Personalidad y conducta agresiva en jóvenes salvadoreños
Percepción de la relación entre educación superior y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica
de El Salvador
Incidencia de las condiciones de bienestar social y de seguridad en la actitud hacia la conservación de la
identidad cultural: caso Planes de Renderos
El afrontamiento y la capacidad de resiliencia de las personas ante los riesgos por desastres naturales
Entre lienzos humanos, tabúes y expresiones plásticas
Impacto de la educación no formal en el desarrollo de competencias para la educación superior
Una evaluación de las oportunidades humanas en El Salvador
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REVISTA CUATRIMESTRAL — NÚMERO 62 — OCTUBRE 2016 — ISSN 2071-8748
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REVISTA DE LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE EL SALVADOR - NÚMERO 62 - OCTUBRE 2016 - ISSN: 2071-8748
5
Editorial
7
Personalidad y conducta agresiva en jóvenes salvadoreños
José Ricardo Gutiérrez-Quintanilla
Cecilia Beatriz Portillo-García
19
Percepción de la relación entre educación superior y trabajo en
graduados de la Universidad Tecnológica de El Salvador
Paola María Navarrete
Ruth Maritza Osegueda
27
Incidencia de las condiciones de bienestar social y de seguridad en la
actitud hacia la conservación de la identidad cultural: caso Planes de
Renderos
Saúl Enrique Campos-Morán
Paola María Navarrete
Carlos Felipe Osegueda
Julio Aníbal Blanco
Melissa Regina Campos
34
El afrontamiento y la capacidad de resiliencia de las personas ante los
riesgos por desastres naturales
Ana Sandra Aguilar
47
Entre lienzos humanos, tabúes y expresiones plásticas
Miguel Ángel Hernández-Vásquez
56
Impacto de la educación no formal en el desarrollo de competencias
para la educación superior
Saúl Enrique Campos-Morán
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63
Una evaluación de las oportunidades humanas en El Salvador
Pablo Amaya
Visión
Ser reconocida como una de las mejores universidades priva-
das de la región, a través de sus egresados y de sus esmerados
procesos institucionales de construcción y aplicación del cono-
cimiento, proponiendo soluciones pertinentes a las necesidades
de amplios sectores de la sociedad.
Misión
La Universidad Tecnológica de El Salvador existe para brindar a
amplios sectores poblacionales, innovadores servicios educativos,
promoviendo su capacidad crítica y su responsabilidad social, uti-
lizando metodologías y recursos académicos apropiados, desarro-
llando institucionalmente: investigación pertinente y proyección
social, todos consecuente con su filosofía y legado cultural.
5
EDITORIAL
EDITORIAL EDITORIAL
En esta edición 62, entorno, la revista cientíca de la Universidad Tecnológica de
El Salvador (Utec), muestra su producción en Ciencias Sociales, consistente en
escritos construidos a partir de investigaciones provenientes de disciplinas como la
Psicología, Antropología, Educación y Economía.
De acuerdo con los Indicadores de Ciencia y Tecnología, El Salvador 2014 (Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt, 2015), el área en la que mayor conocimiento
cientíco se produce en el país es la de Ciencias Sociales. Esta realidad se reeja en
las instituciones de educación superior, que conjuntamente invirtieron en 2014 un
total de $273.279.671 en actividades cientícas y tecnológicas, según Conacyt.
También se publican artículos de investigadores Utec, contando además con trabajos
de investigadores externos, quienes compartieron su producción para difundirla a
través del presente número de entorno.
En total son siete artículos reunidos en esta publicación: 1) “Personalidad y conducta
agresiva en jóvenes salvadoreños”, 2) “Percepción de la relación entre educación
superior y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica de El Salvador,
3) “Incidencia de las condiciones de bienestar social y de seguridad en la actitud hacia
la conservación de la identidad cultural: caso Planes de Renderos”, 4) “El afrontamiento
y la capacidad de resiliencia de las personas ante los riesgos por desastres naturales”,
5) “Entre lienzos humanos, tabúes y expresiones plásticas”, 6) “Impacto de la educación
no formal en el desarrollo de competencias para la educación superior” y 8) “Una
evaluación de las oportunidades humanas en El Salvador”.
El conocimiento generado por las investigaciones que se muestran en entorno
apunta al análisis de problemáticas latentes en El Salvador y el mundo entero. Es
por ello que se entregan estos resultados a la comunidad cientíca para validarlos y
replicarlos en futuras investigaciones. Aconstruimos desde El Salvador la cultura
cientíca nacional y mundial.
6
EDITORIAL
7
Revista entorno, Universidad Tecnológica de El Salvador, www.utec.edu.sv, octubre 2016, número 62: 7-18, ISSN: 2071-8748
Personalidad y conducta agresiva
en jóvenes salvadoreños
URI: http://hdl.handle.net/11298/283
José Ricardo Gutiérrez-Quintanilla
1
Cecilia Beatriz Portillo-García
2
Universidad Tecnogica de El Salvador
jose.gutierrez@utec.edu.sv.
Recibido: 19/04/16 – Aceptado: 23/08/16
Resumen
El presente artículo es un extracto de un estudio más amplio
de tipo ex post facto que tiene el objetivo de analizar las
dimensiones psicosociales (personalidad) de violencia
asociadas con el comportamiento agresivo juvenil en
El Salvador. Para ello, se utilizó un diseño retrospectivo
y transaccional, en una muestra probabilística de 3.349
jóvenes (1.708 mujeres y 1.640 hombres), con una media de
edad total de 16.47 años (DT = 1.38). Los instrumentos de
medición utilizados fueron los siguientes: Escala de historia
de violencia juvenil, Escala social y contextual de violencia
juvenil, Escala de factores individuales de violencia juvenil,
Escala de factores de protección de violencia juvenil y
Cuestionario de agresión general. Los resultados revelan
que los jóvenes con mayor riesgo de incurrir en conductas
violentas son del sexo masculino, los residentes urbanos y
los de centros educativos privados. Tanto las dimensiones
individuales de personalidad como los factores sociales
están relacionados de forma signicativa con la conducta
violenta de los jóvenes salvadoreños.
Palabras clave
Psicología del adolescente; Jóvenes-violencia; Agresividad
(psicología); Agresividad en la adolescencia (psicología);
Conducta (psicología); Violencia en la educación.
Abstract
This article introduces an extract of a wider ex post facto
document which objective is to analyze the psychosocial
dimensions (personality) associated to youth aggressive
behavior in El Salvador. In doing so, a transactional,
retrospective design was used; a probability sample of
3.349 youths was taken (1.708 were women and 1.640 were
men). The total median for their ages was 16.47 years old
(SD= 1.38). The instruments used included the following:
Historical Risk Factors, Social/Contextual Risk Factors
[based on the SAVRY tool proposed by Borum, Bartel and
Forth, 2003], Individual Risk Factors, Protective Factors
[based on the SAPROF-YV tool, SAPROF 2013-2014], and
the Agression Questionnaire, A.Q. (Buss and Perry, 1992).
The results showed that it is the male youths living in the
cities and attending private schools who are at most risk of
engaging in violent behavior. Both, the individual personality
dimensions and the social factors are signicantly linked to
violent behavior in the Salvadorean youth.
Keywords
Aggressiveness during adolescence (psychology); Behavior
(psychology); Violence in education.
1
José Ricardo Gutiérrez Quintanilla. Es Doctor en Psicología. Profesor titular e investigador. Universidad Tecnológica de El Salvador. jose.gutierrez@utec.edu.sv.
2
Cecilia Beatriz Portillo García. Licenciada en Psicología, pasante de investigación en la Vicerrectoría de Investigación y Proyección Social de la Universidad Tecnológica
de El Salvador. cciliaportillo@gmail.com
8
Personalidad y conducta agresiva en jóvenes salvadoreños
José Ricardo Gutiérrez-Quintanilla, pp. 7-18
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ISSN: 2071-8748
Introducción
La personalidad, según Allport (1975, citado por Cerdá, 1985),
se reere a “la integración de todos los rasgos y características
del individuo que determinan una forma de comportarse”, es
decir, que la personalidad se forma en función del desarrollo
del individuo, a partir de las características ambientales,
biológicas y sociales que explican, modulan y mantienen su
comportamiento. Tanto las características individuales (de
personalidad) como el contexto familiar, relacional, comunitario,
social y las condiciones estructurales donde se desarrollan
los niños y adolescentes los hacen vulnerables a expresar
conductas violentas. Esto último, depende de la estabilidad
emocional, el equilibrio, la armonía familiar y social, los estilos
de crianza y los valores introyectados por la familia, la escuela
y la Iglesia. Por el contrario, aquellos niños y jóvenes que se
desarrollan en ámbitos con desajustes, exclusión, marginalidad,
inestabilidad, falta de control y supervisión de sus padres,
maltrato, actitudes negativas, pobre resilencia, ira y hostilidad.
Son características inequívocas de generación de conductas
agresivas o violentas. También alteraciones de la personalidad
como la conducta antisocial, inestabilidad emocional, el estrés
social, la ansiedad, la depresión y otros conictos conductuales
desencadenantes de comportamientos violentos.
El Salvador ha sido catalogado en los últimos años como
uno de los más violentos del mundo, con una tasa de 87.7
homicidios por cada 100 mil habitantes (Instituto de Medicina
Legal, 2015). Superar esta deshonrosa posición resulta
actualmente casi imposible, debido a los múltiples programas y
estrategias implantadas por el Estado salvadoreño orientadas
a mejorar los índices de violencia en los últimos tres gobiernos
con resultados negativos. Algunos de los planes son los
llamados “mano dura”, “mano súper dura”, “la tregua”, y en
la actualidad el Plan “El Salvador seguro”. Este último está
teniendo aceptación social y se observan en él estrategias
prometedoras a corto y mediano plazo.
La violencia contra los niños y los adolescentes es un factor
precursor de enfermedades físicas y mentales, y de muerte
durante la etapa adulta, sucesos que implican altos costos
para el desarrollo personal y social. Todo esto aumenta la
importancia de reconocer y prevenir la violencia lo más
temprano posible (Unicef, 2011).
El presente artículo es un extracto de un informe mayor,
realizado a escala nacional por la Universidad Tecnológica de
El Salvador en convenio de cooperación con la Policía Nacional
Civil de El Salvador. La investigación fue titulada “Evaluación de
factores psicosociales de riesgo y de protección de violencia
juvenil en El Salvador”. El objetivo fue identicar y analizar
los factores de riesgo y de protección que predisponen a los
jóvenes a la expresión de conductas violentas, con la nalidad
de diseñar e implantar programas de prevención en el país.
A escala global, en el “Informe mundial sobre la violencia y
la salud” preparado por la Organización Panamericana de la
Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS-OMS, 2003)
se explica que Latinoamérica es la región que sufre el mayor
impacto de la violencia en el mundo. La tasa promedio de
homicidios de adolescentes y jóvenes entre 15 y 29 años es de
101.7 por 100 mil hombres y de 11.5 por 100 mil mujeres. Sin
embargo, el homicidio es la manifestación más extrema de la
violencia. Los adolescentes y jóvenes constituyen la población
más afectada por distintos tipos de violencia, incluyendo el
abuso físico, sexual, verbal y emocional, así como el abandono.
Kaleel, Justicia, Benítez y Pichardo (2007) realizaron una
investigación en Palestina con una muestra de 1.492 alumnos
de educación primaria y secundaria, cuyas edades oscilaban
entre los 10 y 16 años, en centros educativos de la zona urbana
y rural de Hebrón. Los resultados mostraron que el 53,5 % de
los participantes masculinos informan haber agredido a alguno
de sus compañeros, al menos una vez por semana, frente al
46,5 % femenino. Las diferencias entre hombres y mujeres
resultaron estadísticamente signicativas. El porcentaje de
hombres agresores aumenta en función de la frecuencia.
Así, las personas del género masculino que agreden a sus
compañeros dos o tres veces por semana representan el 88 %
de los agresores.
El estudio del comportamiento juvenil en Rochester centró su
investigación en las causas y consecuencias de la delincuencia
juvenil y el consumo de drogas en una muestra de adolescentes
urbanos calicados en una situación de alto riesgo de
delincuencia y consumo de drogas (n = 1.000; 729 hombres
y 271 mujeres) desde su temprana adolescencia (séptimo y
octavo grado) hasta su juventud (Browning & Huizinga, 1999;
Browning, Thornberry y Porter, 1999; Lizotte y Sheppard, 2001).
El estudio examinó la relación de la delincuencia con variables
familiares, escolares, de amistad y comunitarias, obteniéndose
las siguientes conclusiones: los niños que reciben un mayor
grado de cariño y compromiso de sus padres tienen menos
implicación en actividades delictivas; un pobre rendimiento
escolar se encuentra asociado con un incremento en
implicaciones delictivas y de consumo de drogas; la relación
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Personalidad y conducta agresiva en jóvenes salvadoreños
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Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
con amigos delincuentes hace más fuerte y consistente la
asociación con la delincuencia; y que los niños de clase baja
tienen mayores implicaciones con conductas delincuentes
(Browning, Thornberry y Porter, 1999).
Por otra parte, Moreno, Vacas y Roa (2006), en Granada,
España, investigaron la violencia escolar con diez situaciones
del ambiente sociofamiliar de los individuos de una muestra
de 1.119 escolares de edades comprendidas entre 8 y 17 años.
Los resultados indicaron la fuerte relación entre aspectos en
este sentido, como el control familiar, la cohesión, el conicto,
la expresividad o los intereses culturales y sociorecreativos con
factores de violencia escolar (victimizado, victimizador, y trato
en colegio y casa). También se han encontrado diferencias
signicativas en la edad, en la que los individuos menores
de 12 años se manifestaron más afectados por la violencia
escolar. Los hombres indicaron estar más involucrados con el
fenómeno de bullying y con la relación entre la victimización y
el clima sociofamiliar.
En estudio realizado con adolescentes colombianos sobre los
factores de riesgo de violencia, Brook, Brook, Zohn, De la Rosa,
Montoya y Whiteman (2003) encontraron que los factores
de riesgo hacia la violencia juvenil son la personalidad del
adolescente y los atributos de comportamiento (ejemplos:
consumo de drogas y la tolerancia); las características
de la familia, tales como el uso de drogas en los padres y
hermanos, conictos padre-hijo; factores de pares, tales
como el consumo de drogas entre pares y la desviación
conductual en los pares, y factores ecológicos, que incluyen
la disponibilidad de drogas y la prevalencia de la violencia en
la comunidad. En este mismo sentido, Murcia, Reyes, Gómez,
Medina, Paz y Fonseca (2007), en su estudio realizado en
Honduras con una muestra de 576 escolares de ambos sexos,
cuyas edades uctuaban entre los 10 y 15 años, procedentes
de escuelas públicas y privadas, a quienes se aplicó el
Inventario de hostilidad de Buss y Burke y una entrevista
familiar semiestructurada, los resultados mostraron que
los niños con mayores niveles de hostilidad y agresividad
proceden de hogares desintegrados y disfuncionales, con
evidencias de violencia doméstica y alcoholismo.
En El Salvador, la Comisión Interamericana de Control y Abuso
de drogas de la Organización de Estados Americanos, con el
apoyo de la Comisión Salvadoreña Antidrogas, en el año 2011,
presentaron el informe sobre el consumo de alcohol y drogas
en estudiantes universitarios salvadoreños, encontrando
que un 40 % de los jóvenes consumen bebidas alcohólicas
frecuentemente; mientras en otro estudio en una población
general, se encontró que un 16 % consume alcohol y drogas,
y más de la mitad de estos lo hacen cada ocho o quince días.
