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REVISTA DE MUSEOLOGÍA KÓOT, JULIO 2025 AÑO 15, n.º 18, ISSN 2078-0664, E-ISSN 2307-3942, ISNI 0000 0001 2113 0101
Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología1
Pre-Hispanic education in El Salvador
A Theoretical Contribution Derived from Archaeology
Fabricio Valdivieso2
0000-0002-3966-8062
Arqueólogo
fabricio_valdivieso@yahoo.com,
claudio.valdivieso@doctorado.unini.edu.mx
Héctor Martínez Guerrero3
0009-0003-3922-3850
Doctor en Educación Relacional y Bioaprendizaje
magro_h@hotmail.com
hector.martinez@unini.edu.mx
Fecha de recibido: 27/01/2025
Fecha de aceptación: 03/03/2025
DOI: https://doi.org/10.5377/koot.v1i18.20692
URI: https://hdl.handle.net/11298/1385
1 El presente artículo se deriva del desarrollo del marco teórico de la tesis de investigación
titulada “El juego didáctico personalizado (JDP) como refuerzo y estrategia educativa para los
centros educativos de El Salvador” como parte del Doctorado en Educación en la Universidad
Internacional Iberoamericana, México.
2 Fabricio Valdivieso, es licenciado en Arqueología por la Universidad Tecnológica de El
Salvador (UTEC); Máster of Arts (MA) con énfasis en Estudios Interdisciplinarios por la
Universidad de British Columbia (UBC), Canadá; Doctorando en Educación por la Universidad
Internacional Iberoamericana (UNINI). Actualmente es consultor en arqueología, patrimonio
cultural y educación por Blueprinted Education.
3 Héctor Martínez Guerrero, Doctor en Educación Relacional y Bioaprendizaje por la
Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV), México y docente por la Universidad
Internacional Iberoamericana (UNINI), México. Actualmente es Director de Educación
Normal del Estado de Veracruz, México.
Son cuatro artistas plásticos: Grace Guirola, Nicole Schwartz, Giovanni
Gil y Francisco Iván Zayas Alvarado que hoy nos deleitan con su
creatividad visual. Sabido es que los seres humanos nos dejamos llevar
por emociones y por lo que vemos y sentimos. Ellos cuatro, artistas
amigos que han sabido hacer del CENAR (Centro Nacional de Artes) su
espacio de retozo para la creación, con ese deseo propio de ‘reformar’
probando iniciativas para rescatar y darle el signicado y el valor que se
merece la obra sobre papel, hoy nos ilustran con su quehacer artístico.
Y es que el diario ir y venir del día a día y las situaciones que vivimos
en numerosas ocasiones nos impiden expresarnos, y muchas veces las
emociones quedan ocultas.
Es precisamente eso, el deseo de entrar en diálogo por medio del arte
plástico desde lo natural y con técnicas especícas a desarrollar sobre
papel, punta seca, agua tinta, xilografía, monoprint, embossing o repujado,
entre otras, lo que ha llevado a los cuatro artistas en mención a ver su obra
como el arte que habla, que entra en diálogo con quien la observa.
Ahora no es el artista el que habla, ahora es la obra misma a la que estos
artistas dejan expresarse, hablar, decir algo.
Son cuatro artistas que ofrecen y representan su estilo propio como
parte de un “proceso”, es decir, empezar para ver lo que viene después.
Son artistas plásticos nacionales que creen rmemente que el arte es el
medio idóneo para transmitir emociones y sentimientos. Artistas que
saben muy bien que sus obras expresan lo que se siente, pero también
son obras que buscan generar emociones para el diálogo, son obras que
hablan a las personas que las observan.
Presentación
‘Maniesto Arte: 4 Expresiones artísticas’
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
Resumen
La educación prehispánica en El Salvador y Mesoamérica es aún un
capítulo oscuro y poco abordado por investigadores en la historia de
la educación; debido en parte a que su enfoque ha prescindido de las
fuentes directas de información, en este caso la fuente arqueológica,
cuyo recurso permite ir más allá de las interpretaciones que proveen las
referencias escritas. Con este artículo, los autores abren un espacio al
debate teórico en aras de comprender lo que debió ser un patrón educativo
prehispánico en territorios remotos. Así, el presente estudio propone
la existencia de un esquema educativo tenido en épocas prehispánicas
en El Salvador, tomando como base la revisión de material cultural
recuperado en al menos 21 proyectos arqueológicos en diversos sitios del
país y confrontados también con materiales arqueológicos resguardados
en colecciones arqueológicas estatales y privadas. En su metodología,
adopta técnicas propias de la arqueología tradicional, lo cual incluye
observación de cualidades en las piezas, concordancias y diferencias,
estudio de procedencias, revisión de informes técnicos, publicaciones,
antecedentes y reconocimiento de un panorama teórico. De este modo, se
analizan al menos 33,823 artefactos y fragmentos cerámicos de diversas
temporalidades prehispánicas y sitios arqueológicos en El Salvador,
provenientes de excavaciones arqueológicas formales, en donde pueden
distinguirse más de 100 tipos y estilos de manufactura y decoración
variada, sumado a la evaluación de más de 870 piezas resguardadas en
colecciones arqueológicas y documentadas. Como resultado se reconocen
dos funciones básicas educativas en tiempo prehispánicos: la enseñanza
de lo concreto y la enseñanza de lo simbólico.
Palabras claves:
El Salvador-Educación-Mayas, Arqueología, Arte
precolombino, Cerámica maya.
Abstract
Pre-Hispanic education in El Salvador and Mesoamerica is still a dark
chapter and has been little addressed by researchers in the history of
education, partly because their approach has ignored direct sources
of information, in this case the archaeological source, whose resource
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allows us to go beyond the interpretations provided by written references.
Through this article, the authors open a space for theoretical debate in
order to understand what must have been a pre-Hispanic educational
pattern in remote territories. Thus, the present study proposes the
existence of an educational scheme in the pre-Hispanic period in El
Salvador, taking into account the review of cultural material recovered in
at least 21 archaeological projects in various sites in the country and also
compared with archaeological materials preserved in public and private
archaeological collections. In its methodology, it adopts techniques from
traditional archaeology, which includes observation of qualities in the
pieces, concordances and differences, study of provenances and sources,
review of technical reports, publications, background information
and recognition of a theoretical overview. In this way, at least 33,823
artifacts and ceramic fragments from various pre-Hispanic periods and
archaeological sites in El Salvador are analyzed, recovered from formal
archaeological excavations, where more than 100 types and styles of
manufacturing and varied decoration can be distinguished, in addition to
the evaluation of more than 870 pieces from archaeological collections and
documents. As a result, two basic educational functions are recognized:
the teaching of the concrete and the teaching of the symbolic.
Keywords:
El Salvador-Education-Mayans, Archaeology, Pre-Columbian
Art, Mayan Ceramics.
Introducción
La educación especícamente nativa en El Salvador y en Centroamérica,
se encontraría quizás desarticulada de la educación impartida en las
escuelas contemporáneas debido en gran parte a los siglos tenidos de
colonia española y el posterior desarrollo venido con la revolución
industrial y el capitalismo emergente del siglo XIX. Sumado también a
la desarticulación de todo el aparataje político y religioso de los pueblos
indígenas, el cual se encontraba vinculado al sistema de enseñanza de sus
ancestros. Por lo tanto, el tipo de educación indígena impartida dejó de
responder al estado constituido por las nuevas colonias europeas a partir
del siglo XVI, asentándose y sistematizándose un patrón educativo ajeno
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a la modalidad de enseñanza local, sentando así las bases de la educación
contemporánea. Lo anterior constituye el origen de una educación
vinculada con el Viejo Mundo y su historia.
Por consiguiente, el entendimiento de una educación moderna en El
Salvador tiende a contextualizarse, no solamente con los remanentes
culturales de una remota y poco comprendida educación indígena impartida
en el seno de la antigua familia nativa, sino más bien con la educación
venida con los pueblos colonizadores y su trayectoria hacia la sociedad
contemporánea. Esta última también constituye una educación vinculada a
otra cultura, e inmersa en la historia del Viejo Mundo, la cual se modelaría
a conveniencia de la autoridad colonial en turno. Es por esto último que
con frecuencia se encuentran paralelismos entre la educación local y la
modalidad educativa lejana y remota, tal como se verá en este apartado.
Ahora bien, a escala global, la modalidad de enseñanza ha variado con
el tiempo y en regiones. Puede decirse que una inventiva educativa
remota debió darse desde el paleolítico, hace más de 10,000 años, con
la enseñanza de la caza, la pintura en roca, la comunicación y más, hasta
llegar a desarrollarse las primeras escuelas formales en los albores de la
civilización, en su camino hacia la actualidad. Puede pensarse también
que algunos remotos métodos de enseñanza aún son practicados siendo
parte del sentido común para ejercerlos; por ejemplo, la transmisión
de conocimientos en el seno familiar ya sea la enseñanza del habla,
o mediante la práctica de un ocio, el uso del juego, la agricultura, la
domesticación de animales, el uso de instrumentos o herramientas y la
creación artesanal entre otros, consideradas como las primeras formas de
educar, sin o con escuelas establecidas y sin o con escrituras y sistemas
educativos desarrollados. Con el tiempo se dan los primeros pasos
para una educación formal, los cuales se concentraban en conservar la
tradición y las creencias religiosas. (Rodríguez, 2010).1
Si se busca un punto de partida, Egipto es quizás uno de los referentes más
antiguos en cuanto a la educación dentro de una sociedad civilizada. La
enseñanza egipcia puede remontarse al 2,600 a.C., plasmada en papiros y
piezas arqueológicas con jeroglícos. La educación egipcia, se sabe, era
1 A. B. R Rodríguez, “Evolución de la educación”, Pedagogía magna 5 (2010): 36-49.
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otorgada de padre a hijo, aunque el “hijo” solía ser un término referido
por los maestros a sus alumnos, por lo tanto, la enseñanza no se limitaba al
seno familiar, y tampoco se estanca, más bien se dinamiza de generación
en generación. Así, tal como debió ocurrir en otras partes del mundo,
el conocimiento en aquella antigua sociedad se transmitía de manera
oral, se acumulaba y eventualmente se modicaba diversicándose.
(Salas, 2009).2 Aunque en el antiguo Egipto las escuelas eran destinadas
a la élite, la familia también ejercía educación en sus hijos, a quienes
mediante la práctica y desde muy temprana edad les enseñaban ocios
útiles para su vida, ya sean tareas artesanales, agrícolas u otras labores
para la producción local. (Salas, 2009).3
Pese a que los métodos de enseñanza utilizados por aquella antigua
sociedad no son muy claros, el grado de civilización alcanzado es una
muestra impresionante del avanzado desarrollo tenido en la transmisión
de conocimientos durante muchas generaciones, por ende, la educación
debió practicarse bajo altos estándares cimentados en el respeto y la
disciplina por el aprendizaje.
En educación, a nivel global, los paralelismos históricos son recurrentes.
Por ejemplo, por muy lejos que parezca, un antecedente similar y
remoto a la educación religiosa durante la colonia en El Salvador puede
encontrarse nuevamente en el antiguo Egipto, en donde las enseñanzas
también se daban utilizando moralejas y refranes populares, tal como
aconteció en muchas otras partes del mundo en donde la escritura no era
la norma dentro de la educación. (Salas, 2009).4 Otro paralelismo con
las escuelas o la educación colonial en América, e incluso en algunas
escuelas contemporáneas, lo encontramos también en la antigua Grecia.
Para Aristóteles (1988).
5
En su tratado sobre Política (VIII), se tienen
cuatro disciplinas que debían enseñarse: lectura y escritura, gimnasia,
música y dibujo. En aquella remota cultura, a los estudiantes se les
2 Salas, “Historia general de la educación”, Red Tercer Milenio, (2019). Jiménez, M., “La
tradición oral como parte de la cultura”; ARJÉ. Revista de Postgrado FaCE-UC, 11(20),
(2017): 299-306; Rodríguez, 2010.
3 Salas, Historia general de la educación; Rodríguez, Evolución de la educación.
4 Salas, Historia general de la educación.
5 Aristóteles, Política. Editorial Gredos, S.A. de C.V., 1988.
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enseñaba a leer desde muy chicos mediante la recitación de la Ilíada y
la Odisea de Homero. De la misma manera, en América se enseñaba
a leer la biblia y otros libros, incluyendo la misma Ilíada. En aquel
tiempo, como lo es hoy día, y según vasijas y vasos de Onésimo
(pintor del 490 a.C.), las clases en Grecia se impartían en recintos en
donde los aprendices se acomodaban frente al mentor para escuchar y
aprender, cultivando entre otras cosas la estética, la belleza física y la
losofía. (Salas, 2009).
6
Lo mismo ocurrió luego en Roma, en donde
la lectura se enseñaba desde muy temprana edad, y cuyo método se
cree pudo ser el mismo que en la antigua Grecia, enseñando asuntos
relacionados al avance de lo social y político, entre lo que se incluye
la administración de las nanzas, organización del gobierno, literatura
latina, ingeniería y más, cuya modalidad ha superado el tiempo hasta el
presente. Aquella idea de la enseñanza en recintos, o salones de clases,
siguió vigente por muchos siglos y expandidos por todo el mundo.
