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REVISTA DE MUSEOLOGÍA OT, JULIO 2025 AÑO 15, n.º 18, ISSN 2078-0664, E-ISSN 2307-3942, ISNI 0000 0001 2113 0101
Funez, Rubén. La idea de Filosofía en sobre el problema de la losofía. P. 175-195
Son cuatro artistas plásticos: Grace Guirola, Nicole Schwartz, Giovanni
Gil y Francisco Iván Zayas Alvarado que hoy nos deleitan con su
creatividad visual. Sabido es que los seres humanos nos dejamos llevar
por emociones y por lo que vemos y sentimos. Ellos cuatro, artistas
amigos que han sabido hacer del CENAR (Centro Nacional de Artes) su
espacio de retozo para la creación, con ese deseo propio de reformar
probando iniciativas para rescatar y darle el signicado y el valor que se
merece la obra sobre papel, hoy nos ilustran con su quehacer artístico.
Y es que el diario ir y venir del día a día y las situaciones que vivimos
en numerosas ocasiones nos impiden expresarnos, y muchas veces las
emociones quedan ocultas.
Es precisamente eso, el deseo de entrar en diálogo por medio del arte
plástico desde lo natural y con técnicas especícas a desarrollar sobre
papel, punta seca, agua tinta, xilografía, monoprint, embossing o repujado,
entre otras, lo que ha llevado a los cuatro artistas en mención a ver su obra
como el arte que habla, que entra en diálogo con quien la observa.
Ahora no es el artista el que habla, ahora es la obra misma a la que estos
artistas dejan expresarse, hablar, decir algo.
Son cuatro artistas que ofrecen y representan su estilo propio como
parte de un proceso, es decir, empezar para ver lo que viene después.
Son artistas plásticos nacionales que creen rmemente que el arte es el
medio idóneo para transmitir emociones y sentimientos. Artistas que
saben muy bien que sus obras expresan lo que se siente, pero también
son obras que buscan generar emociones para el diálogo, son obras que
hablan a las personas que las observan.
Presentación
‘Maniesto Arte: 4 Expresiones artísticas’
La idea de Filosofía en sobre el problema
de la losofía
The idea of Philosophy in on the problem
of philosophy
Rubén Funez
0009-0007-9888-8130
Doctor en Filosofía
Universidad Tecnológica de El Salvador
Rubenfunez@utec.edu.sv
Fecha de recibido: 07/01/2025
Fecha de aceptación: 11/02/2025
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i18.20697
URI: https://hdl.handle.net/11298/1287
Resumen
En este trabajo lo que hemos pretendido es rastrear la noción de
losofía que se entresaca con la lectura del texto Sobre el problema de
la losofía
1
, en este sentido, el procedimiento que hemos utilizado es
exponer linealmente el libro y jarnos en aquellos textos en los que el
autor va precisando su idea de losofía. Evidentemente, al tratarse de
la lectura, no nos limitamos a exponer el texto, sino que procuramos
ensayar una interpretación ellas, con lo que pretendemos mantener un
diálogo con el autor.
Palabras clave. Filosofía de la ciencia, Nihilismo (Filosofía), Nada
(Filosofía), Cadena del ser (Filosofía)
1 Aunque el texto consultado está compuesto de otros trabajos de Zubiri, nosotros nos limitamos
exclusivamente a Sobre el problema de la losofía.
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Funez, Rubén. La idea de Filosofía en sobre el problema de la losofía. P. 175-195
Abstract
Abstract In this work we have tried to trace the notion of philosophy that is
extracted from the reading of the text On the Problem of Philosophy, in this
sense, the procedure we have used is to linearly expose the book and focus
on those texts in which the author goes on to specify his idea of philosophy.
Obviously, when it comes to reading, we are not limited to exposing the text,
but we try to try an interpretation of it, with which we intend to maintain a
dialogue with the author.
Keywords:
Philosophy of Science; Nihilism (Philosophy); Nothingness
(Philosophy); Great Chain of Being (Philosophy).
Introducción
En este trabajo voy a presentar el texto de Xavier Zubiri, Sobre el problema
de la losofía, y lo voy a hacer exponiendo la idea de losofía expuesta
en dicho texto. Pienso que la labor losóca de un pensador no solo está
condicionada, sino que está determinada por la idea de losofía que ha
ido forjando a lo largo de su actividad losóca. En este sentido, la noción
de losofía sufre los avatares por los que tiene que pasar su artíce. La
losofía no es una noción que vague intemporalmente a lo largo de la
historia y que la labor del lósofo sea apropiarse de ella, y comenzar
su actividad, sino que en cada pensador dicha noción tiene que irse
elaborando y la plenitud de esta elaboración concluye cuando el pensador
en cuestión ya está en posesión de todas sus categorías fundamentales,
por las cuales podemos decir que está en posesión de su propia losofía.
La historia de su losofía es la historia por la que atraviesa la propia
noción de losofía, pero dicha noción, en todo lósofo, tiene un punto de
partida en el que, si es un punto de partida sucientemente reexionado,
están como incoados aquellos elementos que van a desplegarse en la
reexión losóca ulterior.
Dicho de esta manera, comienza a explicitarse el interés principal que
me mueve al comentar este texto. Zubiri (2022). Escribió este texto en
1933 y lo encontramos no solo poniendo las bases de su losofía futura,
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sino que lo sorprendemos, in fraganti, en su penosa faena de pensar. Por
lo tanto, la lectura de este texto podría contribuir a que sus lectores, en el
afán de entender su modo de pensar, comiencen a identicar los recursos
a partir de los cuales pueden comenzar a pensar por mismos, que a la
larga es lo que importa en la losofía; cada vez estoy más convencido
que la losofía no es, primariamente, asunto de mera erudición, sino el
penoso esfuerzo personal de responderse por sí mismo las preguntas que
yacen ahí en el fondo de cada cual.
