
de enero de 1926, p. 2). El que “Milleto” describiera al ser supuestamente
predicho por don Tomás como un monito, hace recordatorio de lo que le
sucedió en la ciudad de Heredia a don Roberto Brenes Mesén en 1907
por enseñar la teoría de la evolución. (Molina Jiménez, 2001).
El presbítero Rosendo de Jesús Valenciano.
Fuente: https://ancestors.familysearch.org/es/GSC9-SWR/rosendo-ysa%C3%ADas-de-jesus-
valenciano-rivera-1871-1962
A principios de 1926, “Rama” publicó un texto donde exponía que la
teosofía no se atreve a presentarse sola ni tiene mucha con
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anza en
la e
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cacia de sus doctrinas para convencer al escéptico siglo XX; por
temor a que se burlen de sus inocentadas. No sintetizaba su doctrina
porque ni siquiera ella la sabe. Aclara que solo la Iglesia católica no ha
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querido admitir compadrazgos con la teosofía, debido a que esa Iglesia
era intransigente en sus principios, con los cuales no negocia. La había
rechazado abiertamente declarándole la guerra sin cuartel. (RAMA, 6 de
enero de 1926, p. 2).
Según el escritor antes mencionado, en el país la teosofía despertó interés
entre algunos intelectuales, obteniendo también la adhesión de varias
personas cultas. Esto se debía a que sus fundadoras —o hierofantes,
como les llama a Madame Helena Petrovna Blavatsky y Annie Besant—
emitieron juicios sobre las circunstancias individuales que cautivaron la
atención de aquellos sectores. Ese entusiasmo se convirtió en delirio bajo
la dirección de don Roberto Brenes Mesén, pasando luego en el gobierno
de don Julio Acosta a éxtasis y contemplaciones místicas. (RAMA, 8 de
enero de 1926, p. 2).
Madame Helena Petrovna Blavatsky.
Fuente: https://biblioteca.acropolis.org/helena-petrovna-blavatsky/
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Annie Besant.
Fuente: https://endz.in/biography-of-annie-besant/
Los maestros fueron el vehículo preferido por la teosofía para su expansión
debido a que en muchos de ellos había la fe ciega en la autoridad doctrinal
de ciertos directores que eran teósofos y porque algunos docentes —los
menos— se habían iniciado en los estudios
fi
losó
fi
cos sin preparación
ni guía. También a los maestros se les hizo creer que la teosofía era un
gran medio para la educación de los niños por el misticismo. A un nivel
general, cuenta que las leyes liberales produjeron en el país la existencia
de muchos ateos y gnósticos muy in
fl
uenciados por las obras
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fi
cas
de Hegel y Schelling. Esto ayudó a la propagación y aceptación de la
teosofía en el país. (RAMA, 8 de enero de 1926, p. 2). En esta publicación
se demostraron lo señalado por Esteban Sánchez de que, la teosofía, al
igual que la masonería, buscaba hacer adeptos a través de la educación.
(Sánchez Solano, 2010, p. 45).
Sobre lo apuntado por “Rama”, debe acotarse lo señalado por Molina
en el sentido de que la condena eclesiástica hacia las prácticas y
creencias ocultistas y esotéricas fue argumentada como una respuesta al
involucramiento en tales actividades de individuos pertenecientes a la
élite. Por su poder en la sociedad y el Estado —sobre todo, en el sistema
educativo y en la prensa— estas
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guras podían in
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uir fuertemente en el
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resto de la sociedad. Este proceso, que atrajo en un primer momento a
individuos de los sectores medios y acomodados urbanos, pronto irradió
a otros grupos sociales, debido al protagonismo de la industria cultural —
en especial, los empresarios de espectáculos y la prensa— en un país con
grandes progresos en la alfabetización.
1
(Molina Jiménez, 2011; Urbina
Gaitán, 2023, pp. 71-84).
Las reformas liberales, aparte de su impacto administrativo e institucional,
implicaron un audaz intento de cambiar las culturas populares urbanas
y rurales. Las familias campesinas, artesanas y obreras brindaron un
amplio abanico de reacciones a este proyecto, que involucraba una
secularización creciente de la vida cotidiana y la propagación de los
valores burgueses de la ciencia, la patria, la higiene, la disciplina laboral,
etc. Lejos de ser simplemente manejadas por políticos, intelectuales y
clérigos, esas familias contaban con sus propias reclamaciones y anhelos,
los cuales lograron encauzar electoralmente y por otros medios. (Molina
Jiménez, 2001; Rodríguez Cascante y Martínez Esquivel, 2019).
Las
reformas liberales, al mismo tiempo que fomentaron una más fuerte
secularización social, también propagaron la exploración de nuevas
formas de espiritualidad, que intentaban armonizar la ciencia y lo
sobrenatural. (Molina Jiménez, 2011).
Los ataques de “Rama” contra la teosofía siguieron, por lo que,
para el 10 de enero de 1926, señaló que los estudios teosó
fi
cos los
cultivaban por regla general casi exclusivamente las personas de
cierta cultura. El pueblo, la gran “masa informe”, no son cultivados
teosó
fi
camente porque el secreto teosó
fi
co no se revelará jamás a
esos seres en quienes “la materia jinetea al espíritu” y con quienes los
“poderes sobrehumanos” no entrarán en relaciones. Asimismo, agregó
que la teosofía es el gran mensajero de la masonería en Costa Rica.
La teosofía era un simple satélite de la masonería, su correveidile.
(RAMA, 10 de enero de 1926, p. 2).
1 Este proceso, que atrajo en un primer momento a individuos de los sectores medios
y acomodados urbanos, pronto irradió a otros grupos sociales, debido al protago-
nismo de la industria cultural —en especial, los empresarios de espectáculos y la
prensa— en un país con grandes progresos en la alfabetización
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Lo expresado por el escritor antes referido demanda realizar varias
aclaraciones sobre la teosofía y la masonería. Primero se aborda lo
relativo a los miembros de una logia teosó
fi
ca. Durante el primer cuarto
del siglo XX, la intervención de teósofos en la fundación y sostenimiento
de sociedades de bene
fi
cencia como La gota de Leche y El Abrigo de los
Niños fue muy importante. En estas corporaciones destacaron los aportes
de mujeres de la élite como María Fernández Le Cappellain y Pací
fi
ca
Fernández Guardia (esposa de Bernardo Soto Alfaro, presidente de la
República y gran Protector de la Masonería en Costa Rica durante los
años 1885-1888) hasta zapateros como Ramón Pérez Molina. (Martínez
Esquivel, 2010).
La masonería se autode
fi
ne como adogmática, dejando libertad a sus
miembros de profesar la religión que cada uno decida o no profesar
ninguna. Su opinión favorable a la libertad de conciencia y su postura
impugnadora al clericalismo político le ganaron la crítica por parte
de distintas religiones, como las del cristianismo y del islam. Sobre
esto José Antonio Ferrer Benimeli re
fi
ere:
“La masonería quiere ser una reunión —por encima de las divisiones
políticas y religiosas del momento— de hombres que creen en Dios, que
respetan la oral natural y quieren conocerse y trabajar juntos a pesar de la
diferencia de rango social y la diversidad y su a
fi
liación a confesiones o
partidos opuestos”. (Ferrer Benimeli, 2019, p. 40).
En cuanto a la teosofía, esta se puede considerar como un esoterismo
occidental. Al respecto, Antoine Faivre acota lo siguiente:
“Restringe la aplicación histórica y cultural del término esoterismo,
que ya no puede aplicarse así no más a diversos contextos
religiosos, a lo largo de la historia y las culturas, sino que se re
fi
ere
sobre todo a un constructo intelectual europeo aplicable a partir
del Renacimiento, que ve el esoterismo, no como una dimensión
estructural de la religión, sino como un aspecto general de ciertas
corrientes europeas, similares entre sí y vinculadas por la historia.
Por eso se acuña el término esoterismo occidental. Los cuatro rasgos
básicos de lo esotérico son: a) un trasfondo de correspondencias
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mueve el universo, cuando se establecen relaciones entre elementos
que pertenecen a órdenes distintos, con lo que se establece como
forma de pensar a la analogía. b) La naturaleza se concibe como
un organismo viviente, para nada es la máquina impersonal de los
ilustrados materialistas. c) La imaginación, y no la razón, se concibe
como la facultad humana por excelencia, vinculada con la intuición
y a veces con el acceso a los arquetipos. En palabras de Faivre, es
una herramienta de conocimiento del yo, del mundo, del mito 8. d)
La vivencia esotérica supone una experiencia de transmutación, en
claro sentido alquímico de una metamorfosis interna del sujeto. Los
dos rasgos relativos de lo esotérico son: a) La práctica de la búsqueda
de concordancias entre las diversas tradiciones religiosas a partir
de similitudes estructurales, un hálito ecuménico sobre lo diverso,
que suele desesperar al especialista crítico. b) Está el asunto de la
transmisión de la enseñanza de una generación a la siguiente por
medio de la relación maestro-discípulo a lo largo del tiempo, esto es,
la autoridad del linaje y la continuidad y control de la enseñanza”.
680. (Chaves Pacheco, 2015, p. 124).
Debe aclararse que tanto la teosofía como la masonería tienen su propia
estructura organizativa y rituales. Están integradas por personas ávidas de
conocimiento —permeadas por una visión cosmopolita—, por lo que las
logias se vuelven un espacio de interacción cultural y de conocimiento.
En ellas se admite a personas de diferentes condiciones económicas; lo
que interesa es que tengan la capacidad de pagar la cuota mensual que se
le exige, que no es onerosa.
El hostigamiento contra don Tomás Povedano continuó hasta el punto de
que el padre Valenciano reprodujo un artículo del periódico londinense
The World, donde se dice que el mesías en el que habría de encarnar el
Gran Ser era Krishnamurti. Esto motivó a don Tomás a escribir en La
Tribuna el 20 de enero de 1926 y refutar lo señalado por el sacerdote.
Don Tomás llamó al cura calumniador. Don Rosendo replicó esta
acusación diciendo que el juego de la encarnación del Gran Ser en día y
hora señalados y escogidos por Annie Besant reviste una nota cómica de
parte de la teosofía. (De J. Valenciano, 23 de enero de 1926, p. 2).
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Tomás Povedano de Arcos.
Fuente: https://www.facebook.com/groups/fotos.antiguasCR/posts/1621707971189588/
La polémica contra don Tomás se deriva del hecho de que en 1909, Annie
Besant profetizó el advenimiento del Mesías. El escogido por ella fue un
joven hindú llamado Jiddu Krishnamurti y en 1925 lo proclamó el nuevo
Cristo, el Maestro del Mundo. (De Roca, 24 de marzo de 1929, p. 2).
Pese a esta designación, Krishnamurti dejó de asumir ese cargo. Esto le
causó burla a “Filax”, por lo que pidió una explicación de esa situación
a los teósofos nacionales. (FILAX, 31 de marzo de 1929, p. 1). Aquí se
evidenciaba que el núcleo del ataque de la Iglesia contra la teosofía radica
en exponer sus “errores” y condenarlos públicamente. Luego se ataca la
forma en la que los simpatizantes de estas “falacias” las propagaban en
su cotidianidad. (Sánchez Solano, 2010).
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Jiddu_Krishnamurti.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Jiddu_Krishnamurti#/media/Archivo:Jiddu_Krishnamurti_
by_Witzel.jpg
Después del artículo de “Filax”, el Correo Nacional emitió una serie
de publicaciones que desprestigiaban las enseñanzas teosó
fi
cas y a sus
líderes, como las presentadas al principio de este estudio que no vale
la pena repetir. Solo en una de 1932 José Ángel Lagos U. re
fi
rió que
la teosofía tiene mucha relación con el espiritismo. Para Lagos esto es
un error porque no hay comunicación con los muertos, sino con los
demonios. (Lagos U., 24 de enero de 1932, p. 2). Al respecto, Molina ha
estudiado las relaciones entre los teósofos nacionales y el espiritismo.
(Molina Jiménez, 2011). A un nivel general, el ataque mediático del
periódico en estudio pretendía desprestigiar el cuerpo doctrinal teosó
fi
co
con el
fi
n de exaltar el del catolicismo como el único y verdadero sistema
de creencias que debía orientar y guiar el pensamiento y la acción en
materia religiosa y de sociabilidad. (Martínez Esquivel, 2013, pp. 157-
192; Chaves Pacheco, 2021; Rodríguez Dobles, 2014). Esto tenía como
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objetivo el que la Iglesia no viera desa
fi
ada su posición en cuanto al
control social y mental de los costarricenses, manteniendo la cultura
dentro de los cánones tradicionales. Para mantener esta situación, la
Iglesia elaboró y propagó discursos de odio e intolerancia, in
fl
uyendo
negativamente en el imaginario mental del
fi
el católico. Esto hizo que
el feligrés católico satanizara y rechazara otros tipos de enseñanzas que
explicaran la realidad tanto desde la
fi
losofía como de la ciencia.
Masonería
Acerca de la masonería, el 14 de febrero de 1926, el periódico en estudio
dio a conocer una publicación del sacerdote Rosendo de Jesús Valenciano,
quien señaló que esta es una sociedad secreta, de carácter anticatólico y
de
fi
nes políticos en el mundo. Engañaba con la muletilla de que todo
masón debe creer en Dios, pero ese Dios puede ser Confucio, Brahma
o un idolillo fetiche, recordaba que el Dios que adoran los cristianos.
Se le señalaba al
fi
el que se a
fi
lie a ella, que incurriría en excomunión
reservada al Papa. Se apuntaba que en el país la masonería hacía una
propaganda desenfrenada y oculta, principalmente entre la juventud que
se llama intelectual. Apunta que, como enemiga de Dios y de su Iglesia,
anda siempre en arrumacos con la teosofía, el espiritismo y en sonrisas
con la propaganda protestante, (De J. Valenciano, 14 de febrero de 1926,
p. 2). Sobre esto (Martínez Esquivel, 2010, p. 377) re
fi
ere:
El Artículo 11 de la base Sexta del Reglamento de Vïrya desmiti
fi
ca
la idea que existe de relacionar la teosofía con el espiritismo. Dicha
asociación consideramos que ha sido construida socialmente debido
a que la Iglesia Católica en su constante lucha contra todo lo que
ella considera peligroso y nocivo para la salvación de sus hijos, ha
utilizado argumentos peyorativos e impugnatorios en una estrategia
repetitiva y relacional. Es decir, con respecto a formas de sociabilidad
distintas a las premodernas, el discurso eclesial ha consistido en
condenar estos espacios con los mismos argumentos y en asociarlos
como si fueran iguales. (Martínez Esquivel, 2010, p. 377).
Con respecto a qué llevó a masones a sociabilizar en la teosofía y/o a
teósofos a hacer lo propio en la masonería, se tiene que esto se debe a dos
situaciones. La primera, a que estas asociaciones signi
fi
caron en su época
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símbolos y/o manifestaciones de la civilización y lo moderno. La segunda
explicación resalta que posiblemente muchas personas en su “búsqueda
de la verdad” y crecimiento ético-espiritual, consiguieron contestaciones
parecidas tanto en la masonería como en la teosofía, por lo que optaron
por sociabilizar en ambas corporaciones. A todo lo anterior se le puede
añadir que muchos miembros de la masonería que encontraron soluciones
existenciales a sus vidas en esta sociedad, al no poder congregarse con
sus esposas e hijas a la masonería, analizaron que en la teosofía existía la
posibilidad de que “sus mujeres” fueran partícipes de “sus búsquedas” en
una sociabilidad al menos parecida en la funcionalidad de la masonería.
(Martínez Esquivel, 2010).
En 1932, el mencionado José Ángel Lagos U. resaltó que la masonería
tenía gran in
fl
uencia política, económica y social en el país. Sus
hermanos son el liberalismo y el comunismo. Las logias masónicas son
anticristianas e impías. (Lagos U., 15 de junio de 1932, p. 3). Aquí se
nota que tanto el liberalismo como el comunismo eran amenazantes a la
in
fl
uencia que la Iglesia mantenía sobre la sociedad. El plantearlos como
sectarios les permitía a los dirigentes eclesiásticos concentrarlos en su
peroración frente a la población. De esta forma obtenía una actitud de
repulsión ante el avance de las sectas. (Sánchez Solano, 2010).
La poca preocupación de la Iglesia por la cuestión social fue limitada
por la división entre la jerarquía y un grupúsculo de clérigos que se
interesó por las condiciones de vida y laborales de los obreros, tratando
así de evitar que estos últimos buscaran ayuda entre las asociaciones de
izquierda. El acercamiento entre trabajadores e intelectuales anarquistas
o socialistas, hacia
fi
nales del siglo XIX y las primeras décadas del XX,
llevó al cura Rosendo de Jesús Valenciano —en el decenio de 1890—
a fundar asociaciones de artesanos católicos para defender su credo.
(Molina Jiménez, 2001).
Para el 15 de setiembre, Ricardo Pérez Cabaneña señaló que la masonería
había sido condenada por la Iglesia católica debido a que proclamaba
como religión única la libertad de conciencia.
Esto lo dijo Pérez para
desprestigiar a los directivos del Instituto Bíblico de San José, a quienes
consideraba que más que pastores protestantes eran masones. (Pérez
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Cabaneña, 25 de septiembre de 1932, p. 2).
En 1934, Fernando Sarratea
S. explicó que la ignorancia religiosa llevó a que católicos bobos se hayan
dejado engañar, y hayan ingresado a las logias masónicas creyendo que
podían ser simultáneamente católicos y masones. Según este autor, los
masones dicen que no atacan ninguna religión y que en su seno admiten
católicos y a cualquier persona de cualquier religión. Este es el ardid que
emplean para capturar a los incautos. (Sarratea S., octubre de 1934, p.
425). Con respecto a lo señalado por Sarratea y a que si la masonería es
una religión, Mola resalta:
…puede ser respondida de manera positiva, lo que importa aquí es
subrayar que la inclusión de la masonería en las ‘nuevas religiones’
conduce al cierre de
fi
nitivo de toda posibilidad de diálogo y
reconciliación de la Iglesia con lo ulterior. Con
fi
rmación para los
masones. Por otro lado, la identi
fi
cación de la masonería como una
‘nueva religión’ acerca la posibilidad de que los masones encuentren
cobijo bajo la libertad religiosa… puede responderse negativamente
siempre que la religión sea considerada como Revelación. Sólo en
tal caso, y bajo el lema de la doble pertenencia, la masonería es
compatible con las religiones (incluidas la católica, la apostólica y
la romana). De lo contrario, si por religión entendemos simplemente
una ‘percepción subjetiva de lo sagrado’, entonces la masonería debe
identi
fi
carse como una religión más. Esto la haría compatible con
otras religiones sólo exteriormente, siempre que exista un principio
que reconozca la libertad religiosa e imponga a todos el respeto a los
demás cultos. (Mola, 2023, pp. 145-146).
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Instituto Bíblico de San José. Fue inaugurado en 1929 con el nombre de Templo Bíblico.
Fuente: https://micostaricadeantano.com/2017/10/15/templo-biblico/
En las publicaciones antes referidas sobresale la acción sacerdotal
del cura Rosendo de Jesús Valenciano junto a la de algunos católicos
comprometidos, lo que tenía por
fi
n el que los lectores aceptaran sin
cuestionamientos sus juicios y condenas contra la masonería.
En términos generales, la masonería fue representada por el Correo
Nacional en cuatro publicaciones periodísticas como una «sociedad
secreta, de carácter anticatólico y de
fi
nes políticos en el mundo». Está
«emparentada con el liberalismo y el comunismo». Se proclama como
«religión única la libertad de conciencia».
Engañando a la gente diciendo que «no ataca ninguna religión y que en
su seno admiten católicos y a cualquier persona de cualquier religión».
Es decir que la diferencia entre masonería y catolicismo radica en que la
primera respeta la libertad religiosa en tanto que la segunda no.
Debido a su intolerancia, los católicos marginan y rechazan a los
que no profesan su religión. A causa de la tolerancia y fraternidad
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que armoniza las relaciones de hermandad entre los masones, sus
diferencias religiosas y socioeconómicas no fueron motivo de exclusión
y marginación. Al contrario, los hermanos que estaban en una posición
acomodada tenían el deber de socorrer al necesitado. Son personas
ávidas de conocimiento —permeadas por una visión cosmopolita—,
por lo que las logias se convierten en un espacio de interacción
cultural y de conocimiento. La masonería representaba otro tipo de
conocimiento que buscaban explorar y asimilar.
Conclusión
El ataque mediático del Correo Nacional contra la teosofía se centró en
exponer y ridiculizar su cuerpo doctrinal —al igual que a la masonería—
para evitar que se convirtiera en un nuevo dogma que sustituyera al
catolicismo o que se diera a conocer en el sistema escolar. La denominó
doctrina incoherente. Mantuvo una posición de acoso y de mofa
contra don Tomás Povedano por la proclamación que hizo este de que
Krishnamurti sería la reencarnación del Gran Ser. La acusó de buscar
hacer adeptos a través de la educación. La desprestigió al llamarla un
satélite de la masonería y que mantiene contacto con el espiritismo. El
interés que subyacía en todo esto es el de defender la in
fl
uencia que
tiene la Iglesia en la sociedad costarricense. Demuestra una postura de
intolerancia religiosa y de condena hacia nuevas formas de sociabilidad
integradas por personas ávidas de conocimiento —permeadas por
una visión cosmopolita— donde las logias se vuelven un espacio de
interacción cultural y de conocimiento.
A pesar de que la acometida contra la masonería fue de menor
envergadura, esto no impidió que la denominara como una «sociedad
secreta», de carácter anticatólico y de
fi
nes políticos en el mundo. Estaba
«emparentada con el liberalismo y el comunismo». Proclamara como
«religión única la libertad de conciencia». Engañaba a la gente diciendo
que «no ataca ninguna religión y que en su seno admiten católicos y a
52 Correo Nacional, “El protestantismo y la masonería”, 15 de setiembre de 1932, 2.
53 Correo Nacional, “El protestantismo y la masonería”, 25 de setiembre de 1932, 2.
54 Correo Nacional, “Algo sobre la masonería”, 28 de junio de 1934, 3.
55 Aldo Alessando. Mola, “¿Es la masonería una religión?”, REHMLAC+ 1 (2023):
145-146. https://doi.org/10.15517/rehmlac.v15i1.53390
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cualquier persona de cualquier religión». Se difamó a los pastores del
Instituto Bíblico al tildarlos de masones. Su objetivo con esta arremetida
era el de evitar que la Iglesia perdiera su papel como mecanismo de
control social.
A un nivel general, el ataque mediático del periódico en mención
tenía como meta, desprestigiar a los esoterismos occidentales antes
mencionados, con el
fi
n de exaltar al catolicismo como el único y
verdadero sistema de creencias, que debía orientar y guiar el pensamiento
y la acción en materia religiosa y de sociabilidad. Esto pretendía que
la Iglesia católica no viera desa
fi
ada su posición en cuanto al control
social y mental de los costarricenses, manteniendo la cultura dentro
de los cánones tradicionales. Para sostener este estado de las cosas,
la Iglesia creó y difundió discursos de odio e intolerancia, incidiendo
negativamente en el imaginario mental del
fi
el católico. Esto hizo que
el feligrés católico satanizara y rechazara otros tipos de enseñanzas que
de
fi
nieran la realidad tanto desde la
fi
losofía como desde la ciencia.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
"Impresiones de un viaje"
Palmeras de costa
Max Vollmberg
1920
Acuarela
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Carmen Molina Tamacas
Independiente
“Salvadoreños en Nueva Jersey,
1960 - Presente” (*)
Salvadoreños in New Jersey
1960 - Present (*)
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22067
URI: https://hdl.handle.net/11298/1431
Periodista y Antropóloga
cmolinatamacas@gmail.com
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La autora agradece a Juber Ayala por sus contribuciones y orientación
para este artículo, a Irene Mussio y Juan José López Torres por su ayuda
con los mapas, y a Francisco Ayala Silva por la revisión y el apoyo
continuo a su trabajo.
Resumen
Los inmigrantes salvadoreños han considerado Nueva Jersey su hogar
durante más de 60 años. La Guerra Civil en El Salvador obligó a
muchos a tomar la difícil decisión de huir de su país de origen en busca
de seguridad en Estados Unidos. Según el U.S. Census Bureau (2020),
aproximadamente 78,000 salvadoreños viven en Nueva Jersey. Sin
embargo, no se ha realizado una historia completa de esta comunidad.
* El presente artículo es una traducción libre al español del artículo “Salvadorans
in New Jersey, 1960 - Present” publicado en el blog de Latino Studies Research
Initiative de la Universidad de Rutgers, Nueva Jersey. El artículo original puede ser
consultado en este enlace: https://lsri.rutgers.edu/1933-2/
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Este artículo, que busca descubrir algunas de las razones por las que
los salvadoreños se sintieron atraídos por Nueva Jersey y destacar
su impacto positivo en la historia de Nueva Jersey, incluye mapas,
tablas, per
fi
les biográ
fi
cos y reseñas de organizaciones lideradas
por salvadoreños y es un avance de mi próximo libro titulado
SalviJerseyans, actualmente en edición
fi
nal.
Palabras clave. El Salvador-Problemas sociales-Investigaciones. Emigración
e inmigración. Desplazamiento forzado. Familia-Aspectos sociales.
Abstract
Salvadoran immigrants have lived in New Jersey for more than 60
years. The civil war in El Salvador forced many to make the dif
fi
cult
decision to
fl
ee their country in search of security in the United States.
According to the 2020 Census, approximately 78,000 Salvadorans
live in New Jersey. However, a complete history of this community
has not been made. This article aims to discover some of the reasons
why Salvadorans were attracted to New Jersey and highlight their
positive impact on the state’s history. The article includes a list of
organizations led by Salvadorans, a map that shows cities with large
Salvadoran populations, as well as biographies and personal stories.
Keywords. Social problems — El Salvador — Research. Emigration and
immigration — El Salvador. forced displacement — El Salvador. Family —
Social aspects — El Salvador.
Introducción
Los inmigrantes salvadoreños han llamado hogar a Nueva Jersey por más
de 60 años. La Guerra Civil en El Salvador (1979 - 1992) forzó a muchos
a tomar la difícil decisión de huir de su patria en busca de seguridad en
los Estados Unidos. Según el Censo de 2020, aproximadamente 78,000
salvadoreños viven en Nueva Jersey. Sin embargo, no se ha realizado
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una historia completa de esta comunidad. Esta publicación tiene como
objetivo descubrir algunas de las razones por las que los salvadoreños
fueron atraídos a Nueva Jersey y resaltar su impacto en la historia del
estado. Incluye una lista de organizaciones lideradas por salvadoreños,
mapas que destacan ciudades con grandes poblaciones salvadoreñas e
historias familiares personales acompañadas de fotografías.
Panorama general: causas de la migración
Desde las últimas décadas del siglo XX, Nueva Jersey se ha convertido
en uno de los destinos más importantes para la diáspora salvadoreña
en los Estados Unidos. Esta comunidad, proveniente en su mayoría
del noreste de El Salvador principalmente de los departamentos de
—San Miguel, Morazán y La Unión—, comenzó a establecerse en el
estado como resultado de una ola migratoria marcada por la violencia
y el desplazamiento causados por la Guerra Civil salvadoreña (1979 -
1992) (Ward y Batalova, 2023). Lo que comenzó como una búsqueda de
refugio se convirtió, con el tiempo, en un proceso de creación de raíces,
construcción de comunidad y transformación del tejido social y cultural
de Nueva Jersey.