Claro, para el siglo XVI, el colonialismo europeo y su política llevó
consigo la modalidad educativa de su época, y con ello su antecedente
romano, griego y hasta egipcio.
En cuanto al devenir de la educación traída a Latinoamérica tras la
intrusión española y portuguesa, sus antecedentes apuntan siempre a la
iglesia católica y su asiento en Europa. Así, hacia el siglo IV d.C. Roma
cae, empobreciendo a la población, siendo presa fácil de la corriente
cristiana quienes predicaban valores relativos a la realidad del momento,
incluyendo la humildad y la pobreza, favoreciendo la absorción de aquel
nuevo movimiento religioso. (González Torres, 2014).7 Los monasterios,
durante la Edad Media, otorgaban protección, techo y comida en un
ambiente de frecuentes invasiones y violencia. Estos recintos fungían
también como las escuelas de su época. De este modo, empieza a darse el
concepto de escuela, las cuales se tuvieron también adjuntas a los centros
religiosos como las catedrales y los monasterios. (Aguirre Lora, 2001).8
Siguiendo la historia, la educación más temprana en los monasterios
de la Edad Media se concentraba en la escritura y la lectura, mediante
6 Salas, Historia general de la educación; Rodríguez, Evolución de la educación.
7 Julián González Torres, La escuela sin Dios. Apuntes para una escuela de la educación laica.
(UCA Editores. El Salvador, 2014).
8 M. E. A Lora, “Enseñar con textos e imágenes. Una de las aportaciones de Juan Amós
Comenio”, REDIE. Revista Electrónica de Investigación Educativa 3, N°1, (2001).
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las cuales se repasaba la biblia, salmos, leyes de la Iglesia y la vida de
los santos, aunque también se enseñaba matemáticas básicas y ocios.
(Aguirre Lora, 2001).9
En la Edad Media, la educación tuvo varios tinos, entre los que destacan el
interés más generalizado por la educación de los pueblos y la importancia
de los maestros libres, quienes económicamente dependían de ayuda
voluntaria por parte de los estudiantes. También destaca el surgimiento
de universidades y el desarrollo de la educación militar, aunque esta
última se destinaba a los nobles, quienes la aprovecharían para dominar al
pueblo y evitar levantamientos, dando lugar a la formación caballeresca.
(Salas, 2019).10 Este antecedente histórico se replicó de cierto modo
en la educación que vendría para los pueblos indígenas en las colonias
españolas del Reino de Guatemala y durante las nuevas repúblicas en
el siglo XIX. Pero ¿qué rumbo llevaba la educación en las zonas más
remotas del Nuevo Mundo, en lugares más allá de los sectores de mayor
desarrollo y centros urbanos conocidos, en donde la arqueología a dejado
en claro la existencia de organizaciones sociales estables, producción,
religión y más?
La educación indígena durante el contacto español
Poco se dice sobre la educación prehispánica en lo que hoy es El Salvador.
Esto en parte es debido a que las comunidades aquí asentadas de origen
náhuat, al momento de contacto español, carecían de escritura o códices
que otorgaran referencias sobre la manera de educar. Otras culturas que
también existieron en territorio salvadoreño durante el período Clásico
(250-800 d.C.), como los mayas, tampoco dejaron referencias sobre las
maneras de enseñar a sus pequeños. No obstante, en El Salvador puede
creerse en la existencia de una modalidad educativa indígena local la
cual debió ser comparable con otras regiones en Mesoamérica o más
allá. Según expertos, en algunas culturas indígenas latinoamericanas
y en grupos nativos-americanos, los niños se ven acostumbrados a
educarse como parte de una orientación en grupo, en donde la opinión
de toda la comunidad cuenta, ejerciendo el compañerismo y bajo un
régimen de colaboración común en plena armonía comunal. (Reid et
9 Lora, “Enseñar con textos e imágenes”. J. A. Salas, Historia general de la educación.
10 Salas, Historia general de la educación.
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al., 2019).11 No obstante, esto último no es un comportamiento propio
para las culturas indígenas de las Américas. En otras culturas agrarias,
los niños aprenden de manera informal a través de su integración con
el mundo de los adultos, a quienes observan e imitan, y se les incentiva
a participar de las actividades productivas de la comunidad. En la
actualidad también acontece la educación comunal en muchas regiones
del planeta, e incluso dentro de las sociedades industrializadas.
La poca información tenida por arqueólogos e historiadores sobre
la educación indígena mesoamericana, con frecuencia toman como
referencia la famosa obra escrita por el fraile español Fray Bernardino
de Sahagún, “Historia general de las cosas de la Nueva España”, creada
poco después de la conquista española entre 1540 y 1585. En dicho texto,
entre otras cosas, se hace referencia a la manera en cómo los padres en
el seno familiar adoctrinaban a sus hijos en la manera de andar, mirar,
oír, dormir, comer, beber, hablar y vestir, así como alejarlos de lo ajeno
y encaminarlos a la honestidad. (Ribeira de Sahagún, 1999).12 Dicha
educación se entrelazaba con lo religioso y lo mágico, inculcando valores
necesarios para la vida diaria y fortaleciendo la unión familiar con aspectos
morales y éticos. Esto último se debe a que la familia se consideraba
como la primera escuela. Tal como lo hace ver Meza-Mejía y Anchondo-
Pavón (2019).13 La educación mexica procuraba el autoconocimiento y el
autodominio, lo cual modelaría individuos prudentes y sabios a lo largo
de su vida. La educación en los pueblos indígenas del centro de México
era un proceso que nunca expiraba, extendiéndose hasta la muerte.
Los aztecas, de hecho, tuvieron centros educativos de carácter público,
conocidos como los Telpochcalli, en donde se educaban como guerreros
y servidores del pueblo, y los Calmécac en los cuales se educaban como
sacerdotes o destinados para los futuros nobles (Imagen 1).
11 Reid Jeanne L., Sharon Lynn Kagan y Catherine Scott-Little, “New understandings of cultural
diversity and the implications for early childhood policy, pedagogy, and practice”, Early Child
Development and Care, (2019): 189:6, 976-989
12 Ribeira de Sahagún, M. D.. Historia General de las Cosas de Nueva España, (México, Edito-
rial Porrúa, 1999), 359-362
13 M. D. C Meza-Mejía y S. Anchondo-Pavón, “La formación del carácter en los indí- genas
mexicanos. Continuidades, rupturas y reivindicaciones”, Estudios sobre edu- cación 37
(2019): 33-49
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Imagen 1. Calmécac, Ciudad de México. Remanente de una sección del Calmécac
contiguo al Templo Mayor expuesta como ventana arqueológica dentro del Programa
Arqueología Urbana (PAU). Fotografía por Fabricio Valdivieso.
Ahora bien, la educación indígena en El Salvador previo al contacto
español se piensa, carecía de una estructura formal planicada la cual
fuese dirigida por las castas gobernantes para las clases populares. Antes
de la colonia española, gran parte de la región occidental y paracentral
del país era habitada por grupos pipiles de habla náhuat, los cuales eran
descendientes ancestrales de grupos venidos del centro de México a lo
largo del período Postclásico, entre el 800 d.C. y 1524 d.C. (Fowler,
2011).14 El resto del territorio lo conformaban grupos lencas y cacaoperas
en el oriente, chortís en lo que hoy es Chalatenango en la zona norte,
e islotes culturales de grupos xincas y pocomames en el occidente del
país. Así, los pipiles son los grupos que mayores referencias aportan,
14 William R Fowler Jr., “El complejo Guazapa en El Salvador: la diáspora tolteca y las migra-
ciones pipiles”, La Universidad 14-15 (2011): 17-66. Proyecto arqueológico Ciudad Vieja,
(CONCULTURA. San Salvador, 2003). Fabricio Valdivieso, “Tazumal y los contactos tolte-
cas en El Salvador, nuevas interpretaciones de la estructura B1-2”, Divulgata (2009).
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puesto que fueron ellos los que encararon la conquista al momento
del arribo de españoles e indios amigos que acompañaban a Pedro de
Alvarado para 1524.
No obstante, las referencias sobre la vida y la educación de aquellos grupos
pipiles es pobrísimo, limitándose a narraciones proporcionadas por las
cartas de relación de Alvarado a Hernán Cortez, algunas pocas referencias
de Bernal Díaz del Castillo, y someramente Fray Bartolomé de las Casas a
su paso por la villa de San Salvador y provincia de “Cuzcatán” sin mayores
detalles más allá de las descripciones relacionadas a las atrocidades
ocasionadas por los españoles en la provincia y Reino de Guatemala.
Aquellas referencias históricas generalmente se limitan a ver estos grupos
desde un punto de vista materialista, sin apuntes que detallen la vida
de estos, su educación y su cultura. (Amaroli, 1986; Amoroli, 1991).15
Luego, durante la colonia, las reseñas españolas provenientes de oidores
y escribas tampoco aportan sobre el modo de transmitir conocimiento
dentro del seno indígena en El Salvador, puesto que aquellos escritos
se concentraban más que todo en tasaciones, demografía, producción y
generalmente en asuntos del interés del clero o de la gobernabilidad de la
Corona en las provincias españolas. Para nales del siglo XVI, se tienen
las descripciones otorgadas por el fraile franciscano Antonio de Ciudad
Real en 1586, quien acompañó a Fray Alonso Ponce, designado como
Comisionado General de la Orden de San Francisco, en un recorrido que
abarcó desde México hasta Nicaragua. A su paso por la región que hoy
conforma el territorio salvadoreño, Ciudad Real describe las lenguas
habladas en lo que hoy es el occidente y oriente de este país, los cuales
reconoce como potones, diferente al habla pipil en occidente, y provee
algunos detalles de la ecología, geografía, producción e incidentes de
viaje, pero no describe nada sobre educación o prácticas de enseñanza en
los pueblos recorridos.
15 Paul Amaroli, La búsqueda de Cuscatlán, un proyecto etnohistórico y arqueológico, (San
Salvador, Patronato Pro-Patrimonio Cultural,1986). “Linderos y geografía económica de Cus-
catlán, provincia pipil del territorio de El Salvador, Mesoamérica 12, N°21 (1991): 41-70.
Fowler, “El complejo Guazapa en El Salvador. R. B. Castro, Reseña histórica de la villa de
San Salvador: desde su fundación en 1525, hasta que recibe el título de ciudad en 1546 (San
Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, 1996).
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
De los potones, o lencas, son muy escasas las referencias sobre estos
grupos, los cuales hoy día su lengua y cultura es prácticamente extinta.
Por otro lado, mucho de lo que se dice sobre los pipiles, en el Centro y
Occidente del país, proviene de fuentes arqueológicas locales y datos
comparativos con los grupos nahuas del centro de México (Valdivieso,
2019).16 Así como descripciones dadas por viajeros que lograron
interactuar con los pipiles de épocas posteriores, durante el siglo XIX y
primera mitad del siglo XX (Gómez Méndez, 1990).17
De este modo, es posible que la educación en los pipiles previo a la
intrusión española se compare con el modelo de enseñanza tenido por
los nahuas en el centro de México, con quienes arqueológicamente se
les atribuye descendencia (Albarracín-Jordán y Valdivieso, 2013).18
Aunque no es comprobable, es posible también que la formación de
sacerdotes, gobernantes y guerreros estuvo sujeta a un sistema muy
parecido a los Calmécac del altiplano mexicano, pero sin la formalidad
de estos (Gómez Arévalo, 2011).19 Así, la educación indígena en
lo que hoy es El Salvador pudo darse en torno a la agricultura y la
religión, cuyo sistema de transmisión de conocimientos parece haber
sido sostenible durante varias generaciones, evidente en los centros
ceremoniales más importantes del período Postclásico de esta región
16 Fabricio Valdivieso, “Tazumal y los contactos toltecas en El Salvador”.
17 Poco antes de la independencia, Gutiérrez y Ulloa en 1807, reporta información cuantitativa
sobre la educación, la cual expone números sobre la población estudiantil en cada partido
y de manera global, subdividido en asistencias de niños en primeras letras, sexos, maestros
y dotación al mes, pero nada referente a la educación indígena. Luego, inmediato a la
independencia centroamericana y como provincia de aquella nueva nación pueden citarse las
anotaciones de viajeros como Thompson a su paso por estas tierras en 1825, y luego Stephens
en 1839. Posteriormente vienen las observaciones de Baily en1850, Squire en 1855, Gómez
Menéndez entre 1858 y 1860, Habel en 1860, Darío González 1877, John Newbiggin en 1880,
Montessus de Ballore en 1883, Hartman en 1890, Dawson en 1890, y luego Guzmán, Scherver
y Sapper a nales del siglo XIX y principios del XX. Todos los viajeros y observadores
antes mencionados proveen datos sobre población, comercio, aspectos culturales y étnicos,
producción, política, sociedad y otros, pero ninguno hace referencia a las prácticas educativas
en el seno de las familias o comunidades indígenas de la época.
18 Juan Albarracín-Jordán y Fabricio Valdivieso, “Pasado, presente y futuro de la arqueología
en El Salvador, Identidades 4, No 6: (2013): 59-93. A. P. G Arévalo, “Una genealogía de
la educación en El Salvador”, Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (México),
No 41(3-4), (2011): 73-117. Valdivieso, “Tazumal y los contactos toltecas en El Salvador”.