Si nuestra memoria fuera tan prodigiosa que pudiéramos repetir de
memoria los textos fundamentales de los más grandes lósofos, eso
nos serviría para dar brillantes clases de losofía, incluso brillantes
conferencias y de repente escribir libros voluminosos; sin embargo, en
el fondo estaríamos debatiéndonos con la dolorosa sensación de que
lo que estamos haciendo es repitiendo lo que, seguramente, algunos
hombres brillantes han pensado, intuyo entonces que no es con eso
con lo que tiene que ver la losofía, intuyo que fue esto lo que quiso
decir Kant, cuando armo que no se aprende losofía, sino que lo que
se aprende es a losofar
2
, es decir, aprendemos a pensar, pero a pensar
las propias preguntas, las propias inquietudes, esas que como sombras
silenciosas deslan en el fondo de nuestra alma, entonces cuál es la idea
de losofía que comienza a formular Zubiri en el texto que comentamos,
qué posibilidades para el pensar están incoadas en aquella idea, cuál es
el camino que Zubiri va desbrozando para irse aclarando respecto a su
idea de losofía y a nosotros qué nos aporta respecto a nuestra personal
preocupación por la losofía.
¿Es la losofía, losofía de la ciencia?
Hay en el texto un afán titánico por presentar la reexión losóca en
tanto que reexión losóca. Por ello, Zubiri emprende un diálogo
serio y respetuoso con los grandes neokantianos. Es evidente que Zubiri
sabe que Natorp, Cohen y Cassirer son pensadores rigurosos, que leen a
Kant con seriedad, sin embargo, sospecha que la idea de losofía que se
desprende de aquella lectura, por su íntima vinculación con la ciencia,
2 Cfr. Ignacio Ellacuría, losofía ¿para qué? Me ha sorprendido descubrir que al parecer Kant
Jamás dijo explícitamente esto que acabo de armar, sino que se debe a una interpretación que
los estudiosos de su losofía han deducido de su obra
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no presenta sus bordes propios, de tal manera que podamos distinguirla
en misma. En rigor, lo que los grandes neokantianos hacen no es un
diálogo interdisciplinario con la ciencia, sino que la losofía termina
difuminándose hasta al punto que termina convirtiéndose en una ciencia
más, todo lo superior que se quiera, pero ciencia. La losofía no es
losofía, sino ciencia. Por eso, con aquel intento no sabemos qué es la
losofía, y suena aquí la sonora armación de Ellacuría (2003). Cuando
dice que la losofía no es ciencia y ni tiene que pretender serlo, o la ironía
de Ortega (1973). Cuando arma que la losofía no es ciencia porque es
algo mejor que la ciencia. Zubiri es más comedido y simplemente piensa
que si lo que queremos es saber que es losofía, no podemos vincularla
de aquella manera ni con la ciencia ni con la teología. La losofía es eso,
es decir, losofía. Y este es el punto, ¿qué es la losofía?
Nuestra situación como punto de partida de la losofía
Es sintomático que al comenzar a responder dicha dicultad no diga
primariamente que la losofía en donde se encuentra presente sea en
los textos de los lósofos, sino que parte de algo más fundamental, para
que entendamos adecuadamente qué es losofía, lo primero que tenemos
que hacer es identicar aquellos problemas con los que cargamos, de tal
modo que a lo primero que nos fuerza es a que identiquemos aquellas
grandes dicultades que cada uno de nosotros tiene inexorablemente que
responder, y es que la losofía tiene este carácter personal, no es cosa
de libros, no es cosa de teorías, es cosa de averiguar, de identicar las
preguntas, las inquietudes que se nos presentan como problemas. Aquí
es cuidadoso al hacernos caer en la cuenta que no se trata de un invento
nuestro, los problemas no son algo que nosotros nos inventemos, sino
que se trata de algo con lo que nos encontramos, y hasta con lo que
nos tropezamos, claro que son estos problemas y no otros por el modo
como estamos nosotros situados en la realidad, independiente de este
modo, lo que aquí me interesa acentuar es que los problemas no nos los
inventamos, no es un delirio subjetivo nuestro, sino que es algo con lo
que nos tenemos que enfrentar en la realidad.
No tengamos prisa en continuar, sino que demorémonos todo el
tiempo que nos precise para identicar con la mayor claridad nuestras
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preguntas, hay que identicar, como me gusta decir, nuestros propios
demonios, todas esas inquietudes que no nos dejan en paz, estoy
persuadido que a esto se refería Sócrates, Platón (2016). Cuando
armaba que una vida sin losofía no merecía ser vivida, y es que la
losofía tiene que ver con eso que le da subsistencia a la propia vida,
la vida de cada cual es un cañamazo de todas aquellas preguntas y
ciertamente comprometerse en responderlas es lo mejor que nos puede
ocurrir a los seres humanos, la vida es vida en la medida en la que
respondemos a nuestras preguntas.
El contexto que nos fuerza a losofar
Claro eso de nuestras preguntas, hay que reexionarlo detenidamente,
porque lo nuestro está en un contexto muy muy preciso, de hecho esto que
llamamos nuestro se forja con cosas y entre cosas, no tengo que insistir
mucho en que alguna de esas cosas nos son obvias, nos son evidentes,
y aquí hay que preguntarse por dos cosas, lo primero que tenemos que
procurar ver es aquello que nos permite que las cosas sean obvias, es
verdad que hay algunas que lo son, y no necesito insistir mucho en ello, sin
embargo, lo que las hace obvias, no es obvio, parece que las hace obvias,
ocultándose a mismo; en este momento en el que estoy escribiendo este
texto me encuentro en el patio de mi casa, y puedo ver que las cosas que
están en él son obvias e incluso familiares, familiares en el sentido de
cotidiano, todos los días me encuentro con ellas, al abrir la puerta ahí está
la hiedra adherida al muro, y el millonario caprichosamente se retuerce
mientras que el solitario árbol de mango se mantiene en su silencio
absoluto, es decir, me son familiares, estoy acostumbrado a ellas. ¿Qué es
lo que permite dicha familiaridad? Y tampoco tenemos que enfrascarnos
en sesudas reexiones para que lo respondamos, es claro me parece que
es precisamente porque están de algún modo delimitadas, están como
reunidas, y quien las reúne es el muro que las encierra, por lo tanto, las
cosas son obvias porque están siendo delimitadas por algo.