Al analizar el contexto familiar salvadoreño, se encontró que
más del 44 % de los jóvenes de educación media viven con
uno de sus padres (Orantes, 2011). En estudio reciente se
encontró que 47,5 % de los jóvenes salvadoreños viven con un
solo padre o pariente cercano (Gutiérrez, 2012). En este mismo
sentido, Zúñiga (2010) encontró que los jóvenes que habían
crecido en hogares desintegrados presentaban mayores
problemas en autoconcepto académico, personal y emocional;
tenían más ansiedad, inseguridad, estrés y problemas de
relaciones interpersonales que los jóvenes que vivían con
ambos padres. Otro estudio a escala nacional encontró que
entre un 20 y 25 % de los hogares salvadoreños presentaban
disfunciones familiares, como falta de comunicación y falta
de apoyo y solidaridad entre sus miembros. En El Salvador,
también se ha analizado la relación de la violencia delincuencial
con la salud mental (Gutiérrez, 2012), encontrando que entre
70 y 80 % de la población salvadoreña sufre de alteraciones
emocionales y psicológicas, como temor, miedo, ansiedad,
estrés, nerviosismo, inseguridad e inestabilidad emocional,
como consecuencias directas o indirectas del contexto de
violencia social delincuencial.
Las posibilidades de que los jóvenes y los adolescentes tengan
un desarrollo sano se ven limitadas cuando son afectados
por la violencia, ya sea como testigos, víctimas o agresores
(OPS/OMS, 2002), especialmente tratándose de personas
de bajos ingresos, residentes en barrios degradados social y
físicamente (OPS/OMS, 2006). También, la edad, las habilidades
sociales de que se dispone (Pons y Berjano, 1999; Smith & Scott
1993), las actitudes, los valores, creencias hacia las drogas y
la autoestima (Kaplan, 1996; Mendoza, Carrasco y Sánchez,
2003) se han manifestado también como predictores ables
de la conducta adictiva (Fishbein y Ajzen, 1980; Romero, 1996;
Catalano, Hawkins et al., 1996; Elzo et al., 2000). A su vez,
estos valores, creencias y actitudes vienen determinados, en
primera instancia, por la familia, como su contexto portador
y transmisor (Ferrer et al., 1991), y por la presión del grupo
de iguales (Gómez Reino et al., 1995); sobre la capacidad de
tomar decisiones propias (Boys et al., 1999). Igualmente, una
falta de supervisión (Howell, 1997; Lawrence, 1998; Browning
y Loeber, 1999; Chaiken, 2000, Hawkins et al., 2000), cambios
en la estructura familiar (Thornberry et al., 1999, Wasserman
et al., 2003), malos tratos, disciplina férrea o alternada, malos
ejemplos conductuales (Farrington, 1992, 1997), falta de
comunicación o carencias afectivas (Browning y Loeber, 1999;
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Bartollas, 2000) incrementan los riesgos de comportamientos
delictivos por parte de los jóvenes.
La violencia es un fenómeno multidimensional que puede ser
de tipo psicológico, emocional, físico, sexual, político, social,
institucional, patrimonial, cultural y moral; y puede darse en
distintos ámbitos: familiar, institucional, laboral, etc.; posee
un origen multicausal y es transversalizada por las relaciones
estructurales de desigualdad existentes en el país, sean
estas de género, sociales o económicas (Unicef, 2014). Entre
las principales causas de la violencia están las siguientes: la
ausencia de oportunidades de desarrollo humano, la carencia
de espacios apropiados para la recreación, la existencia de un
entorno social y económico deteriorado, el debilitamiento de
la institucionalidad pública y de la familia ocasionado por la
desintegración familiar, el vacío de autoridad competente, la
impunidad y la debilidad de los procesos de investigación y
persecución del delito, la ausencia de planes especícos para
abordar la problemática y la proliferación de armas de fuego
(Unicef, 2011).
Para este estudio, se adopta la denición de adolescentes
establecida por Naciones Unidas, en donde se llama
adolescentes a aquellas personas entre los 10 y los 19 años de
edad (Unicef, 2011). En la actualidad no existe un solo modelo
teórico que explique las raíces de la violencia y la delincuencia
(OMS, 2002); tanto los factores biológicos, psicológicos y los
sociales se conjugan para desencadenar la conducta violenta
y delictiva.
Luengo-Martín, & Tavares-Filho 1997) y Moncada Bueno (1997)
señalan que existen factores de riesgo hacia la violencia y el
consumo de drogas, que pueden tipicarse como factores
individuales, micro y macrosociales. En los factores individuales
se incluyen los aspectos genéticos, de personalidad, conictos
emocionales, agresividad, pautas educativas, hiperactividad,
rebeldía, pobre autocontrol, actitudes y modelos de conducta
de los padres. En el factor microsocial se incluye el ambiente
familiar, la relación entre los miembros de la familiar, la
violencia familiar, las actitudes de sus miembros, el abuso
físico y psicológico, los valores familiares, las creencias, los
estilos y modelos de crianza. En este factor se incluye la
escuela y la comunidad; en la escuela se puede desarrollar
comportamientos violentos y de abuso entre los adolescentes;
por ejemplo, el bullying. También puede existir maltrato en
las relaciones entre profesores y estudiantes. En el contexto
comunitario, juega un papel central la relación con los pares
del vecindario, debido a que estos ejercen una fuerte presión
sobre los adolescentes para la ejecución de comportamientos
violentos, acciones antisociales, conductas socialmente
desadaptadas, como el consumo de alcohol y drogas,
participar en actos vandálicos; ejemplos: dañar propiedad
ajena, tirar piedras y objetos sobre las casas o vehículos,
golpear perros. En este contexto comunitario, hay que señalar
que el ambiente físico, las relaciones sociales comunitarias y
el tipo de vecindario están relacionados con la predisposición
a las conductas desviadas de los jóvenes y adolescentes. Una
comunidad desorganizada donde impera el desorden, como
la venta de alcohol, drogas, la presencia delincuencial, falta
de iluminación y vigilancia contribuirá de forma importante
en el riesgo de que algunos jóvenes o adolescentes de esa
comunidad incurran en acciones antisociales, como actos
violentos, vandalismos, consumo de drogas, alcohol o se
integren a las pandillas.
El factor macrosocial se reere a las condiciones estructurales
que técnicamente se atribuyen al Estado. Dentro de este
factor están las políticas, programas, proyectos y acciones
estatales que vayan encaminados a crear las condiciones para
que las personas sean sujetos de las diferentes prestaciones
socioeconómicas que por derecho les corresponden. Entre
estas podemos señalar algunas: acceso a la educación, a
la salud, al trabajo, a la vivienda y otras prestaciones. En los
países subdesarrollados como el nuestro, grandes segmentos
poblacionales están marginados de estos benecios,
siendo estas condiciones de marginalidad promotoras o
incentivadoras de que muchos jóvenes y adultos incurran
en acciones o comportamientos desviados de la norma
social, tales como integrarse a grupos delincuenciales, a las
pandillas, el narcotráco, el consumo de drogas y alcohol,
conictos familiares, comunitarios y conductas violentas.
Estos problemas psicosociales son explicados, en parte, por
la falta de oportunidades, la frustración y como una forma de
sobrevivencia, acudiendo al robo, al hurto, a las pandillas y al
tráco de drogas, etc. Es relevante destacar que, en la mayoría
de casos de jóvenes o adolescentes que se incorporan a
grupos delincuenciales o pandillas, se conjuga un conjunto de
factores de riesgo de carácter individual, micro y macrosocial,
y de poca protección. Es el resultado de una síntesis de
diferentes características individuales, familiares, comunitarias
y estructurales (falta de oportunidades), las que nalmente
determinan el comportamiento antisocial o desviado, como
actos delincuenciales, conductas violentas, consumo de
alcohol y drogas, entre otras acciones desviadas en los jóvenes
o adolescentes.
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José Ricardo Gutiérrez-Quintanilla, pp. 7-18
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El presente artículo tiene como objetivo general determinar
si existe relación de la personalidad (rasgos) con la conducta
violenta en los adolescentes salvadoreños. Ante la potencial
inuencia de la personalidad en el comportamiento agresivo
en los adolescentes salvadoreños; el presente estudio tiene
los objetivos especícos siguientes: 1) identicar la prevalencia
en porcentajes, tanto de los rasgos de personalidad como de
las conductas agresivas en los adolescentes salvadoreños,
2) determinar si existen correlaciones signicativas entre el
comportamiento agresivo y las dimensiones de la personalidad
en los jóvenes salvadoreños y 3) establecer si existen diferencias
estadísticamente signicativas en el comportamiento agresivo
y las dimensiones de la personalidad en función del sexo y
lugar de residencia.
Método
Participantes
En el presente estudio se seleccionó una muestra probabilística
representativa de las ciudades más importantes del país. Para
ello, se adoptó una estimación de error del 1,9 % y un nivel
de conanza del 97 %, obteniéndose una muestra de 3.349
jóvenes de ambos sexos a escala nacional. La muestra fue
distribuida de forma proporcional al número de estudiantes
de educación media en cada departamento. En el estudio
se aplicó un diseño retrospectivo y transeccional, utilizando
como técnica de estudio la encuesta, mediante la evaluación
colectiva. Es un estudio de tipo ex post facto (Montero & León,
2007). En el estudio fueron evaluados 1.708 (51,0 %) mujeres
y 1.640 (49,0 %) hombres; la media de edad total fue de 16.47
años (DT = 1.38); para las mujeres fue de 16.38 años (DT = 1.33),
y para los hombres, de 16.56 años (DT = 1.43). Se presenta una
descripción de algunas variables sociodemográcas: en cuanto
a residencia, 2.334 (69,7 %) son urbanos y 979 (29,3 %) rurales;
según centro educativo, 2.597 (77,5 %) asisten a centros públicos
y 732 (21,9 %) a privados. Con respecto a con quién vive, 1.834
(54,8 %) viven con ambos padres y 1.510 (45,2 %) con un padre
o pariente cercano.
Instrumentos
Cuestionario de elaboración propia. Este apartado fue incluido
en la primera página de la batería de pruebas y contiene todas
las variables sociodemográcas, como sexo, edad, centro
educativo, lugar de residencia, nivel educativo, con quién vive,
departamento, si trabaja o no y actividad laboral.
Escala de historia de violencia juvenil (victimización) (Eshivi). Es
una prueba que evalúa las experiencias pasadas y presentes
de violencia en el hogar durante la niñez y adolescencia; los
supuestos teóricos están basados en el modelo de factores
de riesgo de violencia juvenil planteados por Borum, Bartel y
Forth (2003); la escala fue construida y validada por Gutiérrez,
Sánchez y Martínez (2013); la prueba está estructurada en
seis factores. Cada factor está conformado por los ítems: el
factor 1, Víctima de violencia psicológica (ítems: 9, 10, 11,
12, 13, 14, 15, 16, 18, 19 y 20), con una consistencia interna
mediante el alfa de Cronbach de 0.90; el factor 2, Supervisión
y control de los padres (ítems: 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30), con
una consistencia interna mediante el alfa de Cronbach de 0.78;
el factor 3, Víctima de violencia física (ítems: 5, 6, 7, 8 y 17), en
el que la consistencia interna mediante el alfa de Cronbach fue
de 0.73; el factor 4, Violencia física expresada (ítems: 1, 2, 3 y
4), en este la consistencia interna mediante el alfa de Cronbach
fue de 0.67; el factor 5, Ambiente familiar hostil (ítems: 21, 22
y 23), con un alfa de Cronbach de 0.76; y el factor 6, Conflicto
emocional (ítems: 31 y 32), con un alfa de Cronbach de 0.69.
Tanto el análisis factorial como el de consistencia interna
proporcionaron resultados aceptables en una muestra de
adolescentes salvadoreños para medir factores históricos de
violencia en el hogar.
Escala social y contextual de violencia juvenil. Es una prueba
que evalúa algunos factores sociales y comunitarios durante
la niñez y adolescencia, que pueden incidir o empujar al
joven al cometimiento de conductas desviadas como la
violencia. La prueba está basada en los supuestos teóricos del
modelo de factores de riesgo de violencia juvenil planteados
por Borum, Bartel y Forth (2003); la escala fue construida y
validada por Gutiérrez, Sánchez y Martínez (2013); la prueba
está estructurada en cuatro factores: estrés social, conducta
desviada de los pares, apoyo social y resolución de problemas.
Cada factor está conformado por los ítems: el factor 1, Estrés
social (ítems: 7, 8, 9, 10, 12 y 14), con una consistencia interna
mediante el alfa de Cronbach de 0.72; el factor 2, Conducta
desviada de los pares (ítems: 1, 2, 3, 4, 5 y 6), con una
consistencia interna mediante el alfa de Cronbach de 0.73; el
factor 3, Apoyo personal (ítems: 16, 17 y 18), la consistencia
interna mediante el alfa de Cronbach fue de 0.64, y el factor
4, Resolución de problemas (ítems: 11, 13, 15, 19 y 21), con
la consistencia interna mediante el alfa de Cronbach de 0.64.
Tanto el análisis factorial como el de consistencia interna
proporcionaron resultados aceptables en una muestra de
adolescentes salvadoreños para medir factores sociales y
contextuales de riesgo de violencia juvenil.
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Personalidad y conducta agresiva en jóvenes salvadoreños
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Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
Escala de factores individuales de violencia juvenil. Es una
prueba que evalúa factores individuales y personales durante
la niñez y adolescencia, que pueden empujar al joven al
cometimiento de conductas desviadas como la violencia
(delictiva). La prueba está basada en los supuestos teóricos del
modelo de factores de riesgo de violencia juvenil planteados
por Borum, Bartel y Forth (2003); la escala fue construida y
validada por Gutiérrez, Sánchez y Martínez (2013). Cada factor
está conformado por los ítems: el factor 1, Consumo de bebidas
alcohólicas (ítems: 21, 22, 13 y 24), con una consistencia interna
mediante el alfa de Cronbach de 0.90; el factor 2, Actitudes
negativas (ítems: 1, 2, 3, 4, 8 y 15), con una consistencia interna
mediante el alfa de Cronbach de 0.84; el factor 3, Compromiso
con la escuela (ítems: 37, 38, 39, 40, 41 y 42), en el que la
consistencia interna mediante el alfa de Cronbach fue de 0.81;
el factor 4, Rendimiento académico (ítems: 32, 33, 34, 35, 36 y
43), que su consistencia interna mediante el alfa de Cronbach
es de 0.79; el factor 5, Empatía (ítems: 10, 11, 12, 13 y 14), que
su consistencia interna alfa de Cronbach es de 0.71; el factor
6, Manejo de la ira (ítems: 5, 6, 7, 8 y 9), en el que su alfa de
Cronbach es de 0.73; el factor 7, Consumo de drogas ilícitas
(ítems: 25, 26 y 27), en este el alfa de Cronbach es de 0.92; el
factor 8, Consumo de cigarrillo (ítems: 17, 18, 19 y 20), con un
alfa es de 0.81, y el factor 9, Daño autoinfligido (ítems: 28, 29,
30 y 31), con un alfa de Cronbach de 0.72.