Los salvadoreños en Nueva Jersey, o “SalviJerseyans”, suelen
mantener relaciones estrechas con sus lugares de origen. Algunos
viajan con frecuencia, envían remesas, visitan negocios y restaurantes
fundados por otros salvadoreños y participan en eventos culturales y
religiosos de la comunidad, como el Des
fi
le Salvadoreño de Nueva
Jersey, el Festival de la Pupusa y las conmemoraciones del martirio
de San Óscar Romero. Muchos también mantienen una relación
fl
uida
con Nueva York, ya sea a través de dinámicas familiares, de estudio,
trabajo, negocios o entretenimiento.
Si bien podría considerarse que la población salvadoreña se asentó en
Nueva Jersey al comienzo de la Guerra Civil en El Salvador, existen
muchas historias de personas que inmigraron en la década de 1960,
como una parte de mi familia materna. Hasta hace poco, esa historia me
era desconocida.
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Las olas migratorias subsiguientes ocurrieron por razones económicas
y debido a desastres naturales (la Tormenta Tropical Mitch en 1998 y
los terremotos de enero y febrero de 2001), razones por las cuales el
gobierno de EE. UU. aprobó el Estatus de Protección Temporal o TPS.
(Svajlenka, 2017).
Así, existe una similitud entre estas inmigraciones de mediados de
los sesenta y los asentamientos en Long Island, Nueva York, según lo
establecido por el estudio antropológico realizado por Sarah Mahler
(1995). Cabe destacar que este es el único estudio etnográ
fi
co de
salvadoreños en Nueva York y prácticamente en toda la Costa Este.
A pesar de su importante presencia, no existen estudios antropológicos,
históricos o demográ
fi
cos sobre los salvadoreños en Nueva Jersey.
Esta publicación para el blog de la Iniciativa de Investigación de
Estudios Latinos de la Universidad de Rutgers es parte de un esfuerzo
por recopilar información y comprender los orígenes, la movilidad y
las dinámicas sociales, culturales y económicas de esta población. Es
parte de un proyecto en curso que, de alguna manera, complementa y
continúa SalviYorkers, mi libro que narra los 100 años de historia de los
inmigrantes salvadoreños en Nueva York. (Molina-Tamacas, 2020).
Dispersión regional
La principal fuente de información o
fi
cial sobre los salvadoreños en
EE. UU. es el Censo Nacional, siendo el más reciente el de 2020, así
como la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS). Ambas
son la base para las proyecciones y análisis de grupos de expertos como
el Migration Policy Institute (MPI), el Center for American Progress
(CAP) y el Pew Research Center (Pew).
Así, combinando las mismas fuentes, el MPI estima la población
inmigrante total de El Salvador en EE. UU. para los años 2018 - 2022
en 1,408,300 .
Según el MPI, con datos de la O
fi
cina del Censo combinados de 2017
- 2021 con la American Community Survey (ACS), el eje Los Ángeles-
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Long Beach-Anaheim en California sigue siendo el principal destino
para la población inmigrante centroamericana, con un total de 564,000.
En segundo lugar, se encuentra New York-Newark-Jersey City (MSA de
NY-NJ-PA), con 376,000, equivalente al 1.9 % de la población del área
metropolitana. (Ward y Batalova, 2023).
Los cinco condados con las poblaciones salvadoreñas más grandes son
Los Ángeles, California, con 267,300; el condado de Harris, Texas,
con 111,000; el condado de Prince George, Maryland, con 52,000; el
condado de Dallas, Texas, con 47,000; y el condado de Montgomery,
Maryland, con 37,800. (Ward y Batalova, 2023).
Tabla 1. Principales concentraciones de inmigrantes centroamericanos por área
metropolitana de EE.UU., 2017-21. Fuente: Tabulación de datos de la O
fi
cina del Censo
de los Estados Unidos combinados 2017-21 ACS.
Las diez principales áreas metropolitanas de EE. UU. por población total
de inmigrantes centroamericanos (2017 - 2021), según datos del Censo
y la ACS compilados por el Migration Policy Institute. Incluye Los
Ángeles, Nueva York, Washington D. C. y otras. U.S. Census Bureau
(2020).
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En el estado de Nueva York, el número total se estima en 123,100; el
primer condado es Nassau, con 34,700; Suffolk, con 34,100; y Queens
(parte de los cinco distritos de la ciudad de Nueva York), con 15,600. En
Nueva Jersey, el total se estima en 48,900; Union, con 13,000; Hudson,
con 11,100; Essex, con 4,700; y Bergen, con 4,100; se estima que es el
condado más caro para alquilar.
Figura 1. Principales condados de EE. UU. con poblaciones inmigrantes salvadoreñas,
2018–2022, según datos del Migration Policy Institute y del Censo de EE. UU.
Fuente: Migration Policy Institute (MPI) Data Hub. Tabulación de datos de EE.UU. Encuesta
conjunta de la O
fi
cina del Censo 2018-2022 y la Encuesta sobre la comunidad estadounidense
(ACS) https://www.migrationpolicy.org/programs/data-hub
Los condados de Hudson, Essex, Union y Bergen forman parte del norte
de Nueva Jersey; de hecho, Bergen limita con el condado de Rockland
en Nueva York. Curiosamente, Hudson y Bergen son el primer y quinto
condado más caros del estado. (Sweilem, 2025). Principales condados
de Nueva Jersey con poblaciones inmigrantes salvadoreñas entre 2018 y
2022, según datos del Migration Policy Institute y el Censo de EE. UU.
(Migration Policy Institute [MPI], 2024).
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Figura 2. Los principales condados de Nueva Jersey con poblaciones inmigrantes
salvadoreñas entre 2018 y 2022, según datos del Migration Policy Institute y del censo
de EE. UU.
Fuente: Migration Policy Institute (MPI) Data Hub. Tabulación de datos de EE.UU. Encuesta
conjunta de la O
fi
cina del Censo 2018-2022 y la Encuesta sobre la comunidad estadounidense
(ACS) https://www.migrationpolicy.org/programs/data-hub
Sin embargo, el subregistro de la población salvadoreña es
signi
fi
cativo. Según Ariel Valle, excónsul general de El Salvador en
Elizabeth, aproximadamente 120,000 salvadoreños residen en Nueva
Jersey. (Valle, 2024). Por distrito, el Consulado en Elizabeth, atiende
a la población del estado vecino de Delaware, donde la población
salvadoreña se estima en 22,000, aunque el MPI, basándose en datos
censales, indica que el número apenas llega a 1,000. (Migration Policy
Institute [MPI], 2024).
Como indican las
fi
guras 1 y 2, la presencia de salvadoreños en Nueva
Jersey es innegable. Las concentraciones se pueden observar a lo largo
del río Hudson en los condados de Bergen y Hudson, que cuentan con
rutas de transporte ferroviario, automovilístico y de autobús hacia y
desde la ciudad de Nueva York.
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Figura 3. Concentración de salvadoreños en el estado de Nueva Jersey. Cada punto
representa 500 habitantes.
Fuente: Social Explorer, basado en datos de la O
fi
cina del Censo de EE. UU. Última consulta: 15
de marzo de 2025.
Estas ciudades en Bergen y Hudson cuentan con un gran número y
variedad de negocios, particularmente restaurantes y tiendas que venden
productos nostálgicos, y son el escenario del Des
fi
le Salvadoreño
de Nueva Jersey —establecido en 2016— y el Des
fi
le del Día de la
Herencia Hispana, que se llevan a cabo cada año en septiembre y
octubre, respectivamente, a lo largo de Bergenline Avenue. El Des
fi
le
Salvadoreño pasa por las ciudades de North Bergen, Guttenberg, West
New York y Union, que, como veremos a continuación, son ciudades
predominantemente latinas. West New York también fue sede del
Festival de la Pupusa durante 12 años. Los nombres de los negocios,
particularmente los restaurantes, indican que los propietarios son
originarios del oriente de El Salvador.
La gran presencia de salvadoreños y sus contribuciones sociales,
culturales y económicas en esta región no han pasado desapercibidas.
El 27 de junio de 2023, después de intensas negociaciones entre líderes
comunitarios y el Consulado de El Salvador en Elizabeth, la alcaldía
de Union City nombró a una calle adyacente a Bergenline Avenue
como Bulevar El Salvador. (Ministerio de Relaciones Exteriores de El
Salvador, 2023).
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Bergenline Avenue, donde los cubanos fueron pioneros, merece un
estudio de caso, tal como se compiló en el artículo “De La Habana en
el Hudson al Enclave de Bolívar”, en el libro Latinas/os in New Jersey.
(Trillo y Ayala, 2024),
Ubicada cerca del río Hudson que separa la ciudad de Nueva York
de Nueva Jersey, Bergenline Avenue es una franja comercial de 3
millas y el centro de una vibrante comunidad geográ
fi
ca pan-latinx.
La avenida atraviesa cuatro distritos que comparten una población
latinxs contigua, unida por historias relativamente comunes,
prácticas culturales y lazos sociales intensos, (Trillo y Ayala, 2024).
Tabla 2. Tabla demográ
fi
ca de los residentes del área de Bergenline Avenue, con la
lista de las principales nacionalidades y sus porcentajes de población. Los dominicanos
son el grupo más numeroso, seguidos por cubanos, ecuatorianos, salvadoreños y
puertorriqueños.
Fuente: trillo, F. y Ayala, J. (2024). “Fromo Hacava on the Hudson to Bolivar´s Enclave”, in
Latinas/os in New Jersey. Rutgers University Press. p. 78. Censo de EE.UU., y ACS 2019 de
cinco años. Recuperado en enero de 2023 de data.census.gov
Ellos destacan que la mayoría de los residentes en las tres ciudades
principales del corredor de Bergenline —Union City, West New York y
North Bergen— son latinx.
El 77 % de todos los residentes de Bergenline son de origen latinx,
superando el umbral del 70 % para lo que los demógrafos llaman
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un hiperbarrio. También observamos que los residentes latinx en
Bergenline representan 19 naciones diferentes, con una notable
presencia de 10 de ellas. Esta combinación de diversidad vertical y
horizontal y la ausencia de un grupo numéricamente dominante es
bastante única. (Trillo y Ayala, 2024)
Migrantes no autorizados de origen salvadoreño
Según un análisis del MPI de 2019 basado en datos de la O
fi
cina del
Censo, la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS) de 2015-
19 y la Encuesta de Ingresos y Participación en Programas (SIPP) de
2008, ponderados por las estimaciones de población no autorizada de
2019 proporcionadas por Jennifer Van Hook de la Universidad Estatal
de Pensilvania, la población no autorizada en Nueva Jersey asciende a
440,000.
Los cinco principales países de origen de los habitantes de Nueva Jersey
sin estatus migratorio son México (82,000), India (55,000), Guatemala
(38,000), El Salvador (30,000) y la República Dominicana (28,000).
(Migration Policy Institute, s. f.).
Respecto al Estatus de Protección Temporal (TPS), el Center for
American Progress nos recuerda que: “es un programa poco conocido
que ofrece estatus legal temporal a ciertos inmigrantes en los Estados
Unidos que no pueden regresar a su país de origen debido a un con
fl
icto
armado en curso, un desastre natural u otras razones extraordinarias”.
(Svajlenka, 2017).
Una vez que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de EE.
UU. emite una designación de TPS a los ciudadanos de esos países,
los solicitantes deben demostrar que han residido continuamente
en los Estados Unidos desde una fecha especí
fi
ca y someterse a una
veri
fi
cación de antecedentes penales y de seguridad. El Secretario de
Seguridad Nacional puede otorgar y renovar el TPS por períodos de seis
a 18 meses. En este punto, los bene
fi
ciarios de TPS deben solicitar la
renovación, someterse a veri
fi
caciones de antecedentes adicionales y
pagar una tarifa. (Svajlenka, 2017)
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Figura 4. Mapa que muestra las poblaciones estimadas de inmigrantes no autorizados
en los condados de Nueva Jersey, 2018–2022, basado en datos del Migration Policy
Institute.
Fuente: https://www.migrationpolicy.org/programs/migration-data-hub/charts/unauthorized-
inmigrant-populations-country-and-region-top-state-and-countyv
Con respecto a los salvadoreños, el primer estatus de TPS se remonta a
1990. La Ley de Inmigración de 1990 ofreció TPS a los salvadoreños
desplazados por la guerra civil de ese país, y la primera administración
Bush otorgó alivio temporal a aproximadamente 190,000 salvadoreños
hasta 1994. Otros 80,000 hondureños y 250,000 salvadoreños también
recibieron TPS después del huracán Mitch en 1998 y dos terremotos en
2001, respectivamente. (Svajlenka, 2017).
Entre 2017 y 2019, agrega el CAP, la administración Trump puso
fi
n a las
designaciones de TPS para seis de los 10 países con designaciones. Estos
seis países (El Salvador, Haití, Honduras, Nepal, Nicaragua y Sudán)
representan el 98 % de las casi 318,000 personas actualmente protegidas
por el TPS. (Center for American Progress, 2017). También puso
fi
n a
la Salida Diferida, un programa similar, para ciertos liberianos en los
Estados Unidos. Con estas terminaciones, las vidas de estas personas
y sus familias quedaron en el limbo. Varias demandas que impugnan
estas terminaciones están pendientes en los tribunales de EE. UU. En
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octubre de 2018, la Corte de Distrito de EE. UU. para el Distrito Norte de
California emitió una orden judicial preliminar, dejando temporalmente
en vigor las designaciones de Sudán, Nicaragua, Haití y El Salvador. Esto
signi
fi
ca que los titulares de TPS de estos cuatro países pueden mantener
su protección contra la deportación y su autorización de trabajo. Los
titulares de TPS de Honduras y Nepal no están incluidos en esta demanda,
ya que fue presentada antes de que la administración Trump rescindiera
las designaciones para estos dos países.
Según el análisis del CAP, en 2017, se estimaba que 13,900 personas en
Nueva Jersey eran titulares de TPS de El Salvador, Honduras y Haití.
Además, 8,800 niños nacidos en este estado tienen padres de estos países
con TPS. Además, 5,400 trabajadores en Nueva Jersey son salvadoreños
que disfrutan del estatus de TPS en áreas como la manufactura (18 %),
los servicios administrativos y de apoyo, y la gestión de residuos (12.3
%), y el 12.2 % trabaja en alojamiento y servicios de alimentos. Si
las medidas del poder ejecutivo logran eliminar el bene
fi
cio, el CAP
estima que se perderían $448.3 millones del PIB estatal anualmente sin
los trabajadores salvadoreños que tienen estatus de TPS. (Center for
American Progress, 2017).
Historias de pertenencia: Los “tepesianos”
1
La investigación de doctorado de la salvadoreña Patricia Campos-
Medina (2019) de la Universidad de Rutgers analiza la experiencia
de integración de los inmigrantes centroamericanos (salvadoreños,
hondureños y nicaragüenses) bajo el Estatus de Protección Temporal
(TPS). (Cornell University, s. f.).
En su investigación titulada “Ni legal. Ni ilegal. Solo TPS. Examinando
la experiencia de integración de inmigrantes centroamericanos que
viven bajo un régimen de temporalidad a largo plazo”, la Dra. Patricia
Campos-Medina (2019) utilizó la teoría del movimiento social para
rastrear el activismo político de los tepesianos y sugierepropone un
nuevo modelo de integración denominado Integración Delimitada
(Bounded Integration). Rutgers University.
1
“Tepesianos” se re
fi
ere a inmigrantes amparados por el Estatus de Protección Temporal
(TPS).
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Figura 4. Análisis de experiencia de inmigrantes centroamericanos que se encuentran
bajo el Estatus de Protección Temporal (TPS).
Fuente: Fotografía proporcionada por: Worker Institute - Universidad de Cornell.
La BI captura su experiencia de integración dentro de límites de
tiempo que con
fi
nan y restringen su vida diaria. Utilizando el análisis
etnográ
fi
co de 29 entrevistas a participantes, el estudio se centra
en la evaluación de la integración subjetiva del grupo, buscando
comprender si esta población ha adoptado una visión positiva o
negativa de su propia integración. Los hallazgos demuestran que este
grupo tiene un sentido positivo de su propia integración y, después
de muchos años en el limbo legal, ha desarrollado un sentido de
pertenencia a la cultura estadounidense. A pesar de su falta de acceso
a los derechos de ciudadanía, los miembros del grupo sienten que se
han convertido en estadounidenses. (Campos-Medina, 2019).
El estudio es la secuela de la exposición itinerante “Historias de
pertenencia: Trabajadores centroamericanos con TPS y su difícil
lucha por quedarse en casa en EE. UU.”, que presenta una colección
de fotografías, videos, entrevistas de campo y líneas de tiempo que
documentan las luchas continuas por los derechos de ciudadanía y la
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organización sindical que enfrentan más de 325,000 bene
fi
ciarios
de TPS centroamericanos en EE. UU. hasta marzo de 2024. (Savino,
2024). Tanto la investigación como la exposición a
fi
rman que, a pesar
de sus contribuciones, los trabajadores con TPS permanecen en riesgo
de deportación en medio de debates políticos.
Salvadoreños en el activismo, la diplomacia, la literatura y la
academia
Blanca Molina, activista
Blanca Molina se ha desempeñado como directora ejecutiva del Centro
Comunitario CEUS y es una de sus fundadoras. Nació en Morazán,
El Salvador, y es una de 14 hermanos. Blanca estudió educación en la
Universidad Nacional de El Salvador mientras trabajaba con Save the
Children en El Salvador y es asistente legal certi
fi
cada. Emigró a los
Estados Unidos a principios de la década de 1990, huyendo de la guerra
civil en El Salvador.
Blanca actualmente trabaja a tiempo parcial para CEUS y a tiempo
parcial como asistente legal en el American Friends Service Committeeen
Nueva York. En 2012, el trabajo de Blanca fue reconocido con el Premio
Russ Berrie Making a Difference, uno de varios premios y distinciones
que ha recibido. En 2002, el periódico neoyorquino El Diario la nombró
una de las latinas más distinguidas; el Consulado Salvadoreño en
Nueva Jersey también la reconoció en 2017 por su labor comunitaria.
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El gobierno salvadoreño la incluyó entre las cien mujeres que impactan
positivamente la vida de la comunidad salvadoreña fuera de su país natal.
Ariel Valle, excónsul de El Salvador en Elizabeth
Ariel Valle nació en 1984 en Guarnecia, Texistepeque, departamento de
Santa Ana. Es uno de los cinco hijos de Francisco Valle y María Victoria
Montes, ambos de raíces rurales. Siendo estudiante de bachillerato,
decidió migrar sin visa a los Estados Unidos en 2000, debido a la
constante amenaza de las pandillas.
Valle relató sus experiencias personales y profesionales en el libro De
inmigrante a diplomático. Un camino de perseverancia. (Valle, 2024).
En él, cuenta cómo, después de cruzar la frontera —un viaje de 30 días—,
fue acogido por uno de sus hermanos que ya vivía en Flemington, Nueva
Jersey. También relata su experiencia durante el viaje y su proceso
de adaptación social, educativa y profesional, explicando cómo ser
bene
fi
ciario del TPS “le ha abierto muchas puertas y oportunidades hasta
el día de hoy” p. 63. Después de completar los cursos y la capacitación
necesarios, Valle asumió el cargo de Cónsul de El Salvador en Elizabeth
City el 25 de septiembre de 2019. Se jubiló en marzo de 2025.
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José Vicente Chinchilla Vásquez,
exdiplomático, escritor y dramaturgo
José Vicente Chinchilla Vásquez nació en San Salvador en 1966. Obtuvo
su licenciatura en Economía en la Universidad de El Salvador en 1999;
su maestría en Comunicación Estratégica e Imagen Institucional en la
Universidad Rafael Landívar de Guatemala en 2013. Estudió Periodismo
en la Universidad de El Salvador y se desempeñó como diplomático
salvadoreño en Guatemala y Honduras, y como Cónsul General de
El Salvador en Nueva York (2017-2019). Actualmente trabaja como
profesor de secundaria en West New York, Nueva Jersey. Fue miembro
de los grupos de teatro La Rendija, el Grupo de Teatro de la Universidad
de El Salvador y Cuenterete Teatro. Es autor de la crónica testimonial
“Los Eternos Ilegales”, publicada por una editorial universitaria en 2000,
y de los libros de cuentos Guantes de Seda y Cuando las luciérnagas se
ponen sexis, publicados por la editorial Letramia (2019 y 2022).
Arianne Álvarez, Fairleigh Dickinson University
Desde 2022, Arianne Álvarez se ha desempeñado como coordinadora del
Centro Hispano de la Universidad Fairleigh Dickinson.
Nació y creció en el departamento de San Miguel. Su familia materna es
del cantón La Morita (término usado en El Salvador para designar pueblos
pequeños), en el distrito de San Jorge, también en San Miguel, mientras que
su familia paterna es originaria de Albornoz, en el departamento de La Unión.
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Su trayectoria en la Universidad Fairleigh Dickinson comenzó en mayo
de 2018, cuando inició sus estudios. Durante su primer año, colaboró en
la o
fi
cina del programa Puerta al Futuro. Se graduó en mayo de 2022 con
una licenciatura en Artes Liberales, con especialización en Psicología.
Recientemente comenzó a enseñar Ética como profesora adjunta,
brindando orientación a estudiantes hispanos en su trayectoria académica.
El 18 de mayo de 2024 marcó un nuevo capítulo en su vida, al mudarse a
Nueva Jersey después de casarse con Eli Robles, quien ha llamado a este
estado su hogar por más de 30 años.
Dra. Patricia Campos-Medina, activista y académica
Dra. Patricia Campos-Medina en la clínica de salud para mujeres de la
Fundación UNETE, dedicada a la prevención y detección temprana del
cáncer en comunidades desatendidas.
Patricia Campos-Medina es originaria de Chirilagua, San Miguel, El
Salvador, y se ha distinguido en el activismo y la política no solo en la
Costa Este, sino en todo Estados Unidos.
Nació en 1973 en Chirilagua, San Miguel, en una familia de campesinos.
Su camino, como ella lo de
fi
ne, encarna la esencia del sueño americano.
Patricia llegó a los EE. UU. cuando tenía 14 años y entró a octavo grado
como estudiante de Inglés como Segundo Idioma (ESL). Trabajó duro
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para aprender inglés, se destacó académicamente y obtuvo una beca
para la Universidad de Cornell (Nueva York), donde se graduó con una
licenciatura en Ciencias en Relaciones Industriales y Laborales, una
maestría en Administración Pública y, posteriormente, su doctorado de
la Universidad de Rutgers.
Patricia es la primera latina en la historia en postularse o
fi
cialmente y
aparecer en la boleta electoral de Nueva Jersey para representar a Nueva
Jersey en el Senado de los EE. UU. en las primarias demócratas de 2024.
Ocupó el segundo lugar con 118,000 votos, detrás del ganador, Andy Kim.
Fabio Esteban Amador, arqueólogo, explorador y artista
Fabio Esteban Amador es un destacado arqueólogo, antropólogo y artista
nacido en Apopa en 1963 y residente en Nueva Jersey.
Amador tenía 12 años cuando emigró en 1976 para reunirse con su
madre, en medio de la creciente inestabilidad política en El Salvador,
y se establecieron en el Lower East Side. Estudió bellas artes en la
Art Student League de Nueva York y en la School of Visual Arts. Con
sueños de convertirse en artista de expedición, estudió arqueología en la
Universidad de Rutgers y obtuvo su maestría y doctorado en Arqueología
Mesoamericana en la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo. Su
investigación doctoral implicó la excavación y el mapeo de antiguos
asentamientos mayas en la región de Yalahau, en el norte de la península
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de Yucatán, buscando pistas sobre cómo estas primeras sociedades
expresaron su identidad a través del arte y la iconografía.
La mayor parte de su investigación posterior se ha centrado en las regiones
mayas de El Salvador, Honduras, Guatemala y los estados mexicanos de
Quintana Roo y Yucatán, junto con Cuba y Puerto Rico. En 2016, lanzó
la serie Misterios del Inframundo en National Geographic. Mantiene
su estudio dentro de la establecida comunidad artística en el Neumann
Leather Building de Hoboken. (Tripucka, 2016).
Juber Ayala, historiador y archivista
Juber Ayala nació y se crio en Newark, Nueva Jersey. Se graduó de
Science Park High School en 2009. Después de graduarse, se matriculó
en Rutgers-Newark. Al principio, no estaba seguro de lo que quería
estudiar. Siempre le había gustado aprender sobre la historia de EE. UU.
y decidió tomar una clase de historia latinoamericana. Después de hablar
con su profesora, ella lo animó a seguir una carrera en esa materia.
Posteriormente, se trasladó al campus de New Brunswick durante su
segundo año. En 2013, se graduó con doble especialización en Historia
y una especialización secundaria en Ciencias Políticas.
Durante su segundo año, aunque Juber sabía que quería estudiar historia,
no sabía qué carrera quería seguir. Solicitó el programa de pasantías
de verano del Centro para la Investigación y el Desarrollo de Políticas
Hispanas. Fue aceptado y ubicado como pasante en el Centro Hispano
de Investigación e Información de Nueva Jersey en la Biblioteca Pública
de Newark. Su supervisora, Yesenia López, le presentó la profesión de
archivista. Disfrutó mucho su experiencia y permaneció a tiempo parcial
durante el resto de sus estudios universitarios. Juber también trabajó en el
Centro de Estudios Puertorriqueños de 2014 a 2017, bajo la supervisión
de Pedro Juan Hernández.
A instancias de sus supervisores, Juber se matriculó en un programa de
maestría en Ciencias de la Información en la Universidad de Rutgers,
especializándose en Archivos y Preservación. Se graduó en 2019.
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Juber es actualmente archivista en el Centro Hispano de Investigación
e Información de Nueva Jersey. Espera introducir a más estudiantes
universitarios latinos en los campos de las bibliotecas y los archivos.
Actualmente preside la Sección de Historia y Preservación de la
Asociación de Bibliotecas de Nueva Jersey.
Victorina Guzmán, trabajadora social
Victorina Guzmán es una trabajadora social que ha trabajado durante
muchos años en el Distrito Escolar de Plain
fi
eld en Nueva Jersey.
Emigró de El Salvador en 1991 para reunirse con su madre, Zoila Elías
de Montalvo, quien se estableció por primera vez en Newark entre 1965
y 1966 y nuevamente a principios de la década de 1970. Pudo regularizar
su estatus mientras trabajaba como limpiadora de casas y solicitó la
residencia para muchos de sus familiares.
Victorina, quien trabajó para la Fiscalía General de El Salvador y obtuvo
un título en contabilidad del Nuevo Liceo Centroamericano, emigró
en 1991 con su familia. Mientras asistía a la universidad, estudios
que costeó limpiando casas, comenzó a impartir clases de paternidad
en la Academia Militar de Newark y así se involucró en el trabajo
social. Habiendo superado ella misma la violencia doméstica, parte
de su experiencia le ha ayudado a comprender y ayudar a las familias
inmigrantes que enfrentan numerosos desafíos, guiándolas en el acceso
a los servicios sociales.
Guzmán tiene una licenciatura, una maestría y un doctorado en Servicios
Sociales de Atlantic University, este último estaba previsto para 2024.