También en este caso no nos demos prisa, y respecto a todas nuestras
preguntas cuestionémonos sobre aquello que las delimita; hay dos cosas
que siempre me han llamado la atención, lo primero, que además tiene
que ser un reto para cada uno, es por qué en el mismo momento en
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que hay hombres que se están preguntando sobre la posibilidad de que
la energía emitida sea recuperada, estoy tan frescamente frente a mi
cocina sintiendo el calor de los quemadores, únicamente preocupado en
que el guiso que estoy preparando no se queme, sin hacerme preguntas
realmente importantes, claro la respuesta tiene que ver con el tipo de
educación que estamos recibiendo, por esto es importante poner el
mayor cuidado en nuestra propia educación, porque en ella está en
juego la calidad de las preguntas, la segunda inquietud que siempre
me he formulado es la siguiente, los hombres, desde que lo somos,
somos inteligentes, no somos más inteligentes que los hombres de hace
cien mil años, y todos, lo mismo que nos ha ocurrido con una fuente
de energía, hemos estado expuestos a ser sorprendidos por un fruto
que se desprenda de su árbol. ¿Por qué tuvo que ser Newton quien se
preguntara por qué no caen para arriba?
Todas esas dicultades están condicionadas por lo que hemos denominado
la familiaridad con las cosas, pero también por el límite que las reúne
por eso es importante, muy importante, no solo que veamos nuestra
familiaridad, sino lo que la hace posible, a esto que la hace posible el
texto llama Horizonte, que, según Diego Gracia (2007). Zubiri recoge de
la Husserl.
Te recordás que te hayan dicho alguna vez: “Solo vos no lo ves”, es decir,
que tenga que haber alguien que te haga caer en la cuenta de algo que
efectivamente se te está ocultando, puedo recurrir a múltiples ejemplos,
pero voy a recurrir a un ejemplo bíblico para no echarme encima
enemistades. Cuenta Samuel que a David, Betsabé le parece una mujer
hermosa, y no tiene ningún escrúpulo, a pesar de que es la mujer de uno
de sus mejores generales, de hacerla su mujer. ¿Por qué no tiene escrúpulo
alguno? Porque él es el rey, él tiene claro que todo lo que está dentro de
su reino le pertenece, no es que no quiera ver que está cometiendo una
injusticia, es que efectivamente no lo ve, en este sentido, y para estar en
consonancia con el texto que estamos comentando, es la familiaridad
la que no permite ver lo que, para Natán, por ejemplo, es claro: es una
acción reprobable la que está cometiendo.
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Desde esta perspectiva, la audacia es, una vez que nos hemos familiarizado
con las cosas, preguntarse qué esconde esa familiaridad, cuando las cosas
nos parezcan obvias, les digo a mis alumnos, en lugar de encoger los
hombros y despacharlas como evidentes preguntémonos que es lo que se
esconde tras dicha obviedad, lo obvio no solo maniesta, sino que también
esconde, y como esconde es necesario desvelarlo a esta desvelación es
a lo que los antiguos griegos llamaron verdad, las cosas se desvelan, las
cosas se maniestan, y hay veces necesitamos de alguien que nos diga
cómo se están desvelando.
Desde esta perspectiva la actitud que debemos adoptar es la de estar
preguntándonos constantemente, y como recomienda aquel personaje
de la película el Guerrero pacíco, hay que entrenarse en hacer buenas
preguntas, las buenas preguntas solo pueden acontecer en la medida
en la que nos entrenamos para ello, hay que ver la realidad, hay que
inspeccionar la realidad porque de ella es de donde van a surgir nuestras
preguntas, la realidad, digámoslo de una vez no es obvia, necesitamos
preguntarnos constantemente por ella, y necesitamos construir un modo
para preguntarnos.
Caí en la cuenta de que la realidad no es obvia cuando hace más de
25 años fui sorprendido por la pregunta de mi hijo de cuatro años.
Contemplaba atentamente su vaso lleno de refresco y me preguntó:
“Papá, ¿por qué no se derrama la Coca-Cola?”. Así, en una primera
aproximación, no nos son evidentes todas las fuerzas que están
interviniendo en este fenómeno, el ejemplo solo tiene el interés de que
caigamos en la cuenta de que la realidad se oculta, y su ocultamiento
ocurre frecuentemente por la familiaridad que tenemos con las cosas,
aunque esa familiaridad es el punto de partida inamovible para que
comencemos a jarnos en aquellas que no nos son familiares, en
aquellas que quizá se ocultan tras ellas.
Hasta ahora, aunque de manera esquemática, hemos supuesto que hay
una realidad que buscamos esclarecer y hay alguien que da cuenta de
aquella realidad. Entonces parece que para entender en su cabalidad la
idea de losofía tenemos que atender esas dos realidades.
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Portada “Sobre el problema de la losofía y otros escritos (1932-1944)
La soledad y la losofía
Hemos dicho e insisto, aquí se juega la importancia de la losofía, que de
donde se parte son de las inquietudes que tiene cada cual, en el fondo de
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su realidad, pero qué ocurre cuando nos preguntamos, ocurre que, aunque
aquellas preguntas no nos las estemos inventando, son mis preguntas, por
lo tanto, requieren mis respuestas, toda otra por muy acabada y brillante
que sea será “extranjera”, ajena, de otro. Pero el que seamos conscientes
de ello, tiene la virtud de anclarnos en nosotros mismos y por muy
abiertos que estemos a la realidad, nos sentimos como vertidos hacia
nosotros mismos, esto no signica que las respuestas las encontremos
en nuestra interioridad, sino que sabemos que si no somos nosotros
quien se responde, nadie lo hará por nosotros, se entiende, respecto
a las propias preguntas y es en este sentido en el que comenzamos a
sentirnos radicalmente solos
3
, pero Zubiri insiste en que aquella soledad
es algo constitutivo de la realidad humana, somos estructuralmente solos,
y al serlo caemos en la cuenta de que somos una realidad “individual”
extraña a todo lo otro, esa extrañeza es radical, esa extrañeza es la que
nos constituye, “somos extraños”, se entiende enseguida que por serlo
somos extraños a todo, y esta es la dicultad que hay que esclarecer ¿qué
signica ese todo?
4
.
Hace muchísimo tiempo, casi 40 años, una tarde, tumbado bajo un árbol,
mientras descansaba de la faena que suponía estar en una cooperativa
sandinista, experimenté esa sensación de bienestar que supone descubrir
que lo que en verdad importa no es plantearse cada una de las cosas, sino
el concebirlas como formando parte de una gran estructura. ¿Por qué es
importante este modo de pensar? Porque nadie ha visto todas las cosas,
y, no obstante, podemos concebir que hay algo a lo que podemos llamar
todas las cosas, y si lo concebimos es porque quizá ese .todas las cosas.
son anteriores al conjunto de todas ellas. Y justamente eso es lo que nos
permite hablar de todo, hay —dice Zubiri— un todo-cosa. Y añade que el
todo es la juntura de todas las cosas, en donde el énfasis está en la juntura,
no en todas las cosas. En denitiva, el solo está frente a frente con el
todo, es un todo que incluye incluso a Dios. .
3 No quiero dar la impresión que al hablar de encontrarse solo, dé ocasión para angustiarnos y
nos sintamos psicológicamente abandonados, a lo que nos referimos es que a las preguntas de
cada cual, quien tiene que responderlas es cada cual.
4 Hay algo que me atrae de este modo de ver las cosas. Cuando el ruido nos inunda, creemos que
únicamente podemos vivir en medio del ruido, y ese ruido nos congura de tal modo que hasta
para saludar, casi con normalidad, gritamos. Y no hace falta decir que, rigurosamente hablando
en medio del ruido, no pensamos, he llegado a pensar que incluso el ruido nos estupidiza. Por
ello pienso que por eso es necesario retirarse a las mansas aguas del pensar en las que se acalla
todo interés y quedamos, tanto frente a nosotros mismos como frente a la realidad.
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Surgimiento de la losofía
Hablar de todo signica el inmenso esfuerzo por concebir la realidad
como totalidad. No sabemos todo lo que hay, pero sí sabemos que, sea lo
que sea, forma una totalidad. La pregunta por la totalidad no es producto
de la soberbia del lósofo, es que inexorablemente es algo con respecto
a lo cual se las tiene que ver. Precisamente porque el hombre se siente
solo, extraño a todo. Por eso, en una situación en la que nos relacionamos
únicamente con el fragmento, no es de extrañar que los seres humanos
se sientan como perdidos, e incluso sin saber exactamente qué hacer.
Para entender el fragmento, tenemos que concebir el todo en el que se
inscribe, en —insisto— el todo entendido como juntura.
Después de lo que acabamos de decir, entendemos por qué el todo no
se ve, sino que es precisamente lo que nos permite ver, y nos permite
ver unas cosas y no otras. El modo como vemos cada cosa viene
determinado por el modo que se inscribe en el todo; no obstante, aquí
en lo que queremos insistir es en que las cosas las vemos como cada.
De hecho, decir cosa y cada es redundar. Pienso que la idea de cosa
provino justamente al concebir los límites precisos de algo, al poder
distinguir algo de todo lo demás.
En todo caso a nuestra pregunta de cómo vemos las cosas en el todo,
hay que responder que las vemos como cada-cosa. Pero estas cosas
no son islas, sino que cada cosa, precisamente por serlo me remite a
todas las demás cosas, sea que esta remisión se entienda como jerarquía
ordenada o como regularidad. Lo que es cierto es que .el cada. me remite
al .cada. de las demás cosas. Pero aquí es donde está la posibilidad de
que unas cosas oculten a otras. Y es este encubrimiento —dice Zubiri—
el que hace posible el descubrimiento, nace la pregunta por las cosas
encubiertas, pero se trata de una pregunta —insiste (Zubiri, 2002).— En
la que se ve la cosa como formando parte del todo en el que se inscribe.
No se trata de cosas aisladas, sino de cosas como el momento de un todo;
el todo inexorablemente, es algo que tenemos que suponer, pero si lo
suponemos, es precisamente porque cada cosa es cada.
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El que la cosa sea un momento del todo esto no signica que se diluya,
sino que ocurre exactamente lo contrario, por ser momento del todo, Cada
cosa tiene consistencia en sí misma, cada cosa es cada, el todo es juntura
de cada-cosa. Por eso, en rigor, nuestra pregunta ¿adónde va orientada?
Es precisamente hacia la cosa. Y lo que nos preguntamos es qué es lo
que es. Por lo tanto, lo que nace —dice Zubiri— de esta pregunta es
la losofía
5
. Puede propenderse a pensar que se trata de plantearse, por
un lado, el problema de la cosa, y, por otro, el problema del todo, Sin
embargo, lo que nuestro autor propone es que, pensando el ser de cada
cosa, copensamos el todo, De hecho, el ser lo recibe la cosa del todo
6
.
En este sentido, no es que la losofía tenga un problema, sino que
ella misma es problema en la medida en que consiste precisamente en
permanecer en esa violencia en la que nos acostumbramos a mirar las
cosas mirando al horizonte total del todo. Eso es —dice Zubiri— la
losofía, su contextura, su índole, en tanto que losofía estriba justamente
en esa contemplación de cada cosa y todo. Como observó nuestro autor
(Zubiri, 2002, p. 40), “es una de esas disposiciones radicales humanas
que no busca nada distinto de sí misma”
7
.
Además de lo que acabamos de observar en la nota al pie de página, hay
que acentuar que cuando hablamos de losofía y de lósofo a lo que nos
estamos reriendo es a esa disposición, el lósofo es lósofo siempre, y
no solo cuando está de buenas. Entiendo que lo dicho hasta ahora no solo
no es transparente para algunos, sino que es incluso problemático, hemos
dicho que la losofía en donde surge es precisamente en Grecia, esto
para los lósofos latinoamericanos peca de una soberbia a toda prueba,
producto más del eurocentrismo que de una crítica rigurosa al surgimiento
histórico de la losofía. Para estos pensadores, losofía hubo ya entre los
5 De acuerdo con un determinado modo de pensar, esta manera de entender la losofía surge
en el mundo de los griegos. Lo interesante, me parece, es el esfuerzo por indicar cuál es la
especicidad de la losofía, cuando queremos defender que hubo losofía en el mundo iranio,
egipcio o indio, con anterioridad a los griegos, no estamos esmerándonos en precisar qué es la
losofía, y en la noche, decía Hegel, todos los gatos son pardos
6 De hecho, escuchando a Zubiri, tengo la impresión que se trata de un replanteamiento de lo
que dice Aristóteles respecto a la relación que existe entre el ciudadano y el Estado, en rigor
al pensar al ciudadano co-pensamos al Estado, su ser lo recibe del Estado, pero como lo
recuerda Ellacuría, esto no signica que el ciudadano quede diluido sino que es lo que hace
que plenamente sea.
7 En esto estriba la in-utilidad de la losofía, todo otro saber, es saber para-algo. En cambio la
losofía no tiene más n que ella misma.
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sumerios, indios y egipcios, miles años antes de Tales o de Anaximandro.
Zubiri no se hace eco de esta dicultad y da por sentado que la losofía
en donde surge es en Grecia.
Pero a lo largo de estas reexiones hemos dicho que la losofía, aun
la griega surge de la estrechez de la situación en la que se encuentra,
esa estrechez es los límites entre los cuales surge, esos límites no solo
restringen, sino que son las posibilidades para que se pueda pensar,
porque son precisamente el ámbito en medio del cual surge la pregunta
losóca, y surge no de modo espontáneo, sino que viene forzado
precisamente por aquellos límites
8
. Digamos entonces que las preguntas
que cada cual lleva en su alma son producto de esta violencia que ejerce
el límite en el que se está situado.
Pero por ello mismo es inexorable conocer esos límites para entender
adecuadamente cualquier modo losóco de pensar. La ventaja —piensa
(Zubiri, 2002).— Es que esos límites cambian muy lentamente, tan
lentamente que corremos el riesgo de no enterarnos de que han cambiado
9
.
Y para el caso de la losofía europea, Zubiri únicamente identica dos
límites, el propio de la losofía griega, y el límite que hace posible la
existencia del cristianismo, límite que al parecer llega hasta nuestros días
10
.
Horizonte de la losofía griega
¿Qué fue lo que asombró al hombre griego? ¿Qué fue lo que sacó al
griego de su ocio y lo forzó a pensar? ¿A qué incomodidad fue a lo que
8 Si pudiera hablar de experiencia, diría que la losofía solo es posible que surja por la experiencia
en la que se apoya, en el sentido en que esa experiencia no sólo le sirve de apoyo sino que la
fuerza a hacerse cuestión de los problemas que emergen dentro de dicha experiencia, pero sin
duda la noción de limites es mucho más general, además pueden existir muchas experiencias
dentro de un mismo limite, desde esta perspectiva es preferible utilizar la noción de limite
además de este modo somos más coherentes con la exposición que está haciendo nuestro autor.
9 Aunque es un poco doloroso el ejemplo al que voy a recurrir, me parece que es esclarecedor para
evidenciar la dicultad que tenemos a veces en identicar que los limites han cambiado, me reero
al modo de proceder que tiene algunos buenos militantes de la izquierda de este país, entienden la
realidad exactamente del mismo modo como la hubieran entendido en la década de los 60 y 70,
para ellos, por seguir moviéndonos dentro de los mismos problemas, pareciera que se exigiera la
misma manera de actuar. No son conscientes que aquellos problemas no solo no han cambiado,
sino que se han agudizado, esto está ocurriendo dentro de limites completamente diversos.
10 Seguimos siendo cristianos, al menos en occidente, en este sentido seguimos entendiendo la
realidad en términos cristianos, aquello de Nietzsche de que la losofía europea tiene sangre de
teólogo sigue siendo irremediablemente cierto.
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tuvo que dar una respuesta? El griego quiere atenerse con seguridad a
las cosas, él vive en un mundo de cosas, entonces lo menos que puede
esperar de ellas es que le permitan cierta seguridad, sin embargo, a qué
puede atenerse si las cosas están en un constante cambio, cambio que
no solo le ocurre a esta o a aquella cosa, sino que ese cambio parece
que afecta al todo de la realidad, se trata de un cambio universal, todo
cambia. Pero la losofía es losofía precisamente porque lo que hace
es penetrar profundamente en las cosas, entonces ante dicho cambio lo
que el griego busca afanosamente es lo que no cambia, y que por no
cambiar es más bien lo que explica que las cosas cambien, aquí lo que
me interesa dejar establecido es que el hombre griego piensa forzado por
la mutabilidad universal.
Horizonte de la losofía de nuestra era
El hombre griego piensa en pleno siglo VI a. C. y posiblemente desde
el siglo IX a. C. se comienza en el mundo de los hebreos a recoger la
sabiduría judía, es verdad que, si dicha sabiduría no hubiera entrado
en contacto con la losofía griega, sobre todo en el mundo cristiano,
seguramente hubiera sido una brillante teología, pero no hubiera entrado
siquiera al patio de la losofía.
Los siglos II, III y IV d. C. Zubiri los describe como gigantomaquia,
como el esfuerzo de estos pensadores por hacerse entender por la losofía
griega. El problema que lleva entre manos el pensador de nuestra era no
podía ser respondido solamente con las herramientas que proporciona
la losofía griega, los griegos por muy genial que fueran reexionan
suponiendo las cosas sobre las que piensan, pero son estas cosas las que
el hombre cristiano no supone, porque este piensa que es verdad que las
cosas, como suponen los griegos, son, pero pudieron ser de otro modo, e
incluso pudieron no ser. Es decir, el límite desde el cual piensa el hombre
de nuestra era es completamente diverso al del griego. El hombre de
nuestra era piensa desde la posibilidad de que las cosas no sean, es decir,
desde la nada. Por eso, su pregunta es cómo es que hay cosas, si pudieron
ser nada.
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Hay algo en lo que quiero insistir, sea el límite que sea, la reexión
cristiana sigue llamándose losofía, el mismo intento que vemos que se
lleva a cabo en el mundo de los griegos, es el intento que se lleva a
cabo en el mundo cristiano por eso mismo puede legítimamente llamarse
losofía, este intento —dice (Zubiri, 2002).— Fue la convicción del
cristiano de poder responder a la pregunta por la verdad. Dicha respuesta
va a estar determinada por el modo como nos enfrentemos con ella, y en
el ámbito del mundo cristiano se tuvo la posibilidad de responder no solo
con la inteligencia, sino con la realidad entera del ser humano. Vemos
aquí ir surgiendo algo que solo fue entrevisto en el mundo de los griegos,
pero que fue ignorado, la función que, por ejemplo, juega el mundo de la
sensibilidad en nuestro modo de enfrentarnos con la realidad.
Los evangelios, sobre todo el de Juan, cuando se plantea el problema
de la verdad, ven en esta dicultad algo que afecta la existencia entera
del ser humano, por eso, según Juan, Jesús lo que pide al Padre es que
“nos santique en la verdad”. Que es, sin duda, la oración que todo
buen creyente, incluso todavía hoy, hace al Padre. Pero, ¿qué es lo que
exactamente signica? En un primer momento, hay que desechar la
Rubén Fúnez
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idea de que Jesús esté pidiendo que vivamos pensando en la verdad, al
modo del .bios theoreticos. griego, sino que vivamos en la verdad, que
vivamos en la ley, porque para el creyente, lo que estaba en juego, era
vivir de acuerdo con la ley. La verdad no era asunto, primariamente de
inquisición, sino de vida.
Pero en seguida, según el evangelio, Jesús arma que él es la verdad; dos
cosas, la primera, él es la consumación de la ley, lo que en un contexto de
desencanto como el que se encuentra el pueblo judío, implicaba anunciar
una esperanza, o mejor, el cumplimiento de una promesa, Jesús es el
Mesías prometido al pueblo de Israel, y la segunda es que exige una
liación a esa verdad. Para Jesús, y este no era un invento suyo, ni un
arranque demagógico, como a los que estamos acostumbrados en nuestro
contexto, sino que estaba completamente persuadido de ello, vivir de
acuerdo con la verdad permitía el pleno dominio de mismo, podemos
incluso decir, que nuestra libertad era proporcional a aquella adhesión,
por eso el evangelio arma que la verdad os hará libres.
Como dice Zubiri, estamos a miles de años luz de lo que pudo pensar el
mundo griego sobre la verdad, para Aristóteles este modo de concebirla
hubiera sido un escándalo. Entonces, ¿cómo nos explicamos que en este
contexto surja algo que pueda llamarse losofía? Vemos una primera
señal en el modo en que Pablo describe la nueva situación, él dice —nos
recuerda Zubiri— que vivimos en tiempos de sabiduría, y nuestro lósofo
lo interpreta diciendo dos cosas, en primer lugar, si Pablo asiste a un
tiempo de sabiduría supone que se ha vivido en un tiempo de ignorancia
11
,
con lo que, en segundo lugar, no se deslegitima la “ciencia” griega, e
incluso tampoco se pone en cuestión su audacia, sino que acentúa que
ignora aspectos de la realidad, que como vamos a ver, son aspectos que
precisamente por ignorarlos la sumieron en una profunda crisis.
De esa ignorancia es de la que parte san Agustín para que se pueda hablar
propiamente de Filosofía, por eso la pregunta que intenta esclarecer es:
¿qué ignora la sabiduría griega? Siempre me ha llamado la atención
el hecho de que, a pesar de que Aristóteles signicó la madurez de
la losofía griega, esta losofía entró en una crisis de la que no pudo
11 Zubiri precisa que el apóstol no habla de tiempos de ignorancia, no obstante, se inere cuando
hable de un tiempo de sabiduría
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recuperarse, me reero, desde el mismo mundo griego
12
. Volviendo a
nuestra pregunta, Zubiri dice que la sabiduría griega lo que ignora es
precisamente al hombre. Pero esto hay que procurarlo entenderlo bien,
porque inmediatamente viene a nuestra cabeza el esfuerzo de Sócrates,
Platón y Aristóteles por entender la realidad humana. Pienso que la gran
dicultad de la losofía griega estribó en el modo como intentó responder
a la pregunta sobre el ser humano. Es evidente que lo hizo desde la
estrechez que signica el horizonte desde el cual pensaba. El hombre es
una cosa, pero una cosa que puede entenderse a sí misma, dado que está
dotado de esa facultad que le permite ver lo que las cosas verdaderamente
son. En este sentido, vieron en el ser humano una realidad dotada de dos
facultades, una con la cual entendía certeramente y que denominaron
nous, y la otra con la cual sentía que llamaron sensibilidad
13
. Fue lo que
pudo dar de sí la losofía griega.
En el mundo cristiano, vivir de acuerdo con la verdad, vivir conado
en aquella verdad, era vivir con espíritu, y fue, según mi parecer, para
lo que fueron insensibles los griegos, y en este sentido es que ignoran
al hombre.
Pero esto hay que pensarlo con más detenimiento. Los grandes
lósofos griegos estaban convencidos de que las cosas se desvelaban
desde mismas, y a ese desvelamiento llamaban verdad, por lo
tanto, presuponían que se podía acceder a la verdad, sin embargo,
es precisamente este modo de acceder a la verdad que comienza a
entrar en crisis, ya no es tan evidente que accedamos a la verdad, la
verdad parece que juega a esconderse de tal modo que se pensó, con
el escepticismo, que era imposible acceder a ella, y esto, según Zubiri,
12 Pienso que ni el epicureísmo, ni el estoicismo incluso ni el escepticismo académico, retoman
la preocupación central de Sócrates, que es de acuerdo con mi modo de entender lo que salvo
a la losofía cuando ésta se debatía en un braseo naufrago en el mundo de los sostas. Quizá
sea injusto este modo de plantear las cuestiones, sin embargo, lo que quiero acentuar es que en
el mundo griego ya no surge un lósofo con la misma contextura, por ejemplo, de Aristóteles,
lo que me ha llevado a pensar, que se trató de una crisis de la cual ya no se pudo recuperar,
insisto a la manera griega. Todo lo anterior me hace plantearme la tremenda inquietud de si
es necesaria la existencia de un Estado fuerte para que exista la losofía en su sentido más
radical; estoicismo, epicureísmo, y escepticismo, son respuestas a las preguntas que surgen en
un contexto en el que el estado-ciudad griego está en crisis con la muerte de Alejandro, por eso,
parece, que atienden más al modo cómo se debe vivir, que a procurar conocer losócamente
la realidad.
13 La sensibilidad precisamente por su esfuerzo en aprehender la estructura racional de las cosas
quedó como algo preterido.
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sume a estos pensadores en una tremenda angustia. El escepticismo es
la angustia de querer llegar a la verdad y no poder hacerlo, ¿qué otro
camino le queda al ser humano?
Si la verdad de las cosas me está vedada, ¿qué posibilidad tenemos, qué
posibilidad se nos ofrece? Dice Zubiri, entrar en mismo, pero no lo
hace para escaparse de la realidad. Entrar en mismo nunca fue para san
Agustín una fuga de la realidad, sino el modo más radical que tuvo este
hombre de encontrar la verdad de sí mismo, una verdad que supuso para
él, de acuerdo con Zubiri, su liberación: “permanece en mismo, entra
en mismo, es dueño de sí”. De este modo tenemos la verdad de las
cosas, pero además tenemos la verdad del hombre mismo.
Es decir, nos inscribimos dentro del mismo esfuerzo por encontrar la
verdad, pareciera que el ser humano no se encuentra a gusto consigo
mismo, sino hasta el momento que da con la verdad de la realidad
14
.
Pero nos preguntamos qué es lo que lo mueve. Nadie se pregunta por
algo si ese algo de algún modo no lo fuerce a que lo haga, es imposible
que nos preguntemos por algo que desconozcamos absolutamente, nos
preguntamos por algo movidos, incluso forzados por ese algo, por eso
dice Zubiri (2002, como se citó en Pascal, s. f.). “Buscamos la verdad
porque ella nos ha encontrado” (p. 63). Pero bien visto, se trata de una
tercera verdad que nuestro autor llama verdad de la verdad. La primera
era la verdad de las cosas, la segunda era la verdad sobre el hombre
mismo que este encuentra cuando entra en y la tercera es esta verdad
de la verdad, esta verdad que mueve a ser buscada.
Pero, ¿quién es esta verdad? Al respecto, dice Zubiri (2002). “Esta verdad
realidad está por encima del mundo y del hombre. Es realidad, pero en un
sentido más radical y, por tanto, distinto de las demás realidades, como
fuente de la verdad de todas ellas. Es, pues, Dios”. En denitiva, Agustín,
partiendo de la verdad de los griegos, encuentra la verdad de mismo,
y termina por encontrar a Dios. Dijimos más arriba que la pregunta
losóca radical, es la pregunta por la verdad, y dado que la reexión
de los pensadores de estos primeros cuatro siglos, que Zubiri despliega
14 Por ello se entiende que, ante la imposibilidad de encontrarla, suma al escéptico en la angustia.
Los seres humanos hambreamos de verdad, no solo de pan vive el hombre, sino que vive por
ese afán de encontrarse frente a frente con la verdad.
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en el pensamiento de Agustín, aquello que buscaron fue afanosamente la
verdad, estamos en franquía para decir que efectivamente ha orecido
en mundo cristiano algo que podemos llamar con el mismo nombre con
el que llamamos a la reexión griega, esto es Filosofía, un último paso
para que el intento quede niquitado, y Zubiri (2002). Lo describe del
modo como sigue: “San Agustín encuentra, tras largos años de inquietud
intelectual, la realidad de la verdad en la realidad divina del logos de San
Juan; en este momento, la ‘palabra de Dios’ se ha convertido en ‘razón
del universo’, (p. 66), y el mundo clásico se ha alojado denitivamente
en el pensamiento cristiano”.
Más de algún estudioso ha dicho que para entender adecuadamente el
logos de San juan, no se requiere recurrir a la tradición griega, sino
que la misma tradición hebrea cuenta con sucientes recursos para
fundamentarlo, no obstante, dado que nuestro esfuerzo estriba en ver
cómo en terreno cristiano pudo surgir algo que podamos llamar losofía
en el mismo sentido griego, nos parece sumamente sugerente ver cómo
Zubiri (2002). Interpreta la “palabra de Dios”
15
, como razón del universo
y de ese modo se aloja el mundo clásico en el pensamiento cristiano.
Aquí importa acentuar dos cosas, la primera es que podemos seguir
llamando a este modo de enfrentar las cosas Filosofía, y lo segundo, que
el horizonte desde el cual se lleva a cabo es un horizonte completamente
distinto que el horizonte de los griegos, por eso dice Zubiri (2002). “Ha
nacido la losofía sobre nuevas bases. Esto es lo único que, por ahora,
nos importa” (p
.
67). Borrosamente, desde Parménides y Heráclito, se
planteaen el mundo de los griegos el problema del ser. Las cosas deben
tener, necesariamente, algo que hace que sean lo que son. A esta aguda
pregunta respondió, al modo griego, Aristóteles. Pero en un horizonte
en el que las cosas han sido creadas, ¿cuál es la índole de dicho ser?
Pero sigue siendo evidente que deben tener un ser, y de la respuesta
a esta pregunta se juega la suerte entera de la losofía occidental. Por
ello, vamos a proceder por pasos contados, porque pienso que de la
comprensión de esta problemática depende la comprensión adecuada
de la losofía de nuestra era
16
. Hay un presupuesto básico desde el cual
15 Juan dice lo siguiente: “kai theos en o logos”, y la Biblia latina lo traduce, “et Deus erat
verbum”
16 Si el mundo cristiano pensó losócamente desde un horizonte completamente distinto
al horizonte griego, es dable pensar que desde una situación como la del tercer mundo se
puede pensar también losócamente, lo que verdaderamente está en juego en el pensar
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parte la reexión de nuestra era, que consiste en lo siguiente, el mundo
ha sido creado por Dios, por eso dice Zubiri (2002). Que “saber lo que
es el mundo en su última realidad, será saberlo como hechura de Dios”
y, como todos sabemos, no se trata de una mera ocurrencia, sino que
expresa más de mil años de reexión hebrea; los hebreos tienen una
manera histórica de concebir a Dios, de tal manera que un teólogo, como
R. de Sivatte (1985). Titula uno de sus libros como Dios camina con su
pueblo, queriendo indicar con ello que Dios de alguna manera vive las
peripecias por las que atraviesa el pueblo judío, por eso la experiencia
determinante que tienen de dicho Dios es la de quien los libera de la
opresión de Egipto, solo centenares de años después van a entender que
si Dios los liberó, también Dios los creó.
Por lo tanto, de aquí se parte, desde este horizonte de creación; no
obstante, esto, en lugar de claricar el ser de las cosas, más bien lo torna
en problema, ¿en qué consiste ese ser en tanto que creado? Esta inquietud
envuelve una doble dicultad: si el ser de las cosas ha sido creado por
Dios, entonces, de algún modo, en dichas cosas, reluce Dios, la creación
es relucencia
17
de Dios, las cosas son, como relucencia de su creador.
Planteado de este modo el problema, quiero insistir en que nosotros
vamos a centrarnos especícamente en procurar entender aquel ser de
las cosas.
18
Que lo podemos hacer justamente por el modo mismo en que
el pensamiento cristiano se plantea tan magno problema, Zubiri (2002).
Dice que “saber una cosa desde Dios, no es por lo pronto saber lo que
es Dios, sino lo que es la cosa” (p. 71). Es decir, Dios creó las cosas de
tal manera que pueden entenderse desde mismas. En este sentido, por
latinoamericano, por ejemplo, es primero demostrar que estamos pensando desde un horizonte
distinto al horizonte europeo, y, por supuesto, en segundo lugar, dar cuenta de los momentos
que constituyen dicho horizonte. Por lo tanto, no se trata de que desestructuremos nuestra
manera de pensar, y que queramos hacerlo al modo de los aztecas o incas precolombinos, dado
que hablamos español, y por tanto, tenemos estructuras europeas a partir de las que pensamos,
sino de lo que se trata es de dar cuenta de la novedad de nuestro horizonte. Y esto me parece
que es lo verdaderamente importante.
17 (I Cor. 13, 12)
18 Nosotros vimos que a la relación en la que se encontraban las cosas en el todo que las circundaba,
los griegos llamaron theoría, o mejor, la concibieron en esa actitud teórica; en cambio, los
cristianos para ver las cosas como hechura de Dios lo hicieron desde una actitud que llamaron
contemplación. Es decir, solo en aquella actitud puede aparecer la totalidad del problema: cosas
y creador. Teniendo presente lo anterior, creo que no tenemos problema en indicar que vamos a
centrarnos únicamente en el ser de las cosas, porque presuponemos que ese ser implica preguntarse
por el ser de Dios. Pero que, por el mismo modo de concebir cristianamente el ser, podemos,
perfectamente poner entre paréntesis momentáneamente preguntarse por el ser de Dios.
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muy criaturas de Dios, las cosas constan de una estructura que las hace
susceptibles de ser comprendidas desde sí mismas.
19
La cosa es absoluta, porque Dios en su innita voluntad creó una cosa
absoluta; por esto es por lo que Zubiri (2002). Dice que: “El término del
hacer creador es la alteridad efectiva entre el mundo y Dios, por la que el
mundo cobra su propia y peculiar estructura y consistencia” (p. 71). Hay
algo que me llama la atención en este modo de plantear la cuestión, por
parte de Zubiri. Nuestro autor no solo indica que el hacer creador es una
alteridad, sino que parece que acentúa el que sea efectiva, con lo que me
parece que recalca la índole de lo creado como verdaderamente distinto
a su creador, aunque he dicho que en esta sección vamos a centrarnos en
la índole del ser de la cosa, en nuestro afán por entenderlo bien, situemos
desde la acción misma de crear, y desde esa acción el creador reconoce
la alteridad de lo creado.
20
¿Qué signica en el texto que comentamos este reconocimiento?
Justamente el que se diga que las cosas cobran su propia estructura; su
estructura les pertenece en propio, las cosas son de suyo lo que son, y es
esto precisamente en lo que estriba su consistencia, las cosas consisten,
lo propio del ser de las cosas es justamente este su consistir, que es lo
que va a permitirnos decir que las cosas tienen un ser, consisten en ser.
Es evidente que con lo dicho no agotamos la comprensión del ser de
las cosas, porque si las vemos desde Dios, aunque hemos dicho que su
alteridad es efectiva, también es evidente que, desde Dios, no son, y es
aquí, donde rigurosamente se plantea el problema, cómo es que las cosas
son y no son. Es la inquietud que va a poner en vilo la historia completa
de la losofía occidental.
Conclusión
Este texto que comentamos comienza planteando lo que el autor llama
el problema de la losofía moderna, y me pregunté: si lo que plantea,
19 Entiendo enseguida el posible problema que esta manera de ver el problema lleva aparejado. Sin
embargo, insisto, en la contemplación aparece la totalidad del problema: las cosas y Dios, o las
cosas como relucencia de Dios, y es obvio que el problema solo puede entenderse concibiéndolo
en su totalidad, en este sentido, tenemos inexorablemente que plantearnos el ser de Dios, para
que nuestra comprensión del problema sea completo, pero vuelvo y lo repito, teniendo presente
todo este tipo de observaciones centrémonos en el problema del ser de las cosas.
20 Se plantea, si la realidad de la que estuviéramos hablando fuera la humana, todo el problema
de la libertad.
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con precisión, es la idea de losofía que se forjaron los neokantianos en
su esfuerzo por comprender la losofía moderna, ¿no tuvo que titularlo
más bien el problema de la losofía neokantiana? Para responder a dicha
pregunta, que no tiene nada de retórico, es necesario leer la totalidad
del texto. Cuando hemos leído todo el libro, nos damos cuenta de que
la situación en la que se encontraron los neokantianos no fue una mera
ocurrencia suya, sino que es el problema que está planteado desde el
horizonte creador. Si Dios creo las cosas, y las creo consistentes en
mismas, la inteligencia puede o centrarse en Dios, y ver como todas las
cosas emanan o emerge de él, con lo que podemos tener de este modo la
teología, de la que se puede nutrir la losofía, y entenderla, por lo tanto,
como una visión de la vida y del mundo, o nos podemos centrar en aquella
consistencia, en aquella alteridad, y ver cómo funcionan las cosas y, por
lo tanto, ver cómo surge la física moderna. En el caso de que sea este el
modo como hay que interpretar el texto zubiriano, es atinado llamar a su
primer capítulo el problema de la losofía moderna, que incluso nosotros
podemos llamar el problema de la losofía occidental.
Aquí está el texto, esperando que todos lo podamos leer, para que cada
cual pueda realizar sus síntesis personales, con las que entienda mejor
no solo la realidad en la que se encuentra, sino que pueda entenderse
mejor a sí mismo. Si la vida está perdiendo su sentido, en el caso de que
esto sea así, quizá no sea por la falta de ciencia y de tecnología, como
dice Ellacuría, quizá sea por falta de losofía, pero bueno, esta es una
conclusión a la que cada uno tiene que llegar por sí mismo.
Referencias
Ellacuría, I. (2003). Filosofía ¿para qué?. UCA Editores
Gracia, D. (2007). Voluntad de verdad, para leer a Zubiri. Triacastela.
Ortega y Gasset, J. (1973). ¿Qué es la losofía?. Espasa-Calpe
Platón. (2016). La apología de Sócrates. Imprenta Nacional.
Sivatte. R. (1985). Dios camina con su pueblo. UCA Editores.
Zubiri, X. (2002). Sobre el problema de la losofía y otros escritos
(1932-1944). Alianza Editorial.