Escala de factores de protección de violencia juvenil. Es una
prueba que evalúa algunos factores de protección de violencia
juvenil, que protegen al joven del cometimiento de conductas
desviadas como la violencia (delictiva). La prueba está basada
en los supuestos teóricos del modelo de factores de riesgo y
protección de violencia juvenil planteados por Borum, Bartel y
Forth (2003); la escala fue construida y validada por Gutiérrez,
Sánchez y Martínez (2013); cada factor está conformado por
los ítems: el factor 1, Compromiso con el rendimiento escolar
(ítems: 6, 7, 8, 9, 10 y 11), con una consistencia interna mediante
el alfa de Cronbach de 0.77; el factor 2, Acciones prosociales
(ítems: 1, 2, 3, 4 y 5), con una consistencia interna mediante el
alfa de Cronbach de 0.75; el factor 3, Modelaje de los padres
(ítems: 12, 13 y 14), en este la consistencia interna mediante el
alfa de Cronbach fue de 0.80, y el factor 4, Personalidad resiliente
(ítems: 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21 y 22), cuya consistencia interna
mediante el alfa de Cronbach es de 0.79.
Cuestionario de Agresión General (Aggression Questionnaire,
AQ) (Buss y Perry, 1992). Variables como la agresividad, la ira
o la hostilidad forman parte de diversos modelos explicativos
empleados tanto en la psicología clínica y de la salud como
en la medicina conductual; este es el caso, por ejemplo, de la
conducta antisocial (Ireland y Archer, 2004; Morren y Meesters,
2002; Palmer y Thakordas, 2005), violencia conyugal (Echeburúa
y Fernández, 1998), violencia escolar (Lawrence y Green, 2005).
La versión original del Cuestionario de Agresión de Buss y
Perry (1992) quedó conformada por cuatro factores (agresión
física, agresión verbal, ira y hostilidad), los que mostraron una
abilidad de consistencia interna aceptable, situándose entre
0.72 y 0.85, dependiendo de la subescala. Esta prueba ha sido
adaptada en diferentes culturas y países. Sierra y Gutiérrez
(2007) realizaron un estudio de adaptación del cuestionario en
estudiantes universitarios salvadoreños, obteniendo evidencias
empíricas similares a los estudios anteriores. El análisis factorial
conrmó la estructura tretrafactorial, eliminándose los ítems 3
y 24 por tener una carga factorial baja, quedando la versión
salvadoreña con 27 ítems; también se obtuvieron los índices
de consistencia interna, mediante el alfa de Cronbach. Estos se
describen a continuación: Agresión física (α = 0.80), ítems: 1, 4,
8, 12, 16, 20, 25 y 27; Agresión verbal (α = 0.73), ítems: 2, 5, 6, 9,
10 y 13; Hostilidad (α = 0.76), ítems: 3, 7, 11, 15, 19, 22, 24 y 26;
Ira (α = 0.72) ítems: 14, 17, 18, 21 y 23.
Resultados
El análisis de los resultados del presente artículo se presenta en
el orden de sus objetivos. En un primer momento, se presentan
los análisis descriptivos que permiten identicar la prevalencia
de las dimensiones de personalidad relacionados con la
violencia y las frecuencias de las conductas agresivas en los
jóvenes salvadoreños; en un segundo momento, se presentan
los análisis inferenciales mediante la prueba t de student y
las correlaciones de Pearson. A continuación se presentan
las frecuencias y porcentajes existentes de los factores de
personalidad y las conductas violentas en los jóvenes.
Los hallazgos revelan que 1.222 (38,2 %) de los(as) jóvenes son
víctimas de violencia psicológica en su familia; 1.129 (35,1 %)
no reciben una adecuada supervisión y control de los padres;
también se encontró que 1.217 (36,9 %) han sido víctimas
de violencia física en la niñez y adolescencia; 1.442 (43,7 %)
de los(as) jóvenes viven en un ambiente familiar hostil; 1.243
(38,2 %) jóvenes presentan estrés social; se encontró que
1.509 (46,0 %) tienen amigos o compañeros con una conducta
desviada; en cuanto al consumo de bebidas alcohólicas, 877
(26,4 %) presentan esta conducta; 1.209 (36,5 %) tienen una
actitud negativa; 1.357 (42,2 %) de los jóvenes presentan un
bajo rendimiento académico. Mientras que en los factores
de conducta agresiva, se tiene que 1.454 (45,2 %) presentan
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agresión física; 1.433 (44,1 %) presentan agresión verbal;
1.384 (42,9 %) tienen rasgos de personalidad de hostilidad,
característica básica en la conducta agresiva, y 1.805 (33,1 %)
presentan la característica de ira, que tiene una correlación
signicativa positiva con la hostilidad, con la agresión física y
verbal (ver tabla 1).
Análisis inferencial
En el análisis de comparación de medias de la conducta
agresiva en función de algunas variables sociodemográcas se
aplicó la prueba t de student, para muestras independientes.
En agresión física, en función del sexo, se encontró que
existen diferencias estadísticamente signicativas entre
hombres y mujeres (t
3217
= -13.614; p < .001), presentando
mayor índice de agresión física los hombres en comparación
con las mujeres. Al comparar la misma variable (agresión
física) en función del centro educativo, se encontró que
existen diferencias signicativas entre los centros públicos y
privados (t
3198
= -2.357; p = .018), indicando que existe una
mayor prevalencia de agresión física en los jóvenes de centros
educativos privados que en los públicos; no se encontraron
diferencias signicativas en función del lugar de residencia
(urbano y rural). Al analizar la variable agresión verbal, en
función del centro educativo, se encontraron diferencias
signicativas entre centros públicos y privados (t
3233
= -4.279;
p < .001), reejando que presentan más conductas de agresión
verbal los jóvenes de centros educativos privados en contraste
con los de centros públicos; no se encontraron diferencias
estadísticamente signicativas entre hombre y mujeres, ni
entre jóvenes rurales y urbanos. En la variable hostilidad,
en función del sexo, se encontró que existen diferencias
signicativas entre hombres y mujeres (t
3226
= 5.914; p < .001),
presentando mayor hostilidad las mujeres en comparación con
los hombres; no existen diferencias signicativas en función del
lugar de residencia y el centro educativo. En la variable ira, no
existen diferencias signicativas en función del sexo, lugar de
residencia o centro educativo. Al analizar la variable violencia
Tabla 1. Frecuencias y porcentajes de prevalencias de las dimensiones relacionadas con la
personalidad y el comportamiento agresivo en adolescentes salvadoreños
DIMENSIONES n %
Factores relacionados con la personalidad
Víctima de violencia psicológica 1.222 38,2
Ambiente familiar hostil 1.442 43,7
Víctima de violencia física 1.217 36,9
Falta de control de los padres 1.129 35,1
Conicto emocional 1.622 49,2
Estrés social 1.243 38,2
Conducta desviada de los pares 1.509 46,0
Consumo bebidas alcohólicas 877 26,4
Actitudes negativas 1.209 36,5
Manejo de la ira 1.597 48,1
Consumo de drogas ilícitas 422 12,70
Consumo de cigarrillos 897 27,4
Personalidad resiliente 1.300 39,9
Hostilidad 1.384 42,9
Ira 1.805 33,1
Comportamientos agresivos
Agresión física 1.454 45,2
Agresión verbal 1.433 44,1
Elaboración propia de resultados de investigación de 2014.
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física expresada, en función del sexo, se encontró que existen
diferencias estadísticas signicativas entre hombres y mujeres
(t
3256
= -5.656; p < 0.001), encontrándose mayor expresión
de violencia física en los hombres en comparación con las
mujeres; no se encontraron diferencias signicativas en esta
variable con relación al lugar de residencia, ni con relación al
centro educativo (ver tabla 2).
En esta fase del análisis inferencial, mediante la prueba t para
muestras independiente, se comparan las dimensiones de
personalidad con las conductas violentas en los jóvenes. Este
contraste se hace en función del lugar de residencia (urbano,
rural) de la muestra. El primer factor de análisis es Víctima de
violencia psicológica, encontrándose que existen diferencias
estadísticamente signicativas entre los(as) jóvenes urbanos
Tabla 2. Diferencia de medias (M) y desviación típica (DT) de las dimensiones de personalidad
y la conducta agresiva en función del sexo de los jóvenes
DIMENSIONES SEXO N M DT T P
Víctima de violencia psicológica Mujeres 1624 15.65 4.42 1.928 .054
Hombres 1579 15.37 3.90
Supervisión y control de padres Mujeres 1630 21.99 4.77 2.454 .014
Hombres 1582 21.58 4.79
Víctima de violencia física Mujeres 1680 6.28 1.60 -5.715 .000
Hombres 1620 6.61 1.72
Ambiente familiar hostil Mujeres 1681 5.03 2.07 6.681 .000
Hombres 1616 4.57 1.83
Conicto emocional Mujeres 1678 4.88 2.34 5.069 .000
Hombres 1618 4.48 2.20
Estrés social Mujeres 1656 12.61 3.83 8.305 .000
Hombres 1599 11.53 3.53
Conducta desviada de los pares Mujeres 1672 9.27 2.82 -10.969 .000
Hombres 1606 10.44 3.28
Resolución problemas Mujeres 1678 13.52 3.19 -3.684 .000
Hombres 1604 13.93 3.19
Consumo bebidas alcohólicas Mujeres 1692 4.65 1.71 -7.373 .000
Hombres 1624 5.19 2.41
Actitudes negativas Mujeres 1686 11.63 4.03 8.242 .000
Hombres 1622 10.55 3.47
Empatía Mujeres 1676 14.72 3.22 4.429 .000
Hombres 1604 14.22 3.25
Manejo de la ira Mujeres 1689 9.62 3.44 6.173 .000
Hombres 1629 8.92 3.03
Consumo de drogas ilícitas Mujeres 1699 3.23 1.00 -7.895 .000
Hombres 1623 3.60 1.67
Consumo de cigarrillos Mujeres 1672 4.98 1.76 -12.530 .000
Hombres 1596 5.95 2.59
Modelaje de los padres o tutores Mujeres 1701 5.43 2.52 .381 .704
Hombres 1625 5.40 2.33
Personalidad resiliente Mujeres 1659 22.81 5.07 -.912 .362
Hombres 1599 22.98 5.10
Hostilidad Mujeres 1630 20.07 4.83 5.914 .000
Ira Mujeres 1665 7.46 2.92 -1.501 .133
Hombres 1610 7.61 2.72
Agresión física Mujeres 1634 14.04 4.85 -13.614 .000
Hombres 1585 16.43 5.13
Agresión verbal Mujeres 1664 12.94 3.93 .020 .984
Hombres 1588 12.94 3.64
Elaboración propia de resultados de investigación de 2014.
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y rurales (t
3167
= 6.082; p < .001), siendo más víctimas de
violencia psicológica en su familia los jóvenes urbanos en
comparación con los rurales; en Supervisión y control de los
padres, en función del lugar de residencia, se encontró que
existen diferencias signicativas entre los urbanos y rurales
(t
3177
= -2.652; p = .008), presentando una menor supervisión
y control los jóvenes urbanos que los residentes rurales.
Referente al análisis del factor Víctima de violencia física, en
función al lugar de residencia, se encontraron diferencias
signicativas entre los residente urbanos y rurales (t
3263
=
-2.119; p = .034), siendo más víctimas de violencia física los
residentes rurales en contraste con los urbanos. Con relación
a la variable Ambiente familiar hostil, en función del lugar de
residencia, se encontró que existen diferencias signicativas
entre urbanos y rurales (t
3261
= 3.961; p < .001), presentando
un mayor ambiente familiar hostil los residentes urbanos que
los rurales; en Conducta desviada de los pares, en función
del lugar de residencia, se encontró que existen diferencias
estadísticamente signicativas entre urbanos y rurales (t
3243
=
4.787; p < .001), presentando una mayor conducta desviada de
los pares los(as) jóvenes que residen en las zonas urbanas en
comparación con los residentes rurales (ver tabla 3).
Aplicando las correlaciones de Pearson (r) entre algunas
dimensiones psicosociales y conductas de violencia juvenil,
se observaron las siguientes correlaciones: que existe una
correlación estadística signicativa entre víctima de violencia
física y víctima de violencia psicológica (r = .582; p < 01); entre
ambiente familiar hostil y víctima de violencia Psicológica (r =
.578; p < 01); entre actitudes negativas y hostilidad (r = .498; p
< .01); entre manejo de la ira y agresión física (r = .487; p < .01);
entre manejo de la ira y agresión verbal (r = .500; p = < .01).
Discusión
La conducta violenta es un comportamiento calicado como
una desviación social o una conducta antisocial. Este problema
es complejo, multicausal, multidimensional y multifactorial,
que ha sido estudiado a través de los años desde diferentes
disciplinas, como la Psicología, la Psiquiatría, la Sociología,
la Antropología, la Criminología, el Derecho, la Biología, la
Neurología y la Medicina, entre otras. La presente discusión
se centra en poner de relieve aquellas dimensiones, rasgos
o características individuales que evidencian relación con
los comportamientos violentos de los jóvenes. No se puede
obviar decir que este estudio se realizó desde la perspectiva
de la Psicología con implicaciones y aplicaciones en diferentes
disciplinas. La conducta violenta es tipicada universalmente
como una antisocial, es decir, una conducta que no se ajusta
a las expectativas y las normas socialmente aceptadas. Una
de las deniciones generales de violencia dice que es toda
acción que tiene la intención de producir daño a la persona.
Existen diferentes formas y tipos de violencia: autoinigida,
interpersonal y colectiva-estructural, cada una con distintos
subtipos, cuya naturaleza es diferente; puede ser física,
psicológica, sexual, por negligencia, abandono u omisión
(OMS, 2003), lo que signica que no se pueden generalizar los
actos violentos como si fueran iguales. Entre las características
individuales y sociales (personalidad) de violencia juvenil
analizadas en El Salvador, se tienen las siguientes variables:
víctima de violencia psicológica, supervisión y control de los
padres, víctima de violencia física, ambiente familiar hostil,
conicto emocional, estrés social, conducta desviada de
los pares, resolución de problemas, consumo de bebidas
alcohólicas, actitudes negativas, manejo de la ira, consumo
de cigarrillos, ira y hostilidad. Como dimensiones de conducta
agresiva: agresión física, agresión verbal. También, Browning
et al., 1999; Browning, Thornberry & Porter, 1999; Lizotte &
Sheppard, 2001, en sus estudios, examinaron la relación de la
delincuencia con variables familiares, escolares, de amistad y
comunitarias, obteniéndose las siguientes conclusiones: los
niños que reciben un mayor grado de cariño y compromiso de
sus padres tienen menos implicación en actividades delictivas;
un pobre rendimiento escolar se encuentra asociado con un
incremento en implicaciones de conductas violentas, delictivas
y de consumo de drogas; la relación con amigos delincuentes
hace más fuerte y consistente la asociación con la delincuencia;
y que los niños de clase baja tienen mayores implicaciones con
conductas delincuentes (Browning, Thornberry & Porter, 1999).