William R Fowler Jr.,“La distribución prehistórica e histórica de los pipiles”, Revista
Mesoamérica Nº 6. (1983): 380-372.
19 Arévalo, “Una genealogía de la educación en El Salvador”.
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
como Cihuatán, Tehuacán, Tazumal, Madre Selva y otros (Albarracín-
Jordán y Valdivieso, 2013).20
El conocimiento, en estas tierras, se supone era transmitido de manera
directa y por tradición oral, y a través de la enseñanza empírica dentro de
cada familia, de padres a hijos, y en grupos comunitarios (Armas Molina,
1974).21 Estableciendo los roles de género e identidad. Es de suponer
que efectivamente existió educación en las comunidades indígenas
salvadoreñas. Esto último puede percibirse en la producción de artefactos
estudiados por la arqueología, con técnicas variadas y complejas: desde
platos, comales, cántaros y una gran variedad de ollas y cajetes hasta
gurillas, incensarios y juguetes con ruedas, entre muchos otros los
cuales pueden encontrarse de diversas variedades: zoomorfos, tomorfos
o antropomorfos; decorados con agregados, modelados o moldeados;
frecuentemente pintados, monocromos, bicromos, policromos, y más. En
todo lo anterior redundan las técnicas de manufactura y arte, y pueden
localizarse en diferentes sitios arqueológicos del país. Es interesante
percatar que a medida que transcurren los siglos, es decir, del período
Preclásico al Postclásico, las técnicas de manufactura cambian y se
renan a formas más complejas, tanto en diseño como en decoración,
lo cual signica que el conocimiento efectivamente fue conservado,
acumulándose de manera que modicaba y perfeccionaba la manufactura
de artefactos, y adoptando modalidades externas que se fusionaban con
lo local. En otras palabras, existió un modelo local de educación en la
producción de insumos el cual fue adoptado de generación en generación.
Lo anterior signica una indudable existencia de personas que enseñaban
a los más jóvenes la preparación de la pintura, el modelado de la alfarería,
la elaboración de hornos para la cocción de la cerámica y más, sobre todo
el signicado y sentido del arte expuesto en los artefactos. Se suma a lo
anterior, las técnicas en la manufactura y tallado de la lítica: obsidiana,
jade, basalto y otras rocas, así como el conocimiento para la edicación
de casas y estructuras con basamentos, los cuales proveen un previo
20 Albarracín-Jordán y Valdivieso, “Pasado, presente y futuro de la arqueología en El
Salvador”. Valdivieso “Tazumal y los contactos toltecas en El Salvador”. Amaroli,
“Linderos y geografía económica de Cuscatlán, provincia pipil del territorio de El Salvador.
21 Miguel Armas Molina, La cultura pipil de Centroamérica. (San Salvador, Dirección de
Publicaciones, 1974).
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
conocimiento del medio para su asentamiento y resistencia constructiva
en una región altamente sísmica y con frecuentes torrenciales. Esto sin
duda también se daba en otras áreas del saber, como la herbolaria, el
conocimiento del cosmos, la religión y el conocimiento en política y otras
formas de organización, entre otras. La agricultura, almacenamiento y
procesamiento de alimentos también se sumarían a la enseñanza local.
Mucho de este conocimiento, en su proceso, se expande de manera
regional lo cual sugiere una comprensión del entorno apegada a la cultura
y a la ecología de cada zona, aunque inuenciado por el intercambio a
distancia con otras regiones. De esta suerte, el conocimiento uye, se
adopta, se intercambia, se conserva y se perfecciona a medida que se
expande y se dilata en el tiempo. Los vectores de este fenómeno debieron
ser los educadores de cada época, residentes quizás en el mismo seno
familiar, o muy bien eran parte de un grupo selecto de conocedores dentro
de cada comunidad, equivalentes a los maestros, quienes vectorizaban a
el mensaje de las autoridades y mantenían la tradición.
En El Salvador, un sitio arqueológico de suma importancia que demuestra
la utilización de variadas técnicas agrícolas e incluso de construcción
doméstica, importancia en la salud y losofía de mundo en la manera de
convivir es Joya de Cerén, de origen maya. Este asentamiento conservado
por la erupción de un volcán en el siglo VII de nuestra era ha permitido
reconocer sistemas constructivos apegados al medio, edicados a base
de adobe y bahareque, incluyendo un temascal o sauna, distribución de
espacios en áreas domésticas y uso intensivo de suelos.
Así, la observación de las cosas llevó a la especialización en las técnicas
siendo transmitidas de generación en generación. De este modo, en
El Salvador pueden encontrarse piezas arqueológicas que trascienden los
dos mil años, y sus formas y manufacturas han cambiado con los siglos.
Sin duda, existieron mentores locales a quienes la historia no les hizo
justicia. De esta suerte, se cree que el desarrollo evolutivo y la pedagogía
de los pipiles en el período Postclásico se vio interrumpido por la llegada
de los españoles (Gómez Arévalo, 2011).22 Quienes impondrían un nuevo
22 Arévalo, “Una genealogía de la educación en El Salvador”. Amaroli, “Linderos y geografía
económica de Cuscatlán”. Jeb J. Card, “The Ceramics of Colonial Ciudad Vieja, El Salvador:
Culture Contact and Social Change in Mesoamérica” (Tesis de disertación para optar el grado
de PhD, Departamento de Antropología de la Universidad de Tulane; Estados Unidos, 2007).
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
sistema económico y uso de suelos (Sampeck, 2014).23 Leyes y una nueva
modalidad de vida cargada de religión (Escalante Arce, 1992).24
Figura 1
Figura 1. Dibujo y datos compilados por Fabricio Valdivieso con base a Atlas
Arqueológico de El Salvador del Centro Nacional de Registro, archivos del Ministerio
de Cultura de El Salvador y fuentes documentales en Biblioteca Especializada del
Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán” en San Salvador.
Justicación en el estudio de los objetos
La cerámica, la escultura y la complejidad de formas percibidas en los
artefactos arqueológicos son todo ellos transmisores de cultura, representación
de ideas y una semblanza de épocas desaparecidas. Su contemplación es una
vía material para alcanzar el pasado, y una aproximación al modo de enseñar
y educar con respecto a las ideas de su tiempo.
Para los arqueólogos, el estudio de la cerámica y artefactos inicia
desde el reconocimiento de su lugar de origen, la época, sus atributos
23 Kathryn E. Sampeck, “El paisaje cultural del chocolate: pipiles izalcos y cambios semánticos
en el mundo atlántico. Siglos XVI-XIX”, La Universidad, (2014): 22-24.
24 P. A. Escalante Arce, Códice de Sonsonate: Crónicas hispánicas, (1992).
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
morfológicos y pictóricos, técnica de elaboración y decoración y el
reconocimiento de su función. La arqueología trata los materiales con
relación a la estratigrafía en la cual yacen, y al contexto cultural, lo cual
permite otorgar una datación inmediata pero no precisa. Así también
la tipología de los artefactos permite distinguir épocas y regiones de
origen. Las precisiones en las fechas pueden alcanzarse mediante análisis
químicos, tal como el carbono 14 aplicados a materia orgánica, como los
huesos o el carbón contenido en el interior de algunas vasijas, o incluso
en algunos pigmentos, entre otros.
Así, los tipos cerámicos y morfologías reconocidas en artefactos líticos
y otras formas inician con la observación al material asociado a los sitios
arqueológicos, aunque lamentablemente no siempre los arqueólogos han
logrado percibir estas piezas dentro de una excavación arqueológica, y
no siempre han encontrado piezas completas. Muchos de estos análisis se
dan en materiales cerámicos y líticos fragmentados, o tiestos, y en algunos
casos resguardados en colecciones estatales o privadas fuera del contexto
arqueológico. Un criterio de selección de piezas para su clasicación se
da partiendo del hecho que éstas cuentan con algún reporte o cha de su
lugar de procedencia, aunque en muchas chas de piezas registradas la
información puede presentarse muy limitada, más que todo cuando éstas
no proceden de excavación arqueológica.
Los arqueólogos en El Salvador han reportado la existencia de cerámicas
de tradición prehispánicas en contextos de la época de contacto español,
como el caso de Ciudad Vieja, la primera villa de San Salvador fundada
en 1528 (Card y Fowler, 2019).
25
Algunas referencias relacionadas al
hallazgo de piezas indígenas en el interior de edicaciones españolas
dentro de Ciudad Vieja permiten considerar que las vasijas nativas
eran posiblemente admiradas y utilizadas por los primeros pobladores
europeos en este suelo. Estos primeros españoles se encontrarían ante
una tradición alfarera con más de dos mil años de trascendencia hacia
el pasado.
25 J. J. Cardy y W. R. Fowler Jr,. “Technological and Cultural Change during the Conquest
Period at Ciudad Vieja, El Salvador”; en Technology and Tradition in Mesoamerica After the
Spanish Invasion: Archaeological Perspectives (University of New Mexico Press, 2019), 189.
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
Metodología
La metodología adoptada se basa en técnicas propias de la arqueología
tradicional, mediante evaluación de artefactos en torno a concordancias
y diferencias de estos, excavación arqueológica y revisión de
documentos y antecedentes. Por lo anterior se revisaron más de 1,300
piezas provenientes de la colección arqueológica en custodia de la
Fundación Doménech y
Museo Toxtli, en la ciudad de San Salvador,
así como la ejecución de al menos 21 proyectos arqueológicos dirigidos
por el autor del presente estudio, los cuales se dieron bajo la autorización
del Ministerio de Cultura y nanciados por diversas empresas, entre los
años 2001 y 2024 en El Salvador (tabla 1). Dichos estudios, ejecutados
en diversos sitios arqueológicos a nivel nacional, ostentan el análisis de
más de 33,823 artefactos y fragmentos cerámicos y líticos de diversas
temporalidades prehispánicas, en donde pueden distinguirse alrededor de
una centena de tipos y estilos de manufactura y decoración diversa (Tabla
2). Estos artefactos se ven articulados a otras investigaciones en diversos
sitios del país ejecutados por otros arqueólogos a lo largo del último siglo
(Valdivieso, 2014).26 Y en otros casos en informes técnicos y publicaciones
recientes resguardadas en las instituciones estatales. También se tiene
como referencia el sistema tipo variedad descrito por Sharer (1978). Para
Chalchuapa en la región occidental de El Salvador y (Andrews y Wyllys,
1986). Para Quelepa en el oriente del país.
Durante el estudio, cada pieza fue descrita apegado a modelos descriptivos
de chas en el Registro de la Colección Nacional de Arqueología de
El Salvador, proporcionado por la Dirección de Registro de Bienes
Culturales del Ministerio de Cultura. A su vez la estructura descriptiva es
dada siguiendo como base el Método Simplicado para la Clasicación
de Cerámica en Arqueología publicado por (Popenoe de Hatch y Castillo,
1984), así como las Normas para la Descripción de Vasijas Cerámicas
publicado por Hèlené Balfet et al., (1992), del Centro de Estudios
Mexicanos y Centroamericanos (1992). Se toman en consideración los
vocabularios sobre cerámica proporcionados por Smith y Román (1962).
Algunas piezas, como las gurillas, misceláneos, silbatos, orejeras,
malacates, lítica y otros, adoptan modelos descriptivos utilizados por
26 Fabricio Valdivieso. The Uses of Archaeological Resources for the Benet of Rural Commu-
nities in El Salvador. Tesis de Maestría, Universidad de British Columbia, Canadá (2014).
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un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
otros arqueólogos en informes técnicos publicados relacionados a la
región mesoamericana. La clasicación del material cerámico se realiza
con base a comparación de estilos o especímenes reconocidos por otros
arqueólogos. Los estilos cerámicos con sus características morfológicas
y pictóricas permiten distinguir una distribución espacio-temporal de
artefactos en El Salvador.
Por su lado, la descripción de los metates es basada en la clasicación
sugerida por Fabricio Valdivieso en Metates de El Salvador, una alternativa
de clasicación tipológica (2000). Esta clasicación considera tres partes
fundamentales para la descripción de la pieza: cuerpo, base y supercie
de molido. La parte primordial para la descripción es conformada por la
supercie de molido en donde su forma permite agruparlas por familias.
Luego, en cada familia se distinguen tipos de acuerdo a la forma de su
base y dentro de los tipos se tendrán subtipos de acuerdo a la forma
del cuerpo. De esta clasicación morfológica se desprenden patrones
comunes y divergentes, reconociendo su distribución a nivel nacional.
Para los arqueólogos, el estudio
de la cerámica y artefactos inicia
desde el reconocimiento de su lugar
de origen, la época, sus atributos
morfológicos y pictóricos, técnica
de elaboración y decoración y el
reconocimiento de su función.
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Tabla 1
Material arqueológico evaluado y procedencias
* DDA = Depósitos de la Dirección de Arqueología (Ministerio de Cultura).
MUNA = Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán”, en San Salvador.