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Julio César Guzmán, “El Guanaco Alegre”
Julio César Guzmán, conocido como El Guanaco Alegre, es un veterano
activista y
fi
gura mediática salvadoreña que ha vivido en Nueva Jersey
desde la década de 1970.
Julio César Guzmán, El Guanaco Alegre, es un veterano activista y
promotor cultural salvadoreño que ha vivido en Nueva Jersey durante
55 años. Nació en el departamento de Usulután en 1944. Ha conducido
programas como Centroamérica Nuestra en las estaciones de radio AM
105.9 FM, 1380 y 9030. También ha aparecido en Radio La Voz de
Centroamérica, Cablevisión Canal 38 y UHS Canal 44.
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José Matías Guardado, cantautor
José Matías Guardado, cantautor y actor salvadoreño, actuando en vivo
en Union City, NJ.
Nacido en 1975 en Chalatenango, El Salvador, es el quinto de nueve
hijos de Angélica y Osmín Guardado. Desde la infancia, le apasiona
la música y las artes escénicas, especialmente el teatro y el cine. Ha
trabajado en numerosos proyectos teatrales, musicales y cortometrajes.
En 2009, fue nominado a Mejor Nuevo Actor en un Drama en los ACE
Awards de Nueva York por la obra San Salvador Después del Eclipse.
Ha ganado premios por sus composiciones musicales María Madre de
Dios (1998) y Juventud Divino Tesoro (2008). Es an
fi
trión del segmento
Religión y Espiritualidad en Studio 42 en streaming en Union City, NJ.
Jenny Lozano Rivera y Alex Reyes, fundadores de Coyolito TV
Jenny Lozano Rivera, originaria de San Francisco Gotera, departamento
de Morazán, y su esposo Alex Reyes, de Cerro Coyol, Osicala, Morazán,
fundadores de Coyolito TV, se conocieron en los EE. UU. en 2014.
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Jenny llegó a los EE. UU. en 1984 (a la edad de ocho años) y ha
desarrollado una carrera como Licenciada en trabajo social, comenzando
en el condado de Mammoth y especializándose en casos de violencia
doméstica. Su esposo emigró como adulto y se dedicó a la reparación de
computadoras. Se casaron en 2015 y tienen una hija.
Durante la pandemia de COVID-19, Alex creó Coyolito TV, una
plataforma de entretenimiento para latinos en los Estados Unidos, con un
enfoque en salvadoreños en la diáspora. El contenido se puede acceder
en plataformas de redes sociales como Facebook y YouTube.
River Gallo, actor y director
River Gallo (elle/elles) es un/a cineasta, actor/actriz, escritor/a, modelo
y activista intersexual salvadoreño-estadounidense galardonado/a
con un premio GLAAD, originario/a de Nueva Jersey. River obtuvo
su licenciatura en Bellas Artes en Teatro de la Experimental Theater
Wing de la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva
York. Escuela de las Artes y su maestría en Producción de Cine y
Televisión de la Escuela de Artes Cinematográ
fi
cas de la Universidad
del Sur de California
.
Su cortometraje Ponyboi, que escribieron, protagonizaron y
codirigieron con Sadé Clacken Joseph, se estrenó en el Festival de
Cine de Tribeca de 2019, con la producción ejecutiva de Stephen Fry y
Emma Thompson. El largometraje Ponyboi se estrenó en el Festival de
Cine de Sundance de 2024 en la Competición Dramática de EE. UU.
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Dirigida por Esteban Arango, River escribió, produjo y protagonizó
junto a Dylan O’Brien, Victoria Pedretti, Indya Moore y el ganador del
premio Emmy Murray Bartlett. También protagonizaron el aclamado
documental Every Body, dirigido por la directora nominada al Premio
de la Academia Julie Cohen.
Antes de su debut en el largometraje, River protagonizó varios
cortometrajes, una producción teatral de El rey Lear en el Annenberg
Theater de Los Ángeles, el Breaking the Binary Theater Festival y 24
Hour Plays en Broadway en Nueva York. En el ámbito comercial, River
dirigió comerciales para Facebook. River ha colaborado y modelado para
Abercrombie & Fitch y Crocs, e hizo su debut en la Semana de la Moda
de Nueva York des
fi
lando en el des
fi
le de Chromat Otoño/Invierno 2021.
Por su trabajo en las artes y abordando temas de justicia social, River
fue incluido en el OUT 100, ganó un premio GLAAD Rising Star Media
Award y fue nombrado uno de los 10 creadores de cine y televisión
LGBTQIA+ en ascenso de Indiewire en 2023.
Luis Contreras, académico e investigador
Luis Contreras, estudiante de doctorado en la Escuela de Comunicación
e Información de la Universidad de Rutgers, investiga el gra
fi
ti, las
tecnologías de los medios y la resistencia subcultural.
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Carmen Molina Tamacas
Luis Contreras es un estudioso de los medios y etnógrafo cuya
investigación explora cómo las subculturas adaptan y reutilizan
tecnologías emergentes, desde drones y teléfonos inteligentes hasta
plataformas algorítmicas y auriculares de realidad virtual. Nacido y
criado en Los Ángeles de padres salvadoreños y colombianos, Contreras
investiga la intersección de las tecnologías de los medios, las subculturas
visuales y la infraestructura digital. Su trabajo se centra especialmente
en los gra
fi
teros que despliegan herramientas analógicas y digitales para
diseñar sistemas híbridos de comunicación, resistencia y visibilidad bajo
condiciones de vigilancia y restricción algorítmica.
Actualmente cursando un doctorado en la Escuela de Comunicación e
Información de la Universidad de Rutgers, la investigación de Contreras
favorece el concepto de “folclore infraestructural”—el conocimiento
informal y táctico que las comunidades desarrollan para navegar tanto
en entornos urbanos físicos como en ecosistemas digitales. Usando la
etnografía digital y de campo, estudia cómo los creadores se mueven a
través de las plataformas de redes sociales, calibran sus publicaciones
para obtener la máxima visibilidad y superan los umbrales de visibilidad
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mientras resisten el paternalismo de la plataforma. Su trabajo se apoya
en estudios de plataforma, teoría de la infraestructura de comunicación
y prácticas críticas de los medios para iluminar cómo los gra
fi
teros y
otros profesionales subculturales crean y circulan signi
fi
cado a través de
entornos tecnológicos limitados.
Además de su investigación académica, Contreras ha enseñado
comunicación y estudios de medios tanto a nivel universitario en East
Los Angeles, donde está comprometido con una pedagogía accesible y
crítica. También se desempeñó como instructor de narración en la sede
de Snapchat en Santa Mónica, donde guio a los creadores en el uso de
herramientas de narrativa visual. Su trabajo académico y docente se basa
en una ética de cuidado, indagación cultural y una profunda atención a
cómo las comunidades marginadas construyen visibilidad, memoria y
poder a través de los medios.
Evelyn Saz, activista
Evelyn Saz nació en El Salvador e inmigró a Estados Unidos con su
familia en 2016. Desde temprana edad, luchó por superar obstáculos y
prosperar en medio de la guerra civil que asolaba su país de origen. Se
graduó como psicóloga de la Universidad de El Salvador y actualmente
vive con sus dos hijos en el condado de Union, Nueva Jersey.
Entre 2016 y 2018, trabajó temporalmente en el Consulado de El
Salvador, apoyando a la comunidad salvadoreña con el Estatus de
Protección Temporal (TPS). Posteriormente se unió a Driver’s License
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Advocates para ayudar a la comunidad inmigrante indocumentada a
obtener licencias de conducir en Nueva Jersey.
Durante tres años, trabajó como proveedora de atención médica
domiciliaria, cuidando a personas con discapacidades y a adultos
mayores. Durante ese tiempo, se dio cuenta de que no había derechos
laborales ni bene
fi
cios para las trabajadoras domésticas, lo que la motivó
a luchar por sus derechos. Inicialmente, se unió a la Alianza Nacional de
Trabajadoras Domésticas (NDWA) como miembro voluntaria y luego se
convirtió en organizadora.
Como organizadora de la NDWA, luchó junto a otras organizaciones
de base para obtener la Declaración de Derechos de las Trabajadoras
Domésticas. En 2024, esta ley fue promulgada por el gobernador Phil
Murphy y entró en vigor el 1 de julio de ese año. Ese mismo año, asumió
el cargo de organizadora principal y coordinadora de la Coalición de
Trabajadoras Domésticas, posición que ocupa hasta el día de hoy.
Evelyn a
fi
rma que seguirá luchando por causas justas, honrando
las enseñanzas de su madre y su padre. Concluye diciendo que las
trabajadoras domésticas merecen ser tratadas con dignidad y respeto, ya
que sin ellas, muchos otros trabajos no serían posibles.
Organizaciones salvadoreñas en Nueva Jersey
Centro Comunitario CEUS
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El Centro Comunitario CEUS (anteriormente Comité en Unión por
los Salvadoreños) es una organización sin
fi
nes de lucro formada en
el Condado de Hudson, Nueva Jersey, en 1993 por cuatro refugiados
salvadoreños. (Centro Comunitario CEUS, s. f.). Querían organizar
a sus compatriotas inmigrantes para luchar por un estatus migratorio
legal y ayudarles a integrarse en la sociedad estadounidense. CEUS
inicialmente organizó a la comunidad para participar en marchas
y protestas, pidiendo al Congreso de los Estados Unidos que les
concediera el estatus de refugiados, porque muchos salvadoreños
huyeron de la guerra civil de 12 años de su país en la que murieron
75,000 personas. La organización también reclutó voluntarios para
enseñar clases de inglés como segundo idioma y comenzó un grupo
de empoderamiento femenino.
CEUS se incorporó en el estado de Nueva Jersey en 1995, y el Servicio
de Impuestos Internos de EE. UU. le concedió el estatus de exención
de impuestos (501(c)(3)) en 1997. CEUS también añadió clases de
alfabetización en español a su programa educativo para inmigrantes
hispanos que no habían aprendido a leer y escribir con
fl
uidez en su
propio idioma, y talleres de capacitación en liderazgo. Cabildear al
Congreso para que concediera estatus legal a los inmigrantes y abogar
por los derechos de los inmigrantes siguió siendo fundamental para la
misión de la organización. (Centro Comunitario CEUS, s. f.).
En 1996, CEUS abrió su primera o
fi
cina en la calle 42 en Union City,
que se cree que fue la primera o
fi
cina de salvadoreños para salvadoreños
en el estado. A medida que la organización se expandió, se trasladó
a una o
fi
cina más grande en 1998 en la calle 45 en Union City. Esa
o
fi
cina fue compartida con el American Friends Service Committee,
que proporcionó servicios legales de inmigración a la comunidad,
ofreciendo servicios legales a un precio mucho más bajo que los
abogados regulares.
Cuando el American Friends Service Committee concluyó en 2001
que ya no podía operar la o
fi
cina de Union City, CEUS decidió que
necesitaba ser más proactivo en ayudar a los inmigrantes a obtener estatus
legal y contrató a su primer abogado a tiempo parcial. Si bien el grupo
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fue fundado originalmente para servir a los inmigrantes salvadoreños,
CEUS cambió el nombre de la o
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cina en 2010 a Centro Comunitario
CEUS para re
fl
ejar el hecho de que sirve a todos los inmigrantes, no solo
a los salvadoreños. La organización se mudó a una nueva y más grande
o
fi
cina en 2013, también en Union City.
El programa de Servicios Legales de Inmigración es ahora el programa
más grande de CEUS, sirviendo a más de 1,000 personas cada año. La
organización continúa ofreciendo clases de alfabetización en español e
inglés y ha servido a más de 2,500 estudiantes a lo largo de los años.
(Centro Comunitario CEUS, s. f.).
La organización también ha patrocinado grupos de empoderamiento
femenino, actividades culturales y sociales, y ha recaudado fondos para
ayudar a la gente de El Salvador, especialmente después de desastres
naturales, incluidos los terremotos de 2001. CEUS se
fi
nancia en gran
parte con las tarifas de sus clientes legales y estudiantes de idiomas,
junto con donaciones y eventos de recaudación de fondos. El grupo
también ha recibido una serie de generosas subvenciones de fundaciones,
incluido el programa de Desarrollo Personal de la Iglesia Presbiteriana,
la Fundación Mott, la Fundación Reso y RTS, una fundación con sede
en Brooklyn.
Comité Pro Mejoramiento de Hato Nuevo Residentes en New Jersey
El Comité Pro Mejoramiento de Hato Nuevo Residentes en New
Jersey fue fundado en 1993 por Ana Gladis Flores, nativa del cantón
Hato Nuevo, Distrito de San Alejo, Municipio de La Unión Sur,
departamento de La Unión. Flores inmigró a los Estados Unidos en la
década de 1980. En 1992, junto con su esposo, Manuel de Jesús Flores,
fundó la empresa Perfect Novelties Embroidery, y en 1994, fundaron
Flores Carwash.
Junto con otras personas solidarias de su cantón, han llevado a cabo
proyectos de mejora comunitaria como pavimentación y señalización,
instalación de alumbrado eléctrico, reparación y equipamiento de la
Unidad de Salud de Hato Nuevo, la Iglesia Católica y la escuela, así
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como la instalación de agua potable, la organización de
fi
estas patronales
y la realización de mejoras en bene
fi
cio de Hato Nuevo. La Sra. Flores
también es miembro de la Junta Directiva del Des
fi
le Salvadoreño de
Nueva Jersey.
Comité Unidos de Corazón – Elizabeth Amaya
El Comité San Miguel Unidos de Corazón fue fundado hace nueve años,
según explicó su presidenta, Elizabeth Amaya, en una entrevista con
Delicias TV. El comité se ha caracterizado por apoyar causas bené
fi
cas
como la de niños con cáncer (asistidos por la Fundación Ayúdame a Vivir
de El Salvador), proporcionar prótesis, equipar hospitales y hogares de
ancianos, y distribuir alimentos y abrigos durante el invierno a personas
necesitadas, particularmente a jornaleros que a veces enfrentan la falta
de vivienda o la pobreza extrema en comunidades como Fairview.
Des
fi
le Salvadoreño de Nueva Jersey
El Des
fi
le Salvadoreño de Nueva Jersey fue creado por un grupo de
salvadoreños en 2016 y recorre cuatro ciudades del Condado de Hudson:
West New York, Guttenberg, North Bergen y Union City.
El des
fi
le se extiende por 40 cuadras a lo largo de Bergenline Avenue,
incluida la calle 47, que fue renombrada El Salvador Boulevard en 2023.
“Nuestro objetivo es presentar la cultura y las costumbres salvadoreñas
y dejar un legado para las futuras generaciones”, dijo Ingrid Echeverría,
presidenta del comité organizador, al periódico comunitario Nuestra Gente.
El des
fi
le incluye carrozas, bandas musicales y “grupos de danzas
tradicionales”. Suele comenzar en Bergenline Avenue y la calle 79 y
termina en la calle 43. Las actividades del des
fi
le incluyen coronaciones
de reinas y una cena de gala. En 2025, el Des
fi
le Salvadoreño fue
cancelado debido a la tensión y temor a las redadas de inmigrantes que
lleva a cabo el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, sigla
en inglés).
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Organización de Liderazgo Salvadoreño Unido
Fue creada en 2004 en Nueva Jersey para apoyar la apertura de un
consulado de El Salvador en ese estado. Una vez que el Consulado
abrió en 2005, la organización comenzó a apoyar al consulado y a
organizar eventos culturales, sociales y deportivos. Poco después, la
organización también comenzó a ayudar a otras comunidades latinas
necesitadas. Su trabajo se centra en un banco de alimentos comunitario,
servicio voluntario dominical y alcance comunitario. El presidente de
la organización es Tony Villalobos. La sede se encuentra en 527 42nd
Street, Union City, NJ 07087.
Comité Cívico El Pulgarcito
El Comité Cívico El Pulgarcito es una organización cultural y bené
fi
ca
fundada en 2013 por un grupo liderado por Andrés Flores. Flores es
originario de Hato Nuevo y se estableció en el área de West New York
alrededor de 1988. Él y otros salvadoreños, dada la limitada presencia y
representación, decidieron participar en el Des
fi
le de la Herencia Hispana
de Nueva Jersey. Inicialmente, se unieron a la entonces Organización
Cuscatlán, fundada por Pedro N. (Flores no pudo recordar su apellido) y
Amalia y Roberto Juárez.
“Siempre hemos apoyado desastres naturales con donaciones y hemos
participado en actividades relacionadas con la comunidad como funerales,
repatriaciones, así como trayendo grupos culturales y folclóricos para
participar tanto en los des
fi
les hispanoamericanos como salvadoreños”,
señaló Flores en una entrevista.
Unidos por Rodeo, Morazán – Javi Flores
El Comité Unidos por Rodeo apoya directamente al Comité de Fiestas de
El Rodeo, ubicado en Sensembra, Morazán. Es liderado por Javi Flores.
Para más información: https://www.facebook.com/Rodeomorazan.usa
Iglesias luteranas “hermanas”
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Bergenline es tan única que tiene un corazón migueleño: Christ and St.
John Lutheran Church (6500 Bergenline Avenue, West New York, NJ
07093), dirigida por el pastor Daniel K. Johansson. La iglesia, con una
congregación predominantemente inmigrante, tiene una asociación de
larga data con dos iglesias, una en Namibia y otra en el departamento
de San Miguel, El Salvador. Esta es la Iglesia Divino Redentor, dirigida
por la reverenda Belinda Fernández, cuyo padre, el reverendo David
Fernández, fue asesinado por escuadrones de la muerte en 1984 y es
considerado un mártir de la Iglesia Luterana.
Entrevistas de historia oral
La Biblioteca Pública de Plain
fi
eld tiene una Colección de Historia Oral
que incluye entrevistas de historia oral realizadas como parte de las
iniciativas StoryCorps Griot, Latinos en Conversación e Historias, así
como las grabadas para el proyecto Voces de Plain
fi
eld. (Plain
fi
eld Public
Library, 2007). Las grabaciones de las entrevistas incluyen un archivo
de audio y una transcripción de texto. StoryCorps es una organización
sin
fi
nes de lucro que realiza historias orales a nivel nacional. Estos
proyectos aseguran la preservación y presentación digna de las voces,
experiencias e historias de vida de las comunidades afroamericanas,
latinas e hispanas del condado de Union. Desde 2007, la colección ha
crecido hasta incluir más de 36 entrevistas con residentes locales de
Plain
fi
eld y el condado de Union, representando a 14 países diferentes.
Muchas de las entrevistas también fueron transcritas con la ayuda de una
subvención de historia del condado de Union.
Entre las entrevistas se encuentra la de Claudia V. Freire, una salvadoreña.
En la entrevista de 2007, realizada en inglés, Freire —nacida en San
Salvador en 1976— relata algunas de sus experiencias infantiles antes
del inicio de la guerra, sus propias experiencias y las de su familia como
inmigrantes, y su proceso de asimilación cultural. Su entrevista puede
revisarse aquí: https://plain
fi
eldlibrarynj.contentdm.oclc.org/digital/
collection/p17109coll15/id/64/rec/25
Asimismo, la Biblioteca Pública de Newark incluyó el testimonio
del salvadoreño Ángel Ayala en la Colección de Referencia Hispana
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del Centro de Investigación e Información Hispana de Nueva Jersey
(NJHRIC). La entrevista fue realizada en 2018 por Kevin Rosero,
(Newark Public Library, 2018), y la transcripción de 40 páginas forma
parte de los archivos de la biblioteca.
Ayala es originario de San Miguel e inmigró a los EE. UU. en 1981
cuando tenía 16 años. El asedio guerrillero de su ciudad natal lo motivó
a seguir los pasos de su padre y otros parientes, quienes se establecieron
en Newark a
fi
nes de la década de 1970. La transcripción de la entrevista
está disponible en el NJHRIC.
Restaurantes y negocios
La red social para negocios Yelp muestra la variedad de restaurantes
salvadoreños en el condado de Hudson, re
fl
ejando la alta concentración
de salvadoreños y centroamericanos en la zona. (DATA USA, s. f.).
Varios restaurantes y pupuserías se concentran a lo largo del eje de
Anderson Avenue (Cliffside Park, en el condado de Bergen) y continúan
a lo largo de la concurrida Bergenline Avenue, la misma avenida por la
que pasa el Des
fi
le del Día de la Independencia de El Salvador.
Sin embargo, hay tiendas de negocios propiedad de salvadoreños,
o
fi
cinas de abogados y preparadores de impuestos, y servicios de entrega
en varias partes de Nueva Jersey, como Newark, Orange y Elizabeth.
Conclusión
Aunque la presencia salvadoreña en Nueva Jersey está geográ
fi
camente
dispersa, su impacto está profundamente integrado en el tejido social y
cultural del estado. Sin embargo, la comunidad continúa enfrentando
desafíos signi
fi
cativos, particularmente relacionados con el estatus
migratorio, las di
fi
cultades económicas y el acceso limitado a los recursos
públicos. A pesar de estos obstáculos, los salvadoreños han demostrado
resiliencia, perseverancia y un fuerte sentido de identidad.
Dada la creciente importancia de esta comunidad, las instituciones académicas
necesitan comprometerse más profundamente con sus experiencias.
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Existe una necesidad apremiante de investigación que documente su
historia, analice sus realidades actuales e informe políticas que puedan
apoyar mejor sus necesidades. Al dirigir la atención académica a la
comunidad salvadoreña en Nueva Jersey, la academia puede ayudar
a garantizar que sus contribuciones sean reconocidas, sus voces
ampli
fi
cadas y sus desafíos abordados de manera más efectiva.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
Palmeras de costa
Max Vollmberg
1920
Acuarela
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Rodrigo Antonio Colorado
Stephanie Illiana Arias Salegio
Instituto Especializado de Profesionales de la Salud
Docente-investigadora
Centro Cultural Salvadoreño Americano
Coordinadora de Investigación
Inclusión educativa de estudiantes con
trastorno del espectro autista
en educación superior
Educational inclusion of students with Autism Spectrum
Disorder in higher education
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22071
URI: https://hdl.handle.net/11298/1434
Profesor-investigador en Universidad Luterana Salvadoreña
https://orcid.org/0000-0002-4143-9293
rodrigocoloradoantroes@gmail.com
Coordinadora General de Investigación y Proyección Social
https://orcid.org/0000-0002-9330-3283
illi_tepha@outlook.com
Febe Eunice Arévalo López
Instituto Especializado de Nivel Superior
https://orcid.org/0009-0003-7919-6375
febe.arevalo@docente.iensccsa.edu.sv
María Sofía Albayero García
Instituto Tecnológico Escuela Técnica para la Salud
https://orcid.org/0000-0003-1876-9179
sofía.albayero.investigacion@itetps.edu.sv
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Resumen
Este artículo tiene como objetivo sistematizar algunos aportes vinculados
a la inclusión de personas con trastorno del espectro autista (TEA) en
el sistema educativo de nivel superior, con la
fi
nalidad de identi
fi
car
los avances y retos que en este campo se presentan desde la revisión de
literatura. Se realizó bajo el método de análisis-síntesis fundamentado
en la hermenéutica para la revisión de fuentes bibliográ
fi
cas que
abordan el TEA. Entre los principales hallazgos se destacan el abordaje
creciente de este campo de estudio y la necesidad de fortalecerlo en el
contexto salvadoreño. Como conclusión principal, se determina que
las instituciones de educación superior deben adoptar estrategias que
aseguren una educación inclusiva de calidad para todos.
Palabras clave: Trastornos del desarrollo. Autismo-Investigaciones-
Educación Superior. Personas con discapacidades del desarrollo. Justicia
social.
Abstract
This article aims to systematize some contributions related to the inclusion
of people with Autism Spectrum Disorder (ASD) in the higher education
system, in order to identify the progress and challenges in this
fi
eld
through a literature review. The analysis-synthesis method, grounded in
hermeneutics, was used to review bibliographic sources addressing ASD.
The results highlight the growing interest in this
fi
eld of study and the
need to strengthen it within the Salvadoran context. It concludes that
higher education institutions must adopt strategies that ensure quality
inclusive education for all.
Keywords: Developmental disabilities. Autism spectrum disorders —
Research — Higher education. People with developmental disabilities.
Social justice.
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Introducción
Este escrito tiene como objetivo sistematizar algunos aportes vinculados
a la inclusión de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) en
el sistema educativo de nivel superior, con la
fi
nalidad de identi
fi
car
los avances y retos que en este campo se presentan desde la revisión de
literatura, siendo este artículo una contribución teórica que tributa a la
comprensión de la siguiente problemática: ¿qué desafíos se presentan
ante la necesidad de apostar por una educación superior de calidad,
caracterizada por la inclusión de estudiantes con TEA?
En este sentido, se ofrece al lector una aproximación teórica desde el
abordaje de las categorías siguientes: conceptualización del Trastorno
del Espectro Autista, la caracterización de socialidad de los estudiantes
con TEA, producción cientí
fi
ca y didáctica respecto al TEA, compromiso
docente ante la inclusión educativa y,
fi
nalmente, educación inclusiva en
educación superior.
1. Qué plantea la literatura sobre el autismo
A. ¿Qué es el TEA?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023) el Clasi
fi
cador
Internacional de Enfermedades, N° n.º 11 (2023):
El TEA se caracteriza por dé
fi
cits persistentes en la capacidad de
iniciar y sostener la interacción social recíproca y la comunicación
social, y por un rango de patrones comportamentales e intereses
restringidos, repetitivos e in
fl
exibles.
El inicio del trastorno ocurre durante el período del desarrollo,
típicamente en la primera infancia, pero los síntomas pueden no
manifestarse plenamente hasta más tarde, cuando las demandas
sociales exceden las capacidades limitadas. Los dé
fi
cits son lo
su
fi
cientemente graves como para causar deterioro a nivel personal,
familiar, social, educativo, ocupacional o en otras áreas importantes
del funcionamiento del individuo, y generalmente constituyen una
característica persistente del individuo que es observable en todos
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los ámbitos, aunque pueden variar de acuerdo con el contexto social,
educativo o de otro tipo. (OMS, 2024, párr. 1).
A lo largo del espectro, los individuos exhiben una gama completa de
capacidades del funcionamiento intelectual y habilidades de lenguaje
(Organización Mundial de la Salud, 2024). Los estudiantes con TEA,
pueden llegar a socializar y a tener socialidad cuando los entornos
familiares, educativos, de salud, comunitarios y de organización permiten
la inclusión social y educativa de estas personas.
B. El autismo y la socialidad
Las personas con TEA desarrollan la “socialidad”, como un conjunto de
posibilidades de coordinación social con otros. La gama de posibilidades
para la coordinación social está in
fl
uenciada por la dinámica de individuos
y grupos sociales (Ochs y Solomon, 2010).
El cientí
fi
co en psicopatología Simon Baron-Cohen, de la Universidad de
Cambridge, sostiene que: Los individuos con autismo perciben el mundo
natural y social en términos analíticos, como sistemas, reglas y patrones
para analizar, en lugar de con
fi
ar en medios de interpretación empáticos
o intuitivos; es decir, en cierta medida no les interesa interpretar ciertos
sentimientos; (Spikins y Wright, 2016) sin embargo, hay excepciones
como el caso de la cientí
fi
ca Temple Grandin y la antropóloga Dawn Prince
Hughes quienes han logrado expresar sus sentimientos y han entablado
comunicación con ciertos animales, como las vacas y los gorilas. En el
primer caso ha aportado al mundo de la producción del ganado lechero;
en el segundo, pues la antropóloga Prince Hughes, considera que las
personas con autismo funcional tienen que ser escuchadas e incluidas en
las universidades, ya que tienen una capacidad intelectual para aportar a
la sociedad (Spikins y Wright, 2016).