El análisis de la dimensión víctima de violencia psicológica en la
infancia revela que existen cerca de cuatro de cada diez jóvenes
salvadoreños que fueron víctimas de este maltrato en el hogar;
en el factor supervisión y control de los padres, se observa que
más de tres de cada diez jóvenes no reciben supervisión de los
padres; referente al factor víctima de violencia física, el estudio
revela que cerca de cuatro de cada diez jóvenes son víctimas
de esta violencia; al hablar del comportamiento agresivo, se
hace referencia a la multicausalidad del comportamiento,
indicando que este está inuenciado por diferentes factores:
psicológicos, social, cultural, genético y biológico; tanto del
ámbito familiar como del individual, justicándose así el
abordaje desde diversos enfoques teóricos (Castrillón, Ortiz, &
Vieco, 2004; citados por Castillo, 2006); en el factor ambiente
familiar hostil, se observó que cuatro de cada diez jóvenes
presentan hostilidad en su familia; en la conducta desviada de
16
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los pares, el estudio revela que casi la mitad de los(as) jóvenes
tienen amigos que expresan alguna conducta desviada. El grupo
de amigos (peers) es importante en el desarrollo psicosocial
al ofrecer a los adolescentes un sentido de pertenencia, un
soporte emocional y normas de comportamiento (Borduin
& Schaeffer, 1998), señalándose como un factor de gran
inuencia en la delincuencia juvenil, hasta llegar a armarse
que la asociación con amigos delincuentes es el mejor
predictor de la delincuencia en las investigaciones actuales
(Howell, 1997; Battin-Pearson, Thornberry, Hawkins & Krohn,
1998; Lawrence, 1998; Seydlitz & Jenkins, 1998; Leukefeld
et al., 1998; Borduin & Schaeffer, 1998; Browning & Huizinga,
1999; Feld, 1999; Browning, Thornberry & Porter, 1999;
Hawkins et al., 2000; Wasserman et al., 2003); con relación
Tabla 3. Diferencia de medias (M) y desviación típica (DT) de las dimensiones de personalidad
y la conducta agresiva juvenil en función de la zona de residencia
DIMENSIONES SEXO N M DT T P
Víctima de violencia psicológica Urbano 2237 15.80 4.31 6.082 .000
Rural 932 14.82 3.77
Supervisión y control de padres Urbano 2235 21.65 4.87 -2.652 .008
Rural 944 22.14 4.53
Víctima de violencia física Urbano 2303 6.40 1.63 -2.119 .034
Rural 962 6.54 1.72
Ambiente familiar hostil Urbano 2300 4.89 2.00 3.961 .000
Rural 963 4.59 1.86
Conicto emocional Urbano 2299 4.58 2.27 -4.188 .000
Rural 962 4.94 2.26
Estrés social Urbano 2263 11.99 3.70 -2.003 .045
Rural 957 12.28 3.77
Conducta desviada de los pares Urbano 2277 10.01 3.16 4.787 .000
Rural 968 9.44 2.95
Resolución de problemas Urbano 2285 13.79 3.21 1.612 .107
Rural 963 13.59 3.17
Consumo de bebidas alcohólicas Urbano 2306 5.03 2.22 4.737 .000
Rural 976 4.65 1.79
Actitudes negativas Urbano 2302 11.11 3.82 .194 .846
Rural 971 11.08 3.72
Empatía Urbano 2284 14.43 3.26 -1.086 .277
Rural 962 14.57 3.21
Manejo de la ira Urbano 2311 9.33 3.29 1.597 .110
Rural 972 9.13 3.18
Consumo de drogas ilícitas Urbano 2316 3.47 1.49 3.641 .000
Rural 972 3.28 1.11
Consumo de cigarrillos Urbano 2277 5.55 2.38 3.809 .000
Rural 956 5.22 1.90
Personalidad resiliente Urbano 2267 22.93 5.09 .346 .729
Rural 958 22.86 5.08
Hostilidad Urbano 2255 19.49 4.72 -1.838 .066
Rural 941 19.83 4.96
Ira Urbano 2284 7.53 2.87 .135 .892
Rural 957 7.52 2.71
Agresión física Urbano 2259 15.30 5.15 1.636 .102
Rural 931 14.97 5.07
Agresión verbal Urbano 2273 13.02 3.79 1.808 .071
Rural 947 12.75 3.77
Elaboración propia de resultados de investigación de 2014.
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al consumo de bebidas alcohólicas, el estudio revela que un
tercio de los jóvenes consumen alcohol; entre los factores de
riesgo hacia la violencia en adolescentes, son coincidentes
los enfoques planteados por Luengo-Martín y Tavares-Filho
(1997) y Moncada-Bueno (1997), quienes señalan que existen
factores de riesgo hacia la violencia y al consumo de drogas,
los cuales pueden tipicarse como factores individuales, micro
y macrosociales; en consumo de cigarrillos, se encontró que
un cuarto de los(as) jóvenes consumen cigarrillos, existiendo
evidencia empírica que apoya una fuerte relación entre
el consumo de drogas y la delincuencia. Huizinga, Loeber,
Thornberry y Cothern (2000) sostienen que los factores de
riesgo que contribuyen al consumo de drogas son los mismos
o muy similares a los que inuyen en la delincuencia (Hawkins,
Arthur y Catalano, 1995; Leukefeld et al., 1998); en el factor
rendimiento académico, el estudio revela que cuatro de cada
diez jóvenes presentan un bajo rendimiento académico; en el
factor violencia física expresada, el estudio revela que cuatro
personas de cada diez presentan un comportamiento de
agresión física; en la variable agresión física, cerca de la mitad
de los(as) jóvenes presenta una conducta agresiva. Dentro de
este grupo, los más afectados son los jóvenes hombres de
centros educativos privados. Los hallazgos en agresión verbal
son similares a los de agresión física, indicando que existe una
correlación muy alta entre agresión física y agresión verbal.
También existe una correlación importante entre algunas
dimensiones de personalidad y socioambientales con los
comportamientos agresivos; evidenciándose empíricamente
que tanto las dimensiones de personalidad como los factores
sociales: las actitudes, manejo de la ira, empatía, ira, hostilidad,
la familia, la comunidad, el estrés social y los amigos están
relacionados de forma signicativa y positiva con la conducta
agresiva de los jóvenes salvadoreños.
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Revista entorno, Universidad Tecnológica de El Salvador, www.utec.edu.sv, octubre 2016, número 62: 19-26, ISSN: 2071-8748
Percepción de la relación entre educación
superior y trabajo en graduados de la
Universidad Tecnológica de El Salvador
URI: http://hdl.handle.net/11298/285
Paola María Navarrete
1
Ruth Maritza Osegueda
2
paola.navarrete@utec.edu.sv
Recibido: 24/08/16 – Aceptado: 19/09/16
Resumen
En este artículo se profundiza en uno de los resultados
obtenidos en la investigación institucional “Posicionamiento
en el ámbito laboral y caracterización de graduados
universitarios de la Universidad Tecnológica de El Salvador”,
que tuvo como objetivo desarrollar un perl y caracterización
del graduado de la Universidad Tecnológica de El Salvador
(Utec). Este artículo se centra en las percepciones que
tienen los graduados sobre la relación entre su formación
universitaria y su desarrollo profesional, incluyendo su
capacidad de obtener un empleo, así como la relación entre
su actual empleo y su carrera. Entre los resultados se obtuvo
que el 63,9 % de los graduados está ejerciendo su trabajo
en áreas relacionadas con su formación académica. Esta
percepción es más notoria en graduados del sexo masculino
y en aquellos pertenecientes a zonas rurales. Los graduados
también manifestaron que su formación académica ha
sido de utilidad y ayuda en su empleo, permitiéndoles
desempeñarse mejor, pero que no tiene relación directa con
obtener un empleo o mejorarlo.
Palabras clave
Socialización profesional, Universidad Tecnológica de El
Salvador – Educación - El Salvador, Graduados universitarios.
Abstract
This article delves into one of the results obtained in
the institutional research entitled “Job positioning and
characterization of graduates from Universidad Tecnológica
de El Salvador (Utec). This article focuses on the perceptions
graduates have in terms of the relationship between their
academic training and their professional development,
including their capacity to be employed, as well as the
relation between their current job and their major. The
results showed the following facts: 63,9 % of graduates is
currently working in elds related to their academic training.
This perception becomes more obvious in males and in
those who belong to the rural areas. Though the graduates
also pointed out that their academic training has been
useful and helpful in their job thus allowing them to perform
better, this has no direct relation to being able to get a job or
improving the opportunity for a better job.
Keywords
Professional Socialization, Universidad Tecnológica de El
Salvador-Education-El Salvador, University graduates.
1
Antropóloga, investigadora de la Universidad Tecnológica de El Salvador. paola.navarrete@utec.edu.sv
2
Licenciada en Psicología, colaboradora en la investigación.
20
Percepción de la relación entre educación superior
y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica
de El Salvador. Paola María Navarrete, pp. 19-26
Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
Introducción
La actual tendencia en el mundo globalizado y en el mercado
laboral presenta características que han permitido la adopción
de estrategias similares a las que tradicionalmente se utilizan
para lanzamientos y promoción de productos, pero dirigidas
hacia profesionales, principalmente enfocadas hacia jóvenes y
personas que ingresan por primera vez al mercado de trabajo,
o en aquellos que cambian de sector o modalidad de trabajo
(Rentería y Martínez, 2006b).
Estos nuevos escenarios, a los que se deben incorporar los
egresados universitarios, demandan cada vez más una sólida
formación profesional, adecuada a exigencias de mercados
cada día más competitivos, requiriendo que el profesional
involucre con inteligencia sus capacidades para insertarse al
mercado laboral de manera competitiva. Las demandas en
el mercado laboral ya no se enfocan hacia profesionales con
sólidos conocimientos cientícos y técnicos en una disciplina
especíca; se requiere además de una fuerte formación en
competencias, consideradas relevantes para su desempeño
profesional (Betnaces, 2007). Es por eso que se hace necesario
que las instituciones de educación superior, que forman a
profesionales que irán a desempeñarse al mercado laboral,
conozcan y entiendan hacia qué mercados están capacitando
a sus estudiantes y graduados; y comprender si esas
competencias y capacidades son las adecuadas para competir
y dar un aporte al mundo laboral.
Ahora el graduado debe logar posicionarse en el área en la
cual ha estado formando sus competencias para aportar
conocimientos, habilidades y actitudes a su entorno laboral.
En el contexto del trabajo, los sujetos pueden apropiarse o
desarrollar recursos que les permitan lograr un posicionamiento,
siempre y cuando los demás sujetos inmersos en ese contexto
reconozcan determinados aspectos, como el liderazgo, la
productividad, la adecuada comunicación y una buena actitud
(Hall, 1996).
Tradicionalmente el término posición se interpreta desde el
punto de vista de la mercadotecnia, que se reere al lugar y los
atributos que el cliente percibe mentalmente de un producto.
La diferencia entre posición y posicionamiento, en el caso del
mercado laboral, implica no solo el lugar en el que se ubica el
sujeto, sino además el reconocimiento que los otros hagan de
dicha ubicación. El mercado laboral, como contexto, permite
que las personas se encuentren y se reconozcan; este espacio
de interrelaciones les permite construir su identidad, y cada
sujeto toma una posición frente a dicho contexto (Rentería y
Enríquez, 2006; citado en Carillo, Escobar, y Audelo, 2013).
Posicionamiento de graduados universitarios
Pero a escala nacional no existen instituciones, a veces ni
siquiera dentro de las propias universidades, que velen y den
seguimiento a sus graduados universitarios. Por lo general no
se sabe cuántos de ellos están insertados en el mundo laboral,
si trabajan en áreas relacionadas con sus estudios, ni de qué
manera sus estudios ayudaron a colocarlos en un trabajo o si
les permitió una mejor posición que en la que se encontraban.
Un mayor entendimiento de la relación que existe, para
los graduados, entre sus estudios con su experiencia en la
búsqueda de un empleo, e incluso ya ejerciendo su profesión,
permite entender qué otras competencias, habilidades o
conocimientos necesita un profesional para ser competente y
competitivo profesionalmente.
Han existido en El Salvador pocos informes e investigaciones
por parte de universidades, u otros entes, que determinen
el posicionamiento que tienen los graduados en el ámbito
laboral salvadoreño. Generalmente se han realizado con el
propósito de identicar en qué áreas han logrado posicionarse
los egresados de sus instituciones. Estos estudios realizan
un diagnóstico que, a su vez, permite crear mecanismos
que ayuden a la incorporación de los egresados de sus
universidades al mundo laboral, como además mejorar los
procesos educativos desarrollados dentro de su institución
(Ruiz y Green, 2003; Universidad Modular Abierta [UMA], 2012).
Las transformaciones técnico-cientícas han requerido nuevos
modos de organización, tanto para los procesos de trabajo
como para los de formación. Este escenario demanda acciones
constantes de seguimiento y evaluación de los egresados, ya
sea para la reorganización interna de los programas o para la
proposición de nuevos (Programa ALFA América Latina, 2006).
Es posible que existan otros estudios que hablen de los
graduados en otras universidades, pero también que esta
información se quede a nivel institucional y no sea divulgada
en la comunidad cientíca. Queda pendiente —y es una deuda
por parte de las universidades salvadoreñas— realizar un
estudio de seguimiento a escala nacional que pueda brindar a
la población diagnósticos actualizados del posicionamiento de
egresados universitarios, mostrando tendencias y necesidades.
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y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica
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Método
Participantes o sujetos de estudio
El estudio tomó en cuenta a graduados de licenciatura
pertenecientes a la Utec dentro del período 2011-2015,
considerando a hombres y mujeres de las diferentes carreras
que imparte.
Universo y muestra
Desde el año 2011 hasta el 2014 hay un registro de 6.724
graduados (Mined, 2015). Con este universo, se estimó una
muestra total de 252 participantes para el estudio, con base
en la fórmula para el cálculo de poblaciones nitas, la cual
responde a un nivel de conanza estimado del 95 % y un
margen de error del 6 %, con distribución y selección al azar.
Descripción de la población encuestada
Entre los datos sociodemográcos de la población
sondeada (ver Tabla 1. Características sociodemográcas
de los participantes), 136 de los encuestados son del sexo
masculino, representando el 54,5 %; mientras que 113 (45,5 %)
corresponden al sexo femenino. Según el área de residencia,
son pertenecientes al sector urbano el 91,5 % (n = 225); y para
el área rural, el 8,5 % (n = 21). En la variable Estado civil, se
tiene que el 42,8 % (n = 108) está casado; un 40,6 % (n = 102)
es soltero; aquellos que manifestaron estar acompañados son
un 11,7 % (n = 29); y divorciados, con 4,4 % (n = 11), entre las
variables que caracterizan a la muestra encuestada.
Diseño y tipo de estudio
La metodología implementada fue cuantitativa, mediante
un estudio descriptivo con diseño trasversal y exploratorio
(Hernández, Fernández y Baptista, 2014).
Instrumento utilizado para la recolección de datos
Para esta investigación se utilizó una encuesta estructurada
de tipo cerrado (Hernández, Fernández y Baptista, 2014),
conformada por ítems de nivel nominal dicotómico, polinómico
y de respuesta variable cerrada. Para la validación de los
instrumentos se realizó un análisis de contenido, para mediar
la congruencia de los ítems con el estudio e identicar las
principales variables que predicen el posicionamiento laboral.
Posteriormente se realizó un análisis factorial exploratorio
sobre los ítems validados, y se obtuvo un nivel de congruencia
interna del instrumento suciente para garantizar la cohesión
de los ítems y su consecuente predicción de la variable interna.
Tabla 1. Características sociodemográcas de los participantes
Variables Recuento Porcentaje
Sexo: Femenino 113 45,5
Masculino 136 54,5
Estado civil: Soltero 102 40,6
Casado 108 42,8
Acompañado 29 11,7
Divorciado 11 4,4
Viudo 1 0,6
Zona: Urbano 225 91,5
Rural 21 8,5
Departamento Ahuachapán 6 2,2
Cabañas 3 1,1
Chalatenango 1 0,6
Cuscatlán 13 5,0
La Libertad 46 18,4
La Paz 3 1,1
San Salvador 176 70,4
San Vicente 1 0,6
Usulután 1 0,6
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y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica
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Procedimiento para recolección de datos
La encuesta se realizó de manera virtual. Esta técnica de
recolección de información fue factible debido a que la muestra
de graduados tiene acceso a internet y a correo electrónico,
necesario para recibir la información de la encuesta; se les
explicó vía correo en qué consistía la investigación, cómo
desarrollar la encuesta y la importancia de su aporte.