Procedencia Año Colecciones Código de
referencia
Total de artefactos
estudiados
Investigador
responsable
Referencia
documental
(estudio realizado)
Ubicación del
material y
documentos
El Salvador 2007-2010 Museo Toxtli P86 871 piezas completas
+ 429 fragmentos
F. Valdivieso https://www.
fundaciondomenech.
org/copy-of-m1-
material-educativo
Museo Toxtli,
San Salvador
Nuevo Cuscatlán 2024 DDA EASNC-23 6,877 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2024 MUNA
San José
Villanueva
2023 DDA PAVMC-23 28 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2023c MUNA
San José
Villanueva
2023 DDA PAVMC-23 69 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2023b MUNA
Usulután 2023 DDA PAPMU-2022 400 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2023a MUNA
Ciudad Arce 2022 DDA PASA-22 667 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2022b MUNA
Apopa 2022 DDA PFLAFEC-SUP 412 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2022a MUNA
Tecoluca 2021 DDA IAIMFICA-21 386 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2021b MUNA
Izalco 2021 DDA PAEBP-21 260 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2021a MUNA
Izalco 2021 DDA PASN-21 630 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2021a MUNA
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Sonsonate 2018 DDA TSECTS-18 3,073 fragmentos y
piezas
F. Valdivieso Valdivieso, 2020 MUNA
Sonsonate 2019 DDA TSECTS-
SUP-19
102 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2020 MUNA
Apopa 2019 DDA PFLAFEC-19 428 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2019a MUNA
Atalaya 2010 DDA PAA-09 9,404 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2010 MUNA
Ciudad Dolores 2009 DDA PLPN.CD-09 1,179 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2009d MUNA
Santiago de
María
2008 DDA PLM.SM-08 3,387 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2009c MUNA
Transecto 44 km.
zona Central y
Oriental de El
Salvador
2008 DDA LITECH-01-08 693 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2009b MUNA
Presa El
Chaparral
(Central
hidroeléctrica 3
de febrero)
2008 DDA PACH-01-08 1,926 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2009a MUNA
La Cuchilla 2002 DDA --- 2,575 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2000 MUNA
Finca Rosita 2001 DDA --- 271 fragmentos F. Valdivieso Valdivieso, 2001 MUNA
Variada a nivel
nacional
1998-2000 Variadas Sin código 185 metates
completos y semi
fragmentados
F. Valdivieso Valdivieso, 2000 El Salvador
Total de muestras arqueológicas estudiadas: 33,823 entre fragmentos y piezas.
Total de proyectos ejecutados: 21
Muestras estudiadas. Datos compilados por Fabricio Valdivieso
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Tabla 2
Muestra tipológica de material recuperado proveniente de excavación arqueológica
Código de
proyecto
Tipología registrada
sobresaliente en cerámica
Temporalidad Referencia
EASNC-23 Copador, Arambala, Gualpopa,
Machacal Púrpura, Campana, Salúa,
Guazapa, Chalate Tallado, Chancala,
Usulután y Obrajuelo.
Clásico tardío
(600–800 d.C.)
Valdivieso, 2024
PAVMC-23 (sur) Generalmente material doméstico, sin
material diagnóstico.
Clásico tardío
(600–800 d.C.)
Valdivieso, 2023c
PAVMC-23
(norte)
Cerámica doméstica, obsidiana del tipo
Chayal.
Clásico tardío
(600–800 d.C.)
Valdivieso, 2023b
PAPMU-2022 Cerámica doméstica, Batik Usulután,
gurillas.
Preclásico tardío
(250 a. C.–250 d.C.)
Valdivieso, 2023a
PASA-22 Cerámica doméstica, especímenes
con soportes zoomorfos y bicromos
ornamentados sin diagnóstico
tipológico.
Clásico tardío
y Postclásico
(600–1524 d.C.)
Valdivieso, 2022b
PFLAFEC-SUP Doméstico, cerámica monocromo y
bicromo, una gurilla.
Clásico tardío
y Postclásico
(250–1524 D.C.)
Valdivieso, 2022a
IAIMFICA-21 Cerámica doméstica con decoración
modelada monocroma y bicroma.
Preclásico
(800 a.C.–250 d.C.)
Valdivieso, 2021b
PAEBP-21 Cerámica doméstica sin diagnóstico. Preclásico
(800 a.C.–250 d.C.)
Valdivieso, 2021a
PASN-21 Cerámica doméstica, batik Usulután Preclásico
(800 a.C.–250 d.C.)
Valdivieso, 2021a
TSECTS-18 41 tipos cerámicos incluyendo
Plomizos, Guajoyos, Darío Plain,
Chuquezate, Teshcal y Bambudal. Se
tiene obsidiana Cayal e Ixtepeque.
Postclásico
(800–1524 d.C.)
Valdivieso, 2020
TSECTS-18-SUP Cerámica doméstica y ceremonial. Postclásico
(800–1524 d.C.)
Valdivieso, 2020
PFLAFEC-19 Cerámica doméstica y ceremonial del
tipo Marihua.
Clásico tardío
y Postclásico
temprano
(600–1200 d.C.)
Valdivieso, 2019a
PAA-09 Ceremonial y doméstica, se distinguen
Batik Usulután, policromo preclásico,
especímenes monocromos y bicromos,
Preclásico tardío
(250 a.C.–250 d.C.)
Valdivieso, 2010
PLPN.CD-09 Arambala y Copador. Clásico tardío
(600–800 D.C.)
Valdivieso, 2009d
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PLM.SM-08 Batik Usulután y Chalate Tallado. Clásico tardío
(600–800 D.C.)
Valdvieso, 2009c
LITECH-01-08 Cerámica doméstica y ceremonial del
tipo Guarumal – texis y Obrajuelo
Ordinario.
Clásico tardío
(600–800 D.C.)
Valdivieso, 2009b
PACH-01-08 Doméstico y ceremonial tipo Chalate
tallado, Salúa, Obrajuelo Ordinario y
obsidiana Chayal.
Clásico tardío
(600–800 D.C.)
Valdivieso, 2009a
La Cuchilla
Doméstico y ceremonial del tipo
Guazapa y Copador.
Preclásico Tardío
(250 a.C.–250 d.C.)
y Clásico Tardío
(600–800 d.C.)
Valdivieso, 2002
Finca Rosita Cerámica doméstica. Preclásico Tardío
(250 a.C.–250 d.C.)
Valdivieso, 2001
Resumen de muestras estudiadas y temporalidades. Datos compilados por Fabricio Valdivieso
Tabla 3
Muestra cuantitativa según tipologías en piezas cerámicas completas:
Colección Museo Toxtli: 871 piezas cerámicas completas. Datos compilados por
Fabricio Valdivieso.
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Partiendo de un origen
Para Mesoamérica se cree que los primeros recipientes de barro
posiblemente fueron elaborados adoptando las formas percibidas
en los objetos vegetales, de bra o siguiendo la forma de utensilios
previamente elaborados en piedra. Así, aquellos primeros recipientes
previo a la invención de la cerámica debieron elaborarse con materiales
orgánicos perecederos como los morros y calabazas, o incluso madera o
algunas formas de tejidos de bejucos y bras, dando lugar a las primeras
cestas. (Austin y Lujan, 2019).27 También se elaboraban recipientes en
piedra como los molcajetes. Es difícil para la arqueología distinguir
cuales o cómo debieron ser en realidad los primeros recipientes o
contenedores elaborados de materiales perecederos; pero sin duda éstos
fueron sustituidos por utensilios más resistentes que la cestería, de
mayor capacidad y fácil transporte, como la cerámica. En este proceso
experimental nacían también los primeros maestros.
Para muchos investigadores, la cerámica se originó con el sedentarismo
vinculado con la agricultura y la explotación del medio natural. En
muchos sitios mesoamericanos el criterio de selección de áreas para
asentarse se viene dando desde el Preclásico o Formativo Temprano,
más allá de los 3.000 años, con antecedentes en el Arcaico cuando inicia
el desarrollo de las sociedades basadas en la explotación del medio y
destinadas al establecimiento.
Pretendiendo explicar el origen de la cerámica prehispánica en
Centroamérica, deberemos encontrar un punto de partida en el plano
geográco. Para Schmidt Schoenberg (2006).28 Puerto Marqués, ubicado
al sureste de Acapulco, en Guerrero, México, muy bien podría ser esta
región el área donde se originó la alfarería más remota de Mesoamérica,
fechada a partir del 2300 a. C., dentro de la fase Pox. Este pequeño sitio
fue descubierto por Charles F. Brush y su esposa Ellen Sparry en la
primera mitad de la década de 1960, localizado contiguo a un auente de
agua, lo cual es un patrón que empieza a percibirse en los asentamientos
costeros más tempranos de la vertiente del Pacíco.
27 A. L. Austin y L. L. Luján, El pasado indígena, (México, Fondo de Cultura Económica, 2019).
28 Paul Schmidt Schoenberg, “La época Prehispánica en Guerrero”, Arqueología Méxicana, Vol.
14 Nº 82 (2006): 28-37.
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Fabricio Valdivieso
Para algunos arqueólogos, la cerámica de Puerto Marqués comparte
características con el valle de Tehuacán, México, en donde aparece entre
el 2300 y 1500 a. C., dentro de la fase Purrón. En esta última región se
presentan grandes jarras sin cuello y con base plana, tecomates y platos
planos y grandes. Esta cerámica tehuacana parece acercarse a una burda
imitación de la loza ya elaborada al norte de Suramérica, anterior al
3000 a.C. (Banco Agrícola de El Salvador, 1995).
29
Los grupos arcaicos recolectores-cazadores que habitaron la costa sureste
de Mesoamérica se les conoce como cultura chantuto, alrededor del 7500
al 3500 a.C., quienes vivían en manglares y próximo a esteros. (Voorhies
y Kennett, 2006).30 Los remanentes chantutos en la región de la costa
del Soconusco lo representan grandes montículos de conchas, algunos de
29 W. R. Fowler, El Salvador, Antiguas Civilizaciones. Banco Agrícola de El Salvador. San Sal-
vador, El Salvador, (1995).
30 B., Voorhies, y D. Kennett, El periodo arcaico de la costa-pacica en el sur de México: una
comparación entre Guerrero y Chiapas. Segunda Mesa Redonda, Grupo Multidisciplinario de
Estudio Sobre Guerrero, Coordinación Nacional de Antropología, Taxco-Guerrero, México
(2006). Fowler, Antiguas civilizaciones, E. I., Romero-Berny y C. A Guichard-Romero, Ante-
cedentes de un camino hacia la conservación, en Reserva de la Biosfera La Encrucijada: Dos
décadas de investigación para su conservación (Tuxtla Guitiérrez, Mexico: Universidad de
Ciencias y Artes de Chiapas, 2015), 304.
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los cuales han sido estudiados por arqueólogos, permitiendo reconocer
patrones culturales en aquella zona previo al establecimiento permanente
en épocas posteriores.
Las cerámicas más tempranas en la región del Soconusco y el sur de
Mesoamérica corresponden al denominado complejo Barra (1800 -
1650 a.C.), reconocida por Gareth W. Lowe en 1975. Este complejo es
compuesto por vasijas ya sosticadas, con un conocimiento avanzado
en la técnica de cocción y trabajo en la supercie de la pieza, pulidos
nos, modelados en forma de calabazas y morros, mientras utilizan
colores como el blanco y rojo siendo ésta la cerámica decorada más
remota de la región. Lowe en un principio, entre 1971 y 1978, propuso
que esta tradición cerámica podría haberse originado en el norte de
Suramérica, aunque en la actualidad esta cronología parece desvalida
(Clark y Mary, 2006).31
Luego, en la costa occidental de Guatemala se observa otra fase posterior
a la fase Barra. Se trata de la fase Locona, considerada a partir del 1650
hasta el 1500 a.C., en donde pueden percibirse las primeras muestras de
residencias de élite y sitios más especializados a orillas de manglares y
esteros, y la representación de gurillas. En esta fase, la cerámica empieza
a demostrar características propias, aunque con atributos universales
o diseños generales de otros sitios. La presentación de características
propias en los artefactos, para los arqueólogos esto puede que se
encuentre vinculado con los establecimientos permanentes relacionados
a la presencia de una autoridad, y la consiguiente diversicación social.
(Arrollo, 2009).32 El complejo cerámico Locona pudo haberse difundido
rápidamente como una innovación tecnológica, la cual posiblemente
representó la primera cerámica introducida en una región determinada.
(Pye, 1992).33
31 Clark y Pye. “Los orígenes de privilegio en el Soconusco, 1650 AC: Dos décadas de investig-
ación”, en XIX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2005 (Guatemala,
Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2006): 72-74.
32 Bárbara Arroyo. “La regionalización en la Costa del Pacíco: Sus primeros pobladores”. XIV
Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2000 (2001):4.
33 Mary Elizabeth Pye. El Mesak, Retalhuleu: Algunos aspectos novedosos del estudio de la
cerámica Preclásica Temprana de la Costa Sur. En IV Simposio de Investigaciones Arqueológi-
cas en Guatemala, 1990 (Guatemala, Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 1992):
298-309.
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A la fase Locona le continúa otra fase incipiente de la cerámica en el
sureste mesoamericano, la denominada fase Ocós (1500 – 1350 a.C.),
percibida en sitios no solo de la costa, como La Blanca, sino también en
los altos de Guatemala, aunque con serias variantes. Esta última cerámica
denota una mayor sosticación en sus acabados que la cerámica de las
fases anteriores.