C. Producción cientí
f
ica y didáctica respecto al TEA
Es signi
fi
cativo destacar cómo desde las publicaciones cientí
fi
cas se
aborda este campo de estudio ligado al neurodesarrollo con la
fi
nalidad
de brindar contribuciones teóricas o prácticas que permitan abordar
de manera adecuada a las personas con TEA. Al respecto, Alcaraz
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García (2021) realizó habiendo concluido un estudio bibliométrico con
8,359 artículos cientí
fi
cos que tratan sobre el TEA, publicados en las
principales corrientes de la ciencia (Web of Science y Scopus), Concluyó
que existe un aumento signi
fi
cativo de publicaciones desde el siglo XXI,
relacionadas con la intervención educativa, las habilidades sociales, la
educación inclusiva, el abordaje desde la familia, el comportamiento
desa
fi
ante y la intervención temprana del TEA, como puede observarse
en la Figura 1.
Figura 1
Producción por año y acumulada 2001-2019
Nota. Tomado de Alcaraz García (2021).
Respecto a este tratamiento teórico en constante evolución, Campos
(2019) también a
fi
rma que:
Hay una visión ampliada sobre la educación como un derecho que
se ejerce a lo largo de la vida para todas y todos, que incluye niños,
niñas, adolescentes, jóvenes y adultos sin discriminación alguna,
especialmente para aquellas personas que pertenecen a grupos
socialmente excluidos. (Campos, 2019, p. 76).
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Por tal razón, resulta imperativo que las instituciones de educación
superior establezcan e implementen o fortalezcan medidas que aseguren
la inclusión de personas con el TEA, siendo un derecho de todos, el
recibir una educación de calidad.
En cuanto a la producción con un enfoque didáctico, se destaca el aporte
de la Secretaría de Educación del Distrito (2021), que reconstruyó en
una línea de tiempo, algunos momentos históricos que han permitido
establecer acciones a nivel nacional y local, para la búsqueda de la
inclusión educativa; a partir de un diálogo de saberes, esta instancia
presentó estrategias pedagógicas para la atención de estudiantes con
TEA, por lo que se considera crucial destacar estos hitos enmarcados en
la Figura 2.
Figura 2
Hitos que han dado paso a la inclusión y la equidad en la educación
Nota. Tomado de la Secretaría de Educación del Distrito (2021).
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D. Compromiso docente ante la inclusión educativa
Frente al escenario planteado, es relevante mencionar el desafío para los
profesionales que dirigen los procesos educativos, tal como lo describe
Méndez Anaya, (2023).:
Los docentes universitarios enfrentan desafíos frente a las exigencias
de inclusión, justicia social y atención a la diversidad en la ley que
rige a las personas con discapacidad (p. 76)
De acuerdo con Méndez Anaya (2023), en los últimos años se evidencia
mayor ingreso de personas con diversas discapacidades a las instituciones
de educación superior, siendo un paso considerable que conlleva la
necesidad de apostar por la profesionalización de los docentes para
contribuir a la implementación de estrategias didácticas congruentes con
esta realidad que apuesta por la inclusión.
A partir de un estudio etnográ
fi
co realizado en México por Yon Guzmán
et al. (2018) sobre la inclusión de un estudiante con TEA en educación
superior, se evidenció la importancia de sensibilizar a los actores del
proceso educativo, tanto a autoridades como a docentes y a estudiantes,
respecto a atender la diversidad, lo cual conlleva que los docentes no
deben continuar con prácticas tradicionalistas; así también, la necesidad de
diseñar programas institucionales inclusivos que establezcan condiciones
para el ingreso, acceso, apoyo a docentes y estudiantes, permanencia y
egreso, que aseguren calidad educativa para todos, sin ningún tipo de
discriminación. (Yon Guzmán et al., 2018).
E. Educación inclusiva en educación superior
Comprender el momento y la comunicación de un diagnóstico de autismo
es crucial para evaluar su impacto en el desarrollo y la experiencia
educativa de una persona. Por ejemplo, Prince-Hughes (2002). Expresó lo
siguiente: “No me dijeron que era autista hasta que tenía casi diecinueve
años y, por lo que sé, tampoco se lo comunicaron a mi sistema escolar.
Esto in
fl
uyó mucho en mi infancia”. (Prince-Hughes, 2002, p. 106).
Este ejemplo pone de mani
fi
esto las fundamentales consecuencias que
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Rodrigo Antonio Colorado
Febe Eunice Arévalo López
Stephanie Iliana Arias Salegio
María Sofía Albayero García
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el retraso en el diagnóstico y la falta de información compartida pueden
tener en los años de formación de una persona.
La inclusión y el apoyo a estudiantes universitarios con Trastorno
del Espectro Autista (TEA) es un tema de creciente importancia en el
ámbito educativo. La capacidad de estos estudiantes para desenvolverse
exitosamente en el entorno universitario puede variar considerablemente
según varios factores, entre los cuales el diagnóstico temprano y el acceso
a terapias y apoyos adecuados juegan un papel crucial.
Cedeño et al. (2023) expresaron una realidad necesaria que se debe
conocer acerca de los estudiantes con (TEA):
Un estudiante universitario con TEA, en líneas generales si fue
diagnosticado en su niñez y tuvo el acompañamiento necesario
en base a terapias para mejorar sus condiciones conductuales,
cognitivas, afectivas, entre otras, va a tener la capacidad de utilizar
las herramientas aprendidas para desenvolverse dentro del ámbito
universitario; sin embargo, en los casos de grado de autismos más
complejos y que no han tenido la atención debida, representa un
problema no solo para el estudiante, sino para sus compañeros de
clase, los docentes y la universidad.
Esta realidad subraya la importancia de un enfoque proactivo y de apoyo
continuo para asegurar la inclusión efectiva de estudiantes con TEA en la
educación superior.
En la actualidad, el acceso de estudiantes con Trastorno del Espectro
Autista (TEA) a las universidades está en aumento en muchos países,
re
fl
ejando un compromiso creciente con la inclusión y la igualdad de
oportunidades en la educación superior. Sin embargo, para asegurar
que estos estudiantes no solo ingresen, sino que también tengan éxito
tanto académica como socialmente, es crucial que las universidades
adopten un enfoque inclusivo y comprensivo. Es fundamental que las
instituciones educativas comprendan e integren las fortalezas y las
necesidades especí
fi
cas de los estudiantes con TEA y proporcionen
los apoyos necesarios a lo largo de su trayectoria universitaria
(Recimundo, 2023, p. 143). (Cedeño, 2023, p. 2)
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Las personas con autismo necesitan comunidades adecuadas para
prosperar a través de sus talentos; en muchos casos las comunidades
necesitan individuos con autismo (Spikins y Wright, 2016). En el plano
educativo, se puede traducir que es necesario establecer un puente
de comunicación que fortalezca la educación inclusiva, esta debe
tomar en cuenta la participación de los padres de familia, docentes,
especialistas de la salud, asociaciones que trabajan el tema autismo,
construyendo así un centro educativo de convivencia, en donde todos
los involucrados en una comunidad comparten un nivel de compromiso
mutuo, actividad o interés común a través del cual aprenden prácticas
comunes (Milton, 2015).
Conclusiones
Ante lo expuesto, se a
fi
rma un desarrollo cientí
fi
co teórico y práctico en el
tratamiento a personas con TEA para su inclusión en el sistema educativo
de nivel superior, lo cual representa un avance signi
fi
cativo, pero no
su
fi
ciente para asegurar que se cuenta con las condiciones pedagógicas
y didácticas necesarias que exigen organismos internacionales a las
instituciones educativas, quienes deben ofrecer una formación de calidad
a todos.
Por tanto, se requiere del fortalecimiento de políticas nacionales y planes
institucionales que aseguren la inclusión de estudiantes con TEA, lo
que implica docentes conscientes y formados para afrontar con éxito los
desafíos de una educación superior de calidad.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
Mercado ruinas de Antigua (Guatemala)
Max Vollmberg
1917
Acuarela
185
Carlos Flores Manzano
Peregrinaje e hibridación en Mesoamérica: el
caso del río Lempa y el lago de Güija
Pilgrimage and hybridization in Mesoamerica: the case of the
Lempa River and Lake Güija
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22073
URI: https://hdl.handle.net/11298/1436
Candidato Doctoral Yale University
https://orcid.org/0000-0001-7278-0286
carlos.
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oresmanzano@yale.edu
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Resumen
Este artículo explora el papel del río Lempa y el lago Güija como
nodos clave de peregrinación e hibridación cultural en Mesoamérica.
Al analizar evidencias arqueológicas, etnohistóricas e iconográ
fi
cas,
se argumenta que estos cuerpos de agua sirvieron como paisajes
sagrados donde diversos grupos mesoamericanos, incluidos los mayas,
nahua-pipil y xinca, participaban en peregrinajes, actividades rituales,
comercio e intercambio ideológico. El estudio destaca la interacción
entre la peregrinación, la cultura material y las interacciones
interculturales en la con
fi
guración de la hibridación religiosa y las
dinámicas sociopolíticas que iniciaron en la colonia y que sobreviven
hasta el siglo XXI.
Palabras clave: Cristianismo. Peregrinaciones cristianas. Procesiones
religiosas. Sacri
fi
cios humanos. El Salvador-Ciudades Históricas.
Lugares sagrados. Lagos (en religión, folklore, etc.).
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Abstract
This article explores the role of the Lempa River and Lake Güija as key
nodes of pilgrimage and cultural hybridization in Mesoamerica. By
analyzing archaeological, ethnohistorical, and iconographic evidence,
it argues that these water bodies served as sacred landscapes where
diverse Mesoamerican groups, including the Maya, Nahua-Pipil, and
Xinca, engaged in pilgrimage, ritual activities, trade, and ideological
exchange. The study highlights the interplay between pilgrimage,
material culture, and cross-cultural interactions in shaping religious
hybridization and sociopolitical dynamics, which started during the
colonial period and persist until the 21st century.
Keywords: Mesoamerica — Religion. Cultural hybridization. Christian
pilgrims and pilgrimages. Religious syncretism. Black Christs —
Central America. Sacred space. Water — Religious aspects. Historic
sites — El Salvador. El Salvador — Antiquities.
Introducción
… Y dijeron que las colinas no son reales, solo arriba son
terrosas, pedregosas; por dentro son como vasijas, como
casas llenas de agua. Y si en algún momento quisieran
destruir las colinas, su mundo se inundaría. Y así llamaron
a donde viven los hombres, altepetl… Historia general de
las cosas de la Nueva España o Códice Florentino [1540-
85] (Carranco y Serra, 2023).
Desde el siglo XVI, en el denominado “Nuevo Mundo”, los españoles
emprendieron la difícil tarea de convertir al cristianismo a los
pueblos originarios, luchando con religiones antiguas profundamente
arraigadas que eran culturalmente distintas y diversas. Navegaron por el
complicado equilibrio de introducir el cristianismo a etnias politeístas
que ya ostentaban sus deidades, santuarios y lugares de peregrinación,
en toda la Nueva España. Y uno de los casos más interesantes ocurrió
en la región fronteriza entre El Salvador, Guatemala y Honduras, en la
cuenca alta del río Lempa.
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Este artículo tiene como objetivo explorar cómo en el río Lempa y en
el lago de Güija se con
fi
guraron dinámicas culturales más complejas
que dieron forma a la Nueva España desde Mesoamérica en la época
prehispánica y colonial, explorando la dinámica de la peregrinación en
Mesoamérica, y examinando su relación con la hibridación y el culto
al Cristo Negro.
Figura 1. Lago de Güija, vista al noroeste desde la isla/península de
Igualtepeque, 3 de enero de 2025 (Flores Manzano, 2025). Al fondo,
destacan el volcán Suchitán y el volcán Ixtepeque, en Guatemala,
así también a lo lejos alimentan al lago los ríos Ostúa y Angue.
Además, investiga cómo el paisaje natural del río Lempa, la región
Tri
fi
nio y el lago de Güija in
fl
uyeron en el surgimiento de santuarios y
asentamientos, como se documenta en los relatos coloniales, arrojando
luz sobre las deidades y rituales asociados con la región.
Asimismo, se discute sobre el principal lugar de peregrinación de
Mesoamérica, el Templo del Señor de Esquipulas, así como la tradición
esquipuleana, y cómo esta surge como una hibridación de la tradición
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prehispánica. Así también se analiza la
fi
esta y peregrinación del Señor de
Ostúa en Metapán, El Salvador, como una manifestación de hibridación
profundamente arraigada en los sistemas de creencias mesoamericanos
en el marco de la tradición esquipuleana.
En última instancia, se argumenta que, en la frontera de Guatemala, El
Salvador y Honduras, el fenómeno del Cristo Negro fue fundamental en
la conversión de los pueblos indígenas al cristianismo, lo que permitió la
preservación de ambas identidades culturales en la zona.
Figura 2. Sitios arqueológicos y la cuenca del río Lempa. (Adaptación de
Flores Manzano. Rescatado de http://riolempa.org/mapa-del-lempa-v2/, 2025).
2. Peregrinación: nociones generales
La peregrinación abarca tanto los viajes individuales a los lugares sagrados
como la institución en general, involucrando varios elementos, como
actores, lugares, comportamientos, tiempos y especialistas. Las personas
se embarcan en peregrinaciones a sitios de santuarios reconocidos con
fi
nes religiosos, aventurándose más allá de sus viajes habituales (Morinis
y Ross Crumrine, 1991, pp. 2-3) a lugares signi
fi
cativos (teorizado en
inglés como «meaningful places») (Nieves Zedeño y Bowser, 2009, p.
6). La peregrinación, en este sentido, abarca la totalidad de los aspectos
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humanos y materiales involucrados en estos viajes individuales a los
santuarios (Morinis y Ross Crumrine, 1991, pp. 2-3).
Las peregrinaciones consisten en peregrinos, centros de peregrinación,
representaciones rituales y el público como componentes clave, formando
instituciones socioculturales y sistemas humanos. Estos sistemas se
caracterizan por mitos explicativos, y personas con diferentes posiciones
sociales y normas que estructuran sus papeles y labores. Un elemento
central de las instituciones de peregrinación son los elaborados patrones
de ritual y simbolismo, que se organizan en torno a un conjunto limitado
de metáforas raíz o símbolos meta-rituales (Morinis y Ross Crumrine,
199, p. 3).
La estructura de la peregrinación es inherentemente institucional e
interactúa dinámicamente con fuerzas sociales más amplias. Los lugares
de peregrinación encarnan la dicotomía de lo sagrado y lo profano
(Eliade, 1956), aunque estas distinciones a menudo tienen matices. El
lugar de peregrinación es inherentemente sagrado, a menudo se cree
que está imbuido de presencia divina (Morinis y Ross Crumrine, 1991,
pp. 10-11).
Si bien el santuario representa lo sagrado dentro del ámbito profano,
también sirve como mediador entre los dos polos. El lugar de peregrinación
facilita el acceso a lo sagrado de otro mundo, actuando como un conducto
entre el cielo y la tierra. Esta forma estructural subyace en varios temas
de peregrinación, re
fl
ejando la navegación del creyente a través de los
desafíos de la vida. La peregrinación simboliza la oposición entre lo
sagrado y lo profano, y el viaje representa una transición de lo profano
a lo sagrado y viceversa (Morinis y Ross Crumrine, 1991, pp. 10-11).
Esta representación esquemática incorpora elementos de separación,
transición y reincorporación en el modelo de peregrinación (Morinis y
Ross Crumrine, 1991, pp. 10-11).
Entre las funciones de la peregrinación tenemos: “... Los individuos
obtienen acceso a las fuentes de poder que se cree que controlan su
destino. La peregrinación es un ejercicio de humilde súplica...” (Morinis
y Ross Crumrine, 1991, p. 14).
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“La tradición moderna de la peregrinación en Europa Occidental surgió a
través del sincretismo, ahora discutido como hibridación de las creencias
paganas y cristianas, ocurriendo predominantemente desde el siglo IV
hasta el XI d. C.” (Lee Nolan, 1991, p. 21). A pesar de los períodos de
declive en el desarrollo de los santuarios, o lugares de peregrinación, hubo
renacimientos posteriores en el compromiso del peregrinar, marcados
por la aparición de nuevos cultos y un aumento en los visitantes a los
santuarios existentes que persistieron a través de los tiempos (Lee Nolan,
1991, p. 21).
Los lugares de peregrinación a menudo se asocian con paisajes sagrados
y con frecuencia comparten características comunes en diversas
tradiciones culturales. Las alturas (montañas), los cuerpos de agua, los
árboles sagrados, las cavernas naturales y las piedras tienen un signi
fi
cado
especial en las creencias paganas europeas y precolombinas americanas,
y muchos santuarios cristianos también adoptan tales atributos (Lee
Nolan, 1991, pp. 33-35).
Si bien los santuarios latinoamericanos pueden tener menos características
de sitios registrados en comparación con Europa Occidental, esta
discrepancia podría deberse a la limitada información disponible sobre los
casos latinoamericanos. Sin embargo, las cuevas y grutas sagradas tienen
un mayor énfasis en las Américas, particularmente entre los santuarios
con orígenes en la Iberia medieval (Lee Nolan, 1991, pp. 33-35).
Si bien la era de las ermitas había terminado en gran medida en España
a
fi
nales de la Edad Media, los relatos de formaciones de culto en las
Américas sugieren que las generaciones posteriores de españoles, atraídos
por la vida en las ermitas, encontraron consuelo en las cuevas americanas.
Esto desafía la noción de que la prevalencia de las cuevas sagradas en
las Américas se debe simplemente a las in
fl
uencias indígenas. Además,
las piedras sagradas son más comunes en América que en Europa (Lee
Nolan, 1991, pp. 33-35).
En este sentido, surge la duda razonable: ¿Cómo se origina un santuario
y cómo se convierte en un centro de peregrinación? En América Latina,
un método predominante consiste en la adquisición de un objeto, donde
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el culto surge después de la introducción de un artículo de otro lugar. Otra
narrativa común para los orígenes de los santuarios involucra objetos
encontrados, donde el culto se forma tras el descubrimiento de una imagen
o reliquia, a menudo en circunstancias extraordinarias o asociadas con
milagros (Lee Nolan, 1991, pp. 33-35).
2.1. Peregrinación en Mesoamérica
Se ha cuestionado si los lugares de peregrinación prehispánica y los
santuarios en las Américas perduraron hasta los tiempos modernos. Lee
Nolan (1991, p. 44) argumenta que no hay mucha evidencia que apoye la
continuación generalizada de las prácticas de peregrinación prehispánica
que di
fi
eren de la tradición europea.
Esto sugiere un modelo basado en la aceptación de las prácticas
conocidas, en las que se suprimen las desconocidas. Por ejemplo,
mientras que algunas prácticas precolombinas como el sacri
fi
cio humano
y la perforación de la lengua no se ven en las peregrinaciones mexicanas
modernas, persisten otras familiares como bajar y subir a las montañas
sagradas. Este modelo permite la cristianización de los sitios indígenas y
la incorporación de las prácticas indígenas a la tradición introducida, una
estrategia que se ha empleado desde la conversión de la Europa pagana y
que se sigue utilizando (Lee Nolan, 1991, p. 44).
La topografía y los símbolos hechos por el hombre se combinaron para
crear una red ritual de comunicación entre el orden social, las fuerzas
de la naturaleza y sus dioses, y una variedad de antepasados dei
fi
cados
(Townsend, 2009, p. 133), en este sentido, Nieves Zedeño y Bowser
(2009, p. 5) argumentan que los animales, las plantas, los accidentes
geográ
fi
cos conspicuos, las montañas, las canteras, los lagos, los ríos y
los manantiales son parte de las prácticas culturales y sociales (Nieves
Zedeño y Bowser, 2009, p. 5).
Martínez Marín 960. (1972, p. 161, como se cita en Palka, 2014, p.
60) a
fi
rma que los santuarios de peregrinación mesoamericanos, como
montañas, cuevas, lagos, manantiales y ríos, eran vitales para las prácticas
espirituales comunitarias o regionales, a menudo implicando ofrendas a
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entidades espirituales para diversas necesidades como la protección y el
mantenimiento del equilibrio cósmico.
Estas peregrinaciones no eran solo esfuerzos individuales, sino cruciales
para el bienestar colectivo, con especialistas religiosos que dirigían
rituales a los que asistían muchos. Kubler (1984, 1985, como se cita en
Palka, 2014, p. 60) y otros comparan las peregrinaciones mesoamericanas
y del viejo mundo para explorar sus similitudes y diferencias, enfatizando
la peregrinación como un viaje y un esfuerzo (Palka 2014, p. 60). Por
ejemplo, los practicantes religiosos nahuas participan en diversos
rituales durante las peregrinaciones, construyendo altares, ofreciendo
sacri
fi
cios, adivinando con objetos y creando
fi
gurillas antropomór
fi
cas
que representan espíritus, mientras que ciertos paisajes como las cuevas
son venerados por su signi
fi
cado espiritual y se utilizan para ceremonias
de lluvia y rituales de fertilidad (Sandstrom, 2005, pp. 36, 44; Villela,
2009, p. 334, como se cita en Palka, 2014, p. 63).
Estos sitios sagrados, incluidas las montañas con cuevas, son clasi
fi
cados
en importancia por los especialistas religiosos, que dictan los horarios
y las ofrendas de peregrinación, ya que se cree que albergan poderosas
fuerzas cósmicas y espíritus ancestrales, impregnando los paisajes de
vida (Sandstrom, 2005, pp. 36, 44; Villela, 2009, p. 334, como se cita en
Palka, 2014, p. 63).
2.2. Peregrinación y guerra
La antigua peregrinación mesoamericana a menudo se asocia con
el sacri
fi
cio humano, es importante comprender la antigua creencia
mesoamericana, documentada en la Crónica de Xajil o Anales de los
Kaqchikeles, que sugiere que las personas fueron creadas para servir
como sustento para los dioses, particularmente el cuchillo de sacri
fi
cio,
un concepto prevalente en la antigua Mesoamérica (Webster, 2000, pp.
104-106, como se cita en Tena, 2002, pp. 36-39).
Esta noción, re
fl
ejada en los mitos nahuas del centro de México y entre
los k’iche’ y kaqchikel del altiplano guatemalteco, entrelaza el origen
de los pueblos con el origen de la guerra, ilustrando la guerra como un
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deber sagrado ordenado por los dioses para proporcionar alimento al
sol (Graulich, 1974, 1987, como se cita en Tena, 2002, pp. 36-39). De
acuerdo con la tradición nahua, la guerra fue instituida por los dioses
para procurar víctimas humanas para alimentar al sol, ejempli
fi
cado en
la Historia de los Mexicanos por sus Pinturas, donde Tezcatlipoca crea
explícitamente a los humanos para que sirvan de alimento al sol (Tena,
2002, pp. 36-39).
… Comenzó la guerra, y los primeros cuatrocientos hombres
murieron después de cuatro años, mientras que las mujeres
permanecieron con vida. Una de ellas, Xochiquetzal, murió a los
diez años y fue alabada como la más valiente de todas y la primera
mujer que murió en la guerra... (Chinchilla Mazariegos, 2022, pp.
304-305).
A lo largo de la historia, la conexión entre la guerra y la comunicación
ceremonial con las deidades en los sitios rituales ha sido una práctica
común en varias sociedades. Además de las tácticas militares, la
preparación espiritual, la consulta con las imágenes de los dioses y la
búsqueda de la protección divina se consideraban esenciales. Por ejemplo,
los conquistadores españoles consideraban a su Dios y a sus santos
superiores a las divinidades mesoamericanas para asegurar la victoria,
mientras que los mesoamericanos creían que sus dioses les ayudarían
contra los españoles (Palka, 2023, pp. 52-53).
Junto con las motivaciones políticas, también se estudiaron aspectos
religiosos como los preparativos para la guerra, el honor a los dioses
de la guerra en los santuarios y el sacri
fi
cio de cautivos (Hassig, 1992;
Inomata y Triadan, 2009; Morton y Peuramaki-Brown, 2019; Redmond y
Spencer, 2006; Scherer y Verano, 2014; Umberger, 2007; Webster, 1993,
como se cita en Palka, 2023, pp. 52-53). Además, la teología de la guerra
mesoamericana enfatizó la importancia central de proteger a las deidades
y forti
fi
car los santuarios, destacando el papel de los dioses patronos y
las fuerzas espirituales en la protección de las comunidades dentro de las
forti
fi
caciones de los santuarios (Baron, 2016; Marrón Vega, 2015; Cojti
Ren, 2020; Hernández y Palka, 2019; Tokovinine, 2019, en Palka, 2023,
pp. 52-53).
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Asimismo, el término «santuario» engloba las nociones entrelazadas de
protección humana y divina mutua durante los con
fl
ictos, junto con los
rituales asociados que se llevan a cabo dentro de los espacios construidos
para las ceremonias comunitarias (Allen, 2021; Hernández y Palka, 2019,
en Palka, 2023, pp. 52-53).
La guerra mesoamericana implicó con
fl
ictos armados organizados entre
comunidades que defendían sus territorios y dependían de la protección
de la deidad y de santuarios forti
fi
cados (Palka, 2023, pp. 52-53). La
conquista en esta región a menudo implicaba el saqueo de templos, la
captura de imágenes de dioses patrones y la exigencia de tributos. Los
santuarios han servido como ubicaciones estratégicamente ventajosas,
centros políticos y conductos para la comunicación divina durante la
guerra, mostrando los aspectos materiales y religiosos entrelazados de
los santuarios forti
fi
cados (Palka, 2023, pp. 52-53).
En la guerra mesoamericana, las comunidades se involucraron en
con
fl
ictos armados organizados mientras dependían de la protección de
la deidad y de santuarios forti
fi
cados para su defensa (Aguilar y Preucel,
2013; Nevin, 2017; Walker, 2009, como se cita en Palka, 2023, pp. 52-
53). La conquista a menudo implicaba el saqueo de templos, la captura
de imágenes de dioses patrones y la extracción de tributos (Palka, 2023;
pp. 52-53).
El análisis comparativo de las prácticas bélicas, la forti
fi
cación de
santuarios y la comunicación de deidades en diferentes sociedades destaca
comportamientos similares durante los con
fl
ictos mesoamericanos. Los
santuarios servían como lugares estratégicos, centros políticos y canales
para la comunicación divina durante la guerra, mostrando los aspectos
materiales y religiosos entrelazados en la forti
fi
cación de los santuarios.
Los dioses patronos desempeñaban un papel fundamental en la protección
de las comunidades, el mantenimiento de la cohesión social y la garantía
de la victoria en la guerra a través de la participación ritual y las ofrendas
continuas (Chaniotis, 2005: 144; Dillon 2020, como se cita en Palka,
2023, pp. 52-53).
Los conquistadores españoles descubrieron inmediatamente que los
líderes y las comunidades indígenas buscaban activamente la orientación
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de las deidades patronas en los santuarios para determinar si participar
en la guerra y elaborar estrategias para las batallas. Este comportamiento
subraya la e
fi
cacia percibida de la comunicación con las fuerzas
espirituales, tal como lo observaron los soldados españoles (Morton y
Peuramaki-Brown, 2019).