Resultados
Coherencia entre la formación y el tipo de empleo
Se preguntó a los graduados si el trabajo que están
desempeñando tiene o no relación directa con la carrera que
cursaron en la universidad. Tomando en cuenta una escala del
1 al 4, siendo 1 equivalente a Mucho y 4 a Nada, los graduados
respondieron, en un 63,9 % (n = 161), que su actual trabajo
tiene mucha relación con los títulos que obtuvieron en la
universidad; el 22,4 % (n = 55) manifestó que su trabajo algo
tienen que ver en ese sentido; 7,5 % (n = 18), que su trabajo
tiene poco que ver; y un 4,0 % (n = 10), que su trabajo no tiene
nada que ver con lo que estudió. De estas cifras, el 11,5 % de
graduados manifestaron que su trabajo tiene poco o nada de
relación con su carrera universitaria.
Al comparar estos resultados con algunas variables demográcas
podemos distinguir, si bien sin signicancia, diferencias entre la
población.
Los graduados del sexo masculino manifestaron tener una
percepción de mayor relación entre su actual trabajo y su
formación, en comparación con las mujeres. Teniendo la
población masculina una media de 1.42, en comparación con
1.58 de las mujeres.
Un resultado similar sucede con la variable Sector, en la cual, al
observar las medias, se tiene que en el urbano hay una media
de 1.52, mientras que el rural es de 1.38, indicando que en el
rural existe una mayor percepción de que la carrera en la cual
se tituló ha sido de mucho benecio en su trabajo.
Percepción de desempeño entre trabajo y educación.
Al preguntarles respecto a la relación que perciben entre
su desempeño en el trabajo con referencia a su educación
universitaria se utilizó una escala del 1 al 5, considerando 1
como la categoría Muy en desacuerdo, y 5, Muy de acuerdo.
Los graduados que ya estaban trabajando, previo a graduarse
consideraban que sus estudios les han permitido ascender
en la empresa en la que están actualmente laborando, con
una media de 3.84; manifestaron que en cierta medida esto
Tabla 2. Relación entre carrera y posicionamiento laboral
Frecuencia Porcentaje Porcentaje Porcentaje
válido acumulado
Mucho 161 63,9 66,1 66,1
Algo 55 21,7 22,4 88,5
Poco 18 7,2 7,5 96,0
Nada 10 3,9 4,0 100,0
Total 244 96,7 100,0
Perdido sistema 8 3,3
Tabla 3. Medias de relación entre trabajo y carrera académica según sexos
Sexo: N Media Desviación típ. Error típ. de la media
Femenino 111 1.58 .840 .080
Masculino 130 1.42 .769 .067
Tabla 4. Medias de relación entre trabajo y carrera académica según zona
Zona N Media Desviación típ. Error típ. de la media
Urbano 220 1.52 .805 .054
Rural 18 1.38 .860 .201
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era indiferente, pero que en parte están de acuerdo con
que sus estudios les ha permito ascender. Al preguntarles si
consideraban que su educación universitaria ha sido de utilidad
para su actual empleo, se respondió con una media de 4.41,
estando de acuerdo con este postulado; lo mismo sucedió
con la pregunta ¿Considera que su formación universitaria
le ha permitido desempeñarse mejor?, con una media de
4.42. Al preguntarles si consideraban que su formación les ha
permitido obtener un buen empleo, se plantea una media de
3.94, indicando que, si bien les es indiferente la relación de
estudio-trabajo, también están de acuerdo con que ayuda.
Al comparar esta percepción con las variables sociodemográcas
del estudio, se observa que, al compararla con la variable sexo,
los graduados tienen una mayor percepción en comparación
con las graduadas; que sus estudios les han permitido
ascender dentro de su trabajo, con un rango de 94.39 de ellos
en comparación con 81.27 de ellas. Un patrón similar sucede
al preguntar si su formación universitaria ha sido de utilidad
para su empleo, donde el lado masculino manifestó estar más
de acuerdo y que considera que su formación le ha permitido
tener un buen empleo.
Tabla 5. Percepción de tipos sobre estudio en posicionamiento laboral
N Mínimo Máximo Media Desv. típ.
Sus estudios le han permitido
ascender en la empresa 251 2 5 3.84 .977
Su educación en la universidad
le ha sido de utilidad en su empleo 252 2 5 4.41 .730
Considera que su formación
en la universidad le ha permitido
desempeñarse mejor 251 2 5 4.42 .709
Considera que su formación
en la universidad le ha permitido
obtener un buen empleo
(o un mejor empleo). 252 2 5 3.95 .964
(N válido [según lista]) 249
Tabla 6. Percepción de estudio en posicionamiento laboral según variables sexo
Sexo: N Rango Suma de U de Mann- Sig. asintót.
promedio rangos Whitney (bilateral)
Sus estudios le han
permitido ascender
en la empresa Femenino 79 81.27 6420.50 3260.500 .076
Masculino 97 94.39 9155.50
Total 176
Su educación en la
universidad le ha sido
de utilidad en su empleo Femenino 80 85.64 6851.50 3611.500 .378
Masculino 97 91.77 8901.50
Total 177
Considera que su
formación en la
universidad le ha permitido
desempeñarse mejor Femenino 80 92.69 7415.00 3505.000 .264
Masculino 96 85.01 8161.00
Total 176
Considera que su formación
en la universidad le ha
permitido obtener un buen
empleo (o un mejor empleo) Femenino 80 87.44 6995.50 3755.500 .700
Masculino 97 90.28 8757.50
Total 177
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Únicamente cambia al preguntarles si su formación le ha
permitido desempeñarse mejor dentro de su trabajo, donde
las mujeres tuvieron una mayor percepción que este ha
sido el caso, con un rango de 92.69; y 85.01 de parte del
sector masculino.
Al comparar dichas percepciones con la variable Trabajo, con
una prueba de U de Mann Whitney, se puede observar que
existen signicancias en las preguntas relacionadas con la
pregunta si su estudio le ha permitido ascender en la empresa,
donde hay un rango más alto entre aquellos que creen que
les ha ayudado y que poseen trabajo, en contraste con aquellos
que no tienen trabajo, donde su rango promedio es menor.
De la misma manera sucede con la pregunta si su educación ha
sido de utilidad en su empleo. Las personas que manifestaron
trabajan, tuvieron rangos promedios más elevados, indicando
que su educación ha sido de inuencia para encontrar y
desempeñarse en su actual empleo.
En pocas palabras, aquellos que tienen trabajo consideran
que su educación ha tenido inuencia en la obtención y
desempeño laboral, en comparación con aquellos que no
poseen un trabajo, que maniestan que la educación no inuye.
Con el ítem Considera que su formación ha permitido obtener
un buen empleo sucede lo mismo. Existe un mayor rango de
respuesta en aquellos que manifestaron estar trabajando en
contraste con los que no, que consideran que la formación no
inuye en la obtención de un mejor trabajo.
Conclusiones
Formación académica y empleo
Se encontró que más de la mitad de la población de graduados
encuestados (63,9 %) se encuentran laborando en un lugar
relacionado con la profesión que cursó en sus estudios
universitarios, mientras que un 22,4 % tiene un trabajo que
está relacionado de alguna manera, y un 13,7 % trabaja en un
lugar que tiene poco o nada que ver con su profesión.
Son los hombres los que se están desempeñando o que ven
una mayor relación entre su actual trabajo y el grado académico
obtenido, en comparación a las mujeres, que tienen una menor
percepción de esta relación. Un resultado similar sucede al
comparar las zonas urbanas con las rurales, en el cual los
graduados de la zona urbana tienen una mayor percepción de
que su trabajo es afín a su especialidad, en comparación con
aquellos residentes en las zonas rurales.
Tabla 7. Relación entre percepción de estudio en relación a la variable trabajo
¿Actualmente
se encuentra laborando? N Rango promedio Suma de rangos
Sus estudios le han
permitido ascender en la empresa 168 92.30 15506.50
No 11 54.86 603.50
Total 179
Su educación en la universidad
le ha sido de utilidad en su empleo 169 93.01 15718.00
No 11 52.00 572.00
Total 180
Considera que su formación en
la universidad le ha permitido
desempeñarse mejor 168 91.66 15399.00
No 11 64.64 711.00
Total 179
Considera que su formación en
la universidad le ha permitido
obtener un buen empleo
(o un mejor empleo) 169 93.26 15760.50
No 11 48.14 529.50
Total 180
25
Percepción de la relación entre educación superior
y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica
de El Salvador. Paola María Navarrete, pp. 19-26
Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
Percepción de la relación entre formación y
crecimiento profesional
A escala general, los graduados tienen la percepción de que
existe una inuencia de su formación universitaria en su
desempeño y crecimiento dentro de su trabajo. Pero también
parte de los graduados consideran que este es indiferente a
la formación académica que obtuvo, pero están de acuerdo
con que su formación ha sido de utilidad, funcionado como
una herramienta para mejorar su desempeño en el trabajo.
En el caso de las mujeres, su formación universitaria tenía
tanta relación con obtener un trabajo o incluso ascender.
Incluso durante el estudio las mujeres manifestaron tener
un menor salario que los hombres. Estas nociones también
cambian, dependiendo de si el graduado está laborando o no.
En el caso de los graduados que tienen un trabajo, dijeron que
su formación no solo les ha permito obtener un buen trabajo,
sino que les permitió ascender; y que además ha sido de
utilidad para su desempeño laboral. Se da el caso contrario
si el graduado no posee un trabajo, donde su formación no
ha ayudado o permitido que logre posicionarse dentro del
mercado laboral.
En este caso, la percepción de los graduados los orienta a
decir que su formación universitaria les ha permitido tener
las competencias y herramientas necesarias para poder
desempeñarse en su trabajo, pero solo obtener su título de
graduación no es garantía para obtener un buen trabajo ni para
poder mejorar las condiciones laborales de su actual trabajo.
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Tabla 8. Prueba de signicancia según la variable trabajo
Sus estudios Su educación Considera que su Considera que su
le han en la universidad formación formación en
permitido le ha sido en la universidad la universidad
ascender en la de utilidad le ha permitido le ha permitido
empresa en su empleo desempeñarse mejor obtener un buen
empleo (o un
mejor empleo)
U de Mann-
Whitney 537.500 506.000 645.000 463.500
W de Wilcoxon 603.500 572.000 711.000 529.500
Z -2.426 -2.828 -1.879 -2.926
Sig. asintót. (bilateral) .015 .005 .060 .003
a. Variable de agrupación: ¿Actualmente se encuentra laborando?
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Percepción de la relación entre educación superior
y trabajo en graduados de la Universidad Tecnológica
de El Salvador. Paola María Navarrete, pp. 19-26
Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
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Revista entorno, Universidad Tecnológica de El Salvador, www.utec.edu.sv, octubre 2016, número 62: 27-33, ISSN: 2071-8748
Incidencia de las condiciones de bienestar social
y de seguridad en la actitud hacia la conservación
de la identidad cultural: caso Planes de Renderos
URI: http://hdl.handle.net/11298/282
Saúl Enrique Campos-Morán
1
Paola María Navarrete
2
Carlos Felipe Osegueda
3
Julio Abal Blanco
4
Melissa Regina Campos
5
Universidad Tecnogica de El Salvador
saul.campos@utec.edu.sv
Recibido: 19/04/16 – Aceptado: 23/07/16
Resumen
El objetivo de la investigación fue determinar las características
sociales, culturales, económicas y geográcas del cantón Los
Planes de Renderos, para lo cual se implementó un diseño de
carácter multimodal, ya que se aplicaron técnicas cualitativas
para la recolección de elementos de identidad cultural del
cantón, así como cuantitativa para los datos históricos,
geográcos y socioeconómicos de la misma localidad. Se
realizó un estudio descriptivo en el que participaron 306
habitantes del cantón, lo que generó datos con un 92 % de
conanza y un margen de error del 6 %; y un estudio etnográco
por medio de entrevista en profundidad en el que participaron
40 habitantes de la localidad que cumplieran la característica
de tener una familia con residencia en Los Planes de Renderos
de por lo menos una generación anterior, cuyos testimonios
fueron validados por medio de triangulación cualitativa. Entre
los resultados principales se tiene que las fuentes principales
de ingresos de las familias del cantón siguen siendo las
remesas y el empleo semiformal en el rubro de servicios; que
la violencia social es una variable que impacta fuertemente en
el desarrollo de la economía local, y que ambas condiciones
mencionadas tienen relación con que en el imaginario cultural
de los habitantes del lugar no exista una identidad arraigada
con las tradiciones y costumbres del cantón.
Abstract
This investigation was aimed at determining the social,
cultural, economic, and geographical features of the
township of Los Planes de Renderos. The research team
used a multimodal design since qualitative and quantitative
techniques were used. The qualitative techniques helped
to collect the elements linked to cultural identity in the
township. The quantitative techniques were used to collect
the historical, geographical and socioeconomic data in
said township. The study was descriptive and a total of 306
residents participated, thus generating data which showed
a 92 % of condence [interval] and a margin of error equal
to 6 %. An ethnographic study was also conducted by
means of an in-depth interview; 40 residents participated.
Said residents were selected on the basis of the time of
residence; they had to have resided there for at least one
previous generation; their testimonies were validated
through a qualitative triangulation. The main results
include the following: the leading income emanates from
remittances and semiformal employment in the services
area; social violence is a high-impact condition that exerts a
strong inuence in the development of the local economy;
these two elements are related to the cultural imaginary
of the locals and their lack of a rooted identity with the
customs and traditions of the locality.
1
Investigador y docente Utec.
2
Investigadora y docente Utec.
3
Docente investigador de la escuela de Antropología, Utec.
4
Docente investigador de la escuela de Idiomas, Utec.
5
Investigadora Utec.
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Incidencia de las condiciones de bienestar social y de seguridad
en la actitud hacia la conservación de la identidad cultural: caso
Planes de Renderos. Saúl Enrique Campos-Morán, pp. 27-33
Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
Introducción
Desde su nacimiento, el ser humano es una criatura social; es
decir, no puede vivir aislado de su sociedad. Esto condiciona su
proceso de maduración cultural y psicológica desde el primer
año de vida (Vicente, 2015). Por ello, la identidad personal
se conforma en constante interrelación con el proceso de
desarrollo del organismo y con el proceso social mediador
entre el entorno y el ser humano (Vera, 2002). En este proceso,
el lenguaje tiene un papel clave al dotar de signicado a los
objetos y al facilitar que la vida cotidiana se aprehenda como
una realidad ordenada y dada de antemano. Sin embargo, esta
realidad está conformada por diversas realidades generadas
en la actividad que lleva a cabo cada individuo en su propio
proceso de aprehensión de la misma, incorporando sus
características propias. Por ello, como señala Ibáñez (1988), la
realidad, tal y como es, está determinada por la realidad tal y
como es para las personas que la perciben, siendo el resultado
de la propia actividad de construcción subjetiva de la misma.
El primer autor en identicar producciones mentales sociales,
llamadas por él de representaciones colectivas, fue Durkheim.
Con este término expresaba que la vida social es la condición
de todo pensamiento organizado y que tales representaciones
colectivas preservarían la unión entre los individuos. Según él,
hace falta la asociación para que las representaciones de las
personas se conviertan en cosas exteriores a las conciencias
individuales (Vera, 2002, p. 107). El sociólogo francés, en Las
reglas del método sociológico, considera que los estados de
conciencia colectiva son de una naturaleza diferente a la de
los estados de conciencia individual: “Las representaciones
colectivas constituyen una nueva especie de fenómenos que ‘no
tienen por causas generadoras ciertos estados de las conciencias
particulares’, sino las condiciones en que se encuentra el cuerpo
social en su conjunto” (Durkheim, 2001, p. 159).