Lo han observado otros investigadores, las facilidades que provee esta región,
desde las costas del Pacíco de México hasta Guatemala y El Salvador,
con planicies costeras y recursos para la alimentación, permite una mayor
capacidad para soportar a más recolectores-cazadores y luego agricultores
que las zonas más altas. (Card y Fowler, 2019).
34
Es por esto último por lo que
muchos de los sitios más remotos suelen concentrarse en esta zona de costa.
Así, gran parte del conocimiento tenido en la manufactura prehispánica
salvadoreña se importa, es decir, tuvo un origen en otros ambientes
ecológicos y fue gradualmente modicado conforme se establece en
la región. No obstante, con el conocimiento externo se trajo también la
observación al tipo de suelo o arcilla los cuales pueden variar de región
en región y adoptar el barro más conveniente.
Ahora bien, el sitio más antiguo representado en El Salvador es El
Carmen,
en donde se perciben tecomates con bordes rojos, cuencos
de paredes abiertas y base plana, y algunos con motivos estampados
e impresos con conchas. (Arroyo et al., 1989).35 Sus diseños parecen
corresponder con la fase Locona de Chiapas, aunque con elementos
decorativos propios (Arroyo et al., 1989).36 En El Carmen también se
tienen fragmentos cerámicos de la fase Bostan fechados entre el 1450 y
1200 a.C. (Kosakowsky y Belli, 1996).37
34 J. J. Card, y W. R Fowler Jr,. “Technological and Cultural Change during the Conquest Period
at Ciudad Vieja, El Salvador”, Technology and Tradition in Mesoamerica After the Spanish
Invasion: Archaeological Perspectives, (2019): 189. Anthony P. Andrews, “European Tech-
nology and Native Traditions in Mesoamerican History. A Commentary”, Technology and
Tradition in Mesoamerica After the Spanish Invasion: Archaeological Perspectives. Ed. Rani
T. Alexander (2019): 207.
35 Bárbara Arroyo, Arthur A. Demarest y Paul Amaroli , “Descubrimientos recientes en El
Carmen, El Salvador: Un sitio Preclásico Temprano, III Simposio de Investigaciones Arque-
ológicas en Guatemala, 1989, editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Villagrán (Guate-
mala. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 1993), 243-245
36 Ibíd
37 Laura J. Kosakowsky y Francisco Estrada Belli, “La cerámica de Santa Rosa: Una vista desde
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La presencia de pintura roja en la cerámica de El Carmen y otros sitios
de la fase Locona y Bostán, es un indicativo de la innovación de dos
técnicas: la obtención y preparación del color y la técnica de plasmar
colores en las vasijas. También se percibe la técnica de decorar y modelar
la cerámica para dar la forma de tecomates y la invención de cocer el
barro para concebir la alfarería. Estas técnicas obviamente no fueron
inventadas en esta zona, más bien se entiende como un conocimiento
técnico compartido con otros sitios de la región costera de Mesoamérica,
lugares en donde la cerámica responde a fechas más antiguas.
En El Salvador, otra de las cerámicas más remotas es percibida dentro de
la fase Tok de Chalchuapa, reportado por Sharer en 1978, fechada entre
el 1200 y 900 a.C., considerada hace algunos años como la cerámica más
remota de El Salvador, previo a los estudios en El Carmen, a mediados
de la década de 1980. La cerámica Tok de Chalchuapa expone tecomates
y ollas con letes agregados y modelados. Algunos de los primeros
asentamientos en Chalchuapa pueden percibirse a la orilla del río Pampe
y laguna Cuzcachapa. Nuevamente se trata de asentamientos cerca del
agua, en este caso lejos de la costa.
Algunos lingüistas, de hecho, consideran que la distribución geográca
de determinados artefactos, incluyendo la cerámica y los tipos de
obsidiana y piedras de moler, en las primeras culturas, las más remotas
por supuesto, pueden estar relacionada con la distribución de una antigua
lengua, que servía para el intercambio de productos y tecnología (Alonso
de la Fuente, 2007).38 En épocas posteriores se ha demostrado que
algunas comunidades indígenas hablaban una lengua franca utilizada
para el comercio, como el caso de Chalchuapa en el siglo XVI, en donde
se ha documentado por fuentes españolas la práctica del náhuat para el
comercio en una zona donde se hablaba el pocomán.
A partir de los primeros estilos cerámicos y la distinción de características
comunes percibidas para toda una región, aunque con variantes propias,
el estudio de estos artefactos es un punto de partida para reconocer la
cultura que habitó en la zona, y su distribución o expansión bajo ideas
la Costa Sur, X Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1996: 709-721
38 A. De la Fuente, y J. Andrés, “Proto-maya y lingüística diacrónica. Una (breve y necesaria)
introducción”. En Journal de la Société des américanistes, 92(93-1), (2007): 49-72.
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comunes, permitiendo considerar territorios. Lo anterior viene a denir
algunos de los grandes complejos cerámicos existentes y reconocidos en
la megarregión de Mesoamérica en épocas más tardías y desarrolladas.
En este entendido, la educación remota utilizada para garantizar la
preservación del conocimiento adquirido fue adaptándose a cada
ambiente, creando las bases de la cultura local.
La invención de la cerámica, así como el descubrimiento de la
funcionalidad de los artefactos el cual deriva en la adquisición de
formas mediante el modelado o tallado de la piedra parece haber sido
en un principio un descubrimiento fortuito, con un largo antecedente
de experimentación en el método de fabricación y adquisición de
formas útiles para el benecio humano. Sus alcances van más allá
de la trivial manera de utilizar la pieza. El invento de cada artefacto
es en realidad un importante paso tecnológico que dio lugar a otros
cambios dentro de la cultura material, como lo hace en la actualidad
cada nueva innovación para el uso cotidiano, por ejemplo, la invención
del automóvil o la computadora.
Del manejo tecnológico de la cerámica y la manufactura de otros
artefactos, se desprenden las especializaciones junto al trabajo agrícola:
la explotación de suelos, la talla de obsidiana y basaltos, la elaboración de
telas, la preparación de alimentos, la comercialización, los artesanos que
elaboran y pintan las piezas entre otros, creando un sistema diversicado
de actividades que vendrán a robustecer la economía de las sociedades.
Lo anterior también debió diversicar la jerarquía de mando y el nivel de
educación para la manufactura.
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Figura 2
Educación y asignatura
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Según la Real Academia Española (RAE), el término “educación” reere
a la crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y jóvenes. Es
también la acción y efecto de educar. Y educar es, por consiguiente, según
la RAE, el desarrollo y perfeccionamiento de las facultades intelectuales
y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios,
ejemplos, etc.
Por su lado, una asignatura, dentro de la denición entendida por la RAE,
es cada una de las materias que se enseñan en un centro docente o que
forman parte de un plan de estudios. Así, en la vida prehispánica, es
imposible armar, al menos para el territorio salvadoreño o aquellos
territorios que carecen de evidencias escritas o referenciales como textos
o estelas y testimonios de oidores, conquistadores y otros, la existencia de
un plan de estudios o una institucionalidad educativa o educación formal
para los jóvenes. Sin embargo, la misma evidencia arqueológica permite
sugerir la existencia de niveles de desarrollo técnico e intelectual en la
manufactura de artefactos, lo cual podría equipararse a las asignaturas
entendidas en tiempos modernos y dentro de la lengua española. Estos
conocimientos debieron transmitirse de manera oral, haciendo uso de
la práctica y experimento, y por imitación, dentro de una planicación
quizás no formal, para la vida y la producción de insumos.
La educación remota en estas tierras, hoy centroamericanas, se podría
concebir tras el lente occidental de la enseñanza contemporánea,
transponiendo de manera hipotética el concepto de “asignatura”, tal
como se da por entender a los cursos tomados en las escuelas actuales, en
niveles de grados de enseñanza, como es, por ejemplo, la asignatura en
matemáticas, la asignatura en ciencias sociales, la asignatura en lenguaje,
y otras. Para este entendido podría adaptarse el término “asignaturas”
prehispánicas a ciertos niveles de educación y conocimiento adquirido
en lugares en donde se careció de escritura, tal como fue la región que
hoy ocupa El Salvador. En otras palabras, asignatura, para este apartado,
es sólo un término de referencia hacia un concepto educativo o materia
en estudio, que permitiría abordar determinado tema de preparación
técnica e intelectual el cual puede reconocerse a través del uso de formas
y colores percibidos en los artefactos arqueológicos de la región en
estudio. Así, las formas y el uso de colores permiten distinguir dos tipos
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de conocimiento: concreto y simbólico, y ambos son destinados para una
función en particular. De este modo, dicho conocimiento es desglosable
en la función que corresponde (Tabla 3).
Tabla 3
LA FUNCIÓN
Concreta Simbólica
Manufactura de lo práctico Manufactura de lo abstracto
Asignatura de la funcionalidad concreta
Puede sugerirse que una “asignatura” básica atribuida en la educación
prehispánica fue la de reconocer la función de un artefacto utilitario
(con n primario), y posteriormente enseñarlo. Es decir, lo que podría
llamarse como la “asignatura de la función concreta”, destinada a
enseñar cómo son y cómo se usan los recipientes, los raspadores,
los cuchillos y otros objetos con funciones primarias. Para que algo
funcione, tiene que descubrirse, reconocer su cualidad y potencial,
experimentarse en usos y luego de su primera y efectiva experiencia debe
de conservarse para continuar su proceso de perfección. Esto requiere
de enseñanza constante en la manipulación del objeto y conocimiento
de los componentes de este, garantizando su funcionalidad correcta,
utilidades y benecios. Aquí entran el uso de las primeras piedras,
ramas, madera, y la modicación de objetos naturales para elaborar
utensilios, además del benecio de los abrigos rocosos, la modicación
de suelos hasta concebir la agricultura y sistemas constructivos básicos,
entre muchas otras cosas de su entorno. Así, el primer acto educativo se
dio tras la observación al medio, seguido de la extracción de insumos y
la modicación de estos. Esta modicación condujo a la creación más
sosticada de artefactos, incluyendo la cerámica más resistente y una
mayor precisión en la decoración.
La funcionalidad de un objeto debe ser la base mediante la cual se garantiza
la permanencia y existencia del mismo dentro de una comunidad. Así, esa
función del objeto tiene movilidad en la geografía, pasa a otras regiones y
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gradualmente se adapta a la ecología de la zona, pero siempre siguiendo
la matriz que le dio origen. Con esta movilidad, también viaja el portador
del conocimiento sobre la manufactura y la función del objeto. Estos
últimos son los vectores del saber el cual se expande al contacto con otros
individuos, dentro de un proceso gradual estimulado por la búsqueda de
recursos y otros motivos.
El trabajo del artesano, en verdad es un trabajo que se orienta más allá
de la simple elaboración de la pieza. Esta especialización, en el caso
de la cerámica, representa el conocimiento de la técnica de cocción,
la utilización apropiada de mezclas para el crudo y para la pintura, la
obtención de insumos, la destreza en el trazo de diseños y uso de
herramientas, la técnica de adherir a la masa el color y los agregados
modelados, incluso la técnica de modelar la pieza. Sin embargo, sobre
todo, el conocimiento de lo que se plasma, la representación pictórica y
sus signos, los diseños en constante actualización y la comunicación de
estos diseños en constante actualización con la organización religiosa y
gobernantes. En muchas ocasiones, el artesano dejaba semblanza de una
Héctor Martínez
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historia, o de historias ancestrales conocidas por tradición oral. Todo lo
anterior puede verse como una asignatura de estudio para educar y normar
la función de un artefacto.
39
La cerámica en sí requiere de varias técnicas: la primera es la preparación
de la arcilla con los desgrasantes necesarios, los cuales pueden incluir
arena, concha o pómez molido. La arcilla, en las piezas arqueológicas,
puede presentarse blanca, roja, naranja o café.
Las vasijas arqueológicas prehispánicas en El Salvador son elaboradas
con la técnica del modelado, hasta obtener la forma de la pieza o la gura,
modicando el relieve. Aunque el modelado es realizado con las manos,
muchas veces debieron ocuparse otros instrumentos, ya sean palillos o
cuchillas de obsidiana, y cordeles para los cortes, observables en muchas
de las piezas y fragmentos recuperados. El uso de otros instrumentos se
percibe en algunas terminaciones o cortes súbitos en los extremos de las
piezas. Se tienen pastas gruesas para las vasijas más grandes, y pastas
delgadas generalmente para las piezas medianas y pequeñas, aunque
no es una norma. Una vez obtenida la forma de la pieza en crudo, la
supercie es alisada utilizando las manos húmedas, trapos y hojas lo
cual se demuestra en la imprenta de la supercie observada en muchos
fragmentos arqueológicos analizados. Luego le son agregados el resto
de los adornos o elementos modelados, y así, con el acabado en crudo se
prepara la pieza para la cocción.
No se conoce con claridad como funcionaron o como fueron los hornos
prehispánicos en esta región de América, no obstante, se tienen algunas
ideas de cómo debieron ser. En El Salvador, muy cerca de la ciudad de
Usulután, Boggs en 1972 (Boggs, 1983).40 Reconoce algunos rasgos de
forma campaniforme construidos con capas de barro y talpetate ubicados
a 5 metros de profundidad, los cuales interpreta como construcciones
39 En el caso de los instrumentos musicales, su función y manufactura también es un tema dentro
de la educación prehispánica, en donde entra en materia el conocimiento sobre los ritmos y
ecos que simulan la naturaleza, observación en la ecología del entorno, simbología del sonido
y atributos decorativos en la pieza misma. Sin embargo, la función concreta de un instrumento
musical lo es en sí la obtención su la forma para dar sus sonidos.
40 S. H. Boggs, “Hornos precolombinos en Usulután”, Estudios Centroamericanos (ECA) Año,
38, (1983): 769-775.
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prehispánicas utilizadas para hornear cerámica. La idea de horno se
sugiere debido a que las paredes interiores de estas construcciones denotan
exposición intensa al calor, al tiempo en que se observan piedras aplanadas
quemadas a manera de piso y concentraciones de carbón en el interior de
estas formaciones. Según el mismo investigador, se tenía para aquellos
años el reporte de un sitio similar ubicado en Colima, departamento de
Chalatenango, conocido como sitio arqueológico El Coco del período
Preclásico. Parte del carbón de madera encontrado por Boggs en los
supuestos hornos de Usulután antes referidos fueron expuestos a pruebas
de radiocarbono (ANL 49406) dando como resultado una fecha de 1994
AP (49/65 a.C.). Así también otras muestras, una de éstas extraída de uno
de los hogares arqueológicos cercanos (ANL 49404) proveía la fecha
2029 AP (79/53 a. C.), mientras que otra proveniente del barro quemado
de uno de los hornos fechaba también el siglo I d.C. Lo anterior indica
que esta zona tenía actividad cultural durante el período Preclásico tardío
(250 a.C. – 250 d.C.).
En base a las observaciones etnográcas actuales, armar un horno para la
elaboración de la cerámica puede llevar varias horas o incluso días, desde
la instalación del horno artesanal y preparación del espacio hasta la carga
de materiales para combustión, dependiendo las temperaturas que desean
alcanzarse. La cocción de la pieza puede realizarse mediante atmósfera
oxidante, en un horno con ventilación, o en atmósfera reductora en donde
se limita de oxígeno la pieza, a fuego directo cubierto con hojas secas,
zacate, ramas o incluso con otros fragmentos de cerámica en desecho,
a temperaturas entre los 800 y 900 grados. Este procedimiento reductor
puede llevar muchas horas. Los resultados en ocasiones dejan distinguir
en la pieza paredes con áreas ahumadas o con restos de hollín, o incluso
totalmente ahumadas.41
Para las decoraciones incisas aplicadas en la cerámica previo a la cocción,
debieron utilizar palillos nos, y en otros casos palillos gruesos. Algunas
incisiones son poco profundas y otras sumamente gruesas, con puntas
acuminadas o redondas. Las navajillas de obsidiana pueden nuevamente
dar ese efecto inciso delgado o no postcocción. Se tienen otras técnicas,
41 Estos procesos pueden variar según se observa en la elaboración de la cerámica tradicional
en comunidades indígenas actuales, como lo es Santo Domingo de Guzmán en Sonsonate y
Guatajiagua en Morazán.
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como las escisiones, elaboradas por verdaderos talladores de cerámica, o
artistas. Los instrumentos en esta técnica debieron ser punzantes, al igual
que el grabado en otras piezas. Con relación a los grabados, las ranuras
muchas veces se pintan de blanco posiblemente para resaltar el motivo.
Dentro de ejemplos excisos más sobresalientes en El Salvador se tienen
la cerámica conocida como Chalate Tallado, en la cual se perciben frisos
decorados en bajo relieve, en donde el artesano parece haber arrancado
parte de la pasta cocida y rme, produciendo una decoración perforada
o tallada.
También, los maestros prehispánicos idearon la manera de estampar
imágenes en las piezas, utilizando moldes o rodillos en la cerámica
cruda, y en ocasiones utilizaban peines o ramas nas a modo de escobilla,
otorgando en la supercie de la pieza la apariencia de estrías.
En cuanto al engobe, se trata de un compuesto arcilloso aplicado sobre
la supercie burda de la pieza cerámica, decorándola. Esto requiere de
mezclas especiales para obtener el color y espesor deseados. El engobe
puede pulirse, bruñirse, pintarse o perforarse, incluso rasparse como el
caso de la cerámica del tipo Guazapa. Para aplicar el engobe, parece
necesario frotarlo con otra herramienta, aunque también puede aplicarse
con los dedos.
En cuanto a la pintura, en muchos especímenes cerámicos de El Salvador
la técnica decorativa puede ser monocroma, bicroma o policroma. La
pintura en la mayoría de los casos debió ser agregada con los dedos o
con algún instrumento, posiblemente pinceles elaborados con cabello
humano o animal, y de diferentes grosores. En otros casos se percibe la
aplicación con chorreado o con peineta, o con mantas. Hay piezas que
demuestran el goteo o errores de aplicación.
La pintura otorgaba un valor trascendente, muchas veces por encima de
la forma de la pieza, hasta alcanzar expresiones metafóricas. En muchos
casos sus colores, capturados o copiados del medio natural, son sentidos
más allá que una simple expresión de ornamentación. La invención de
la pintura y su aplicación representó uno de los más grandes avances
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técnicos en el mundo prehispánico, llevado a otros niveles dentro de la
decoración corporal, la escultura, la pintura mural y la arquitectura.
La pintura puede aplicarse previo o posterior a la cocción, dependiendo
la decoración o efecto deseado. Para obtener las tonalidades se utilizaban
materiales de origen orgánico o mineral como el hematite o la mica.
También en las tonalidades pueden intervenir la técnica del calentamiento
en la pieza, carbonizándola en algunos casos.
No es hasta las últimas tres décadas previo a nalizar el siglo XX en
que los arqueólogos y otros especialistas han llegado a reconocer
en la decoración de las vasijas la existencia de diferentes artistas
prehispánicos, incluyendo pintores y talladores de cerámica, o escuelas
y talleres individuales. (Miller, 1989; Coe, 1995).42 El análisis de la
cerámica prehispánica es un tema con tantas revelaciones, que hacen
alta la necesidad de contar con arqueólogos ceramistas en cada proyecto
arqueológico. Sin duda, el manejo de la pintura y la cocción de las piezas
cerámicas constituyen en sí una especie de asignatura prehispánica en la
que algunos se volvían expertos y que posteriormente se encargaban de
traspasar sus conocimientos a otras generaciones.
42 Mary Ellen Miller, “Historia del estudio de la pintura de vasos mayas”, The Maya Vase Book:
A Corpus of Rollout Phothographs of Maya Vases, (1989):128-145. Michael Coe, El descifra-
miento de los glifos mayas, (México, Fondo de Cultura Económica, 1995).
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Valdivieso, Fabricio; Martínez Guerrero, Héctor. Educación prehispánica en El Salvador:
un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
Figura 3
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En las piezas líticas, la forma también es un modo básico de expresión
y utilidad. Para la elaboración de las simples navajillas de obsidiana, el
artesano y el cantero manejan la técnica de extraer de la roca madre el
pedazo requerido, mismo que el artesano deberá saber dónde golpear para
sacar la lasca adecuada. De igual modo otras rocas como el pedernal o el
jaspe son utilizados para elaborar cuchillos o echas, con el pulimento
necesario para otorgar en la hoja el lo deseado y la forma general de la
herramienta elaborada, ya sea ergonómica en algunas hachas y cuchillos,
o aerodinámica para romper el viento en las echas y lanzas. Algunas
piezas ceremoniales como los pedernales excéntricos pueden haber sido
elaboradas con la misma técnica de pulir los cuchillos, aunque destinadas a
otras funciones en la que destaca la expresión del artefacto. La técnica para
la talla de piedras de moler también debió ser la misma para las esculturas
líticas, con algunas variantes. La elaboración de una escultura en piedra
toma en consideración diferentes formas y propiedades en la roca madre,
entre éstas la dureza del material y el lo de la herramienta utilizada.
La elaboración de piedras de moler también reúne ciertos criterios
de selección de la roca, en donde se opta por que esta sea porosa o
degradada para el caso de los metates. La degradación o porosidad de
una piedra permite el agarre de la sustancia en la supercie del utensilio
para presionarla con la mano de moler y convertirla en masa o triturarla.
También la forma de cada pieza ya sea plana o profunda, es un criterio
de utilidad, cuya función es destinada a ciertos productos, por ejemplo,
una piedra con supercie de molido-cóncava permitirá la elaboración de
sustancias líquidas evitando que ésta se derrame por los costados.
Es interesante destacar que estos instrumentos líticos, como las piedras de
moler cuya invención trasciende los 2.000 años, aún son utilizadas por las
comunidades campesinas en competencia con los enceres eléctricos. Se
trata de un instrumento de piedra milenario en los enseres del siglo XXI.
Asignatura de la función simbólica
Se ha llegado a creer que la adopción del conocimiento técnico para
elaborar cerámica en otras regiones mesoamericanas probablemente
tenga razones políticas y no culinarias. En algunos sitios de la costa de
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Chiapas y Guatemala, de acuerdo con expertos (Clark y Blake, 1994;
Banco Agrícola de El Salvador, 1995).
43
Las vasijas pueden haber
servido como recipientes usados en estas rituales, lo que sugiere el
papel importante que desempeñó la competencia por alcanzar el prestigio
social y la reciprocidad en la vida de las comunidades. En este entendido,
cabe la posibilidad de la existencia de especializaciones para la creación
de ciertas alfarerías decoradas y de alto valor social y religioso.
Como sucede en todo objeto manufacturado, su elaboración muchas
veces debía cumplir ciertos requisitos, entre los cuales se tiene el de
servir para la representación de ideas y creencias. Muchos analistas
han observado que las representaciones tenidas en la cerámica y lítica
obedecían a una tendencia socialmente aceptada de representar a los
elementos sobrenaturales, entre los que se tenían animales humanizados
y abstracciones.
También, al igual que en nuestros días se tuvo cerámica utilitaria, la más
abundante, aquella requerida para la vida práctica, dentro del grupo de lo
doméstico. Se creó así una constancia en la forma, percibida en pequeños
detalles como los bordes, las bases, los soportes y las asas. Estas formas
son reconocidas en platos, cántaros, ollas, comales, vasos y otros. Esos
detalles muchas veces permiten distinguir la procedencia de un artefacto
ya sea por lugares y por épocas.
Dentro de un sitio arqueológico, la diferencia de uso de estas piezas
percibidas en sus formas y decoración, facilita la identicación de un
área determinada de otra dentro del asentamiento. Esta diferencia puede
indicar sectores domésticos y sectores religiosos o de cultos. Incluso la
segregación de artefactos conforme a su función y decoración también
puede denir el rango de un personaje en el caso de acontecer este
material en entierros y templos.
La cerámica y lítica ceremonial, la que se ofrenda, es cargada de un matiz
netamente ideológico y metafórico. Adquiere primeramente un uso de
43 J. E. Clark, y M. Blake, “The power of prestige: competitive generosity and the emergence of
rank societies in lowland Mesoamérica”, Factional competition and political development in
the New World, 1. (1994). Banco Agricola de El Salvador. El Salvador, Antiguas Civilizacio-
nes, (San Salvador, Banco Agrícola de El Salvador, 1995)..
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carácter pasivo, colocada para acompañar al difunto en su viaje al más
allá. También adquiere un uso activo, permisible en su forma y decoración
alusiva al rito, en caso de que se requiera, previo a ser enterrado, y luego
puesto en uso pasivo.
Algunas vasijas utilizadas en la vida doméstica pueden adquirir luego
un n funerario, o un uso pasivo. También están aquellas piezas votivas,
algunas creadas para la ceremonia pública como los incensarios, utilizados
para clausurar edicaciones o apertura de una nueva estructura, para
adorar deidades o festividades, entre otros.
En el caso de las piedras de moler, dentro de las cuales se encuentran
los metates, manos, machacadores y molcajetes, también pueden
ornamentarse. Algunos metates representan formas animales que se
conjugan con la forma útil de la pieza: canal para moler y soportes
que pueden adoptar la gura de la criatura. Estas hazañas estilísticas,
mostradas tanto en lítica como en cerámica, requieren de un alto concepto
educativo o de formación intelectual tanto para la adquisición de la forma
básica en base a los componentes materiales que componen las piezas,
como en la concepción de las formas que dan lugar a la lectura de sus
atributos simbólicos. En El Salvador se han logrado distinguir una alta
variedad de formas en los metates, ya sean sencillas como complejas, y
con variantes dentro de cada período.
A) Conocimiento sobre la forma
Toda forma modelada o tallada es un pensamiento, y cumple una
función, muchas de éstas son adecuadas a las facultades físicas del ser
humano, con el objetivo de servir a una necesidad: un asa para tomar
la vasija de manera indirecta, o dos asas para sujetarla con dos manos,
una vertedera en donde correrá controladamente el líquido, un cuello
cerrado sobre un cántaro para evitar derramar líquido, o soportes en
una olla para alejar la base del contacto directo con otra supercie,
mientras un vaso o un plato tendrán dos funciones diferentes con un n
común: servir a un interés humano.
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Figura 4
La cultura material es considerada un conjunto de formas, que,
por ende, representan un conjunto de ideas materiales vinculadas
por características comunes, y dentro de éstas se tienen variantes o
particularidades. Estas ideas y sus patrones comunes permiten distinguir
a determinado grupo cultural.
El estudio de las formas es llamado morfología, una palabra común dentro
del vocabulario arqueológico. La morfología facilita el reconocimiento
de variantes o cambios en las piezas a través del tiempo y los lugares.
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La forma en la cultura material también involucra un pensamiento, una
manera de ver el entorno, es una expresión, es una idea, lo cual podría
trascender al espectro educativo de su época. Las formas en la materia
modelada o creada por el ser humano tienen un antecesor, un motivo
inspirador inicial. Este motivo o razón inicial suele perderse en la línea del
tiempo, por el devenir de variantes, cambios culturales, o pensamientos
que desaparecen y otros que surgen dejando atrás aquel motivo primerizo
a veces olvidado. De ahí se desprenden muchas piezas arqueológicas que
para nuestras mentalidades modernas parecen carecer de signicado. Sin
embargo, en cada forma existió comunicación, en donde el patrón se repite,
lo cual sugiere haber sido transmitido y compartido. En otras palabras,
la antigua educación prehispánica pudo basarse en la “asignatura” de las
formas, la cual educaba para que el sentido y el entendimiento de una
gura se conservase.
Así, una vez la utilidad de una pieza es dada en su función concreta,
la decoración en sus partes toma su lugar, dando paso a su función
simbólica. Esto sucede también en la obra arquitectónica, por ejemplo,
en las diferentes formas de una pirámide: una plataforma sobre otra hasta
obtener altura, y luego una escalinata para subir logrando alcanzar su
función básica. Luego se agregan las alfardas y cornisas decorativas,
estucos y colores en las paredes, a veces mascarones o grandes incensarios
y espigas, dejando con estos elementos remitir el mensaje para lo cual se
edicó la estructura. En la cerámica es lo mismo, la funcionalidad mediante
sus formas básicas es el primer plano de origen de su manufactura, ya sea
un vaso para guardar líquidos o un comal para cocinar alimentos. Luego
de obtener su forma básica y utilitaria, esta pieza podrá ser decorada. Es
en estos atributos decorativos en donde se plasmarán otras ideas más allá
de su función primaría. De ahí se desprende su interpretación: partiendo
de su forma para reconocer su función, y luego su vinculación con la
decoración que le envuelve, lo cual le hace trascender su signicado,
y sin escapar la relación con el contexto del cual procede. Su forma y
decoración es la lectura del pensamiento.
La decoración puede en ocasiones llegar a trascender hasta el nivel de
transmitir ideas, a modo de ideogramas o pictogramas. Para Mesoamérica,
muchas de estas expresiones, consideradas embrionarias, conformaron
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las bases de la escritura en algunas regiones. Para entender la forma de
las cosas y la decoración, tendremos que evaluar el origen de estas.
Mientras la escritura toma auge en algunas ciudades del clásico temprano
en Mesoamérica, en otros lados de la región se perciben intentos
comunicativos mediante trazos aislados, posiblemente emulando la
escritura y otorgándole a su vez cierto valor decorativo a determinado
objeto (Lowe y Lynneth, 1995).44 Un ejemplo son los generalmente
denominados pseudoglifos del período Clásico Tardío, algunos de éstos
percibidos a modo de bandas frecuenciales en la cerámica Copador,
Arambala y Chalate Tallado para El Salvador, entre otros.
Figura 6
Mucha de esta iconografía y su interpretación puede provenir de un
origen común en toda la región mesoamericana, como lo son las ideas
provenientes de las comunidades olmecas aldeanas, o la decoración
incipiente en comunidades fuera del perímetro olmeca. (Piña Chan,
44 Gareth W. Lowe y Lynneth S. Lowe La distribución de la cerámica con pseudo-glifos Mayas
de la región de La Angostura, Chiapas. VIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en
Guatemala, 1994, (Guatemala, Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 1995), 375-380.
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2023).45 O también debió darse previo a la existencia de los mismos
olmecas, en las comunidades sedentarias al inicio del preclásico en la
costa del Pacico mesoamericano. Nos referimos a aquellos grupos
costeros portadores de conocimiento para la elaboración de las primeras
cerámicas. Luego, con el tiempo y vinculado a la explotación de recursos,
las redes de contactos y comercio interregional se extienden facilitando el
intercambio de tecnología e ideas, y diversicando las especializaciones
en la manufactura de artefactos, y la estraticación social y jerarquías de
mando, generando nuevas alternativas o sistemas de control de recursos
hasta conformar las grandes civilizaciones que dominaron en el período
Clásico, como los mayas, teotihuacanos y zapotecas.
Aquel horizonte iconográco olmeca aldeano puede ubicarse en el 1500
a 1000 a.C., (Piña Chan, 2023).46 Cuyo origen se asocia a la tierra y sus
virtudes con relación a la actividad agrícola y los cosmos expresados en la
simbología. Según los especialistas, estos conceptos pueden identicarse
aún en la cerámica que le prosigue elaborada en épocas posteriores.
En cambio, visto desde el eje de desarrollo Olmeca, en las costas del
golfo de México durante el Preclásico, muchos otros investigadores de
la talla de Román Piña Chan, Alfonso Caso, Ignacio Bernal entre los más
clásicos en el estudio de la arqueología regional, han incursionado en la
simbología de aquellos remotos pueblos a través de la iconografía y la
escultura, y con ello exploran la formación de lo que posteriormente se
transformó en una verdadera escritura identicada en las grandes urbes
mayas y sus zonas perimetrales.
Los fragmentos cerámicos o piezas enteras, algunas simples y otras
compuestas, burdas o pintadas, permiten considerar la importancia o
constancia en la transmisión de ideas entre las comunidades aldeanas
de la región. Esta constancia de ideas variables y comunes entre sitios
y épocas denota una secuela de signicados propios. Se trata de una
ancestral red de intercambio o uido de ideas que se ltran incluso entre
los más recónditos lugares de Mesoamérica. De este modo, la antigua
45 R. Piña Chan, El lenguaje de las piedras: Glíca olmeca y zapoteca (Fondo de Cultura
Económica, 2023). A. L. Austin, y L. L. Luján, El pasado indígena. Fondo de Cultura
Económica, 2019.
46 Piña Chan, El lenguaje de las piedras.
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historia mesoamericana, aquella que narra el común de cada pueblo
extinto, ha sido escrita y traducida en el idioma de las formas, en el color
de las cosas, en sus artefactos.
Figura 6
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B) Conocimiento sobre el color
El conocimiento sobre el uso y signicado del color es toda una escuela
en el mundo prehispánico, como lo ha sido también en el desarrollo del
arte en el Viejo Mundo. Desde su concepción hasta su simbología y
asociación al cosmos abstracto. Por raro que parezca, muchas leyendas
y mitos se encontrarán fuertemente vinculados con los colores y sus
signicados. En la América del siglo XVI, la importancia del color fue
percibida por los nuevos colonos europeos. Fray Bernardino de Sahagún
describe en detalle cómo entre los Aztecas se nacía bajo el signo de un
color. Ellos, los nahuas, le llamaban tlapalli, que quiere decir color, y su
signicado “comprendía todos los colores de cualquier suerte que sean,
negro, blanco, etc.” (Ribeira de Sahagún, 1999).47
Lo prehispánico es denido como un mundo lleno de mística y religión.
En aquel entorno, la aplicación de color muchas veces es otorgada en
virtud del signicado que estos colores representan. El valor de signo
atribuido en los colores pretende trascender sobre la forma misma de
una pieza al tiempo en que la embellece. El color impreso en las cosas
acarreó consigo todas aquellas dicultades en la obtención del insumo
para la concepción cromática denitiva. Su presencia en cada pieza es
a su vez un encuentro con el avance tecnológico paulatino a través del
tiempo, en donde se percibe la búsqueda de cada tonalidad, y el desafío
de pretender jar la materia colorante en el objeto para darle signicado.
El color y su signicado es un incesante motor de búsqueda de inventivas
para hacer prevalecer la imagen en cada pieza: la cocción apropiada y
la adecuada inclusión de elementos para obtener la tonalidad requerida
fueron acciones que fungieron como base para el desarrollo tecnológico
de los antiguos pueblos. Esto sin duda, demandó el entendimiento de
conceptos enmarcados en patrones educativos dentro de la cultura, el
desarrollo de técnicas para la fabricación de las piezas y la necesidad
intrínseca de trasladar los conocimientos a las generaciones venideras
para preservar las prácticas adquiridas.
El color suele ser un signo que muchas veces estará vinculado al motivo
o expresión percibida en el dibujo, por ejemplo, la serpiente y sus
47 Ribeira de Sahagún, “Historia general de las cosas de Nueva España”, 703
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colores, o la gura humana pintada de rojo equiparable con la sangre, o
el negro vinculado con la noche o la oscuridad, entre otros ejemplos. De
este modo, el color se encuentra asociado con el mundo cosmogónico, su
paisaje, su ecología y su percepción, y exalta la importancia del color en
las actividades rituales y la función a la que está destinada la pieza. Es
esto lo que muchos académicos denominan identidad cromática.
En la cerámica prehispánica, en toda América, se utilizaron no solamente
los colores primarios como el rojo, azul y amarillo, de los cuales no solo
obtenían los colores secundarios sino también se utilizaron las tonalidades
neutras, como el blanco, los grises intermedios hasta el negro. En las
antiguas costumbres nahuas se identican treinta y dos colores, entre
éstos el verde-azul es un color puro, casi primario. (Ferrer, 2000).48 El
verde ocupa un espacio muy importante en la visión cosmogónica de los
antiguos pueblos mesoamericanos, ya que éste representa no solamente
el corazón de los seres humanos, sino también es la esencia de la vida,
es el agua que se esparce por la tierra para fertilizarla vinculándola con
la buena cosecha, o como lo hace el jade sobre la supercie simulando
gotas de lluvia. O la bolita de jade depositada en la boca de los muertos
como un tropo hacia la reencarnación. El color es a veces más que un
gusto, una realidad llena de signicados.
Para otorgar estas tonalidades, tanto los mayas como otros pueblos en
la Mesoamérica prehispánica utilizaban para sus colores sustancias de
origen mineral y orgánico, ya sean insectos, ya sean vegetales, ya sea
hematita. En algunos casos combinaban minerales con materia orgánica,
como el caso del índigo y la mezcla con arcilla para obtener el azul, y las
calentaban durante horas hasta obtener la tonalidad deseada.
De este modo, los antiguos pueblos mesoamericanos experimentaban
la combinación de elementos ya sea una planta con otra, o mezclaban
y examinaban a su vez con insectos, frutas, pulpas, moluscos, orines y
minerales, hirviéndolos y machacándolos hasta lograr contrastes vivos
de colores los cuales utilizarían no solo en la cerámica, sino también en
los textiles, papel de amate, murales y en la piel. En la cerámica, este arte
tendría en ocasiones que combinar la técnica con el cocimiento a altas
temperaturas y en diferentes atmósferas, o el ahumado.
48 E Ferrer, “El color entre los pueblos nahuas”, Estudios de cultura Nahúatl, N° 31 (2000).
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Los investigadores hoy día centran mucho sus estudios en localizar las
fuentes de obtención de colores, ya sean minerales u orgánicos, áreas
de elaboración de las cerámicas para evaluar los hornos utilizados,
tecnología y procedimientos utilizados para efectos de estos. Las
personas ocupadas de estas actividades, sin duda en la elaboración de las
piezas complejas o de interés ritual, constituían una clase diferente. Eran
artesanos especializados, los que dominaban la técnica, los que tenían los
conocimientos y destreza en el dibujo y el modelado. Esto se percibe con
mucha claridad en la alfarería arqueológica de El Salvador, permisible
en la alta variedad tipológica recuperada en contextos arqueológicos de
diferentes sitios.
Sahagún, en el siglo XVI, describe la manera en que el pintor de
entonces conocía su ocio, molía y mezclaba con destreza los colores,
dibujaba y simulaba la imagen con carbón. Su descripción es casi como
lo hace un artista en la actualidad, con su paleta, pruebas y sketches.
Sahagún agrega:
5- El buen pintor tiene buena mano y gracia en el pintar, y
considera muy bien lo que ha de pintar, y matiza muy bien la
pintura, y sabe hacer las sombras, y los lejos y follajes.
6- El mal pintor es de malo y bobo ingenio y por esto es penoso
y enojoso, y no responde a la esperanza del que da la obra, ni
da lustre a lo que pinta, y matiza mal, todo va confuso, ni lleva
compás, por pintarlo de prisa. (Sahagún, Libro X, p. 554).
Para los aztecas, en vísperas de la conquista el decorado de la vida, como
lo dice Soustelle, era sobre todo el que las artes menores producían para
embellecer los objetos, raros y cotidianos…
…con un singular acierto, porque desde el más humilde plato de
barro cocido hasta la joya de oro, nada era vulgar, en nada quedaba la
impresión de apresuramiento o la simple búsqueda de un efecto o de lucro.
Los conquistadores se maravillaron sobre todo ante las extraordinarias
creaciones de los artesanos del lujo en Tenochtitlán, orfebres, lapidarios
y tejedores de plumas (Soustelle, 1970).
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Ahora bien, en El Salvador, la cerámica polícroma, aunque tiene un
antecedente en el periodo Preclásico, (Wolfgang, 1977).
