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REVISTA DE MUSEOLOGÍA KÓOT, JULIO 2025 AÑO 15, n.º 18, ISSN 2078-0664, E-ISSN 2307-3942, ISNI 0000 0001 2113 0101
Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
De los potones, o lencas, son muy escasas las referencias sobre estos
grupos, los cuales hoy día su lengua y cultura es prácticamente extinta.
Por otro lado, mucho de lo que se dice sobre los pipiles, en el Centro y
Occidente del país, proviene de fuentes arqueológicas locales y datos
comparativos con los grupos nahuas del centro de México (Valdivieso,
2019).16 Así como descripciones dadas por viajeros que lograron
interactuar con los pipiles de épocas posteriores, durante el siglo XIX y
primera mitad del siglo XX (Gómez Méndez, 1990).17
De este modo, es posible que la educación en los pipiles previo a la
intrusión española se compare con el modelo de enseñanza tenido por
los nahuas en el centro de México, con quienes arqueológicamente se
les atribuye descendencia (Albarracín-Jordán y Valdivieso, 2013).18
Aunque no es comprobable, es posible también que la formación de
sacerdotes, gobernantes y guerreros estuvo sujeta a un sistema muy
parecido a los Calmécac del altiplano mexicano, pero sin la formalidad
de estos (Gómez Arévalo, 2011).19 Así, la educación indígena en
lo que hoy es El Salvador pudo darse en torno a la agricultura y la
religión, cuyo sistema de transmisión de conocimientos parece haber
sido sostenible durante varias generaciones, evidente en los centros
ceremoniales más importantes del período Postclásico de esta región
16 Fabricio Valdivieso, “Tazumal y los contactos toltecas en El Salvador”.
17 Poco antes de la independencia, Gutiérrez y Ulloa en 1807, reporta información cuantitativa
sobre la educación, la cual expone números sobre la población estudiantil en cada partido
y de manera global, subdividido en asistencias de niños en primeras letras, sexos, maestros
y dotación al mes, pero nada referente a la educación indígena. Luego, inmediato a la
independencia centroamericana y como provincia de aquella nueva nación pueden citarse las
anotaciones de viajeros como Thompson a su paso por estas tierras en 1825, y luego Stephens
en 1839. Posteriormente vienen las observaciones de Baily en1850, Squire en 1855, Gómez
Menéndez entre 1858 y 1860, Habel en 1860, Darío González 1877, John Newbiggin en 1880,
Montessus de Ballore en 1883, Hartman en 1890, Dawson en 1890, y luego Guzmán, Scherver
y Sapper a nales del siglo XIX y principios del XX. Todos los viajeros y observadores
antes mencionados proveen datos sobre población, comercio, aspectos culturales y étnicos,
producción, política, sociedad y otros, pero ninguno hace referencia a las prácticas educativas
en el seno de las familias o comunidades indígenas de la época.
18 Juan Albarracín-Jordán y Fabricio Valdivieso, “Pasado, presente y futuro de la arqueología
en El Salvador, Identidades 4, No 6: (2013): 59-93. A. P. G Arévalo, “Una genealogía de
la educación en El Salvador”, Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (México),
No 41(3-4), (2011): 73-117. Valdivieso, “Tazumal y los contactos toltecas en El Salvador”.
William R Fowler Jr.,“La distribución prehistórica e histórica de los pipiles”, Revista
Mesoamérica Nº 6. (1983): 380-372.
19 Arévalo, “Una genealogía de la educación en El Salvador”.