Bienestar social se le llama al conjunto de factores que participan
en la calidad de la vida de las personas en una sociedad y que
hace que su existencia posea todos aquellos elementos que dan
lugar a la satisfacción humana (Krugman, 1998).
El bienestar social es una condición no observable directamente,
sino que es a partir de formulaciones como se comprende; y se
puede comparar de un tiempo o espacio a otro (Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo, 2013). Aun así, el bienestar,
como concepto abstracto que es, posee una importante carga
de subjetividad propia del individuo, aunque también aparece
correlacionado con algunos factores económicos objetivos. El
bien social no implica necesariamente un colectivismo. En la
cuestión del bienestar en Los Planes de Renderos, se tomó
en cuenta varios elementos de análisis vinculados con la
percepción de calidad de vida individual y familiar, así como
Tabla 1. Criterios de inclusión y exclusión para la investigación
Criterios de inclusión Criterios de exclusión
Haber residido en Planes de Renderos Niños menores de 12 años de edad.
durante los últimos 5 años.
Haber trabajado en Planes de Renderos Personas cuyo interés vaya en detrimento
durante los últimos 5 años. de la identidad del cantón.
Ser originario del cantón. Personas con problemas psicológicos
reconocidos por la comunidad.
Tener familia en el cantón. Personas con vicios o adicciones que
comprometan su capacidad de respuesta.
Elaboración propia
Palabras clave
Los Planes de Renderos-Investigaciones; Actividades
culturales; Cultura y desarrollo; Problemas sociales;
Tradición oral.
Keywords
Los Planes de Renderos-Research investigations; Cultural
activities; Culture and development; Social problem; Oral
tradition.
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Incidencia de las condiciones de bienestar social y de seguridad
en la actitud hacia la conservación de la identidad cultural: caso
Planes de Renderos. Saúl Enrique Campos-Morán, pp. 27-33
Revista entorno, octubre 2016, número 62
ISSN: 2071-8748
los elementos de violencia social que marcan el imaginario
colectivo cotidiano de los residentes de esa localidad.
De tal forma, el primer grupo de indicadores sondeados se
relaciona con la perspectiva de bienestar individual, acceso
a servicios básicos y satisfacción de necesidades. Por otra
parte, se indaga también la violencia social como contexto del
imaginario colectivo, es decir, cómo el contexto de violencia
modica, si es el caso, las conductas sociales y las relaciones
de producción y consumo de los habitantes de Los Planes.
El objetivo de la investigación fue construir una monografía del
cantón Los Planes de Renderos, a partir del análisis descriptivo
de todas las dimensiones constituyentes de la identidad propia
de éste. Dentro de esta premisa, un objetivo secundario fue
identicar si existe relación entre las condiciones de vivienda y
la identicación con las tradiciones culturales del cantón. Esto,
partiendo del supuesto de que las culturas locales se modican
constantemente a partir de la relación que los habitantes de
los pueblos tienen con su entorno, lo que, a partir de lo que se
propone en la investigación, incluye las condiciones de vivienda.
Los participantes de la investigación fueron escogidos de
acuerdo con las necesidades de la investigación. De tal forma,
los participantes del estudio cuantitativo tuvieron ciertas
características especícas, mientras que los del estudio
cualitativo también debían cumplir algunos requisitos, tal y
como se aprecia en la tabla 1. Sin embargo, los criterios que
ambos grupos debían cumplir incluyeron ser salvadoreño,
que viviera en cualquiera de los caseríos del cantón Planes de
Renderos o que trabajara en el lugar.
Respecto a los participantes del estudio cualitativo, también se
primó que fuesen guras conocidas dentro del cantón, y que
su participación fuera relevante al tema en el que participaron.
Diseño y tipo de estudio
Se utilizó un diseño descriptivo mediante un código arbitrario
de observación y uno descriptivo mediante encuestas
probabilísticas en conjunto con el diseño etnográco (Montero
y León, 2007).
El estudio es fundamentalmente transversal, pero tiene un
componente longitudinal para la dimensión histórica y de
patrimonio cultural.
En cuanto a las frecuencias de los datos sociodemográcos de
la población sondeada, se tiene que 36,4 % de los participantes
(n = 113) fueron del sexo masculino, mientras 63,6 % (n = 193)
del femenino. Así mismo, respecto a la edad de los participantes,
estuvo entre los 15 y los 68 años, siendo la media general de la
muestra de 19.5 años.
En cuanto al estado civil, los participantes del estudio
manifestaron que la mayoría son solteros, con un 51,1 % (n =
147); seguido de los que son acompañados, que muestran un
22,7 % (n = 72), y en tercer lugar los casados, con un 21,6 %
(n = 69).
Geografía y distribución territorial del cantón
Los Planes de Renderos se encuentra a 9.5 kilómetros al sureste
del centro de San Salvador, municipio con el cual comparte
una sección de su territorio. El cantón limita a su vez con los
municipios de Antiguo Cuscatlán, Panchimalco y San Marcos.
De estos, Panchimalco posee actualmente el 67 % de su
territorio, seguido por San Marcos y San Salvador. Antiguo
Cuscatlán posee cerca de 1 % del territorio total de Los Planes.
Geográcamente, el cantón está ubicado en latitud 13.6377845,
y en longitud -89.187263, y a 1002 metros sobre el nivel del mar.
En cuanto a su distribución territorial, el cantón está compuesto
por cinco caseríos: Mil Cumbres, Casa de Piedra, Los Planes de
Renderos, Palones-Amatitán y Carretera a Planes de Renderos,
siendo el tercero el que actúa como casco urbano de la zona,
ya que en este están localizados los principales servicios de
salud y los puntos de desarrollo económico y emprendimiento,
así como de turismo.
El resto de caseríos están casi convertidos en pueblos-
dormitorio, debido a que casi la totalidad de sus habitantes
trabajan en San Salvador, y, en menor medida, en Panchimalco.
Condiciones de vivienda y servicios básicos
A escala general se observa que las medias de percepción de
condiciones de vivienda son elevadas. Un análisis detallado
nos ofrece un desglose de acceso a servicios de acuerdo con
los diferentes rubros.
Para el análisis de asistencia de los hijos a la escuela, se tomó
en cuenta únicamente los casos que manifestaron tener uno
o más hijos. También se excluyó un caso donde el hijo ya pasó
de la edad escolar. En cuanto a esta variable, las medias para
para ambos casos son entre medias y bajas, lo que indica que
todos los padres con hijos tienen dicultades para enviarlos
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en la actitud hacia la conservación de la identidad cultural: caso
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ISSN: 2071-8748
a la escuela, tanto por problemática económica como por
inseguridad. Al hacer una comparación especíca de las
medias, se observa una mayor preocupación de las mujeres
por la educación que los hombres, aunque la diferencia entre
ambos valores es relativamente leve.
En cuanto a servicios básicos, la mayoría contestó positivamente
para todas las cuestiones, resultando en valores bastante
elevados para luz, agua y teléfono. A escala general se aprecia, sin
embargo, que los hombres contestaron con valores ligeramente
mayores que las mujeres. Un comportamiento similar reeja el
ítem de mi casa reúne las condiciones para protegernos del
clima, donde las mujeres tienen mayor preocupación por las
condiciones de su casa que los hombres, quienes se muestran
más conados.
La variable que más llama la atención es la percepción de
satisfacción de necesidades. En esta se reeja que existe una
percepción media-alta de satisfacción, en oposición al resto de
cuestiones, que muestran datos muy positivos. Dentro de este
elemento, los hombres muestran una satisfacción media de
4.22, en oposición a las mujeres, cuya media es de 3.97. Esto
se constituye en un indicador de estrés por la seguridad de
condiciones básicas, especialmente en las mujeres, quienes
son las que llevan la principal carga de sustento familiar entre
los hogares del cantón.
Para determinar cuáles variables son las que tienen incidencia
estadísticamente signicativa por sexo, se realizó un contraste
de hipótesis basado en prueba t, sin embargo, no se encontraron
diferencias signicativas entre ninguno de los grupos, por lo
que se concluye que el sexo de los entrevistados no predice el
acceso que se tenga a los recursos y servicios. Este apartado
usualmente no varía en estudios similares, indicando que la
variable no está relacionada.
Condiciones de violencia y seguridad
En este apartado se sondeó la percepción que existe sobre
la violencia y las condiciones de seguridad en el entorno de
vivienda de los participantes.
Tabla 2. Medias para servicios básicos
Sexo Media Desviación típ. Error típ.
de la media
Mi(s) hijo(s) va(n)
a la escuela Masculino 2.89 1.668 .201
Femenino 3.84 1.732 .157
En mi hogar contamos
con luz eléctrica Masculino 4.84 .365 .040
Femenino 4.63 .819 .068
Tenemos agua potable
en casa Masculino 4.70 .581 .064
Femenino 4.57 .974 .081
Contamos con teléfono
jo/celular Masculino 4.66 .738 .081
Femenino 4.29 1.109 .092
Siempre tengo para el
pasaje del bus Masculino 4.13 1.186 .130
Femenino 4.12 1.096 .091
Mi casa reúne las condiciones
para protegernos del clima Masculino 4.48 .795 .087
Femenino 4.46 .938 .078
Mis necesidades básicas
están cubiertas Masculino 4.22 1.173 .129
Femenino 3.97 1.123 .093
Elaboración propia
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en la actitud hacia la conservación de la identidad cultural: caso
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Al hacer un análisis descriptivo se observa que existe una
percepción balanceada entre seguridad e inseguridad en
el ámbito doméstico en las diferentes categorías, es decir,
hay categorías donde existe una percepción negativa, pero
en otras se da lo contrario, tal y como se describe en los
resultados a continuación.
En este apartado se evidencia de forma general un impacto más
fuerte en las mujeres que en los hombres, quienes, al revisar
los estadísticos descriptivos vinculados con esta dimensión,
aparecen con valores menores que los de las participantes.
Para la variable me preocupa que asalten mi casa mientras no
estoy, los hombres muestran una media de 3.14, frente a la de
las mujeres, que es de 3.35, reejando una mayor preocupación
por la casa entre las mujeres que los hombres, pero en ambos
casos se maniesta como un valor intermedio. Así mismo, son
los hombres los que maniestan que consideran vivir en una
Tabla 3. Medias para condiciones de violencia y seguridad
Sexo Media Desviación típ. Error típ.
de la media
Me preocupa que asalten
mi casa mientras no estoy Masculino 3.14 1.839 .202
Femenino 3.35 1.762 .146
Vivo en una zona insegura Masculino 3.56 1.589 .174
Femenino 3.04 1.589 .132
He perdido un familiar por
causa de la violencia Masculino 2.11 1.564 .173
Femenino 1.64 1.292 .107
Me cobran renta al entrar
a mi colonia Masculino 1.33 .991 .109
Femenino 1.15 .525 .044
Hay maras/pandillas
en mi colonia Masculino 4.55 6.590 .722
Femenino 3.14 1.569 .130
He recibido llamadas
de extorsión Masculino 1.48 1.037 .114
Femenino 1.39 1.067 .088
Cerca de mi casa aparecen
personas muertas
por crímenes Masculino 2.32 1.465 .162
Femenino 2.35 1.539 .128
Me preocupa que mis hijos
sean reclutados
por las pandillas Masculino 2.63 2.019 .235
Femenino 3.57 1.770 .154
He sido víctima de asalto Masculino 2.31 1.399 .153
Femenino 1.88 1.432 .119
Llego a mi casa muy tarde Masculino 3.23 1.628 .178
Femenino 2.79 1.514 .125
Por mi colonia es fácil
abordar el bus Masculino 2.52 1.519 .167
Femenino 2.16 1.478 .123
En mi colonia es peligroso
transitar a cualquier hora Masculino 3.81 1.609 .176
Femenino 3.30 1.716 .142
Elaboración propia
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zona insegura (3.56), frente a las mujeres, que muestran un
valor más bajo en esta variable (3.04).
Por otro lado, respecto a cobro de renta, si bien es una variable
de presencia baja, son los hombres los que maniestan en
mayor medida en algún momento haber sido víctimas de
extorsión, pues lo dicen en un porcentaje mucho menor. Esto
se contrasta con la variable presencia de maras, que para
ambas categorías alcanzó un nivel medio de presencia, pero
son los hombres los que maniestan dicha percepción más
fuerte, con una media de 4.55 frente a 3.14 de las mujeres, es
decir, se reconoce que hay maras en su colonia, pero son los
hombres los que más su presencia, en comparación con las
mujeres, que se muestran menos conscientes de la presencia
de aquellas. La variable Llamadas de extorsión, por su parte,
muestra un comportamiento similar al de cobro de renta, pero
con valores más elevados para ambas categorías, siendo los
hombres los que maniestan haber recibido más llamadas de
ese tipo.
Para preocupación por el posible reclutamiento de los hijos en
las maras, nuevamente son las mujeres quienes se muestran
más preocupadas que los hombres, resultando una media de
3.57, mientras que los hombres solamente llegan a 2.63.
Para haber sido víctima de asalto, se podría sugerir que los
hombres son más propensos a serlo, puesto que su media
es mayor que la de las mujeres en este rubro también. La
última variable que muestra una diferencia relevante entre
ambos grupos es la Percepción del peligro de transitar en su
colonia, donde son los hombres quienes maniestan estar
más conscientes de que hay peligro, mientras que las mujeres
muestran una percepción relativamente más baja. Esto está
en sintonía con la variable anterior, donde se observa que son
los hombres los más propensos a ser asaltados. Para los ítems
Llego a mi casa muy tarde y Por mi colonia es fácil abordar
el bus, también se evidencian valores relativamente más altos
para los hombres.
Ante estas relaciones, se hace necesario un contraste de
signicancia para determinar en cuáles casos el sexo es un
factor incidente en la predicción de estos comportamientos.
Al realizar la prueba t para dos muestras independientes, se
observa que aquellas para las cuales el sexo es signicativo en
su aparición son Mi lugar de vivienda es inseguro (t = 2.371; p
= 0.019) y Me preocupa que mis hijos sean reclutados por las
pandillas (t = 3.469; p = 0.001).
Dichos resultados implican que, tomando como base la
diferencia de medias, los hombres tienden estadísticamente a
percibir que su zona de vivienda es insegura, mientras que la
mujer es estadísticamente más propensa a sentir lo contrario;
así como son las mujeres también las más propensas a tener
miedo al reclutamiento de sus hijos.
Impacto en la actitud hacia la identidad
De tal forma, al triangular esta información con la obtenida
por medio de las entrevistas, se obtuvo que los menores
valores en las áreas de condiciones de vivienda y seguridad
corresponden a las personas que maniestan no tener un
fuerte arraigo con su comunidad. Contrariamente, aquellos
que tienen sus servicios básicos satisfechos y que han estado
menos expuestos a la violencia se perciben con mayor interés
hacia la recuperación y perpetuación de las tradiciones
culturales propias de la localidad.