49
Viene a
desarrollarse en el periodo Clásico y Postclásico, y con continuidad
perpetua hasta nuestros tiempos. Sus variantes modalidades se perciben
en la línea del tiempo, desde las formas más simples hasta la gura
compleja. Se tienen así vasijas con paneles de múltiples colores y formas
geométricas que en ocasiones alcanzan a confundir la vista. En su historia
gráca, cada diseño se relega muchas veces por el advenimiento de nuevas
tradiciones culturales, en donde también inciden sus nuevos maestros.
Aunque hay pruebas de la utilización de polícromos en el período
preclásico medio, aún se discute el origen de esta cerámica en El Salvador.
El primero en otorgar referencia sobre cerámica polícroma preclásica en
este país es Wolfgang Haberland, en 1956 y 1977, quien compara los
especímenes encontrados en Atalaya, un sitio próximo a las costas de
Acajutla en el departamento de Sonsonate, con una pieza semi completa
resguardada por Karl-Heinz Nottebohm, supuestamente encontrada en
la colonia Mariscal cerca de Las Charcas, en la ciudad de Guatemala.
Según Nottebohm, dicha pieza proveniente del sitio antes referido en
Guatemala, fue analizada por el reconocido arqueólogo Edwin M. Shook,
quien le asignó un período inmediato a Las Charcas, considerando que
esta cerámica puede representar la primera muestra policroma en los
Altos de Guatemala. (Wolfgang, 1977).50
Años más tarde, en las investigaciones realizadas en Chalchuapa
por Sharer (1978), los especímenes policromos en aquella ocasión
identicados se describen con combinación de cuatro colores: rojo,
negro, blanco y amarillo, con diseños geométricos, incluyendo círculos,
zonas rectangulares, bandas y líneas. Sharer identica cuerpos de paredes
verticales con bases planas y bordes directos, así como cuerpos convexos
y bases cóncavas con bordes desconocidos, aunque posiblemente
directos. El arqueólogo también distingue tecomates de bordes directos,
y jarras con cuello largo de borde directo. Según Sharer, en conversación
49 Wolfgang Haberland, “Un complejo preclásico del Occidente salvadoreño / A Pre-Classic
Complex Of Western El Salvador, C. A.., Colección Antropología e Historia Nº 12, (1977).
Fabricio Valdivieso Atalaya, exploración arqueológica. Cantón El Coyol, municipio de Aca-
jutla en el departamento de Sonsonate, Estudio presentado a Progelga S.A. de C.V. y a la
Secretaría de Cultura. (2011).
50 Wolfgang Haberland, “Un complejo preclásico del Occidente salvadoreño…
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personal con Haberland en 1971, este último compara los policromos de
Chalchuapa con los encontrados en Atalaya y Atiquizaya en 1956 por el
mismo Haberland.
Finalmente, los policromos de Chalchuapa semejantes a los de Atalaya,
son ubicados por Sharer (1978), dentro del grupo Jerónimo en el
complejo Colos del período Preclásico Medio (400–200 a. C.). Según
Sharer, efectivamente, Shook conrma la existencia de especímenes
policromos en depósitos de Las Charcas, en Kaminaljuyú, aparentemente
la misma consulta que Sharer realiza a Haberland en 1971, nuevamente
conrmando el dato (Sharer, 1978: comunicación personal en páginas
1920). Las publicaciones relacionadas a la cerámica polícroma preclásica
son bastante escasas, y en El Salvador, las referencias de Sharer y
Haberland parecen las únicas publicadas.
Otro dato remoto relacionado a policromos tempranos en El Salvador
lo tenemos del sitio El Edén, próximo a las costas de Ahuachapán. En
conversación personal con Paul Amaroli (2009), se reporta el hallazgo de
cerámica polícroma preclásico en aquel pequeño asentamiento preclásico.
El Edén trata de un sitio arqueológico descrito por el arqueólogo Paredes
Umaña, quien, mediante recolección supercial, recupera cerámica del
período preclásico medio y tardío (Paredes Umaña, 2008: 33-34). Lo
anterior puede signicar un referente en cuanto a la distribución de estos
especímenes en territorio salvadoreño y su origen temporal.
Un último estudio desarrollado nuevamente en Atalaya durante los
últimos meses del 2009, ha logrado nuevamente conrmar la existencia de
especímenes policromos en contextos preclásicos, en los cuales también
se recuperaron fragmentos comparables con la cerámica del complejo
Colos, Kal, Chul y Caynac entre el Preclásico Medio y Preclásico Tardío
atribuidos por Robert J. Sharer para Chalchuapa (Valdivieso, 2011).
Esta cerámica polícroma temprana merece mayores estudios, los
cuales podrían denir su origen temporal y un área de distribución más
detallada, aunque por el momento para El Salvador podríamos considerar
sus primeras referencias en la región occidental para el Preclásico Medio,
entre el 900 y 650 a. C. conforme a las muestras recuperadas de Atalaya
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un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
y Chalchuapa, y su relación con los Altos de Guatemala en aquella
temprana época.
Los polícromos preclásicos en el occidente salvadoreño, sin duda
representan los primeros esfuerzos creativos que condujeron a la
formulación de tan vasta gama de estilos distintivos en la cerámica y
artículos prehispánicos en los periodos que le prosiguieren como el
clásico y postclásico, entre estos los tan distinguidos Copadores, Salúas
y Campanas en otros (ver Museo Toxtli).
Figura 7
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Figura 8
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un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
Conclusiones y comentarios
Al pretender explicar un mundo en el cual solamente se accede a través
de la especulación y la teoría, tenderíamos a comparar la educación
remota en América con aquella tenida previa a la escritura en otras partes
del mundo. Descartaríamos así una institucionalidad para la misma, y se
orientaría a entender aquel mundo de la manera más básica.
De este modo, la riqueza ecológica del Pacíco sur mesoamericano y
sus variados microambientes facilitó la obtención de materia prima
suciente para el desarrollo de la inventiva, al tiempo en que permitió
proveer de insumos a otras regiones mesoamericanas a lo largo de los
siglos. Esta zona es una de las más fértiles del sureste mesoamericano
y siempre ha sido una frontera natural de comercio. Aunque aún no
se sabe de dónde provino la gente que pobló por vez primera la costa
del pacíco mesoamericano, no obstante, se piensa que estas primeras
poblaciones debieron vivir en equilibrio con el medio, bajo sistemas
grandes de colaboración para la explotación de recursos, lo cual explica
la universalidad de datos percibidos en la cultura material, y a la vez, en
la evidencia arqueológica se perciben representaciones propias a cada
grupo, o variantes estilísticas en sus artefactos.
Aunque “asignatura” no es un término existente en el desarrollo
histórico de la educación prehispánica, la especialización en cada parte
de la manufactura de artefactos deja semblanza de una educación que
garantiza la preservación y desarrollo del conocimiento local, quizás
enmarcado en un concepto similar a la asignatura. Esto se percibe de una
manera evolutiva y constructivista al paso del tiempo, dentro de las tres
temporalidades más elementales en las cuales se divide lo prehispánico
salvadoreño: periodo preclásico (1200 a. C.–250 d. C.), Clásico (250–
800 d. C.) y Postclásico (850–1524 d. C.). Este aprendizaje pudo muy
bien dividirse en secciones de conocimiento, y replicarse también en
otras áreas, como lo fue la construcción, la agricultura, la medicina local,
el procesamiento de alimentos, la simbología del entorno, la guerra y la
defensa, el protocolo del rito y otros.
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un aporte teórico derivado de la arqueología. p. 13-75
Aunque en este apartado se intenta entender lo que pudo ser la educación
prehispánica mediante la observación de artefactos y contextos,
desglosando el conocimiento a modo de asignaturas en el entendimiento
moderno, se piensa también que no existió un estándar educativo o
institucionalizado para la enseñanza nativa en territorio salvadoreño. Al
menos no es comprobable aún. Sin embargo, los temas de aprendizaje
pudieron darse, no en niveles o grados como lo entendemos hoy día, ni
tampoco en asignaturas o materias especícas, sino más bien la educación
debió existir a medida que la experiencia se desarrolla, incorporando la
necesidad del antecedente tenido en la comunidad para la manufactura
o producción, y aceptando gradualmente el conocimiento externo para
la manufactura, integrándose al simbolismo local. La enseñanza debió
darse de manera oral, experimental, práctica y por imitación.
La mayor parte de los artefactos en esta oportunidad estudiados cumplen
una función doméstica, es decir, lo que llamaríamos “función concreta”
para suplir una necesidad primaria. La simbología, o “funcionalidad
simbólica”, pudo darse en muchos casos por imitación, siguiendo la
modalidad cultural percibida en regiones externas, algunas con escritura
glíca o ideogramas, y luego siguiendo una primera plantilla, o plantilla
inicial adoptada para la localidad, lo cual debió haber sido sometido a
la aprobación de la jerarquía de mando dentro del grupo y aceptada por
la comunidad a través del comercio y el mercado. Lo doméstico pudo
transformarse en ceremonial según requerimiento, y la pieza en muchos
lugares pudo incluso ser modicada para alternar su uso o su mensaje
simbólico. Esto se argumenta al encontrarse muchas vasijas domésticas
similares a las piezas ceremoniales, al menos en su forma o modelado,
lo cual indica la existencia de piezas con similar forma cumpliendo una
función concreta mientras otras cumplen una función simbólica.
Dentro del comercio regional y distribución en el sistema de intercambio
y mercado, la educación también cumplía un rol. Lo anterior se demuestra
por la localización de artefactos similares en diversas zonas del país, aunque
debieron ser manufacturados por diferentes artesanos. La modalidad en
los detalles de una pieza se expande, en donde se incluyen terminaciones
similares y variadas en la forma de los bordes y asas en la cerámica, hasta
el uso de decoraciones y formas más complejas repetitivas en un mismo
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período arqueológico, también tenidas en diferentes localidades del país.
De este modo, el conocimiento era móvil, se distribuía y se adoptaba en
donde se enseña, se modicaba de acuerdo con los recursos locales hasta
el punto de llegarse a conservar el uso de determinada forma y color y
pasar a formar parte de la tradición.
Los artesanos, de este modo, eran educadores, ya sea tanto para crear a
otros artesanos como para educar a nivel social en el uso de las formas
concretas y simbólicas, transmitir así sus ideas a través de su arte
expresado en formas y colores. Así, la idea del artesano se generalizaba,
adherida al sistema político y religioso imperante. En otras palabras, se
piensa que estos individuos divulgaban sus ideas a través de las piezas
y sus creaciones. Los artesanos, vistos como educadores, no formales,
quizás, eran los portadores y vectores de los valores simbólicos aprobados
por las comunidades y las clases dominantes, incluyendo la religión.
Los libros para educar eran, por así decirlo, los artefactos a través de
formas y colores, en regiones en donde se carecía de escritura, como lo
fue El Salvador y otras comunidades aldeanas en épocas prehispánicas
en Mesoamérica.
En síntesis, la decoración en las piezas, actividad practicada en sociedades
sin escritura, parece indicar que para las comunidades aldeanas de la
América prehispánica la cerámica era un sistema de comunicación
masiva.
Esto puede armarse al observar la repetición de tipos cerámicos con
características similares y distribuidas de manera regional, encontradas en
diversos sitios arqueológicos de El Salvador, con demografías diversas,
tanto grandes como pequeñas e incluso en sitios aislados. Son más de
una centena de estilos o tipos diversos en cada período, subdivididos por
arqueólogos conforme a frecuencias temporales y distribución espacial,
dentro del denominado sistema tipo-variedad y tipologías aisladas
relativas a determinada región. Cada tipología es un pensamiento y, a su
vez, es conocimiento. El tipo-variedad, se piensa, tiene correspondencia
con la distribución espacial de la cultura que las elabora, lo cual puede
estar vinculado a un lenguaje común, o posiblemente es el remanente de
antiguas injerencias política-religiosa entre grupos culturales, en donde
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la educación juega un rol esencial para entender el mensaje de los objetos
y la cohesión de ideas.
La educación en el protocolo ceremonial, la interpretación o entendimiento
de la decoración de un artefacto, la manufactura de los especímenes
destinados a ciertas funcionalidades y la distribución del mensaje
de las piezas en un contexto regional, es parte del universo educativo
prehispánico, el cual tuvo repercusiones por más de 2.500 años hasta
el arribo del nuevo sistema colonial impuesto por la corona española a
partir de 1524 en El Salvador y en el resto de Latinoamérica.
Contribución de los autores:
Fabricio Valdivieso, administración del proyecto, metodología,
investigación arqueológica, investigación bibliográca y antecedentes,
escritura del borrador original; Héctor Martínez Guerrero, revisión,
visualización, análisis formal de escritura (borrador) y diseño.
Conicto de intereses
Los autores declaran no tener conicto de intereses.
Implicaciones éticas
Los autores declaran que este artículo no tiene implicaciones éticas en la
escritura o publicación.
Fuentes
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El Salvador.
- Depósito de arqueología de la Dirección de Arqueología del Ministerio
de Cultura de El Salvador.
- Depósito de arqueología de la Colección Museo Toxtli, en Fundación
Doménech.
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terreno de María Ivette Castellanos de Molina (Porción Norte).
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