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Prólogo
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i19.22169
URI: https://hdl.handle.net/11298/1438
Para escribir este prólogo, me tomé el tiempo de investigar un tema que
resulta éticamente inquietante para diversos sectores de la vida social
y productiva del país: la inteligencia arti
fi
cial (IA). Si bien es una
herramienta que facilita el acceso a la información para el desarrollo de
actividades y el aprendizaje personal, también existe el temor de que
desplace al ser humano en sus funciones laborales.
Tras analizar cómo la IA procesa datos de fuentes públicas —como sitios
o
fi
ciales y publicaciones académicas— y de servicios privados cuando
se le concede acceso, he llegado a la siguiente conclusión: solo el ser
humano es capaz de producir o crear conocimiento.
Por lo tanto, la inteligencia arti
fi
cial no es un ente autónomo con conciencia
propia, sino un re
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ejo so
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sticado de la inventiva humana; una extensión
de nuestras manos, pero nunca de nuestra alma. Mientras los algoritmos
operan en la frialdad de la lógica y la estadística, el ser humano habita
el terreno de la intuición y el propósito. Una máquina puede combinar
millones de datos para estructurar un verso, pero carece del duelo o la
alegría que motivan la escritura; puede calcular una trayectoria, pero no
comprende el valor del esfuerzo. La generación de saberes es un atributo
exclusivo que emana de nuestra capacidad para comprender, interpretar y
dotar de sentido al mundo, integrando vivencias, razonamiento y cultura
en una sabiduría que orienta nuestras decisiones.
En última instancia, la tecnología debe ser entendida como un ecosistema
al servicio de nuestra voluntad. El verdadero peligro no radica en que
las máquinas piensen como nosotros, sino en que nosotros olvidemos
que nuestra esencia radica en aquello que es imposible de codi
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ética, el asombro y esa chispa divina de creatividad que nos permite ver
donde otros solo cuentan. Somos, y seguiremos siendo, los arquitectos
del sentido en un mundo inundado de datos.
Es fundamental recordar que nuestra semejanza con el Creador reside en
esa capacidad creativa que, hasta la fecha, es ajena a las máquinas. Bajo
esta premisa, considero que la generación de información académica
y cientí
fi
ca es un don privilegiado que debemos potenciar, estimular y
preservar. Cada tesis, ensayo o informe fruto de la investigación humana
posee un valor incalculable; es, de hecho, el sustrato vital que la propia
IA requiere para ofrecer respuestas asertivas ante cualquier consulta
especializada.
Partiendo de esta re
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exión, me genera una profunda satisfacción presentar
el número 19 de la Revista de Museología Kóot, del Museo Universitario
de Antropología. Esta edición reúne siete investigaciones y ensayos que
aportan conocimiento con
fi
able, veri
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cable y con rigor académico, listos
para ser descubiertos tanto por nuestros lectores como por los motores de
búsqueda que indexan nuestro sitio web en la Universidad Tecnológica.
En una era saturada de desinformación y datos carentes de rigor, hacer
ciencia es un desafío creciente. No obstante, la revista Kóot rea
fi
rma
su compromiso de producir conocimiento auténtico. Al hacerlo,
garantizamos nuestra propia vigencia: mientras sigamos creando, la
inteligencia arti
fi
cial tendrá una fuente de verdad a la cual acudir; el
día que dejemos de producir conocimiento, las máquinas perderán su
capacidad de responder con acierto.
Lcdo. Carlos Reynaldo López Nuila
Vicepresidente
Universidad Tecnológica de El Salvador
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