Lo anterior se puede comparar a partir de la información
obtenida de los caseríos. En Planes de Renderos, considerado
como el casco urbano del cantón, y en donde se aglutina casi
la totalidad de la actividad turística del lugar, se aprecia que el
respeto y la práctica de las tradiciones es mucho más fuerte
que Palones o Mil Cumbres, pero, a su vez, aquel lugar es el que
cuenta con mayores índices de seguridad por contar con varios
puntos de interés al turismo local e internacional, por lo que
logra identicarse una relación directamente proporcional de la
satisfacción de necesidades con la conservación del patrimonio
cultural. Es decir, no solamente existe una predisposición a estar
más interesado en la herencia histórica y social del lugar al tener
las necesidades satisfechas y gozar de seguridad, sino que
también este interés está vinculado con propósitos turísticos, y,
por lo tanto, intrínsecamente ligado a la economía local, por lo
que se convierte en una necesidad, lo cual a su vez lo convierte
en parte del microcosmos de los lugareños.
Un caso contrario se observa en los caseríos del interior,
donde existe poco arraigo por las tradiciones culturales, o,
por el contrario, se dan transformaciones en la identidad
en los ámbitos religioso o económico. En el primer caso, la
religión también ha sufrido transformaciones en los últimos
años. Originalmente, como la mayoría de pueblos de El
Salvador, el cantón Planes de Renderos y sus caseríos ha
sido principalmente católico, pero en los últimos años dicha
tendencia ha comenzado a modicarse. Con el auge de las
iglesias evangélicas, la población católica ha ido disminuyendo.
Esto puede explicarse de manera muy sencilla, y tiene que ver
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con acceso y disponibilidad. Las iglesias en Planes de Renderos
están centralizadas en la zona más segura del área, y para llegar
a estas hay que desplazarse por territorios de alto nivel de
inseguridad. En contraste, las iglesias evangélicas han abierto
lugares de culto localmente, permitiendo la congregación de
personas sin arriesgarse a caminar por calles en las que se
corre peligro. A esto se agregan las visitas casa por casa que
los pastores realizan a los habitantes del lugar, por medio de
las cuales hacen ejercicios de evangelización y conversión. De
tal forma, la población más joven de los caseríos del interior
se está convirtiendo en evangélica, mientras los ancianos y la
gente de edad adulta optan por aún profesar el catolicismo.
Conclusiones
Al hacer un análisis, según zonas de vivienda, el caserío que
tiene el mayor número de facilidades en cuanto a condiciones
de seguridad se encuentran el casco urbano perteneciente al
caserío Planes de Renderos. Es en esta área donde se aprecian
las mayores percepciones de bienestar y seguridad, lo cual
contrasta con la percepción de los habitantes de Casa de
Piedra, cuya media de percepción de la violencia es de 3.53
en una escala de cinco, es decir, es bastante alto. Además, los
problemas de transporte están muy presentes en el caserío Mil
Cumbres, siendo este el que tiene más problemas de acceso.
Esto en contraste con la opinión de los habitantes de Planes
de Renderos, quienes muestran el menor índice de problemas
de transporte.
Por otra parte, tal y como se mencionó en la investigación,
problemas de renta y extorsión son más evidentes en los
cantones Mil Cumbres y Casa de Piedra, en oposición a Planes
de Renderos, donde existe menos impacto directo de estos
problemas sociales. En contraste, se observa que existe un
amplio conocimiento sobre las asociaciones, Adescos y otros
grupos sociales de participación ciudadana en Los Planes,
lo cual indica una conciencia acerca del fenómeno, pero no
necesariamente un involucramiento directo en estos procesos.
Otra dimensión alta dentro de esta línea es la percepción de
que el lugar de vivienda incide en el tipo de participación que
puede lograr, lo que podría explicar la poca identicación que
se siente al ser habitante del cantón Planes de Renderos con
Panchimalco en general, en una relación donde vivir en dicho
cantón sugiere un leve sentimiento de exclusión por parte de
los otros cantones.
A escala general, se puede concluir que las condiciones de
vivienda y de seguridad tienen impacto en la actitud hacia el
patrimonio. Si no se satisfacen primero necesidades de cobijo
y protección, habrá una actitud de desechar la tradición en
favor de lo que permita subsistir, principalmente en las nuevas
generaciones, las cuales están menos arraigadas a la tierra que
aquellos habitantes de más edad en el cantón.
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El afrontamiento y la capacidad de
resiliencia de las personas ante los
riesgos por desastres naturales
URI: http://hdl.handle.net/11298/280
Ana Sandra Aguilar-Mendoza
1
Investigadora Utec
ana.aguilar@utec.edu.sv
Recibido: 11/07/16 – Aceptado: 20/09/16
Resumen
El presente estudio tiene como objetivo el identicar la
existencia de un patrón de características sociodemográcas
de las personas que residen en el barrio Santa Anita de la
zona metropolitana de San Salvador, El Salvador, asociado
con la presencia de un afrontamiento activo antes del
surgimiento de eventos de desastres naturales. Es un
estudio descriptivo correlacional, en donde se utilizaron
correlaciones de Sperman y pruebas no paramétricas. La
muestra estuvo constituida por 244 residentes del barrio,
en donde el 54 % pertenecía al sexo masculino y el 46 % al
femenino. Se utilizó un cuestionario con dos escalas: la de
estrategias de afrontamiento a riesgos extremos adaptada
por López-Vázquez y Marván (2004) y una ad hoc, adaptada
de la escala de López-Calleja y Núñez (2014). Entre los
resultados se encontraron diferencias en el afrontamiento
que presentan los participantes según la edad. No hay
diferencias estadísticas signicativas en el afrontamiento
activo entre hombres y mujeres, pero estas presentan medias
más altas en el afrontamiento pasivo. En cuanto al estado
civil, no hay diferencias entre este y el afrontamiento activo y
pasivo. Los participantes confían más en la información que
proporcionan la alcaldía y Protección Civil sobre los peligros
que se corren ante los desastres naturales. El afrontamiento
activo está relacionado con las medidas de aseguramiento
Abstract
The goal of this study was to identify the existence of a
pattern of sociodemographic characteristics in people
residing in Barrio Santa Anita, in the metropolitan area of
San Salvador, El Salvador, in relation to the existence of an
active coping at the emergence of natural disasters. This is
a correlational study where Sperman correlations and no
parametric tests were used. The sample consisted of 244
residents, 54 % of which were male and 46 % female. A
two-scale survey was used: coping strategies and extreme
risks—as adapted by López-Vásquez and Marván (2004)
and also an ad-hoc survey adapted from the López-Calleja
and Núñez (2014). Some of the results showed the following
elements: there are differences in the way people cope
with natural disasters based on their age. There are no
relevant statistical differences in active coping among men
and women; however, the latter showed higher median
results in passive coping. In regards to their marital status,
there are no differences between this and coping either
passively or actively. The participants show a higher level
of condence in the information provided by the city hall
and Protección Civil [Civil Protection] about the dangers to
be faced before natural disasters. Active coping is related
with the security of homes, water supply availability and the
1
Docente investigadora de la Universidad Tecnológica de El Salvador, Psicóloga, con Maestría en Salud Pública, Maestría en Docencia e Investigación Educativa, estu-
diante del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador. Correo electrónico: ana.aguilar@utec.edu.sv. Correo postal: Universidad Tecnológica de
El Salvador, edicio Dr. José Adolfo Araujo Romagoza, Vicerrectoría de Investigación, Dirección de Investigaciones, calle Arce y 19.ª avenida Sur, 1045.
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de viviendas, del agua y de actualización de planes de
prevención. Sin embargo, es mayor el porcentaje de familias
que presentan un afrontamiento pasivo.
Palabras clave
Desastres naturales-El Salvador; Resiliencia (Psicología);
Fenómenos cíclicos.
update of prevention plans. However, most families show
passive coping.
Keywords
Natural disasters-El Salvador; Resilience (Psychology);
Cyclical Phenomena.
Introducción
En el mundo la Tierra presenta cambios producidos naturalmente
y por acción del hombre. En El Salvador, históricamente han
ocurrido eventos que representan desastres. Durante el período
de 1910 a 1920 ocurrieron “deslizamientos de tierra, epidemias,
inundaciones, sismos, erupciones, vendavales, tormentas
eléctricas, un tsunami, hundimientos, plagas y avenidas. En
1922, ocurrió una inundación catastróca en los barrios La Vega
y Candelaria, ubicados en la zona urbana del municipio de San
Salvador (MARN/SNET-PNUD, 2006). Durante el período de 1930-
1940, la tormenta de junio, en 1934, desbordó el río Lempa,
arrasando con cementeras y destruyendo la línea férrea.
La inundación en San Salvador arrasó con viviendas que se
encontraban en las cercanías a Los Planes de Renderos. En
1936 surgió un enjambre sísmico en San Vicente, lo que
ocasionó grandes destrucciones del área urbana. Alrededor
de 1944, el país vivió una crisis económica que aumentó la
vulnerabilidad habitacional rural; los campesinos construían
casas de paja, lo que ocasionó muchos incendios, que fueron
calicados como “incendio pajizo”. Durante esa época los
desastres más frecuentes fueron incendios en casas pajizas,
en forestales y en las haciendas. No se mencionaba en las
agendas periodísticas el tema de la prevención de desastres y
solo se recomendaba lo que se debía hacer, con frecuencia por
especialistas extranjeros (MARN/SNET-PNUD, 2006).
Durante el período de 1959 a 1960 ocurrió un terremoto en
la zona oriental del país, fue conocido como “el terremoto de
Jucuapa y Chinameca”; muchas personas fueron evacuadas
y trasladadas a San Salvador. Las lluvias ocasionaron
deslizamientos, inundaciones y se caracterizaron las tormentas
eléctricas, por electrocutar a personas que se cubrían de la
lluvia debajo de árboles. Lo que es llamado regionalización de
eventos (pág. 19) convergió también en la reproducción de
plagas, como el chapulín. Las inundaciones en el bajo Lempa
ocasionaron pérdidas millonarias en los cultivos. En 1958 se
incendió la catedral de San Salvador debido al mal manejo de
acetatos de películas que habían sido guardadas ahí por más
de veinte años (MARN/SNET-PNUD, 2006).
En el año 1965, un terremoto afectó varios municipios de San
Salvador y La Paz, en donde se registraron daños en varios
edicios públicos. Como consecuencia murieron muchos peces
en el lago de Ilopango, a raíz de la contaminación por aguas
azufradas. Al nal de 1969 se desencadenó una guerra con el
vecino país de Honduras. A partir de los años 70, los eventos
más representativos fueron huracanes e inundaciones. Los
huracanes Fifí y Frederick dañaron la estructura vial y agrícola.
Tanto en las riberas del río Lempa como en las del Acelhuate,
ubicado en San Salvador, provocaron la pérdida económica y
social de sus habitantes.
En 1974, las lluvias produjeron en el volcán Chaparrastique
deslaves que afectaron de nuevo los cultivos, las viviendas y
sus habitantes. En el período comprendido entre 1980 y 1990,
se creó el Comité de Emergencia Nacional, ante la frecuencia
del mismo tipo de desastres de las décadas anteriores. Pero el
trabajo realizado por este organismo no avanza en materia de
prevención de desastres y tampoco en el área de análisis de
información estadística. El 10 de octubre de 1986 un terremoto
sacude a San Salvador, dejando el área metropolitana con
inmensas pérdidas materiales y humanas. En la colonia
Montebello, en 1982, ocurre un aluvión proveniente de las
faldas del volcán de San Salvador. Cuatrocientas personas
fallecieron. Las colonias urbanas se ven afectadas en esta
década por deslaves, desprendimientos de tierra de cerros y
deslaves por inundaciones en poblaciones urbanas.
En el período de 1990 a 2000, los bosques estaban intervenidos
por las acciones humanas, la desforestación fue inminente
debido a la tala indiscriminada de bosques, la sobreexplotación
de los recursos naturales fue la causa de la contaminación
y el aparecimiento de enfermedades gastrointestinales y
respiratorias. Las inundaciones se convirtieron en eventos
recurrentes; el sistema de aguas lluvias y aguas residuales
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entró en crisis, causando el colapso de tuberías domésticas y
públicas, lo que ocasionó inundaciones. El huracán Mitch, que
azotó Latinoamérica, en El Salvador causó muchas pérdidas
económicas, agrarias y humanas.
La crisis energética por el fenómeno del niño aumentó la
probabilidad de riesgo para todo el país, con pérdidas millonarias
en producción de energía. Hasta este período se empieza a
escuchar a los ambientalistas, y los agentes tomadores de
decisiones empiezan a debatir sobre los riesgos, dándoles
mayor atención. El ajuste estructural en el área económica no
se esperó, y este contempló la privatización de los servicios
públicos; se sistematizó la información y la divulgación ocial
de las acciones ante el cambio climático y las emergencias.
En el año 2001 ocurrieron dos terremotos, durante los meses
de enero y febrero, de mayores magnitudes y con reiteradas
réplicas, que dejaron más de 2 mil muertos e inmensas áreas
del territorio nacional destruidas. Posteriormente, en el año
2005, el huracán Stan dejó también pérdidas, por lo que la
mitigación y prevención de desastres empieza a tomar forma.
Se enfatiza en la educación en riesgo, y organizaciones no
gubernamentales inician un trabajo más organizado sobre
la prevención de riesgos (MARN/SNET-PNUD, 2006). A partir
de estos últimos eventos, han ocurrido dos tormentas cuyos
estragos han afectado tanto a poblaciones rurales como
urbanas: la Ida, que afectó áreas urbanas, sobre todo las
cercanas al lago de Ilopango; y la E-12, que afectó a poblaciones
del bajo Lempa, principalmente. Además, en las áreas urbanas,
estas tormentas han ocasionado inundaciones y deslaves de
viviendas y pérdidas humanas.
Estos eventos catastrócos, con efectos de pérdidas
económicas y humanas, asociados con los resultados de las
administraciones del Estado y con el manejo del medio ambiente
por los mismos pobladores, hacen que los residentes, tanto
del área urbana como rural de El Salvador, vivan con efectos
generados por el estrés. La atención a los estresores produce
una evaluación simbólica y cognitiva sobre la amenaza, esto
produce estrés y provoca un descontrol cognitivo, emocional
y volitivo para realizar diferentes actividades de la vida diaria.
La carencia del apoyo social en estas circunstancias provoca
un conformismo o una desesperanza. Seligman desarrolló
una teoría en la cual explica que las condiciones traumáticas
ocasionadas por un evento estresante que sobrepasa
las capacidades del individuo exceden sus recursos y no
permiten superarlas con éxito, lo cual lleva a la persona a
percibir cognitivamente la inecacia de sus respuestas,
desarrollando un patrón de indefensión (Barraza, 2007). Este
patrón permite que haya poco control de sus emociones.
Por lo que se manifestará en presentar décit en diferentes
áreas personales, familiares y colectivas. La posibilidad de
presentar un estado de resiliencia tiene relación con una serie
de comportamientos cognitivos, afectivos y sociales, los cuales
pueden ser aprendidos o desarrollarse.
El hablar de resiliencia ante eventos extremos, como los
desastres naturales, implica conocer las capacidades de
afrontamiento de las personas antes, durante y después de un
evento. Para Seligman, existe, por lo tanto, una posible relación
entre el aprendizaje instrumental y el miedo condicionado.
El abordar a la resiliencia como un estado se explica según la
teoría de Ribes (2007), quien dene a los estados psicológicos
como “condiciones previas y posteriores a un proceso.
Representan condiciones por lo tanto estables que no están en
transformación, sino que son condiciones de existencia” (pág.
240). Hablar de estado de resiliencia implica que la persona
incluye en su perl de personalidad características adaptativas,
estables, que sean un recurso positivo para la salud, ya que
esta se ve desde dos enfoques positivos: “la resistencia a la
destrucción de esta persona y la capacidad de reconstruir sobre
circunstancias o factores adversos (Moreno-Jiménez, Garrosa,
y Gálvez, 2005). De esta manera, se considera a la resiliencia
como un enfoque de protección, el cual es complementado
con el enfoque de riesgo (Salotti, 2006).