Por ejemplo, los gobernantes tlaxcaltecas consultaban a sus adivinos,
sacerdotes y magos, instruyéndoles para que emplearan la brujería,
los encantamientos y las suertes con las deidades en los templos para
determinar el resultado de la lucha contra las fuerzas españolas. Los
sacerdotes y “magos” aconsejaron que los españoles solo podían ser
derrotados por la noche, lo que llevó a los líderes tlaxcaltecas a organizar
un ataque nocturno con diez mil guerreros, con el objetivo de capturar y
sacri
fi
car a los invasores españoles (Morton y Peuramaki-Brown, 2019).
Los santuarios en Mesoamérica han desempeñado importantes funciones
religiosas y protectoras para el culto comunitario y la salvaguardia de las
imágenes de deidades. Dentro de estos santuarios, los templos albergaban
representaciones de dioses y antepasados junto a tumbas ancestrales,
sirviendo como sitios fundamentales para los rituales comunales y la
comunicación con entidades divinas para el bienestar colectivo (Baron,
2016; Carmack, 1981; Carrasco, 1999; Kidder et al., 2019; Marcus y
Flannery, 1996; Stuart y Stuart, 2008; Williams, 2013; Zeitlin, 2005,
como se cita en Palka, 2023, pp. 54-56).
Estos espacios cuentan con templos centrales que albergan imágenes de
deidades tutelares y albergan ceremonias comunitarias destinadas a la
protección mutua (Palka, 2023, pp. 54-56). Los templos mesoamericanos
se distinguen por sus estructuras piramidales o grandes edi
fi
cios con
altares adyacentes, que a menudo se encuentran cerca de estelas, arte
rupestre, plazas, juegos de pelota y cuevas (Palka, 2023, pp. 54-56).
La relación simbiótica entre los santuarios y las imágenes de deidades
subraya su conexión integral con las comunidades humanas que los
utilizan, mantienen y veneran (Aguilar y Preucel, 2013; Brady y Colas,
2005; Cojti Ren, 2020; Dye y King, 2007; Figuerola Pujol, 2010; Hassner,
2009, como se cita en Palka, 2023, pp. 54-56).
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Las comunidades indígenas mesoamericanas establecen lazos sociales,
acuerdos y pactos con deidades dentro de sitios rituales y templos
urbanos (Astor-Aguilera, 2010; Hamann, 2002; Monaghan, 1995, como
se cita en Palka, 2023, pp. 58-59). Estos compromisos y conexiones
mutuas refuerzan la creencia compartida de que las deidades ofrecen
provisiones esenciales como el agua, la prosperidad, el éxito en la guerra
y la salvaguardia divina (Allan 2015; Christenson 2019; Figuerola Pujol
2010, como se cita en Palka, 2023, pp. 58-59).
Las imágenes de deidades centrales dentro de los santuarios
mesoamericanos se consideraban esenciales para la protección, ya que
simbolizaban a los dioses adorados por las comunidades locales. Estos
templos no solo albergaban representaciones de dioses patronos, sino
que también representaban guerreros, cautivos sacri
fi
ciales y, a veces,
almacenaban armas e implementos ceremoniales (Bassie-Sweet, 2021;
Conrad y Demarest, 1984; Marcus y Flannery, 1996; Matos, 1988;
Miller, 1989; Umberger, 1998; Garciá-Des Lauriers, 2008, como se cita
en Palka, 2023, pp. 59-61).
Se creía que los rituales llevados a cabo dentro de estos espacios sagrados,
como las oraciones para que lloviera o para el bienestar de la comunidad,
eran más efectivos debido a la interacción directa con las fuerzas
espirituales, particularmente en santuarios paisajísticos como picos de
montañas y cuevas (Astor-Aguilera, 2010; Hamann, 2002; Palka, 2014;
Wilson, 1995, como se cita en Palka, 2023, pp. 59-61).
A diferencia de los altares domésticos, que carecían de la misma potencia,
la comunicación con los dioses patronos se consideraba más e
fi
caz en los
sitios comunitarios designados que albergaban estas veneradas imágenes
de deidades (Monaghan, 2017; Tokovinine, 2019; Walker, 2009, como se
cita en Palka, 2023, pp. 59-61). Ciertos materiales, objetos y estructuras
consagrados para propósitos divinos sirven como encarnaciones de
dioses locales, imbuidos de fuerzas divinas (Bassett, 2015; Harrison
Buck, 2020; Houston, 2014, como se cita en Palka, 2023, pp. 59-61).
Conocidos como «deidades» o nombrados en honor a dioses residentes,
se cree que estos templos, imágenes de deidades y bultos sagrados sacred
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bundles en inglés o Tlaquimilolli en nahuatl) poseen la esencia y el destino
de los propios dioses. En consecuencia, los pueblos mesoamericanos
interactúan con estos objetos como si se comunicaran directamente con
las deidades, in
fl
uyendo en sus acciones y comportamientos (Bassett,
2015; Gell, 1998; Harrison-Buck, 2020, como se cita en Palka, 2023, pp.
59-61).
2.3. Peregrinación y comercio
En Mesoamérica, la relación entre la peregrinación y el comercio es clara.
La evidencia sugiere que las peregrinaciones no estaban estrechamente
vinculadas a las actividades comerciales, contrario a la creencia de
que surgieron junto con el comercio. La mayoría de los santuarios de
peregrinación estaban situados en lugares remotos, como laderas de altas
montañas, cuevas, lagos y manantiales, lejos de las rutas comerciales
(Martínez Marín, 1972, como se cita en Kubler, 1984, pp. 17-18).
Solo unas pocas excepciones, como Cholula y Chichén Itzá, estaban
estrechamente asociadas con los principales mercados, lo que atrajo la
atención de los primeros españoles debido a sus similitudes percibidas
con sitios de peregrinación como Roma y La Meca (Rojas, 1927, p. 162,
como se cita en Kubler, 1984, pp. 17-18). Esta discrepancia entre los
lugares de peregrinación y las rutas comerciales puede explicarse por
la noción de que los peregrinos se sienten atraídos por lugares donde se
reclama, o se revela la presencia divina (Kotting, 1950, como se cita en
Kubler, 1984, pp. 17-18).
El viaje de peregrinación, caracterizado por pruebas físicas y encuentros,
transforma al peregrino en un extranjero (peregrinus), culminando en
una experiencia sagrada al regreso (Dupront, 1972, p. 729, como se cita
en Kubler, 1984, pp. 17-18). Sahagún describió las principales rutas
de la Nueva España, destacando varios tipos de caminos asociados
con diferentes terrenos y condiciones, desde simples senderos hasta
calzadas
fi
namente construidas. Este inventario vial es analizado por
Castillo Farreras (1969, como se cita en Kubler, 1984, pp. 17-18), quien
resalta la complejidad técnica de dicha infraestructura en el Libro 11 de
la obra original.
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2.4. La peregrinación: signi
fi
cado para los Mayas
Los mayas tienen características especí
fi
cas sobre su religiosidad y
protocolos de peregrinación. Palka (2014, pp. 5-6) argumenta sobre tres
aspectos clave de la cultura maya que son signi
fi
cativos al considerar los
paisajes rituales mayas y la peregrinación.
En primer lugar, el estudio de la peregrinación maya exige comprender la
intersección de los paisajes rituales y la religión en Mesoamérica. Estos
paisajes, a menudo marcados por características naturales notables, sirven
como morada para deidades que tienen poder sobre aspectos esenciales de
la vida, como la lluvia, la comida y la salud. Estos sitios deben ser visitados
y honrados para que se liberen sus energías que sustentan la vida. Sin
embargo, también se consideran potencialmente peligrosos y, por lo tanto,
están separados de los asentamientos humanos (Palka 2014, pp. 5-6).
En segundo lugar, a diferencia de otras partes del mundo con unos pocos
centros de peregrinación importantes, Mesoamérica posee innumerables
santuarios de peregrinación, lo que re
fl
eja una “cultura de peregrinación”
generalizada donde las visitas a los santuarios son parte integral de la vida
diaria. Además, la peregrinación mesoamericana, particularmente entre
los mayas, es a menudo obligatoria en lugar de voluntaria, arraigada en
acuerdos con fuerzas espirituales destinadas a mantener el orden cósmico
y el bienestar comunal (Palka 2014, pp. 5-6)
En tercer lugar, la peregrinación en este contexto cultural se cruza con
las dinámicas sociopolíticas, in
fl
uyendo en la identidad, las estructuras
de poder político y la economía. Las élites y las
fi
guras religiosas
masculinas suelen supervisar las peregrinaciones, gestionando las
actividades económicas relacionadas, como el comercio, los banquetes y
la producción de artículos rituales. Así, el establecimiento de santuarios
de peregrinación dentro de los paisajes rituales territoriales se convierte
en un medio para que los líderes políticos y religiosos consoliden su
poder e in
fl
uencia (Palka 2014, pp. 5-6).
Herman Konrad destaca que la frase maya u ximbal ek’ob, que se
traduce como “el peregrino”, tiene un doble signi
fi
cado, indicando tanto
“paso” como “curso de las estrellas”. Este doble signi
fi
cado insinúa un
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paralelismo en su comprensión de los patrones cíclicos, evidente tanto en
los movimientos celestes como en el viaje ritual de peregrinación dentro
de las civilizaciones americanas (Millones, 1991, p. XV).
2.5. La peregrinación: signi
fi
cado para los Nahuas
El cronista del siglo XVI, Fray Diego Durán, dejó una de las descripciones
más detalladas sobre una peregrinación prehispánica nahua. Esta tenía
lugar durante la
fi
esta de Huey Tozoztli, dedicada —según Durán— a
Tláloc, dios de la lluvia, el rayo y las tormentas; aunque Sahagún atribuye
la festividad al dios del maíz tierno, Cinteotl. El santuario principal
de Tláloc se ubicaba en la cumbre de un monte al sureste de Texcoco,
conocido como Tláloc, Tlalocatepetl o Tlalocan. Durán no presenció la
peregrinación, pero ascendió a la montaña y vio las ruinas del templo,
y reconstruyó el ritual a partir de los testimonios de quienes aún lo
recordaban (Sandstrom y Effrein Sandstrom, 2023, pp. 316-319).
El monte poseía una gran explanada amurallada visible desde lejos y
un recinto de madera donde se encontraba el ídolo principal de Tláloc,
rodeado de pequeñas imágenes que representaban los cerros circundantes.
Cada año, el 29 de abril, reyes, nobles y señores de toda la región acudían
con ofrendas para pedir buenas cosechas. Se sacri
fi
caban niños en honor
al dios y se ataviaban las imágenes con mantos, joyas y plumas preciosas.
Se depositaban grandes cantidades de comida y bienes nuevos —ollas,
canastas, panes, guisos y cacao— que después eran resguardados por una
guardia armada hasta que se deterioraban y se enterraban. Al
fi
nalizar,
los participantes descendían para bendecir las aguas de lagos, ríos y
manantiales (Sandstrom y Effrein Sandstrom, 2023, pp. 316-319).
Durán señala además que muchas de estas prácticas —ofrendas de
alimentos, plegarias por lluvias, veneración de manantiales y montañas—
continuaban vigentes en comunidades cercanas, dedicadas especialmente
a la diosa del agua Chalchiuhcueye. Asimismo, registra que peregrinos
de lugares lejanos acudían a manantiales sagrados para cumplir votos,
depositando piedras preciosas, oro y objetos rituales, igual que hoy se
peregrina a santuarios cristianos (Sandstrom y Effrein Sandstrom, 2023,
pp. 316-319).
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Aunque la peregrinación mexica al monte Tláloc estuvo dominada por
élites y cargada de ostentación política, su estructura básica muestra
paralelos notables con las peregrinaciones nahuas contemporáneas de la
Huasteca: montañas sagradas asociadas a la lluvia y la fertilidad; cerros
menores personi
fi
cados; imágenes vestidas ritualmente; uso de sangre
sacri
fi
cial para consagrar ofrendas; abundancia de comida ritual, y altares
que se dejan desintegrar con el tiempo (Sandstrom y Effrein Sandstrom,
2023, pp. 316-319).
La continuidad cultural es evidente pese a los siglos transcurridos y las
diferencias entre una civilización estatal como la mexica y las pequeñas
comunidades actuales. Los pueblos indígenas de México —nahuas,
huicholes, tepanecas y otros— mantienen prácticas de peregrinación que
combinan tradiciones ancestrales y elementos cristianos, rea
fi
rmando
la persistencia de una espiritualidad mesoamericana centrada en la
montaña, el agua, la fertilidad y el intercambio ritual con el mundo
sagrado (Sandstrom y Effrein Sandstrom, 2023, pp. 316-319).
3. Hibridez e hibridación
Al hablar de la misión de convertir a los “naturales” o pueblos originarios
del “nuevo mundo”, es importante discutir una propuesta teórica o un
concepto que explica cómo la interacción de dos culturas crean una
nueva, y es el concepto de hibridez o hibridación. La hibridez es un
signo del poder colonial y la dinámica de sus fuerzas cambiantes, una
inversión estratégica del proceso de dominación a través del rechazo,
es decir, la creación de identidades discriminatorias que refuerzan
la identidad de la autoridad (Bhabha, 2007, p. 159, como se cita en
Stockhammer, 2012, p. 45).
La hibridación es la transición del encuentro al entrelazamiento relacional
caracterizada por los cuatro aspectos de Hahn, es decir, la apropiación,
la incorporación, la objetivación y la transformación: el objeto se
convierte en una posesión personal, se clasi
fi
ca dentro de los sistemas
de clasi
fi
cación locales, se conecta con ciertas prácticas y se le atribuye
un nuevo signi
fi
cado (Hahn, 2004, como se cita en Stockhammer, 2012,
p. 50).
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En arqueología, la hibridación completa se restringe a un material
cultural en el cual se puede observar que no predomina completamente la
in
fl
uencia de una cultura extranjera (Feldman, 2006, p. 30, como se cita
en Stockhammer, 2012, p. 52).
4. Evidencia etnohistórica sobre peregrinación y cuerpos de agua en
El Salvador
Durante la colonia, se registraron diversos relatos sobre el uso de lugares
sagrados, entre ellos cuerpos de agua, donde se realizaban prácticas
religiosas y peregrinajes; a continuación, se discutirán los casos más
emblemáticos de la región.
Figura 3. En el siglo XVI, la región fronteriza entre El Salvador, Guatemala y
Honduras presentaba una gran diversidad étnica y lingüística. Entre los grupos
destacados se encontraban los de origen maya, como poqomames y ch’orti’, así
como los pipiles (de
fi
liación nahua) y los xincas (Amaroli, 1979).
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4.1. La laguna de Uxaca Grande: El lago de Güija
Diego García de Palacio, en su Carta de Relación al rey de España Felipe
II, fechada el 8 de marzo de 1576, proporciona detalles adicionales sobre
“otro” importante sitio religioso conocido como la laguna de Uxaca
Grande (García de Palacio, 1576, como se cita en Duarte Landero,
2020, pp. 69-71)probablemente correspondiente al lago de Güija en
Metapán, desde el cual se origina uno de los a
fl
uentes principales al río
Lempa (García de Palacio, 1576, como se cita en Duarte Landero, 2020,
pp. 69-71).
Documenta la presencia de dos peñas donde los indígenas realizaban sus
rituales de sacri
fi
cio e idolatrías (García de Palacio, 1576, como se cita
en Duarte Landero, 2020, pp. 69-71). Mictla, un lugar a tres leguas de
distancia de este sitio, se destaca como un lugar de importante devoción
para los indios pipiles, los chontales y otros grupos indígenas que hablan
diferentes lenguas (García de Palacio, 1576, como se cita en Duarte
Landero, 2020, pp. 69-71).
Figura 4. Mención de la laguna de Uxaca Grande, por Diego García de
Palacio (García de Palacio, 1576, como se cita en Duarte Landero, 2020, pp.
69-71).
La estructura jerárquica y las prácticas sacri
fi
ciales especí
fi
cas también
son descritas por García de Palacio, con la máxima autoridad conferida al
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señor indígena (García de Palacio, 1576, como se cita en Duarte Landero,
2020, pp. 69-71). El liderazgo espiritual se atribuye a un sacerdote
conocido como Tecti, que empuñaba una vestimenta (“toga”) azul, una
cresta adornada con plumas de quetzal y un báculo parecido al de un
obispo.
Otra
fi
gura prominente, denominada Tehu a matlini, es descrita como el
hechicero más destacado, poseedor de experiencia en literatura y artes, y
capaz de profetizar presagios (García de Palacio, 1576, como se cita en
Duarte Landero, 2020, pp. 69-71). Además, García de Palacio menciona
a cuatro sacerdotes conocidos como «Teuphqui», que formaban parte
del consejo central, ataviados con túnicas de varios colores, incluyendo
negro, verde, posiblemente rojo y amarillo (García de Palacio, 1576,
como se cita en Duarte Landero, 2020, pp. 69-71).
La estructura jerárquica también incluye un mayordomo responsable de
las joyas y la parafernalia sacri
fi
cial, encargado de extraer los corazones
de las víctimas sacri
fi
ciales, así como músicos especializados que
convocaban a testigos para observar los sacri
fi
cios (García de Palacio,
1576, como se cita en Duarte Landero, 2020, pp. 69-71).
Entre las deidades y rituales documentados por García de Palacio, se
destaca la reverencia al sol naciente, junto con un panteón con una
dualidad hombre-mujer representada por Quetzalcóatl e Itzqueye, a
quienes se dedicaban todos los sacri
fi
cios, dependiendo de la fecha del
calendario (García de Palacio, 1576, como se cita en Duarte Landero,
2020, pp. 69-71).
Se observan dos grandes sacri
fi
cios anuales, uno al comienzo del invierno
(comienzo de la estación lluviosa) y el otro al comienzo del verano
(conclusión de la estación lluviosa y comienzo de la estación seca). Estos
rituales tenían lugar dentro de la “casa de oración”, donde las víctimas
del sacri
fi
cio, niños de entre seis y doce años, podían ser “bastardos” o
descendientes legítimos (“nacidos entre ellos”) (García de Palacio, 1576,
como se cita en Duarte Landero, 2020, pp. 69-71).
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Figura 5. Mapa del viaje de Diego García de Palacio en 1576 (Duarte Landero,
2020, pp. 29).
4.2. Etnohistoria sobre otros cuerpos de agua y ritualidad en
El Salvador
Los relatos registrados por Diego García de Palacio en 1576 sobre el
lago de Coatepeque y la descripción de los ritos antiguos en el lago
de Ilopango registrada por Brasseur de Bourbourg en 1854. Todos
estos relatos fueron seleccionados debido a su geografía como parte
del registro sobre la religiosidad nahua-pipil de El Salvador y debido
a la posible importancia en la comprensión de lugares signi
fi
cativos y
paisajes rituales en El Salvador.
4.2.1. Lago de Coatepeque, 1576
En 1576, durante la visita de García de Palacio, 52 años después de la
invasión española, parece que en algunos lugares había una autonomía
en las prácticas religiosas indígenas, entre las que relató el oráculo pipil
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de Coatán [siendo Coatan “El lugar de la serpiente”] (García de Palacio,
en Squier, 1860, p. 50) en la islas del lago de Coatepeque, hoy llamada
Isla Teopan.
Figura 6 Escultura de tipo “Potbelly” en la isla Teopán
Nota. Escultura descrita por García de Palacio en la isla
Teopán, lago de Coatepeque. Corresponde a un “barrigón”
o Potbelly. Esta es considerada la primera “excavación
arqueológica” histórica registrada en El Salvador. Adaptado
de Título del documento o informe, por P. Amaroli, 1997.
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... un pueblito llamado Coataán, en cuyas inmediaciones hay un
lago, situado en el
fl
anco del volcán [Santa Ana/Ilamatepec]. (…)
En su centro hay dos pequeñas islas. Los indios consideran este lago
como un oráculo de mucha autoridad. Creen que ningún hombre
puede soportar ver lo que contiene, y que quienquiera que lo intente
se quedará mudo y morirá de una muerte espantosa. Derivan esta
superstición de sus antiguas leyendas, (...) Me enteré de que ciertos
“negros” y “mulatos” de una hacienda adyacente habían estado allí,
y habían encontrado un gran ídolo de piedra, en forma de mujer,
y algunos objetos que habían sido ofrecidos en sacri
fi
cio. Cerca
se encontraron unas piedras llamadas chalchibitas [Jade] (...) Esta
visita desengañó a los indios viejos, y los convenció de sus errores,
al mismo tiempo que dio a entender a los indios más jóvenes y
cristianizados que las ideas relacionadas con este santuario eran tan
absurdas como las otras nociones de su paganismo...” (García de
Palacio, en Squier, 1860, pp. 53-55).
4.2.2. Lago Xilopango, 1857
Brasseur de Bourbourg visita El Salvador en 1854 en su viaje de Nicaragua
a Guatemala, en este, narra su paso por Cojutepeque y el lago Xilopango
(lago de Ilopango), donde describe a Xilopango como relacionado con el
Xilotl, el manojo de maíz tierno y debido a la fama de su templo (Brasseur
de Bourbourg, 1857, p. 11).
En Xilopango registra un rito realizado en honor a Xochiquetzal o
Tlaxcalla Matlalcueye “la dama de las faldas azules” (aclarando que
era la esposa de Tláloc) (Brasseur de Bourbourg, 1857, pp. 9-10), y se
realizaba todos los años cuando las “gavillas de maíz verde y lechoso
estaban a punto de coagularse para madurar”, en el que se elegían cuatro
niñas para ser ofrecidas en sacri
fi
cio a Xochiquetzal, eran “adornados
con ropas festivas, coronados de
fl
ores y transportados en ricos
palanquines a las orillas de las aguas sagradas donde se debía realizar el
sacri
fi
cio” (Brasseur de Bourbourg, 1857, p. 10). Brasseur de Bourbourg
también describe a los sacerdotes vestidos con túnicas y con sus cabezas
adornadas con tocados de plumas, llevando incensarios quemando copal,
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el rito se terminaba ofreciendo a las cuatro jóvenes víctimas de una roca
y precipitándolas al abismo (Brasseur de Bourbourg, 1857, p. 11).
... En el momento de realizar este rito inhumano, los sacerdotes se
dirigían a cada una de las cuatro vírgenes por turno: para ahuyentar
de su imaginación el terror de la muerte, pintaban un cuadro
sonriente de las delicias que iban a disfrutar en la compañía de los
dioses, y les recomendaban que no olvidaran la tierra que habrían
dejado. Mientras suplicaba a la deidad a la que estaban siendo
enviados que fuera favorable para la próxima cosecha... (Brasseur
de Bourbourg, 1857, p. 12).
Brasseur explica que a pesar de que en el momento de su llegada ya no
se realizaba este sacri
fi
cio, se entendió que simultáneamente, un niño no
bautizado fue ofrecido a Xochiquetzal en la entrada de una cueva en el lago,
y que “... la Diosa emerge del agua en forma de una hermosa mujer con
cuerpo de serpiente, llevándose al niño...” (Brasseur de Bourbourg, 1857,
p. 13)., entonces trató de averiguar si esto era cierto y fue a solicitar una
canoa de tronco de árbol ahuecado, donde dos nativos lo llevaron, mientras
estaban en el lago les preguntó si sabían de algún sacri
fi
cio en la temporada
anterior, mientras se negaban a hacerlo, le respondieron: “... ¿Por qué no?...
ya que era la única forma de obtener buenas cosechas, ¡y la última era tan
buena! El año anterior hubo una hambruna porque descuidaron a la señora
de la laguna...” (Brasseur de Bourbourg, 1857, p. 13).
Luego se encontró con un pescador ladino, quien le informó que descubrió
una cueva por accidente y encontró piedras superpuestas y restos de copal y
papeles quemados (Brasseur de Bourbourg, 1857, p. 13).
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Figura 7. Representación de la deidad Xochiquétzal
Nota. Xochiquétzal es identi
fi
cada como la diosa madre de los
cuatro frutos divinos: Tlatlauhqui Tezcatlipoca, Yayauhqui
Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli. Su nombre se
traduce literalmente como “Preciosa Flor”. Adaptado de Los
dioses creadores, por S. Mateos Higuera, 1992, pp. 264-265.
(Mateos Higuera, 1992: 264-265).
5. Hibridación y peregrinación prehispánica en Mesoamérica
Para el siglo XVI ya se habían hibridado las manifestaciones religiosas
en Mesoamérica, con la venida de las órdenes religiosas desde España.
En el siglo XV, la peregrinación era un componente esencial de las
prácticas religiosas aztecas, con raíces en tradiciones ancestrales. El
Códice Zouche-Nuttal registra posibles peregrinaciones desde el siglo
IV, incluyendo viajes a montañas y cuevas (Wake, 2010, como se cita
en Claassen y Ammon, 2022, p. 236). Los gobernantes de Tenochtitlan,
Xochimilco, Tlacopan, Tlaxcala, Tetzcoco y Huexotzingo realizaban
anualmente peregrinaciones al santuario de Tláloc en el monte
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Carlos Flores Mazano
homónimo. Hacia 1540, los agustinos interrumpieron la peregrinación
al santuario de Chalma, sustituyendo su altar por un cruci
fi
jo, mientras
que los
fi
eles continuaron visitando el Tepeyac para venerar a Tonantzin.
Mapas rituales como el Mapa de Cuauhtinchan No. 2 delineaban rutas
ceremoniales o de iniciación (Carrasco y Sessions, 2007, como se cita en
Claassen y Ammon, 2022, pp. 236-237).
Las similitudes arquitectónicas entre Chichén Itzá y Tula sugieren una
red de peregrinación mesoamericana que conectaba el Golfo de Yucatán
con Morelos y Xochicalco, pasando por Cholula, Tula y El Tajín (Patel,
2016; Ringle et al., 1998, como se cita en Claassen y Ammon, 2022, pp.
236-237). Quetzalcóatl/K’uku’ulkan, deidad de comerciantes y líderes,
habría tenido un papel central en estas rutas (Patel, 2016; Ringle, et al.,
1998, como se cita en Claassen y Ammon, 2022, pp. 236-237).
En Cempoala (Veracruz), las peregrinaciones a Cholula se evidencian
por la cerámica cholulteca hallada allí (Anawalt, 1981, como se cita en
Claassen y Ammon, 2022 pp. 236-237). La gran pirámide de Cholula,
dedicada a Quetzalcóatl, atrajo peregrinos de regiones distantes y fue
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comparada en importancia con La Meca y Jerusalén (Kroger y Granziera,
2012, , como se cita en Claassen y Ammon, 2022 pp. 236-237).
En el siglo XV, las sacerdotisas Ixcuiname del centro de México
introdujeron el rito de fertilidad Tlacacaliliztli o “disparo de los hombres
con
fl
echas”, en el que varones eran atados a un andamio, cruz o árbol
y luego
fl
echados (Sullivan, 1982; Torquemada, 1969; Callaway, 1990,
como se cita en Claassen y Ammon, 2022, p. 134).
Originario de los huastecos, el ritual se difundió a la Meseta Central
durante el reinado de Huémac o Quetzalcóatl hacia 1162, siendo más
tarde adoptado por los mexicas (Sullivan, 1982, como se cita en Claassen
y Ammon, 2022, pp. 134-135).
En la Nueva España del siglo XVI, la historia de San Sebastián,
atado y asaeteado, evocaba los sacri
fi
cios indígenas y las imágenes
de cruci
fi
xión (Callaway, 1990, como se cita en Claassen y Ammon,
2022, pp. 134-135). Los franciscanos, al promover el culto al Cristo
sufriente, debieron distinguir la cruci
fi
xión cristiana de las prácticas
mesoamericanas de autosacri
fi
cio, usando el cruci
fi
jo como símbolo
de piedad y devoción (Verástique, 2000, como se cita en Claassen y
Ammon, 2022, pp. 134-135).
La escasez de imágenes católicas en la Nueva España llevó a importar
fi
guras desde Europa y Filipinas: las
fi
lipinas, de mar
fi
l o mármol,
llegaban por Acapulco, y las españolas se transportaban en partes para
ensamblarse en México (Hughes, 2010, como se cita en Claassen y
Ammon, 2022, pp. 134-135).
Hacia la década de 1540 surgieron talleres locales que usaban tallos
de maguey y pasta de maíz combinados con papel, tela y madera para
crear
fi
guras ligeras (Orozco, 1970, como se cita en Claassen y Ammon,
2022, pp. 134-135). La falta de imágenes impulsó a Fray Antonio
de Roa a pedir un cruci
fi
jo en 1543, iniciando una proliferación de
representaciones de Cristo y María hacia 1580 (Hughes, 2010, p. 25,
como se cita en Claassen y Ammon, 2022, pp. 134-135).
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Los cruci
fi
jos fascinaron a los “naturales”, y se reportaron ramas con
forma de cruz o que se negaban a quemarse por su carácter milagroso
(Hughes, 2010, p. 38, como se cita en Claassen y Ammon, 2022, pp.
134-135). Estas imágenes fueron claves en la evangelización, y para
el siglo XVIII Joaquín Sardo clasi
fi
có los más venerados, como el
Señor de Chalma, el Cristo Aparecido de Totolapán y el Cristo de
Ixmiquilpan (Hughes, 2010, como se cita en Claassen y Ammon,
2022, pp. 134-135).
Entre los materiales utilizados para adornar las cruces, se encontraba
la obsidiana (Fig. 12), cuyo signi
fi
cado se extendía más allá de su
valor utilitario, entrelazándose con el paisaje, la cosmología y el mito,
alcanzando su pináculo como la deidad azteca Tezcatlipoca, conocida
como el “Señor del Espejo Humeante (Obsidiana)” (Saunders, 2001, pp.
220-2021).
Tras la conquista, el papel simbólico de la obsidiana cambió. Mientras
que los sacerdotes católicos lo veían como un mero adorno cuando se
usaba para decorar las primeras cruces cristianas, los pueblos nativos lo
veían como una continuación sincrética de las creencias precolombinas.
La importancia de la obsidiana se extiende más allá de los estudios
económicos de la producción y el comercio; su signi
fi
cado ideológico
es un nexo entre las realidades simbólicas y físicas en Mesoamérica
(Sahagún, 1950-1978, libro 6, p. 14, como se cita en Saunders, 2001, pp.
220-221).
6. Evidencia arqueológica de peregrinaje prehispánico en el lago de
Güija
Durante la época prehispánica, diferentes grupos étnicos habitaron los
alrededores de los nacimientos del río Lempa y del lago de Güija. Sobre
los sitios arqueológicos en los alrededores del nacimiento del río Lempa,
son escasos, dado que es un lugar con un terreno complicado; destaca la
cercanía relativa a Copán, uno de los principales sitios arqueológicos de
la zona.
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Sobre los sitios arqueológicos en los alrededores del Lago de Güija,
existe una gran cantidad. Es de hacer notar que muy posiblemente el
lago de Güija se formase durante el Periodo Preclásico Tardío/Clásico
Temprano y por eso es que no existen sitios super
fi
ciales asociados al
Periodo Preclásico. Entre la mitología de Metapán, cuentan que cuando
se formó el lago de Güija, quedaron sepultadas muchas poblaciones bajo
las aguas, lo cual ha dado pie a menciones de que bajo el lago “existen
iglesias”. Estos yacimientos arqueológicos fueron investigados por
medio de inmersiones por Lily Landaverde y Marlon Escamilla durante
su tesis de pregrado, pero esos resultados nunca fueron publicados
(Landaverde y Escamilla, 2021).
Sobre las poblaciones principales cerca de los nacimientos del río Lempa
y el lago de Güija, el cual es considerado como una zona discutida entre
varias etnias, donde destacan los mayas-pocomanes, maya-chortí, xincas
y los nahuas, los cuales aparentemente fueron el último grupo étnico en
llegar a la zona.
La historia del pueblo nahua estuvo profundamente relacionada con
los procesos de establecimiento y penetración de grupos en toda
Mesoamérica a través de viajes de comerciantes (pochtecas), guerras de
conquista, dispersiones, peregrinaciones y emigraciones (León-Portilla,
1972, p. 7). La movilidad es uno de los rasgos nahuas más característicos
(León-Portilla, 1972, p. 7) de ellos, y los grupos nahuas se establecieron
hasta la Península de Nicoya en Costa Rica durante el período posclásico
(León-Portilla, 1972, p. 7).
Se identi
fi
can al menos dos migraciones nahuas en los períodos Posclásico
Temprano y Tardío en la costa pací
fi
ca de El Salvador (Escamilla, 2022,
p. 80), es interesante que al menos en el período Posclásico Temprano
no hay evidencia del mismo tipo de ocupaciones en la costa pací
fi
ca de
Guatemala (Chinchilla Mazariegos, 1996, como se cita en Escamilla,
2022, p. 81), Escamilla propone dos razones para explicar esta situación:
tal vez porque hay una falta de investigación arqueológica extensa en el
área (lo que parece muy poco probable) y la segunda es que hay una falta
de geomorfología y paisaje asociados a un “tipo ideal” de representación
de lugares para mantener la memoria de su patria original como
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representación del proceso de diáspora (Escamilla, 2022, p. 81). Creo
que una tercera opción es posible: que tal vez hubo una feroz resistencia
por parte de los habitantes locales de la zona.
P. Amaroli, (comunicación personal, 2025) propone por lo menos tres
oleadas migratorias nahuas: 1. Fase Loma China, orientada al comercio
de larga distancia, 2. Fase Cihuatan y 3. Oleada del establecimiento de
los pipiles históricos; así también es posible otra oleada para establecer
el sitio de Guazapa.
En este proceso diaspórico, en los nuevos asentamientos, la diáspora
nahua-pipil construyó culturalmente el paisaje a través de metáforas;
de esta manera permitió a las personas estructurar relaciones sociales,
percepciones y crear conexiones (Whittlesey, 2009, como se cita en
Nieves Zedeño y Bowser, 200, p. 8) y crearon nuevas biografías de lugares
donde modi
fi
caron y acomodaron signi
fi
cativamente las identidades
étnicas, para mantener una continuidad material signi
fi
cativa. Estas
nuevas biografías de lugares se conectan con un cambio en las relaciones
políticas, sociales y económicas de sus nuevos usuarios (Nieves Zedeño
y Bowser, 2009, p. 9).
En la creación de estas nuevas biografías de lugares, la diáspora nahua-
pipil se enfrentó a un nuevo paisaje que de alguna manera era familiar
en las creencias mesoamericanas, en el que han identi
fi
cado cinco
clases principales de características rituales: árboles, pasos de montaña,
aberturas en la tierra (llenas de agua), montañas y rocas inusuales
(Vogt, 1981, como se cita en Palka, 2014, p. 101), estos lugares fueron
identi
fi
cados por los mayas tzotziles como importantes, pero tienen igual
de importancia en toda Mesoamérica, siendo estas creencias parte del
Núcleo Duro Mesoamericano siendo de
fi
nido como “…la decantación
abstracta de un pensamiento concreto cotidiano, practico y social que se
forma a lo largo de los siglos…” (López Austin, 2001).
Estas características rituales se asociaron con eventos históricos y míticos
y fueron el origen de los nuevos paisajes rituales, que son características del
paisaje que se asocian con la memoria social para preservar las historias,
mitos y verdades de un grupo (Feld y Basso, 1996; Moore, 2004, pp. 84-
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87). Estos paisajes rituales son importantes para el establecimiento de los
grupos indígenas, fundando sus identidades y creando los límites de su
poder político (Palka, 2014, p. 102). Son especialmente importantes para
los grupos de la diáspora, ya que los paisajes rituales crean un vínculo
con los lugares a los que llegan (Gonzalo, 1999: 258, como se cita en
Palka, 2014, p. 101).
6.1. El Alto Río Lempa: de la etnohistoria a la arqueología
La cuenca del río Lempa posee una gran cantidad de yacimientos
arqueológicos, siendo los del Alto Río Lempa los identi
fi
cados en los
alrededores de Esquipulas, Asunción Mita y Metapán; entre ellos tenemos
Igualtepeque, Azacualpa, El Cofre, Masahua, entre otros. Así también
en el Medio Río Lempa se han identi
fi
cado 22 sitios arqueológicos, los
cuales muchos quedaron sumergidos por el embalse del Cerrón Grande,
ahora conocido como Suchitlán, algunos sumergidos a una profundidad
de 243 metros (Martínez y Arévalo, 2008).
Entre los asentamientos identi
fi
cados por el Proyecto Arqueológico
Cerrón Grande, realizado por William R. Fowler, Howard Earnest,
Richard Crane, Stanley Boggs y Margarita Solís, tenemos los sitios
preclásicos: El Cocal, El Campanario, Río Grande, Los Flores. Sitios
clásicos: El Remolino, Las Guaras, El Rosario, El Perical, El Tamarindo,
El Tanque, La Boquita. Sitios Posclásicos: El Remolino, Cihuatán y
Santa María (Martínez y Arévalo, 2008).
Asimismo, se encuentran sumergidos sitios en el embalse de la Presa
15 de Septiembre, conocida también como Presa San Lorenzo, entre
los cuales destaca el sitio Loma China. Así también están otros sitios en
la cuenca media del río Lempa en El Astillero, La Laguneta, Saldo del
Coyote (Costa, 2013).
Y para el Bajo Río Lempa se registran los sitios Las Brisas, La Pintadona,
Rosas Coloradas, La Aguja, Boca del Lempa, San Marcos Lempa, Santa
Bárbara, San Simón, entre otros (Costa, 2013).
En lo que este estudio respecta, para el Alto Río Lempa en los alrededores
del lago de Güija se encuentra una alta densidad de asentamientos
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prehispánicos de los períodos Clásico y Posclásico, entre los que destacan
Igualtepeque, El Cofre y Azacualpa, este último en peligro inminente de
destrucción debido al desarrollo urbanístico y turístico de la zona.
Figura 8. Figurilla de Metapán (Valiente y Monterrosa, 1931).
Estos asentamientos fueron descritos en 1576 por Diego García de
Palacio, quien se re
fi
rió al lago de Güija como la “Laguna de Uxaca
Grande”, de la cual dijo que esta “…tiene en medio dos peñoles, en el
uno de los cuales, antiguamente los indios de aquel distrito hacian sus
sacri
fi
cios é idolatrías…” Esta descripción sugiere que este lugar podría
ser Igualtepeque, conocido como la “Isla de las
fi
guras”.
Así también, en su relato, dejó constancia del único registro conocido de
un ritual prehispánico en un asentamiento arqueológico que, según su
descripción, se realizaba al inicio y al
fi
nal de la temporada de lluvias.
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Fig. 9
Fig. 10
Figuras 9 y 10. Petrograbados con imágenes posiblemente
representando a Xipe Tótec, Igualtepeque, Metapán.
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Sobre el uso de cerámica ritual, se identi
fi
ca en la zona de Belén-
Güijat uno de los depósitos con una de las mayores densidades de
tiestos de Policromo Copador identi
fi
cados en El Salvador (P. Amaroli,
comunicación personal, 2025), marcador del periodo Clásico Tardío y de
la interacción con la ciudad de Oxwitik, hoy conocida como Copán.
Figura 11. Placa de Güija, con fecha del Periodo Clásico Temprano, circa 8.19.0.0.0
a 9.1.0.0.0, es decir, entre el 416 y el 465 CE (Houston y Amaroli, 1988).
De Igualtepeque o “Isla de las
fi
guras” —sitio arqueológico conocido
por ser una isla forti
fi
cada del periodo Clásico/Posclásico y por sus
petrograbados— es interesante destacar que estos últimos están orientados
hacia el lugar de nacimiento de los ríos Ostúa y Angue, especí
fi
camente
en la punta noreste de la isla.
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Fig. 12
Fig. 13
Figuras 12 y 13. Petrograbados con deidades serpentinas, Igualtepeque, Metapán.
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Durante la temporada de lluvias, dichos petrograbados quedan sumergidos,
lo que sugiere que podrían haber tenido la intención simbólica de visitar
el inframundo o santi
fi
car el agua. Además, al medir el nivel del agua en
relación con las piedras que contienen los petrograbados, es posible que
los antiguos pobladores pudieran predecir si la cosecha fuese próspera o
desfavorable. Es decir, es un centro ceremonial asociado a las deidades
prehispánicas del agua.
Figura 14. Petrograbado con una imagen posiblemente representando a Tláloc,
Igualtepeque, Metapán.
Entre las deidades identi
fi
cadas en los petrograbados de Igualtepeque
están Tláloc y Xipe Tótec; así también se han identi
fi
cado e
fi
gies de
Xipe Tótec y ofrendas mayas del Periodo Clásico como la Placa de Güija
(Houston y Amaroli, 1988). Otra deidad identi
fi
cada es el anillo de Ek
Chuah, deidad maya de los comerciantes (Amaroli, 2015). cabe destacar
que Ek Chuah es una deidad que se asocia con Yacatecuhtli, deidad
nahua de los comerciantes, la cual siempre se representa de color negro
cargando una cruz.
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Figura 15. Yacatecuhtli, Códice Feyervary-Mayer.
7. De España al “Nuevo Mundo”: El fenómeno del Cristo negro en
las Américas
El Cristo Negro es una representación de la pasión de Jesucristo que,
debido a sus características iconográ
fi
cas, fue un vehículo a través
del cual era posible la introducción de la nueva fe bajo conceptos que
eran conocidos en Mesoamérica, como el derramamiento de sangre.
A continuación se hará una breve reseña sobre cristos negros en el
continente americano.
7.1. Santuarios y el Cristo Negro en América Latina
Durante el siglo XV en Europa, se produjeron varios cambios
en las narrativas en torno a los orígenes de los santuarios y los
comportamientos de los peregrinos, aparentemente in
fl
uenciados por la
reorientación cultural del Renacimiento. Algunos de estos cambios se
evidencian por el establecimiento de santuarios como actos de gratitud
por parte de los individuos y un aumento notable en la importancia
otorgada a las conexiones personales entre
fi
guras veneradas en el
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cielo y personas comunes en la tierra. (Cousin, 1981, como se cita en
Lee Nolan, 1991, p. 23).
Según Lee Nolan (1991, p. 22), en América Latina se crearon 62
santuarios en el período colonial (1492-1799), de los cuales se registraron
14 santuarios en El Salvador, 12 santuarios en Guatemala y 9 santuarios
en Honduras.
Antes del siglo XIX, aproximadamente el 62 % de los santuarios
latinoamericanos —“para los que se disponía de fechas” —, se convirtieron
en lugares de peregrinación cristiana. Entre los 240 santuarios de la época
colonial con fechas de fundación identi
fi
cables, el 30 % se establecieron
en 1599, el 33 % se originaron en el siglo XVII y el 37 % se fundaron
entre 1700 y 1799. Hay relativamente pocos santuarios del siglo XIX. El
siglo XX fue testigo de una actividad signi
fi
cativa en el establecimiento
de nuevos lugares de peregrinación (Lee Nolan, 1991, p. 25).
La mayoría de los lugares de peregrinación en Europa Occidental y
América Latina se centran principalmente en el culto a un individuo
sagrado en particular. Estas
fi
guras suelen incluir a la Virgen María, a
Jesucristo o a varios santos, abarcando tanto a los santos o
fi
cialmente
reconocidos como a los considerados santos populares o personas
en proceso de canonización. (Lee Nolan, 1991, p. 26). Entre los 937
santuarios en América Latina, solo una cuarta parte (25 %) presenta
predominantemente a Cristo como el foco principal de devoción (Lee
Nolan, 1991, p. 27). Entre los siglos XVI y XVIII, hubo un claro aumento
en el establecimiento de santuarios centrados en imágenes milagrosas de
Cristo en Alemania e Iberia (Lee Nolan, 1991, p. 30).
Ciertamente, el énfasis en Cristo en Hispanoamérica re
fl
eja la in
fl
uencia
de las ideas iberogermánicas derivadas de la Reforma católica. Esta
in
fl
uencia puede haberse entrelazado coincidentemente con las
inclinaciones indígenas. Los países donde más del 28 % de los santuarios
identi
fi
cados están dedicados a Cristo abarcan desde México hasta
América Central, Panamá y se extienden a las naciones andinas de
Colombia, Ecuador y Perú (Lee Nolan, 1991, pp. 31-32).
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Además, hay indicios que vinculan directamente los cultos a Cristo con
los legados precolombinos. Algunos santuarios importantes de Cristo
americano se encuentran en áreas que alguna vez fueron sagradas para
las deidades masculinas precolombinas. Por ejemplo, el Cristo Negro
de Esquipulas en Guatemala y las imágenes milagrosas de Chalma,
Amecameca y Tlacotepec en México son ejemplos destacados (Lee
Nolan, 1991, pp. 31-32).
Además, el 52 % de los 73 santuarios reconocidos en la literatura
disponible como sitios de peregrinación tradicionales de la India están
dedicados a Cristo. Además, en América Latina prevalece la veneración
“de imágenes negras u oscuras de Cristo. Casi el 10 por ciento de los
santuarios cristocéntricos identi
fi
cados en América Latina presentan
imágenes oscuras”, con dos tercios de estas
fi
guras situadas en santuarios
reconocidos como tradicionalmente indios (Lee Nolan, 1991, pp. 31-32).
Es probable que la presencia de imágenes milagrosas del Cristo oscuro
no sea exclusiva de las Américas. Por ejemplo, el “Volto Santo”, un
cruci
fi
jo reverenciado en Lucca, Italia, ha sido venerado desde al menos
el siglo XI, con una tradición que remonta su adquisición al año 782
(Lazzarini, 1980, como se cita en Lee Nolan, 1991, p. 32). Actualmente,
esta imagen se representa con un tono de piel oscuro, aunque la duración
de la existencia de esta representación sigue siendo incierta. Además,
un cruci
fi
jo oscuro ha sido honrado en un santuario holandés desde
principios del siglo XIX, y varios cruci
fi
jos españoles también exhiben
rasgos relativamente oscuros (Lee Nolan, 1991, p. 32).
Sin embargo, en comparación con las Américas, las representaciones
oscuras de Cristo son notablemente menos comunes en Europa. Muchas
de las imágenes oscuras más antiguas parecen haber adquirido su
color oscuro algún tiempo después de su creación, lo que sugiere que
la asociación de la oscuridad con la santidad cristiana especial puede
haber surgido después del período medieval. Curiosamente, a excepción
de numerosas copias de la imagen de la Virgen de Guadalupe mexicana,
las representaciones oscuras de la Virgen parecen relativamente raras en
América Latina (Lee Nolan, 1991, p. 32).
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7.2. El Cristo Negro en Mesoamérica
La peregrinación a Xocen, donde se venera la Cruz de Piedra. Jones
(1998 p. 13; Roys, 1939, p. 5) discute la peregrinación a Xocen
o Xoken el 3 de mayo, el día de la “cruz parlante”, y ocurre en el
templo/centro de peregrinación “Cruz Tun”. La peregrinación Xoken
reúne a pobladores mayas de una amplia zona que abarca el este de
Yucatán y la vecina Quintana Roo. A través de esta peregrinación, se
renuevan las conexiones sociales entre estos individuos, reforzando su
identidad colectiva como pueblo maya dentro de la región. Además, la
participación en los ritos de renovación del mundo, centrados en el Kruz
Tun o cruz de piedra, sirve como una expresión de identidad dentro del
contexto panmaya más amplio. (Astor-Aguilera y Jarvapena, 2008, p.
500). Durante el período Posclásico Maya (950 d. C. – Contacto), el
área conocida como Xoken era un pueblo asociado con el linaje Kupul,
situado cerca del prominente centro político de Sakfwal, ahora llamado
Valladolid, Yucatán (Astor-Aguilera y Jarvapena, 2008, p. 487).
Esta región se ubicaba entre Chichén Itzá y Coba (Jones, 1998, p. 13;
Roys, 1939, p. 5, como se cita en Astor-Aguilera y Jarvapena, 2008,
p. 487). Sakfwal ejercía control sobre sus aldeas vecinas, incluidas
Xoken, Chichimila y Kanxoc, de las que recaudaba tributos (Jones,
1939, p. 19-21). En la actualidad, Chichimila y Kanxoc se encuentran
entre las comunidades más signi
fi
cativas responsables de organizar la
peregrinación a la estela de Xoken (Astor-Aguilera y Jarvapena, 2008,
p. 487).
De Cruz Tun, una deidad en una cruz, se proponen otras deidades
cruci
fi
cadas o Cristos Negros, entre los cuales, los más importantes de
Mesoamérica, tenemos al Señor de Tila, Señor de Chalma en México
y al Señor de Esquipulas en Guatemala. Chalma solía ser parte del
“cacicazgo” de Ocuilan, cerca de Malinalco, un paisaje del que se ha
dicho que fue tocado por la mano preciosa de los dioses (Guillaumin,
2002, p. 90). Los orígenes del culto a Chalma se remontan al siglo XVI,
a una famosa cueva en Chalma, donde los agustinos establecieron un
santuario. Inicialmente, una misteriosa escultura de piedra fue venerada
dentro de esta cueva hasta que fue desmantelada y sustituida por una
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imagen cristiana en 1539 (López Luján y Filloy Nadal, 2018, pp.
108-109). El jesuita Francisco de Florencia proporciona información
adicional sobre el culto anterior, quien a
fi
rmó:
Durante la era precristiana, las comunidades de Ocuila y sus
alrededores tenían en alta estima un ídolo cuyo nombre se ha
perdido con el tiempo debido a importantes cambios culturales y
religiosos. Algunos especulan que se llamaba Ostoc-Teotl, que se
traduce como ‘Dios de las Cuevas’, aunque esto sigue siendo una
conjetura (López Luján y Filloy Nadal, 2018, pp. 108-109).
Florencia relata cómo tanto los lugareños como los visitantes honraron
la escultura con ofrendas de incienso, libaciones e incluso sacri
fi
cios
de niños y animales inocentes. Otro relato sugiere que los propios
“ocuiltecas” demolieron el ídolo, lo que llevó a los agustinos a introducir
al Cristo Negro. Con el tiempo, los frailes aumentaron los adornos de la
cueva con representaciones del Arcángel San Miguel y Santa María de
Egipto (López Luján y Filloy Nadal, 2018, pp. 108-109).
En este lugar los ocuiltecas veneraban a varias deidades dentro de
los cerros y cuevas, siendo Ostoc Téotl uno de los más prominentes
(Guillaumin, 2002, p. 90). Según algunos relatos, Ostoc Téotl era una
encarnación de Tláloc, mientras que otros lo atribuyen a Tezcatlipoca.
Esta deidad, también conocida como Tepeyólotl, era considerada
como la guardiana de las cuevas y la esencia del corazón de la
tierra, de donde se originó su agua. Además, como representación
de Tláloc, simbolizaba el agua celeste. A su llegada, los frailes
agustinos encontraron desafíos en sus esfuerzos misioneros debido
a la reverencia que los nativos tenían por Ostoc Téotl en la cueva del
Cañón de Ocuilán (Guillaumin, 2002, p. 90).
López Luján y Filloy Nadal (2018, p. 108) indagan sobre quién es
exactamente Oztoteotl, que fue vagamente descrito en 1539 por el
jesuita Francisco de Florencia, dada la ausencia de cualquier deidad
conocida con este nombre y el amplio atractivo de los cultos rupestres
en Chalma (López Luján y Filloy Nadal, 2018, pp. 108-109).
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El antropólogo Miguel Othón de Mendizábal propone que
probablemente no era una deidad local, sino más bien un dios
“con un seguimiento universal entre los indígenas del centro de
México”. Otros historiadores se han aventurado a identi
fi
caciones
más especí
fi
cas, sugiriendo que podría ser el propio Huitzilopochtli,
o Tláloc, Tepeyollotl-Tezcatlipoca, o incluso Tlazolteotl. Los tres
últimos son candidatos particularmente plausibles para la sustitución
en las transiciones de culto lideradas por los agustinos (López Luján y
Filloy Nadal, 2018, pp. 108-109).
Siguiendo esta línea de pensamiento, Tezcatlipoca podría servir como
el precursor inmediato del Cristo Negro, Tláloc para el Arcángel San
Miguel y Tlazolteotl para Santa María de Egipto. La investigación
de Burkhart aporta más información, sugiriendo que Tezcatlipoca
y Tlazolteotl representaban un par de deidades responsables de
promover y absolver el comportamiento disoluto (López Luján
y Filloy Nadal, 2018, pp. 108-109). Si bien se asociaban con la
transgresión sexual, también se invocaban en los rituales de confesión
por su capacidad para otorgar el perdón y limpiar las impurezas de
aquellos que habían llevado vidas decadentes. Este doble papel
explica la asociación de Tlazolteotl con términos como “la que
come inmundicia” y su identi
fi
cación ocasional con Calmecacihuatl,
“esposa de los de Chalma” Burkhart, (como se cita en López Luján y
Filloy Nadal, 2018, pp. 108-109).
8. Hibridación y peregrinación moderna: Esquipulas y Metapán
Sobre la hibridación moderna de las deidades prehispánicas
en Esquipulas y Metapán, es decir, el proceso de apropiación,
incorporación, objetivación y la transformación de las deidades
prehispánicas por las órdenes cristianas y la creación de una
posesión personal local, o en este caso una deidad local “nueva”
(Hahn, 2004, como se cita en Stockhammer, 2012, p. 50), se
discutirá sobre este circuito de peregrinaciones asociadas a los
cuerpos de agua de Esquipulas y Metapán.
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8.1. Lugar de peregrinación: Esquipulas, Guatemala
Figura 16. Peregrinos dirigiéndose al Santuario del Señor de Esquipulas desde
Metapán. (Rescatado de Harvard Peabody Museum, Lothrop, 1927).
Esquipulas se encuentra en la región montañosa del Departamento
de Chiquimula en Guatemala; en él se encuentra el nacimiento del
río Lempa y uno de los a
fl
uentes tributarios del río Motagua, siendo
el a
fl
uente principal del Motagua en El Quiché. Esquipulas está en
el centro de la cuenca hídrica tanto para el mar Caribe como para el
océano Pací
fi
co. El Lempa
fl
uye hacia el sur a través de El Salvador,
mientras que el Motagua
fl
uye hacia el Caribe. El valle de Olapa, con
una extensión aproximada de 45 km
2
, se caracteriza por su terreno
de valle plano aguas arriba, con el río Olapa como principal a
fl
uente
del Lempa. Separado por montañas que alcanzan los 1,160 metros
de altura, el Shutague, un a
fl
uente del Motagua, se encuentra al
oeste, formando un paso natural históricamente atravesado por los
habitantes (Davidson, 2014, p. 10).
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Figura 17. Santuario del Señor de Esquipulas. (Rescatado de Harvard Peabody
Museum, Lothrop, 1927).
8.1.1. Aspectos políticos y económicos de Esquipulas
La etimología del nombre Esquipulas ha sido abordada por diversos
autores, entre ellos el cronista Antonio de Fuentes y Guzmán, Jorge
Luis Arriola y Gabriel Castañeda. Este último, en su estudio titulado
Esquipulas, interpreta el topónimo como “donde las manos labran y reza
la obsidiana” (Pinto Morán, 2012, p. 14).
Según Castañeda, el nombre deriva de los vocablos náhuatl itz (obsidiana),
cuitl (hablar, cantar o rezar) y poloa (manos, que según su posición puede
signi
fi
car construir o destruir). Esta propuesta etimológica es el resultado
de una inferencia elaborada por el autor tras consultar el diccionario
de Peña
fi
el Pinto Morán (2012, p. 14). Arriola, en el Diccionario
Enciclopédico de Guatemala (Tomo I, p. 392), interpreta el nombre
Esquipulas como “lugar donde abundan las
fl
ores”. Señala que el término
proviene de isquitl, una variante de itquitzúchil (
fl
or), acompañado de
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los su
fi
jos pal o la, lo que en conjunto daría el signi
fi
cado de “tierras
fl
oridas” (Pinto Morán, 2012, p. 13).
Figura 18. Grabado de Esquipulas (Lloyd Stephens, 1840).
Antes de la llegada de los españoles, Esquipulas formaba parte del
Señorío Ch’orti’, integrado en el reino Payaquí, cuya capital se
encontraba en Copán (Pinto Morán, 2012, p. 14). Esquipulas se ubicaba
a pocos kilómetros al sur de la actual villa de Quezaltepeque, justo a
medio camino entre Copán, al este, Mitlan (Asunción Mita), al suroeste,
y Metapán, al sur. (Diccionario Geográ
fi
co de Guatemala, 2002, como se
cita en Pinto Morán, 2012, p. 14).
El asentamiento se ubicaba en una amplia planicie rodeada de cerros.
Para comprender mejor el paisaje geográ
fi
co de Esquipulas, resulta
útil considerar la descripción del presbítero Domingo de Juarros, quien
señala que la región consiste en una extensa llanura circundada por
un semicírculo de montañas conocidas como La Brea, El Bolillo, San
Isidro, El Olvido, Montecristo y otras montañas sin nombre. Entre estos
cerros destacan Montecristo (cuyo nombre en náhuat, maya o xinca se
desconoce), donde se encuentra el mojón Tri
fi
nio, y El Brujo, punto
donde convergen las fronteras de Guatemala, Honduras y El Salvador
(Pinto Morán, 2012, p. 13).
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Diversos ríos y arroyos atraviesan esta llanura,
fl
uyendo hacia las vertientes
del Atlántico y del Pací
fi
co. Esquipulas, situada sobre una meseta a unos
965 metros sobre el nivel del mar, disfruta de un clima templado y estable,
sin variaciones bruscas de temperatura (Pinto Morán, 2012, p. 13).
En este punto estratégico surgió un importante centro ceremonial que, aun
careciendo de templos construidos, poseía en su plaza cuatro majestuosas
ceibas, cuyo profundo simbolismo confería un notable prestigio sagrado
dentro de las tradiciones indígenas (Diccionario Geográ
fi
co de Guatemala,
2002, como se cita en Pinto Morán, 2012, p. 14).
Las ceremonias comunitarias se realizaban bajo la sombra de estos
árboles, en el periodo comprendido entre el solsticio de invierno y el
equinoccio de primavera. La ceiba, de enorme relevancia para los mayas,
representaba su concepción del cosmos, entendido como tres niveles
fundamentales: la bóveda celeste, el mundo terrestre y el inframundo.
En esta visión, la ceiba —conocida como yaxché— desempeñaba un
papel primordial: se creía en la existencia de cinco árboles mitológicos,
de tamaño colosal, que brotaban de la tierra y sostenían el cielo, situados
en los cuatro rumbos cardinales y en el centro (Diccionario Geográ
fi
co
de Guatemala, 2002, como se cita en Pinto Morán, 2012, p. 14).
Hoy en día, el pueblo maya continúa atribuyendo a los árboles abuelos
un carácter sagrado; estos son considerados testigos vivos de las acciones
humanas (Diccionario Histórico Biográ
fi
co de Guatemala, 2002, como
se cita en Pinto Morán, 2012, p. 14).
La Feria de Enero en Esquipulas fue estudiada por Pinto Morán (2012)
en el periodo de 1770 a 1845, destacando las transformaciones políticas,
económicas y sociales que marcaron su desarrollo. La investigación
demuestra que la feria surgió paralelamente a la festividad religiosa
del Señor de Esquipulas, con el propósito de atender las necesidades
materiales de los peregrinos atraídos por el culto al Cristo Negro. Su
crecimiento estuvo in
fl
uido por la posición geográ
fi
ca estratégica de
Esquipulas, cercana a rutas comerciales del Atlántico y a las fronteras
con El Salvador y Honduras (Pinto Morán, 2012, p. 14).
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Dicha investigación se estructura en tres apartados: el primero abordando
los fundamentos históricos del pueblo y su relación con la religiosidad;
el segundo analiza la organización de la feria, el papel del Ayuntamiento
y los con
fl
ictos de poder surgidos en torno a su administración; el tercero
examina la dinámica comercial, los tipos de comerciantes, los productos
intercambiados y los efectos de las crisis económicas y políticas regionales
(Pinto Morán, 2012, p. 14).
La feria alcanzó su mayor esplendor antes de la Independencia, pero
posteriormente decayó debido a la crisis del añil, las guerras civiles y el
surgimiento de nuevos puertos en el Pací
fi
co. Pese a ello, la feria dejó
una profunda huella cultural y económica en la historia de Esquipulas
(Pinto Morán, 2012, p. 14).
8.1.2. El Señor de Esquipulas
Davidson (2014, p. 10). reconoce al Señor de Esquipulas como una deidad
relacionada con el nacimiento de dos ríos principales en Centroamérica:
Lempa y Motagua.
Figura 19. Señor de Esquipulas, 24 de octubre de 2025 (Flores Manzano, 2025).
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Esquipulas tiene una importancia signi
fi
cativa debido a la presencia de
una e
fi
gie cristiana: una talla de cedro rojo de Cristo suspendida de una
elaborada cruz dentro de una vasta basílica situada inesperadamente en
un lugar rural remoto de Guatemala. Al igual que las veneradas imágenes
negras u oscuras de Europa, el Cristo de Esquipulas se considera
milagroso (Davidson, 2014, p. 10).
El cruci
fi
jo representa la última iteración de una tradición que se remonta a
la talla original en 1595, con descripciones anteriores que señalan tamaños
variables que van desde diminutos hasta ligeramente más pequeños que el
tamaño natural. A pesar de estas ligeras discrepancias en las dimensiones,
la forma exacta y el material de la estatua original siguen siendo inciertos.
Dada la reproducción generalizada de esta estatua en otras regiones, el
Cristo Negro moderno de Esquipulas sirve como modelo de lo que puede
denominarse como la “tradición esquipuleana”, con e
fi
gies de Cristo
en América Central que suelen compartir características morfológicas
similares (Davidson, 2014, p. 10). La tradición esquipuleana tiene 6
elementos distintivos:
...1) La
fi
gura es negra, o de un tono marrón muy oscuro, 2) La
cabeza de Cristo está inclinada hacia abajo y hacia la derecha, 3) El
pie derecho descansa sobre el izquierdo y un solo clavo atraviesa
ambos pies, 4) El lado derecho está herido y sangrando, 5) Lleva
un paño atado alrededor de su cintura, cuyo nudo está casi siempre
sobre la cadera izquierda de Cristo, 6) La inscripción INRI aparece
en la parte superior de la cruz... (Davidson, 2014, p. 10).
La peregrinación moderna a Esquipulas ocurre el 15 de enero, el día del
Señor de Esquipulas; otra peregrinación ocurre en Pascua (Davidson
2014: 20). En la época colonial, Esquipulas estaba ubicada dentro de una
región de habla, Ch’orti situada en la periferia sureste de la cultura maya
clásica (Guillaumin, 2002, pp. 89-92). En la actualidad, la población
Ch’orti’ se limita a un puñado de aldeas al norte de Esquipulas, ubicadas
en el departamento de Chiquimula, Guatemala, incluyendo Carnotín,
Jocotán, La Unión y Olopa (Guillaumin, 2002, pp. 89-92).
La comunidad Ch’orti de Jocotán se embarca en una peregrinación
a Esquipulas cada enero, regresando el 15 del mismo mes, cuando se
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dedican importantes ofrendas al Espíritu de la Tierra, considerado por los
Ch’orti como la encarnación indígena de la tierra, la fertilidad del suelo,
el crecimiento de las plantas y la abundancia general (Guillaumin, 2002,
pp. 89-92). Al llegar a Esquipulas, los peregrinos presentan ofrendas al
“milagroso” Señor de Esquipulas, representado por una réplica de bronce
que los Ch’orti creen que reemplaza al Cristo Negro original (Guillaumin,
2002, pp. 89-92). (Este argumento puede ser discutido, ya que se sabe
que el Señor de Esquipulas está hecho de madera).
Similar a las tradiciones observadas en Tila, los peregrinos en Esquipulas
pasan detrás de la imagen de Cristo cruci
fi
cado, dejando contribuciones
monetarias y velas a sus pies. Después de regresar a Jocotán el 15 de
enero, los peregrinos Ch’orti realizan una serie de ofrendas signi
fi
cativas
al Espíritu de la Tierra, subrayando el vínculo entre el ícono cristiano y
el Señor precolombino de la Tierra. Existen notables paralelismos entre
las ceremonias realizadas por los choles en Tila y las dirigidas por los
chortíes en Esquipulas. En Tila, la imagen del Cristo Negro descansa
sobre una plataforma en lo alto del altar mayor de la iglesia, a la que
se accede a través de rampas laterales ubicadas en la parte trasera de la
iglesia, que conducen a un corredor situado detrás y justo debajo de la
imagen, donde los peregrinos pueden interactuar con el icono sagrado
tocándolo, permitiendo que los niños lo besen o toquen, o dejando las
prendas unidas a la cruz o la tela que la cubre (Guillaumin, 2002, pp.
89-92).
En Esquipulas, la veneración de la imagen se alinea con el modelo
de Santiago de Compostela, establecido en el norte de España
(Guillaumin, 2002, pp. 89-92). La imagen de Santiago, venerado como
el conquistador de los moros y el santo patrón de España, ha atraído a
los peregrinos desde la época medieval (Guillaumin, 2002, pp. 89-92).
En Esquipulas y Tila, la tradición de ofrecer oraciones al espíritu de
la Tierra por el bienestar de los miembros de la familia ha pasado a la
adoración del Cristo Negro, conocido como el Señor de Esquipulas, y
en México al Señor de Tila, respectivamente. Los peregrinos indígenas
regresan del lugar de peregrinación a los santuarios locales dedicados al
Señor de la Tierra, donde ofrecen oraciones y homenajes (Guillaumin,
2002, pp. 89-92).
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Figura 20. Peregrinos orando frente al Señor de Esquipulas. (Rescatado de Harvard
Peabody Museum, Lothrop, 1927).
Figura 21. Peregrinos en Esquipulas, 30 de enero de 1978, mi tío Iván, mi madre, mi
abuela Estela y mi tío Tony. (Fotografía tomada por Milton Manzano, 1978).
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Por ejemplo, los Choles de Tumbalá visitan una cueva en Joloniel en su
camino de regreso de la peregrinación del Corpus Christi a Tila. Esta
amalgama de creencias precolombinas y cristianas ve la imagen de
Cristo mezclándose con el dueño de la Tierra, el guardián de las almas
y proveedor de prosperidad y salud (Guillaumin, 2002, pp. 89-92). Esta
tradición híbrida, arraigada en el culto a una deidad de las cavernas desde
la época precolombina, coexiste con la fe cristiana sin contradicción para
los creyentes. Como señaló George M. Foster, los devotos indígenas
pasan de la misa a adorar ídolos paganos en las colinas, donde ofrecen
comida y queman incienso de copal (Guillaumin, 2002, pp. 89-92).
Mirando en los alrededores del asentamiento y la basílica del Señor
de Esquipulas, el vecino paisaje sagrado de Esquipulas está lleno de
actividades y elementos culturales ligados a la sacralidad de la zona.
Sorprendentemente, en el cercano valle de Olapa, los mayas chortí
realizan un ritual en honor a los santos itinerantes, incluidos tres santos
asociados con Esquipulas: Santiago Esquipulas, San Felipe de Esquipulas
y la Santa Cruz de Esquipulas. Estos santos sirven como puntos focales
para las cofradías (hermandades religiosas) que organizan y
fi
nancian
ceremonias locales (Davidson, 2014, p. 23).
Llevadas por los peregrinos, pequeñas imágenes de madera de estos santos
des
fi
lan por el municipio, y las comunidades an
fi
trionas proporcionan
comida, bebida y alojamiento a la procesión. Además, a menos de
4 km de Esquipulas se encuentra la Piedra de los Compadres, famosa
por una leyenda que relata la transformación de dos padrinos en piedra
debido a un acto sexual prohibido cometido allí por dos hombres. Los
peregrinos modernos apedrean las rocas a su paso. Junto a la Piedra de
los Compadres, pequeñas cavidades en la piedra sirven como espacios
para quemar copal, plumas y hojas, así como para plantar áloe, lo que se
suma a la importancia espiritual de la zona (Davidson, 2014, p. 23).
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Figura 22. Piedra de Los Compadres, Chiquimula. (Rescatado de https://aprende.
guatemala.com/cultura-guatemalteca/leyendas/leyenda-de-la-piedra-de-los-
compadres/).
Numerosas cuevas se encuentran en el paisaje circundante del valle de
Esquipulas, cerca de una mina de arcilla comestible en la región, donde la
geofagia, la ingestión de tierra por parte de los humanos, forma una de las
conexiones más esenciales entre la humanidad y la tierra. Esta práctica,
prevalente en todo el mundo, a menudo se relaciona con el embarazo y
los problemas digestivos y era común entre las poblaciones antiguas de
México y América Central, conocida en náhuatl como «tizatl» (solo se
escucha tiza en la zona no «tizatl») o “tierra blanca” (Davidson, 2014, pp.
26-27).
En Esquipulas, sin embargo, esta actividad adquiere una dimensión
religiosa. A lo largo de los siglos, los sacerdotes locales han acumulado,
moldeado y santi
fi
cado depósitos de arcilla
fi
na antes de ser presentados a
los peregrinos como “tierra santa” en forma de pequeñas tablas sagradas,
conocidas por varios nombres como “tierra blanca” o “pan del Señor”.
Estas tablillas, debido a su consumo generalizado, han entrado incluso
en el sistema de mercado más allá de Esquipulas, como señaló Borhegyi,
quien consideró la práctica de la geofagia como un factor contribuyente a
la expansión del culto a Esquipulas, con arcilla comestible de Esquipulas
que se comercializaba en varios lugares distantes como Flores, Santa
Lucía y Mitla —¿Asunción Mita?— (Davidson, 2014, pp. 26-27).
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Figura 23. Tizatl o “Pan del Señor”. Tablilla de tierra blanca ingerida ritualmente.
Parte de la geofagia relacionada con el Señor de Esquipulas. (Recuperado de https://
museumofedible.earth/product/pan-de-dios/).
Muchos santuarios dedicados al Señor de Esquipulas tienen vínculos
reales o legendarios con cuevas, manantiales u otros fenómenos
naturales que recuerdan a la deidad precolombina de la tierra. Por
ejemplo, se cree que el santuario en Guatemala está situado cerca de
un manantial famoso por su barro curativo, mientras que un santuario
secundario se formó en un nivel similar a una cueva. Del mismo modo,
los santuarios de Tila y Chalma en México están asociados a cuevas; a
principios de la época colonial, Chalma adoraba a un dios de las cavernas
llamado Ostoc Teotl (Guillaumin, 2002, pp. 89-92). En el santuario de
Chimayo en Nuevo México, hay un depósito de lodo curativo. Además,
la imagen de Esquipulas en Zinacantán, Chiapas, fue descubierta en una
cueva sagrada y está vinculada a la sal extraída de las salinas cercanas,
utilizada en rituales desde la época precolombina (Guillaumin, 2002,
pp. 89-92).
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8.2. Lugar de peregrinación: Metapán, El Salvador
Metapán es un caso excepcional de peregrinación en la zona, siendo
Metapán el pueblo que sube en prominencia durante el periodo
colonial (1524–1821), cuya economía radicaba en la minería de hierro,
destacándose la producción de añil, azúcar, hierro (Dawson, 1890), y
cal. Metapán fue el principal proveedor de hierro en toda la Capitanía
General de Guatemala, o Reino de Guatemala, abasteciendo tanto
materiales agrícolas como machetes y cumas, así como de armamento
de guerra, incluidos cañones, trabucos y arcabuces. La economía del
hierro de Metapán ha sido ampliamente estudiada (Fernández Molina,
2005; Erquicia Cruz, 2007; Erquicia Cruz, 2011; Pasasin Argueta, 2017;
Castellón French, 2023).
La relevancia de la siderurgia de Metapán se incrementó a partir de
1674, cuando Marcelo Flores de Mogollón descubrió minas de hierro
en la región. Entre sus otras industrias, existían una fuerte producción y
comercio de pescado (Fuentes y Guzmán, 1933; Juarros, 1937; MNDJG,
1973, como se cita en Amaroli, 1979, p. 13).
Metapán, del náhuat Met(l)-apan —”en el agua de las piedras de
moler” o “río de metates/piedras de moler”—, derivado de metat
(metate/piedra de moler) + apan (agua/río), adaptado al náhuat según
Membreño (1908, p. 34).
8.2.1. Templos coloniales de Metapán
Metapán cuenta con tres templos principales: el Templo de San Pedro
Apóstol y el Templo de El Calvario o del Señor de Ostúa, y el abandonado
Templo de Ostúa en las orillas del lago de Güija.
El Templo de San Pedro Apóstol fue el proyecto más ambicioso y
monumental de la región (Occidente de la Provincia de San Salvador)
(Guerra Trigueros, 1938, pp. 272). posiblemente
fi
nanciado por el
auge de la industria del hierro en las primeras tres décadas del siglo
XVIII. Durante la época colonial, este templo fue el más suntuoso de la
Provincia de San Salvador, descrito como el edi
fi
cio más noble y de estilo
más puro construido en El Salvador (Guerra Trigueros, 1938, pp. 272.)
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Erigido en 1743 (Juan José Figueroa, Comunicación personal, 2025).
destaca por su sobresaliente arquitectura y manifestaciones artísticas,
especialmente los murales que antaño adornaban el interior de la nave
central y la sacristía. Según la tradición popular, estos murales fueron
cubiertos con pintura por orden de un sacerdote, quien consideró que
distraían a los feligreses durante las misas Valiente y Monterrosa (1931).
Figura 24. Templo de San Pedro Apóstol, Metapán. 3 de enero de 2025 (Flores
Manzano, 2025).
Entre los murales destaca la imagen de la cruci
fi
xión de Jesús, con
dos vides emanando de cada mano cruci
fi
cada, así como dos corderos
acompañando la imagen a los pies de Cristo. Esta pintura está rodeada
por tres emblemas heráldicos relacionados con las “armas de Cristo”
o “Strumenti di Passione” (instrumentos de la pasión) denominados
“Scutum Salvationis” (el escudo de la salvación), siendo utilizados
por primera vez alrededor de 1240 por los Grey Friars de Cambridge
(Saporiti, 2010, p. 17).
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Figura 25. Mural, técnica secco, Cruci
fi
xión, circa siglo XVIII, Sacristía, Templo de
San Pedro Apóstol, Metapán (Flores Manzano, 2025).
26) 27) 28)
26) “Strumenti di Passione” o “Scutum Salvationis” (el escudo de la salvación) 1240 CE
(Saporiti, 2010, p. 17). 27) Detalle, mural de Cruci
fi
xión, Templo de San Pedro Apóstol,
Metapán (Flores Manzano, 2025). 28) Detalle, Virgen de la Inmaculada Concepción
con sus Santos Franciscanos, pintura atribuida a Diego Quispe Tito, 1675, Perú, Denver
Art Gallery (Flores Manzano, 2025).
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8.2.2. Templo de El Calvario: El Señor de Ostúa
El santuario del Señor de Ostúa se localizaba originalmente entre los ríos
Angue y Ostúa, al oeste de la actual ciudad de Metapán. Este templo fue
trasladado al Templo del Calvario a mediados del siglo XVIII debido a
que el templo original quedó dañado, posiblemente por la inundación de
Ostúa entre 1734 y 1740 o la destrucción sísmica de 1733 (Erquicia Cruz,
2007).
Figura 29. Portada, Templo del Señor de Ostúa, Metapán. (Créditos al autor, sin fecha,
tomada de Reminiscencias de El Salvador).
Se propone en este trabajo que esta población se movió a consecuencia
del boom de la minería de hierro durante las primeras tres décadas del
siglo XVIII en Metapán, y estas obras monumentales servirían para crear
símbolos que uni
fi
caran a la población en torno a la minería de hierro.
Existe el antecedente del movimiento de poblaciones completas en el
Reino de Guatemala durante la colonia al mover la primera fundación de
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Santiago de los Caballeros de Guatemala de Iximché primero al Valle de
Almolonga y posteriormente al Valle de la Ermita entre 1542 y 1773. Lo
mismo sucedió con la Villa de San Salvador, la cual ocupó el Valle de La
Bermuda entre 1528 y 1545 y fue trasladada del Valle de Salcoatitán en
1545 hasta la actualidad. Investigaciones arqueológicas podrían ayudar
a elucidar la cuestión de la desaparición del asentamiento en Ostúa y el
origen de los templos de Metapán.
8.2.3. Fiesta de El Señor de Ostúa
El “Señor de Ostúa” es una escultura de Cristo cruci
fi
cado que se
encuentra en el Templo de “Nuestro Señor de Ostúa, El Calvario” en
Metapán, El Salvador. El Señor de Ostúa se ubicaba originalmente en los
“pueblos de indios” de Angue y Ostúa; algunos relatos mencionan que se
llamaba Santiago Metapán (Lardé y Larín, 2018, pp. 261-263).
… Los pueblos de Angue y Ostúa existieron después de la conquista
de los españoles; pero de ellos sólo los vestigios de sus templos y
dos imágenes de Cristo Cruci
fi
cado que aún se conservan en esta
Villa (de Metapán) venerada por todos los
fi
eles, que se conocen
con los nombres del señor de Angue (Fig. 9) y el señor de Ostúa
(Fig. 10)...” (Lardé y Larín, 2018, pp. 261-263).
Sobre el señor del Angue existe un registro de 1931 en el cual se menciona
que de los pueblos españoles de Angue solo se conserva una imagen de
un Cristo, sin especi
fi
car si este es el Señor del Angue o el Señor de Ostúa
(Valiente y Monterrosa 1931, p. 30). así también proponen que:
…Un Cristo de esta iglesia fue trasladado a Metapan donde aun
se conserva y se conoce con el nombre del Señor de Ostua, tanto
este como el del Angue son de color negro y fueron hechos por el
escultor Quirío Cataño (Valiente y Monterrosa 1931, p. 31).
No existen documentos que con
fi
rmen la veracidad de esta propuesta
como en el caso del Señor de Esquipulas; es posible indagar a través
de análisis arqueométricos (radiocarbono, análisis de pigmentos) para
constatar sobre el origen de la pieza y su antigüedad.
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Figura 30. Fiesta del Señor de Ostúa, 3 de marzo de 2019, Templo El Calvario o del
Señor de Ostúa, Metapán. Nótese los cántaros en las columnas de la entrada (Flores
Manzano, 2019).
La Fiesta del Señor de Ostúa tiene la particularidad de celebrarse en una
fecha variable, coincidiendo con el domingo anterior al Miércoles de
Ceniza. Esto signi
fi
ca que puede realizarse en cualquier momento entre
el 4 de febrero y el 10 de marzo, durante el apogeo de la estación seca.
En febrero de 2019, tuve la oportunidad de asistir a esta celebración,
que se distingue por una peregrinación proveniente de diversos lugares.
Es reconocida por los habitantes de Metapán debido a la presencia de
integrantes de pueblos originarios de Guatemala, quienes llegan para
comerciar textiles y, en tiempos pasados, realizaban intercambios o
compras de productos metálicos, como machetes o “
fi
erros”. Estos
materiales, producidos en Metapán gracias a sus yacimientos de hierro,
fueron fundamentales en el ciclo agrícola desde la época colonial.
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Figura 31. Fiesta del Señor de Ostúa, 3 de marzo de 2019, Metapán (Flores Manzano,
2019).
Un aspecto interesante de esta
fi
esta es la relevancia de las ánforas de
caramelo blanco (Fig. 8), decoradas con
fl
ores amarillas y rosadas, como
uno de los principales souvenirs o tokens asociados al evento. Estas
ánforas parecen estar vinculadas a un culto al agua y la fertilidad. Cabe
destacar que los colores amarillo y rosa evocan los principales árboles
en
fl
or durante esta temporada: el Maquilishuat (rosa) y el Cortez Blanco
(amarillo). Este tipo de dulces no eran exclusivos de esta
fi
esta; ya en
la década de 1970 se observaban en Izalco (P. Amaroli, comunicación
personal, 2024). lo que subraya su continuidad cultural y simbólica en
la región.
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Figura 32. Señor de Ostúa, 3 de enero de 2025 (Flores Manzano, 2025).
El Templo del Señor de Ostúa, ubicado en la parte norte de la ciudad,
presenta ánforas decorando las columnas de entrada a su atrio, las cuales
podrían interpretarse como símbolos asociados a un culto al agua. De
manera similar, el Templo de San Pedro Apóstol en Metapán también
incorpora ánforas en su arquitectura, lo que sugiere una posible relación
simbólica con el agua.
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Figura 33. Ánforas de caramelo blanco,
fi
esta del Señor de Ostúa, 3 de marzo de 2019,
Metapán.
Es importante mencionar que, en los estudios sobre el Cristo Negro en
Centroamérica, Davidson (2014, pp. 199-200) no menciona al Señor de
Ostúa como un Cristo Negro en su publicación, y que Marielba Herrera
(2013, pp. 63-81) no reconoció la importancia del Señor de Ostúa en la
época moderna y prehispánica, hasta la publicación de 2024 (Herrera,
2024), paralelo a la redacción de esta investigación.
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Figura 34. Señor del Angue, Parroquia La Trans
fi
guración. (Fotografía de Flores
Manzano, 3 de marzo de 2019).
35) 36)
35) Detalle, Señor del Angue, 36) Placa del Señor del Angue, Parroquia La
Trans
fi
guración, San Salvador: “Señor del Angue, en memoria de nuestros padres
Manuel I. Valiente y Ana R. de Valiente. Sus hijos. Familia Valiente Rivas”. (Fotografía
de Flores Manzano, 3 de marzo de 2019).
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9. Discusión
Kubler, (1984, pp. 11-12). argumenta que las tradiciones de peregrinación
del viejo mundo, propias de las religiones grecorromana, budista,
cristiana e islámica, se caracterizan por viajes individuales en busca
de favores personales, ya sean divinos o terrenales. En contraste, las
peregrinaciones precolombinas, especialmente en Mesoamérica, eran
esfuerzos colectivos cuyo propósito era garantizar la continuidad de la
creación del universo, constantemente amenazada por la posibilidad de
una disolución catastró
fi
ca en un cosmos inestable.
Para los aztecas, los seres humanos eran considerados sacri
fi
cios
potenciales esenciales para mantener la vitalidad y existencia de las
deidades. Cada individuo representaba una ofrenda de sacri
fi
cio completa
y crucial para el sustento continuo de los dioses (Kubler, 1942; Nicholson,
1971, como se cita en Kubler, 1984, pp. 11-12)..
La introducción, por parte de los misioneros españoles, del concepto
cristiano de Dios como Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— marcó
un cambio de paradigma. Este concepto destacaba la idea de que Dios se
sacri
fi
có por la salvación de la humanidad, en contraste con la cosmovisión
precolombina, donde los sacri
fi
cios humanos eran necesarios para calmar
a las deidades o Teot. En nahua, Teotl representa a lo sagrado y divino.
(Kubler, 1984, pp. 11-12).
Tras la conquista, las peregrinaciones cristianas, promovidas por la Corona
española y la Iglesia Católica Romana, adquirieron prominencia en la
época colonial, desplazando las peregrinaciones indígenas destinadas
a preservar el equilibrio cósmico. A pesar de los esfuerzos misioneros
por eliminar los rituales nativos, vestigios de estas prácticas ancestrales
lograron sobrevivir, aunque de manera fragmentada (Kubler, 1946, pp.
395-396; 1961; como se cita en Kubler, 1984, pp. 11-12)..
Se puede observar que la peregrinación de los Cristos Negros como
imagen de culto se desarrolló en la Edad Media en Europa y tenía un
fuerte vínculo con Alemania y España. Estadísticamente, es una de las
deidades menos utilizadas para peregrinar en las Américas. Es importante
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mencionar que el modelo del Cristo Negro utilizado en Esquipulas y
Ostúa se inspiró en la obra maestra de Alberto Durero La Gran Cruci
fi
xión
de 1521, Amberes, Países Bajos (Panofsky, 2005), siendo la base de la
tradición “esquipuleana”.
Figura 37. La Gran Cruci
fi
xión, Alberto Durero, 1521 (Panofsky, 2005).
Se propone en este trabajo que el río Lempa, las montañas de la región de
Montecristo o Tri
fi
nio y el lago de Güija tienen las características de un
paisaje sagrado, el cual ha sido reconocido desde la época prehispánica, a
partir de la cantidad de sitios arqueológicos descritos en los alrededores.
También los relatos coloniales (los cuales son discutibles al considerarse
“tardíos” por ser de 1576 CE, (Chinchilla Mazariegos, comunicación
personal 2024). proponen que dos “rocas” principales eran lugares de
peregrinación, donde los peregrinos ejecutaban sacri
fi
cios rituales; se
proponen que sean los sitios Igualtepeque y Azacualpa, que podrían
describirse con certeza como santuarios forti
fi
cados.
La fundación de Santiago Metapán en la parte norte del lago, en los
alrededores de los pueblos indios de Angue y Ostúa —que se encuentran
entre los ríos Angue y Ostúa—, y el traslado de este pueblo a San Pedro
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Metapán, ahora conocido como la Ciudad de Metapán (y con los últimos
acontecimientos como Distrito de Metapán), la construcción del Templo
de San Pedro y el Templo del Señor de Ostúa después de la uni
fi
cación
de la ciudad, trasladó el lugar de culto de los ríos a la ciudad bajo la
autoridad de los españoles.
También, se ha propuesto que existían dos imágenes del Cristo Negro y
cada Cristo Negro era el protector de cada río: El Señor de Ostúa (ubicado
en Metapán) y El Señor de Angue (que fue “extraído” de Metapán por
parte de la familia Valiente y ahora se encuentra en el Templo de la
Trans
fi
guración en San Salvador, El Salvador, desmontado de su cruz
y colgado con “cáñamo” de pesca). También se identi
fi
ca la economía
ritual durante la
fi
esta del Señor de Ostúa, en la que se sirven ánforas de
dulce, las cuales posiblemente sustituyen las que en el pasado eran de
barro comestible.
Es posible vincular el culto al Señor de Ostúa/Angue con dos dinámicas:
el culto prehispánico y el culto colonial/moderno a los Cristos Negros
en Mesoamérica. Se han registrado en las crónicas dos lugares de culto:
Mitla (Mictlán) en Asunción Mita, Guatemala, ubicado en el manantial
donde emana el agua para formar el río Ostúa. Es importante mencionar
que en este lugar se ubica Ixtepeque, la principal fuente de obsidiana de
alta calidad en la zona. El otro lugar de culto se ubicaba en la “Laguna
de Uxaca” Grande o Lago de Güija, que tenía dos santuarios principales,
Igualtepeque y Azacualpa. Relacionados con los lugares de culto
coloniales de la zona tenemos a Esquipulas y al Señor de Esquipulas,
que no tuvieron asentamientos prehispánicos tan elaborados como los del
lago de Güija y Asunción Mita.
Propongo que todos los sitios del lago Güija, Asunción Mita y Esquipulas
están relacionados con el mismo fenómeno: el culto a los lugares donde el
agua emana para formar los ríos principales. Esquipulas, Asunción Mita y
Güija como el lugar de nacimiento de la tierra del río Lempa, y Esquipulas
también como el lugar de nacimiento de un tributario del río Motagua.
Al ser Esquipulas el lugar donde convergen dos cuencas
fl
uviales, este es
uno de los lugares de peregrinación más importantes de la zona. Estos ríos
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son los portadores de vida para animales y plantas que riegan los cultivos
en las vertientes del Atlántico y el Pací
fi
co, y al ser sociedades agrícolas,
esta es la razón de su sacralidad. Entre las deidades prehispánicas
actuales del color negro en los alrededores de Esquipulas, se encuentra
la escultura de Turkaj o Pascual Abaj (Fig. 13) en Chichicastenango,
Guatemala (Veliz Catalán, 2018).
Así también es probable que existieran otros lugares de peregrinación
desde tiempos prehispánicos en otras fuentes de agua como es el caso de
la festividad de Los Cumpas de la cordillera en San Lucas Cuisnahuát y
San Cristóbal de Jayaque (Martínez, 2019), situadas en la Cordillera del
Bálsamo, donde nacen varios a
fl
uentes que irrigan el valle de Zapotitán y
son parte de la cuenca del río Lempa.
Figura 38. Turkaj o Pascual Abaj, Chichicastenango, Guatemala (Veliz Catalán,
2018).
Sobre las identidades del Señor de Ostúa y el Señor de Angue, ha sido
ampliamente aceptado que las manifestaciones del Cristo Negro sean
posiblemente Ek Chuah (Fig. 41) o Yacatecuhtli (Fig. 42), las principales
deidades de los mercaderes para los mayas y los mexicas, pero si
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prestamos atención a la etimología, se propone que Ostúa provendría de
Ostoc “cueva” en náhuatl, y se relaciona con la antigua deidad llamada
Ostoc Teotl que podría escribirse como Ostocteotl u Oztoteotl quien ha
sido propuesto como una reencarnación de Tláloc, otros lo atribuyen
como Tezcatlipoca y se le ha nombrado como Tepeyolotl como el
guardián de las cuevas y la esencia del corazón de la tierra o incluso
Tlazoteotl. También se ha presentado como una representación de Tláloc,
simbolizando el agua celeste (Guillaumin, 2002: 90; López Lujan y Filloy
Nadal, 2018, pp. 108-109).
39) 40)
41) 42)
Deidades prehispánicas oscuras. 39) Tezcatlipoca. 40) Quetzalcoatl. 41) Ek Chuah,
Dios “M”, señor de los mercaderes. 42) Yacatecuhtli.
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La interpretación del Señor de Angue sería un poco más difícil, basándonos
en que la etimología más cercana podría ser “Anque” en náhuat, que
podría traducirse como el señor que “aprehende” (Robelo, 1902, p. 47). o
el señor “cazador” (Tena, 2020, p. 626). este un atributo de caza podría
estar relacionado con Mixcóatl deidad de las tribus cazadoras (Mateos
Higuera, 1993, p. 43). La historia de Mixcóatl es importante en el
Posclásico Tardío, esto porque a raíz de una gran inundación que marcó
el
fi
n del Cuarto Sol, nació como Tlatlauhqui Tezcatlipoca, el Espejo
Rojo Humeante, hijo de los dioses supremos, decidió asumir una nueva
identidad conocida como Mixcóatl, la Serpiente de las Nubes (Mateos
Higuera, 1993, p. 39).
43) 44)
Ek Chuah/Yacatecuhtli: 43) Tiesto Policromo Banderas con la imagen de Yacatecuhtli
de Cihuatán (Amaroli y Bruhns, 2013; Amaroli, 2015). 44) Anillo de Ek Chuah, Museo
Nacional de Antropología “David J. Guzmán” (Flores Manzano, 2025).
Esta transformación ocurrió durante un período de oscuridad que
precedió a la creación del Quinto Sol, que amaneció en el año Trece Caña,
correspondiente al año cristiano 1039. Mixcóatl, también venerado como
Camaxtli en Tlaxcala, Huexotzinco y Coatépec, introdujo la práctica de
hacer fuego con dos piezas de madera durante esta época oscura. Al girar
rápidamente una pieza dura y redonda contra una más grande y blanda, se
generaban chispas que encendían fuegos que simbolizaban la renovación
y la celebración (Mateos Higuera, 1993, p. 39).
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Esta innovación llevó al establecimiento de la ceremonia del Fuego
Nuevo, conmemorada cada 52 años (Mateos Higuera, 1993, p. 39).
Tlatalauhqui Tezcatlipoca no se menciona con mucha frecuencia, pero
su invocación como Xipe Tótec se cita con más frecuencia (Mateos
Higuera, 1993, p. 39). Es interesante mencionar que se encontraron dos
esculturas Xipe Tótec sentadas en la isla de Igualtepeque, haciendo una
conexión moderna con el antiguo culto que se desarrolló en la zona.
10. Conclusión
En suma, tanto el lago de Güija (y sus ríos tributarios) como
Esquipulas funcionaron como espacios de peregrinación desde tiempos
prehispánicos, como lo con
fi
rman la etnohistoria y la evidencia
arqueológica. Estos paisajes rituales estuvieron profundamente
vinculados al agua: al nacimiento del río Lempa, a los tributarios del
Motagua en Esquipulas y a la propia formación del lago de Güija —la
antigua Laguna de Uxaca Grande— nutrida por corrientes (ríos
Ostua, Angue y Cusmapa) procedentes de otros centros de culto,
como Mictlán (Asunción Mita), cuyo complejo ceremonial posee una
larga ocupación desde el periodo Clásico. La región, compartida por
pueblos mayas y nahuas, adquirió así una marcada con
fi
guración ritual
y una importancia sostenida para la peregrinación y el intercambio.
Atestiguan el lugar de peregrinación principal la isla/península de
Igualtepeque, siendo este un lugar de peregrinación forti
fi
cado en
tiempos prehispánicos.
Los cuerpos de agua fueron concebidos como entidades con cualidades
propias, algunas “bené
fi
cas”, como el lago de Güija, el nacimiento del
río Lempa o el lago de Ilopango, y otras “peligrosas”, como Coatepeque.
Esta relación espiritual con el paisaje se proyectó posteriormente en un
notable proceso de hibridación, donde las culturas mayas, nahuas y xincas
se entrelazaron con la nueva fe cristiana. Dicho proceso se materializa
de forma paradigmática en el Cristo Negro de Esquipulas, creador de la
tradición esquipuleana, donde se derivan las devociones como el Señor
de Ostúa y el Señor del Angue en Metapán. El antiguo santuario del
Señor de Ostúa, situado entre los ríos Ostúa y Angue y abandonado en el
siglo XVIII, revela en su emplazamiento —a orillas del lago de Güija—
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una identidad profundamente híbrida: una convergencia entre deidades
prehispánicas y símbolos cristianos.
La
fi
gura del Señor de Ostúa, cuyo nombre podría derivar de Ostoc
(“cueva” en náhuat), ha sido vinculada a la antigua deidad Ostoc Teotl
—posible manifestación de Tláloc—, aunque otros estudios lo relacionan
con Tezcatlipoca, Tepeyólotl o incluso Tlazolteotl. También se ha
interpretado como una versión cristianizada de Tláloc asociado al agua
celeste, siguiendo las propuestas de Guillaumin y de López Luján junto
con Filloy Nadal. La
fi
esta del Señor de Ostúa constituye, por ello, un
espacio donde perviven y se entretejen armónicamente las tradiciones
prehispánicas y cristianas, siendo estas deidades productos híbridos,
preservando una memoria ritual milenaria vinculada al nacimiento del
río Lempa.
Por su profundo valor simbólico y por la relevancia cultural e histórica
del Lempa —cuya cuenca irriga Guatemala, Honduras y, de manera
central, El Salvador—, este río merece un estatus especial de protección.
Modelos contemporáneos, como el reconocimiento constitucional de los
“Derechos de la Naturaleza” adoptado por Ecuador en 2008, (Constitución
de Ecuador, 2008, art. 71-74). Ofrecen un referente útil, que sería de suma
importancia a ser aplicado a estas fuentes de agua sagrada, tanto para la
religiosidad como principalmente para la vida misma. Salvaguardar tanto
la tradición cristiana de los Cristos Negros de Esquipulas, Angue y Ostúa
como la herencia prehispánica que consagró los nacimientos de agua
como lugares sagrados es indispensable para proteger un patrimonio
biocultural que continúa dando sentido e identidad a la región.
11. Agradecimientos
Agradezco a Yale University, así como a los fondos MacMillan
Dissertation Fund y Albers-Coe-Hazard Fund, por el apoyo brindado
para la realización de este trabajo. Extiendo mi gratitud al Prof. Oswaldo
Chinchilla y, de manera muy especial, al Prof. Richard Burger, quien me
motivó a explorar y discutir este tema en su curso sobre Arqueología de
la Religión.
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Mi padre en el día de su graduación en 1977, junto a mis abuelos, en el Templo de San
Pedro Apóstol, Metapán.
Dedico este trabajo a mis abuelos Óscar Flores Duarte y Ana María
Figueroa de Flores, y a mi padre Carlos Antonio Flores Figueroa, quienes
fl
orecieron en Metapán, un lugar que marcó mi infancia y despertó en mí
innumerables preguntas por su arquitectura y las historias que me contaban
mis familiares siempre que visitaba. Extiendo también esta dedicatoria a
mi familia Flores Figueroa de Metapán, con profundo cariño.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
Pozo en Jucuapa
Max Vollmberg
1920
Acuarela
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exhibición, conceptualizadas así
Sala conceptual
Sala etnográ
fi
ca.
Sala cultura productiva
Sala referentes históricos y cultura política
San Salvador, El Salvador, C. A.
Fax. (503) 2271-4764
Salas de exhibición que conforman el MUA
Para una mejor comprensión,
:
el MUA está distribuido en ocho salas de
Sala de proceso y comercialización cerámica
Sala de exposiciones temporales.
Sala movimientos sociales y cultura migratoria
Sala cultura musical y costumbres.
Ubicación del museo en la ciudad de San Salvador
Calle Arce y 17.ª Av. Norte, 1006,
Tels. (503) 2275-8836 y (503) 2275-8837
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El Museo Universitario de Antropología es una institución dedicada a la
y del patrimonio cultural salvadoreño. Este compromiso se mani
fi
esta en sus
diversa programación de actividades culturales que el museo desarrolla.
fomento de conocimientos estéticos y valores de conservación. De este
a la sensibilización del público general ante estos fenómenos, impulsando la
cultura del país.
expresiones tangibles de la cultura salvadoreña..
proyectándolo tanto a la comunidad universitaria como a la sociedad.
Genera
actividades académicas —conferencias, seminarios, talleres,
y sensibilizar a la población.
a futuras generaciones.
Museo Universitario de Antropología, MUA
Qué es el MUA
investigación, conservación y difusión del pensamiento cientí
fi
co antropológico
colecciones exhibidas en las salas permanentes y temporales, así como en la
Objetivo del MUA
Su objetivo principal es promover un espacio cultural permanente para el
modo, contribuye a la formación profesional de la comunidad universitaria y
generación de investigaciones antropológicas e históricas que fortalezcan la
Qué es lo que hace el MUA
•
Difunde,
mediante exposiciones permanentes y temporales, las variadas
•
Investiga
y divulga el acervo antropológico nacional de manera integral,
•
presentaciones de libros, ciclos de cine y foros— con el propósito de educar
•
Conserva
el patrimonio cultural bajo su resguardo para garantizar su legado
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Tel.: 2275-8836
Lunes a viernes: de 1:00 p.m a 4:30 p.m
ana.rosales@utec.edu.sv
en las diferentes salas de exhibiciones que conforman el MUA.)
Museo Universitario de Antropología, MUA
Horarios
Lunes a sábado: de 8:00 a.m a 11:30 a.m.
Correo para solicitar visita guiada:
(NOTA: Los grupos no deben exceder los cien estudiantes; y durante la visita serán distribuidos
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Colaboradores
Ramón D. Rivas
Doctor en Antropólogía Social y Cultural
Radboud University Nijimegen, Países Bajos
Editor de Revista de Museología Kóot
Director
Dirección de Cultura
Universidad Tecnológica de El Salvador
Contacto: ramon.rivas@utec.edu.sv
Katherine Ileana Sánchez Alemán
Arqueóloga
Museo Universitario de Antropología, MUA
Universidad Tecnológica de El Salvador
Contacto: katherine.sanchez@utec.edu.sv
Laura Vitelia Sermeño Echeverría
Arqueóloga e investigadora independiente
Investigadora independiente
Contacto: laura.sechev@gmail.com
José Orión Castellón Frech
Arqueólogo e Investigador independiente
Contacto: Orionfrech.oc@gmail.com
Chester Rodolfo Urbina Gaitán
Historiador y sociólogo | Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica
Contacto: chesterurbina@yahoo.com
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Carmen Molina Tamacas
Periodista y Antropóloga
Independiente
Contacto: cmolinatamacas@yahoo.com
Rodrigo Antonio Colorado
Profesor-investigador en Universidad Luterana Salvadoreña
Contacto: rodrigocoloradoantroes@gmail.com
Stephanie Illiana Arias Salegio
Coordinadora General de Investigación y Proyección Social
Instituto Especializado de Profesionales de la Salud
San Salvador, El Salvador
Contacto: illi_tepha@outlook.com
Febe Eunice Arévalo López
Docente-investigadora
Instituto Especializado de Nivel Superior
Centro Cultural Salvadoreño Americano
San Salvador, El Salvador
Contacto: febe.arevalo@docente.iensccsa.edu.sv
María Sofía Albayero García
Coordinadora de Investigación
Instituto Tecnológico Escuela Técnica para la Salud
San Salvador, El Salvador
Contacto: sofía.albayero.investigacion@itetps.edu.sv
Carlos Flores Manzano
Candidato Doctoral Yale University
Contacto: carlos.
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oresmanzano@yale.edu
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Dirección de Cultura
Museo Universitario de Antropología, MUA
Pieza del mes
ENERO 2026
NOMBRE: Cántaro bícromo
CATEGORÍA: Arqueológico
GRUPO/TIPO: Marihua
MATERIAL: Cerámico
PERÍODO: Postclásico (950 d.C. al 1524 d.C.)
DIMENSIONES: Alto: 15.4 cm. Diámetro de boca: 4.2 cm.
Diámetro máximo:17.5
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Cántaro bícromo decorado en rojo sobre crema. El cuello de la pieza
representa una e
fi
gie, posiblemente, antropomorfa con orejas en relieve
y orejeras pintadas en rojo; la boca, ligeramente cerrada en expresión de
asombro. Sus ojos poseen un halo de líneas incisas, y anteojeras rojas;
además posee una nariz pronunciada con ori
fi
cios nasales marcados. El
cuerpo presenta dos paneles, uno al frente y otro al reverso, con tres
grecas de motivos curvilíneos en rojo.
Este tipo cerámico es de manufactura local, y se encuentra principalmente
en las zona central y occidental de El Salvador, asociado mayoritariamente,
en áreas de ocupación Pipil. El motivo π, según Haberland (1978), es una
representación de la boca de Tláloc.
Glosario:
Tláloc: deidad principal de los grupos mexicas, extendiéndose en gran
parte de Mesoamérica; dios de la lluvia, el relámpago, el agua y la
fertilidad.
Referencia: Haberland W. (1978). Marihua Rojo sobre Beige y el problema
pipil. San Salvador: Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación.
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DIRECCIÓN DE CULTURA
MUSEO UNIVERSITARIO DE ANTROPOLOGÍA
Lago Atitlán en madrugada
Max Vollmberg
1919
Acuarela
Universidad Tecnológica de El Salvador
estudiantes y personal administrativos a que participen activamente con sus
aportes; pueden, además participar como autores de artículos de la revista,
y Arquitectura.
La revista
Kóot
se reserva todos los derechos legales de reproducción. Los
ser publicados total o parcialmente en otra publicaciones en período previo a
será posible con previa autorización del editor y del autor del artículo.
con respecto a la fecha de su aparición.
• título, subtitulo (si lo requiere);
trónico;
• resumen del contenido (entre 10 a 15 líneas);
• introducción y desarrollo;
• bibliografía completa y
Convocatoria y requisitos para la publicación
de artículos de la revista
Kóot,
de la Universidad Tecnológica de El Salvador
Indicaciones para autores
Kóot
- Publicación.
Ramón D. Rivas. PhD, e mail:
ramon.rivas@utec.edu.sv
Criterios generales para la aceptación de artículos
El Consejo editorial de
Kóot
invita a investigadores, docentes-investigadores,
profesionales de Museología, Antropología, Historia, Arqueología, Lingüística
La opinión expresada por los autores son de su exclusiva responsabilidad.
artículos que se reciben deben ser originales e inéditos, por lo que no deben
su publicación en esta revista. La presentación y publicación en fecha posterior
La recepción de los trabajos no implica obligación de publicarlo ni compromiso
Envío del artículo
Cada artículo debe contener lo siguiente:
• nombre, títulos del autor,
fi
liación institucional (si lo requiere), correo elec-
• un ítem con expresiones y palabras claves (cinco a ocho términos);
• conclusiones tácitas o explicitas;
• notas marginales.
normas estandarizadas (ISO, UNE, APA).
San Salvador.
2. Enviar adjunto, o al
fi
nal del artículo, un resumen de vida.
4. En el caso de utilizar imágenes, como grá
fi
cos, fotografías o ilustraciones,
si son tomadas de algún texto o sitio web, deberá colocarse su procedencia.
pleno logro del objetivo del escrito.
Ni la universidad ni el Comité editorial se comprometen con los
responsabilidad frente a sus puntos de vista y opiniones.
a árbitros para garantizar su calidad; y si es el caso, sugerir modi
fi
caciones.
exigidas.
estandarizadas por cualquiera de las normas antes mencionadas.
por el autor.
Para tener presente:
• Los artículos que se envíen a la revista
Kóot
deben ser redactados según
• Los trabajos deben ser enviados en Word (en dispositivos de almacenamientos
válido o vía e-mail) a
ramon.rivas@utec.edu.sv
Universidad Tecnológica de El Salvador
Dirección de Cultura
Museo Universitario de Antropología, MUA
Calle Arce y 17.ª Avenida Norte, edi
fi
cio
Anastasio Aquino
. 1006,
Recomendaciones especiales para el autor:
1. Debe tener claridad, solidez y sustento bibliográ
fi
co su
fi
ciente.
3. El nombre que aparecerá en la publicación será el expresado en el artículo.
estós deberán ser originales (si los tienen), para obtener calidad al impimir;
En el caso que el autor requiera imágenes de apoyo, él asegurará también el
5.
juicios emitidos por los autores de los artículos. Cada escritor asume la
6. El Comité editorial se reserva el derecho de revisar cada artículo, y remitirlo
Igualmente puede rechazar aquéllos que no se ajustan a las condiciones
7. Las citas a pie de página se numeran correlativamente y deberán estar
8. La bibliografía se incluirá al
fi
nal del trabajo, ordenándola alfabéticamente
DIRECTRICES PARA COLABORADORES
La Revista de Museología Kóot, como órgano de difusión cientí
fi
ca de la Uni-
versidad Tecnológica de El Salvador (UTEC), mantiene estándares de calidad
avalados por su permanencia en índices internacionales como Clarivate (ESCI),
Latindex, DOAJ, AmeliCA y REDIB. Todo autor que desee postular un manus-
crito debe cumplir estrictamente con los siguientes lineamientos:
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•
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simultáneamente en otras publicaciones.
•
Sistema de Arbitraje:
Los artículos son sometidos a evaluación por pares
externos bajo la modalidad “doble ciego”. El Comité Editorial se reserva la
facultad de aceptar, rechazar o sugerir modi
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caciones.
•
Ética y Transparencia:
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fi
cial en la metodología y el cumplimiento de
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II. NORMAS DE PRESENTACIÓN (RESUMEN TÉCNICO)
El artículo completo no excederá de treinta páginas tamaño carta, escritas a Para
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debe ajustarse a:
•
Extensión:
Máximo de 5,500 palabras (excluyendo referencias).
•
Formato:
Fuente Times New Roman de 12 puntos, interlineado a espacio y
medio (1.5).
•
Identi
f
icación:
Es obligatorio incluir nombre completo,
fi
liación institucional,
correo electrónico y el código ORCID de todos los autores.
•
Estructura:
Título (máx. 15 palabras), Resumen bilingüe (máx. 250
palabras), 5 a 7 palabras clave y cuerpo del artículo en formato IMRYD para
investigaciones.
III. APARATO CRÍTICO Y MATERIAL GRÁFICO
•
Citas y Referencias:
Se adopta exclusivamente la norma APA 7.ª edición. Se
enfatiza la eliminación de citas numeradas correlativamente para ajustarse al
orden alfabético de la normativa APA.
•
Calidad Grá
f
ica:
Las tablas e imágenes deben enviarse en archivos indepen-
dientes con una resolución mínima de 300 DPI.
CONSULTA DE DIRECTRICES COMPLETAS
Debido a la actualización constante de los criterios de indexación internacio-
nal, es obligatorio que los autores consulten las directrices detalladas, descar-
guen la carta de originalidad y veri
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quen los protocolos de ética vigentes en
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https://revistas.utec.edu.sv/index.php/koot/directrices
Envíos y correspondencia:
ramon.rivas@utec.edu.sv
Esta revista se terminó de imprimir
en el mes de enero de 2026
en los talleres de Tecnoimpresos, S.A. de C.V.
19.ª Av. Norte n.º 125,
ciudad de San Salvador, El Salvador, Centroamérica
“El éxito de un museo no se mide por el número de
visitantes que recibe, sino por el número de visitantes
a los que ha enseñado algunas cosas, no se mide por
el número de objetos que expone, sino por el número
de objetos que los visitantes han logrado aprender en
su entorno humano, no se mide por su extensión sino
por la cantidad de espacio que el público puede de
manera razonable recorrer en aras de un verdadero
aprovechamiento. Eso es el museo.”
Georges Henri Riviére
CONTRAPORTADA
ISNI 0000 0001 2113 0101
0000000121130101
E-ISSN 23073942