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REVISTA DE MUSEOLOGÍA KÓOT, JULIO 2025 AÑO 15, n.º 18, ISSN 2078-0664, E-ISSN 2307-3942, ISNI 0000 0001 2113 0101
Funez, Rubén. La idea de Filosofía en sobre el problema de la losofía. P. 175-195
parte la reexión de nuestra era, que consiste en lo siguiente, el mundo
ha sido creado por Dios, por eso dice Zubiri (2002). Que “saber lo que
es el mundo en su última realidad, será saberlo como hechura de Dios”
y, como todos sabemos, no se trata de una mera ocurrencia, sino que
expresa más de mil años de reexión hebrea; los hebreos tienen una
manera histórica de concebir a Dios, de tal manera que un teólogo, como
R. de Sivatte (1985). Titula uno de sus libros como Dios camina con su
pueblo, queriendo indicar con ello que Dios de alguna manera vive las
peripecias por las que atraviesa el pueblo judío, por eso la experiencia
determinante que tienen de dicho Dios es la de quien los libera de la
opresión de Egipto, solo centenares de años después van a entender que
si Dios los liberó, también Dios los creó.
Por lo tanto, de aquí se parte, desde este horizonte de creación; no
obstante, esto, en lugar de claricar el ser de las cosas, más bien lo torna
en problema, ¿en qué consiste ese ser en tanto que creado? Esta inquietud
envuelve una doble dicultad: si el ser de las cosas ha sido creado por
Dios, entonces, de algún modo, en dichas cosas, reluce Dios, la creación
es relucencia
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de Dios, las cosas son, como relucencia de su creador.
Planteado de este modo el problema, quiero insistir en que nosotros
vamos a centrarnos especícamente en procurar entender aquel ser de
las cosas.
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Que lo podemos hacer justamente por el modo mismo en que
el pensamiento cristiano se plantea tan magno problema, Zubiri (2002).
Dice que “saber una cosa desde Dios, no es por lo pronto saber lo que
es Dios, sino lo que es la cosa” (p. 71). Es decir, Dios creó las cosas de
tal manera que pueden entenderse desde sí mismas. En este sentido, por
latinoamericano, por ejemplo, es primero demostrar que estamos pensando desde un horizonte
distinto al horizonte europeo, y, por supuesto, en segundo lugar, dar cuenta de los momentos
que constituyen dicho horizonte. Por lo tanto, no se trata de que desestructuremos nuestra
manera de pensar, y que queramos hacerlo al modo de los aztecas o incas precolombinos, dado
que hablamos español, y por tanto, tenemos estructuras europeas a partir de las que pensamos,
sino de lo que se trata es de dar cuenta de la novedad de nuestro horizonte. Y esto me parece
que es lo verdaderamente importante.
17 (I Cor. 13, 12)
18 Nosotros vimos que a la relación en la que se encontraban las cosas en el todo que las circundaba,
los griegos llamaron theoría, o mejor, la concibieron en esa actitud teórica; en cambio, los
cristianos para ver las cosas como hechura de Dios lo hicieron desde una actitud que llamaron
contemplación. Es decir, solo en aquella actitud puede aparecer la totalidad del problema: cosas
y creador. Teniendo presente lo anterior, creo que no tenemos problema en indicar que vamos a
centrarnos únicamente en el ser de las cosas, porque presuponemos que ese ser implica preguntarse
por el ser de Dios. Pero que, por el mismo modo de concebir cristianamente el ser, podemos,
perfectamente poner entre paréntesis momentáneamente preguntarse por el ser de Dios.