La capacidad que tengan las personas para afrontar situaciones
de riesgo y la capacidad de ajustarse a estados de malestar
psicosocial no solo tienen efectos personales, sino que también
estas pueden ser compartidas con la familia a raíz de los duelos
que se generan tras un evento de desastre natural, como
inundaciones por lluvia, terremotos y erupciones volcánicas. La
Organización Mundial de la Salud (1998) menciona que existen
características identicadas dentro de las personas resilientes,
como son la competencia social, la resolución de problemas,
la autonomía, y el sentido de propósito y futuro (Salotti, 2006).
Existen pocos estudios de resiliencia en poblaciones urbanas,
sin embargo, el riesgo aumenta en aquellas comunidades
urbanas donde existe una mayor actividad laboral, en un área
geográca determinada. La infraestructura deteriorada que
se encuentre en un área urbana especíca es una causa de
riesgo. La falta de señalización para una evacuación, así como
el desconocimiento de los residentes de un plan de prevención
antes que ocurra un evento y la inexistencia de comité local
también se convierten en factores de riesgo.
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Los efectos que pueden convertirse al mismo tiempo en
riesgo son el descontrol de emociones en situación de crisis,
la pérdida de viviendas y seres humanos, el desorden en las
evacuaciones y la presencia de estrés postraumático.
Si la persona se enfrenta a situaciones estresantes o
potencialmente estresantes, la evaluación de la situación
conlleva a una predisposición, que se considera un esfuerzo
cognitivo y conductual que, ante la satisfacción de demandas
del cuerpo y de la mente, así como del entorno, reduce,
minimiza o tolera la demanda. Es decir, en la transacción que
existe entre la demanda del entorno y la de la misma persona
hay un impacto estresor. Dependiendo de los recursos que
tenga la persona, llámensele personales, sociales o culturales,
se disponen para hacerle frente a esa situación estresora
(Barraza, 2007).
Los recursos y disposiciones al servicio de la persona es lo
que se dene como estrategias de afrontamiento (Barraza,
2007). En este sentido, podemos hablar de condicionantes
mentales para la acción. El estado de capacidad de respuesta
de las personas ante los riesgos que ocasionan los desastres
naturales lleva a una toma de decisiones que afecta a su grupo
familiar. Si bien es cierto que las estrategias de afrontamiento
son individuales y no recogen las respuestas colectivas o
comunitarias, sí inciden en la evaluación de su entorno y
pueden facilitar la protección (Salotti, 2006) o aumentar el
riesgo de sus familias y, por ende, de su comunidad debido
a que comparten y experimentan colectivamente los riesgos.
Se espera que dentro de las comunidades o colonias que
presentan algún riesgo de desastre reejen la capacidad de un
pensamiento positivo, que no solo disminuya el estrés, sino que
también que logre que sus residentes estén en la posibilidad
de identicar los riesgos para ellos y sus familias; se fortalezca
la capacidad de reducir la ira surgida ante la desesperanza,
las pérdidas y los síntomas afectivos negativos que la
consecuencia del desastre genera. Además, se esperaría que
el mantener un estado de resiliencia aumente el conocimiento
de la realidad que se vive durante los desastres; la capacidad de
establecer nuevas relaciones de independencia y autonomía
para satisfacer sus necesidades. El resultado del goce de una
resiliencia positiva o negativa estriba en generar un estilo
de afrontamiento adaptativo o inadaptativo, en responder
con estrategias de afrontamiento positivo o pasivo (Salotti,
2006), respectivamente. En los informes de organizaciones de
prevención recomiendan que se debe integrar la reducción
de riesgos, para lo cual es necesario incluir este tema en
la planicación de las agendas departamentales y en las
instituciones gubernamentales (Oxfam Internacional, 2013).
La relevancia de esta temática se debe a que los habitantes de
una zona geográca determinada, en contextos ambientales
y sociodemográcos, se vuelven vulnerables ante eventos
de desastres naturales. El conocer los comportamientos de
sus pobladores y la capacidad para afrontar el riesgo facilita
que las instituciones gubernamentales y las ONG propongan
programas de formación en gestión de riesgo, a n de minimizar
los efectos que se puedan generar al momento de sufrirse.
Los aportes generados a partir de los hallazgos en materia de
resiliencia abonarán a los paradigmas que en la actualidad
se tienen, a escala nacional, sobre los comportamientos
cognitivos, afectivos y sociales que puedan tener impacto
en las personas y familias frente a la pronta respuesta
dentro de un sistema de alertas en caso de emergencia. Este
planteamiento nos lleva a preguntar: ¿Están organizadas las
personas individualmente y sus familias para crear condiciones
de afrontamiento ante los eventos catastrócos causados por
desastres naturales? Las personas, ¿desde antes de un evento
de desastre natural, esperan que la ayuda estatal aparezca?
¿El comportamiento pasivo que puedan mostrar las personas
ante un evento catastróco por desastres naturales es una
manera propia de actuar y solventar aquellos problemas
que pueden constituir un riesgo para su vida? ¿Cuál es la
capacidad de las personas y de las familias para enfrentar las
situaciones futuras de desastres? ¿Presentan capacidades de
afrontamiento las personas y sus familias ante los riesgos por
desastres naturales?
El objetivo que se persigue es identicar las capacidades de
afrontamiento que las personas y familias del barrio Santa
Anita tienen ante los riesgos de desastres naturales. Y, para su
cumplimiento, los objetivos especícos planteados fueron los
siguientes: 1) identicar si existe un patrón de características
sociodemográcas de las personas y familias que residen
en el barrio Santa Anita asociado con la presencia de un
afrontamiento activo antes del surgimiento de eventos que
generen desastres naturales; 2) describir las capacidades de
afrontamiento activo y pasivo de las personas y familias;
3) identicar cuáles son las variaciones en las capacidades de
afrontamiento según características sociodemográficas;
4) identicar cuáles son las medidas de protección que pueden
utilizar en un momento de riesgo por desastres naturales, y
5) identicar la percepción que tienen sobre las instituciones
que apoyan en casos de desastres naturales.
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El enfoque de la Psicología transaccional de Lazarus y Folkman
(1984; citado por Fierro, 1996) dio una importante aportación
teórica sobre el estrés y como este incidía en los cambios de
actuación de las personas en su relación con el entorno. Ya
Costa, Somereld y McRae (1996) denieron el afrontamiento,
años después, como “una especial categoría de adaptación
elicitada en el individuo por circunstancias inusualmente
abrumadoras” (p.10), es decir, en un evento de vida que
sobrepase las expectativas de la persona, esta puede sacar
información interna de su ser y traspasarla a otra, y esta
información le permite no solo pensar, sino que también le
facilita el comportamiento que utilizará para superar el evento
sucedido con éxito (citado en Fierro, 1996).
Lazarus y Folkman (1984) denen el afrontamiento como un
“esfuerzo cognitivo y comportamental (p.10) constantemente
cambiante para manejar las demandas especícas externas
o internas apreciadas como excedentes o que desbordan los
recursos del individuo (citado en Fierro, 1996). Esto implica que
el afrontamiento es sacar recursos de donde faltan. Por lo tanto,
ocurren en este proceso dos momentos: el de apreciación y el
de reconsideración. Para completar estos dos momentos, el
afrontamiento presenta dos funciones: la primera va dirigida
al objeto y la segunda a las emociones. Esto condiciona que
se de, a partir de estos momentos, una toma de decisiones:
modicar el entorno o no hace algo para modicarlo. En
un primer momento, el afrontamiento pasa por una etapa
cognitiva, pero luego se integra a las emociones, a través de
la experiencia y la vivencia, se vinculan los sentimientos al ser
evocados las vivencias, pasadas y presentes, que le facilitan a
la persona actuar.
Toda estrategia de afrontamiento parte de una cognición, de la
memoria, de la atención, de una percepción cognitiva, que luego
pasa a la acción por la función de la acción de afrontar (Fierro,
1996). Se parte por lo tanto de la idea de que el afrontamiento
también es una acción. La teoría de la psicología de la acción
plantea una serie de tesis y conceptos: “El primero es que los
sentimientos modelan los pensamientos y los actos; segundo,
que los pensamientos moldean los actos y los sentimientos;
tercero, que los actos modelan los pensamientos y los
sentimientos; y cuarto, que el entorno modela pensamientos,
sentimientos y actos” (Lazarus y Folkman, 1984; citado por
Fierro, 1996).
Para entender el afrontamiento es necesario considerar
lo cognitivo, lo afectivo y lo comportamental al momento
de afrontar una crisis de cualquier tipo que genere estrés,
incluyendo la ocasionada por eventos catastrócos del entorno,
como los desastres naturales. En esa tríada es que se ubican
los comportamientos personales y familiares. La duración en
el tiempo de este afrontamiento depende del curso de las
determinaciones mutuas. Bandura (1978; citado en Fierro, 1996)
explica en su teoría el curso de las determinaciones reciprocas
y enfatiza que cada evento que tiene un entrada física-social
tiene, a su vez, una entrada biológica; cada instancia perdura
y es como una unidad sustantiva, de tal manera que, al
sincronizarse, la realidad puede ser perdurable, permanente,
aun durante los cambios que ocurran, y son soportes para
otros eventos. En este sentido, se convierten en constantes
que se maniestan a través de los estados.
El término resiliencia tiene varias acepciones; es utilizado, en
un primer momento, para describir químicamente cualidades
de plasticidad y elasticidad; ha sido empleado posteriormente
para referirse a una habilidad de recuperarse pronto de
eventos de crisis en la vida (Villalba, 2003). Esto ha permitido
también que surjan palabras derivadas, como resiliente,
que hace referencia a la persona que logra sobreponerse a
situaciones desafortunadas, incluyendo enfermedades. Villalba
(2003), citando a Masten y Coatworth (1998), comprende
que este concepto es un constructo que, en contextos de
amenaza signicativa para el desarrollo de la persona, existen
fenómenos que facilitan una adaptación exitosa, superando la
crisis. La característica principal son los buenos resultados, a
pesar de las amenazas a la adaptación o al desarrollo de las
personas (Becoña, 2006).
Para conceptualizar la resiliencia, autores como (Moreno-
Jiménez, Garrosa y Gálvez, 2005) proponen un enfoque de
personalidad positiva o resiliente. Para estos autores, se
debe considerar la personalidad como un agente activo en la
búsqueda de la salud dentro del contexto social y cultural en el
que está inmerso. En este enfoque se enfatiza un papel activo
ante su salud y no pasivo; una personalidad vista como un
proceso y no como un rasgo. La personalidad como rasgo es
vista desde la Psicología clínica, considerando los postulados
de Allport, por lo que el papel activo de la persona resiliente
se centra en las pautas de interacción entre la persona, sus
próximos y el entorno.
Para este estudio, se considera el concepto de resiliencia como
la capacidad de superar los eventos adversos con éxito a través
de la formación de patrones de afrontamiento, incluyendo los
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relacionales que le dan un sentido intrínseco a la persona
(Becoña, 2006); como un proceso de adaptación vinculado con
un conjunto de habilidades, capacidades, comportamientos y
acciones para afrontar la adversidad (Schmale, 2012).
Becoña (2006), citando a Polk (1997), combinó atributos
psicosociales y físicos, creando cuatro tipos de patrones de
resiliencia: disposicional, relacional, situacional y losóco.
Estos patrones formados dieron sentido al constructo de
resiliencia. La tipología relacional a nivel intrínseco permite
tener la habilidad de buscar modelos de actuación positiva,
buscar personas en quien conar y relacionarse en la
búsqueda de una intimidad personal y darle sentido a la vida.
Por lo que se consideran como los patrones de características
sociodemográcas de las personas aquellas características
sociales que forman patrones demográcos en una ubicación
geográca y que describen a una población en cuanto a
variables como la edad, el sexo, estado civil, tipo de trabajo,
nivel educativo y otros.
Villalba (2003) describe que un evento de crisis puede producir
un gran cambio en el sistema familiar; y este cambio puede
producir una reorganización inmediata de los miembros de
la familia. En estos casos, son las creencias comunes de los
miembros sobre la situación crítica, así como los recursos
comunitarios con los que cuentan lo que le da sentido a generar
en las personas la capacidad de enfrentarse y de categorizarse
como resiliente. El poder disponer de los recursos comunitarios
por la familia genera optimismo y conanza en cada miembro.
Para Villalba (2003), no solo los recursos básicos son claves
para formar resiliencia, sino también los no tangibles, como
la conanza, el sentimiento de dignidad, el futuro del grupo,
la renuncia a la vida y los décits en su autovaloración. Surge
también en este contexto una exigencia de sensibilidad por
mejorar la familia y la situación concreta de vida. En este
sentido, la resiliencia se dene como un proceso de adaptación
vinculado con un conjunto de habilidades, capacidades,
comportamientos y acciones para afrontar la adversidad
(Schmale, 2012), que está vinculado con la capacidad de
afrontamiento, se tomará como afrontamiento los conceptos
de Costa, Sommereld y McRae (1996) así como el de Lazarus y
Folkman (1984), ambos citados en Fierro (1996), para armar que
ante los desastres naturales la capacidad de afrontamientos
se describe como una respuesta adaptativa, que le facilita a
la persona ante la exposición a estos eventos adversos y que
sobrepasan la capacidad de recursos internos y externos, a
cambiar cognitiva y afectivamente en la búsqueda de un
equilibrio ante las demandas del momento antes, durante y
después de un evento catastróco.
Villagrán, Reyes y Wlodarczyk (2014), en sus estudios
encontraron, en las personas que sufrieron el terremoto
de Chile en el 2010, que la mejoría en sus relaciones
interpersonales estuvo vinculada con un afrontamiento de
forma activa ante los efectos del evento sufrido. Mientras que
las personas que afrontan los desastres pasivamente o que
recurren a estrategias de evitación y aislamiento su resiliencia
es parcial, y solo perciben cambios o mejoras en mismas.
En estudios realizados en población argentina, los sujetos
que mostraron estrategias de afrontamiento más pasiva
expresaron mayor incapacidad para resolver los problemas y
para el rechazo consciente a situaciones problemáticas, por lo
que autoinformaron un bajo nivel de bienestar (Salotti, 2006).
Método
El método utilizado en la investigación es deductivo, en cuanto
que el fenómeno social ya está instalado y la deconstrucción
de la realidad está basada en datos de fuentes primarias. El
diseño es descriptivo, correlacional. La hipótesis planteada
fue si existen diferencias signicativas entre el afrontamiento
activo y el pasivo antes de un evento de desastre natural que
permitan planicar acciones de protección.
El marco muestral estuvo denido durante un período
de trabajo comunitario en el barrio Santa Anita, del área
metropolitana de San Salvador, El Salvador. Se trabajó el bloque
1, ya digitalizado por protección civil de la alcaldía municipal de
San Salvador mediante un mapeo comunitario, acompañados
por protección civil, y líderes y lideresas comunitarios, el cual
alberga aproximadamente 500 viviendas, con una población de
1.800 residentes. El barrio está compuesto por cinco bloques.
Participantes
El muestreo fue intencional de 224 participantes, miembros
de igual número de familias, quienes voluntariamente
contribuyeron al estudio, aplicándole un cuestionario
autoinformado a un miembro de cada familia. Se consideró
un miembro en cada vivienda. La muestra se recolectó en el
período de abril a mayo del 2014.
Las características sociodemográcas de los 224 miembros
representantes de las familias se describen en la siguiente tabla: