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Recuperación de espacios públicos. El caso del microcentro del centro histórico de San Salvador
de la población. Más que físico, el espacio público es un
espacio de vinculación social, económica y política.
Los cambios producidos por la Revolución industrial a fines
del siglo XIX, generan procesos de sobrepoblamiento de
las ciudades, lo que necesariamente lleva a complejizar su
estructura, sus espacios, su funcionamiento, las ocupaciones
de la gente y su desarrollo económico. Tal y como lo indica
Polése (citado en Granillo, 2009), es el desarrollo económico
el que genera las ciudades y en una relación de doble
dirección, las ciudades son necesarias para el desarrollo
económico, aunque no son condición suficiente.
La introducción de nuevas tecnologías en la producción que
se dio con la Revolución industrial condujo a un incremento
del desempleo y a una mayor concentración de la riqueza;
a una sobreexplotación del medio ambiente y desequilibrios
territoriales. Todo esto impacta en la calidad de vida de la
población y agudiza las desigualdades ya preexistentes.
Existen, también, efectos esperados pero no deseados, como
la migración del campo a la ciudad, que origina saturación en la
demanda de los servicios y una enorme presión en las ciudades
que buscan satisfacer las demandas de sus habitantes sin
lograrlo plenamente. Efectos derivados son el hacinamiento y
la violencia, la lucha por los recursos y la división social en el
uso de los espacios públicos y privados de las ciudades.
Son las mismas condiciones de espacio, territorio y
sociedad las que determinan la estructura social y física
de una ciudad. Esa misma estructura tiene incidencia en
los comportamientos, tanto colectivos como individuales;
las relaciones sociales se vuelven superficiales (Elizalde &
Tijoux, 2008); el uso de los espacios se va transformando
y los grandes espacios públicos de las élites cambian de
lugar, del centro de la ciudad hacia los suburbios.
Los centros históricos, en general en Latinoamérica, se van
degradando hasta lograr que una parte de la población,
al menos, evite transitar por ese espacio. Los centros
históricos son relevantes ciertamente porque tienen un
valor histórico, patrimonial, cultural y, en algunos casos,
hasta valor emocional. Sin embargo, más allá de esto
se encuentra la identidad de una población. Por ello, la
recuperación de los espacios debe servir para la generación
de espacios para la sociedad, en donde la población lleve
a cabo acciones donde se pueda socializar, recrearse,
valorizarse y llegar a la plenitud espiritual (Rangel, 2002).
El centro histórico de San Salvador: c omercio,
vivienda, movilidad, inseguridad y terremotos
De acuerdo con el Foro permanente por el desarrollo integral
del centro histórico de San Salvador (2010), más de la mitad del
suelo del centro histórico está hoy ocupado por actividades
de intercambio de bienes y servicios. Los espacios dedicados
a la vivienda en el área son limitados y segregados para una
población que cuenta con bajos recursos.
También se reconoce al centro histórico de la ciudad
por su condición de inseguridad. Es por ello que los
grandes comercios se retiran, minando sus capacidades
de fortalecimiento y reproducción económica, a la vez,
facilitando el apropiamiento de los espacios públicos
por las ventas informales producidas por una desigual
distribución de la riqueza; una disminución de las
oportunidades de empleo en condiciones de satisfacción.
También se detectan actividades ilícitas relacionadas o no
con el comercio y grupos organizados delictivos. A pesar
de esas características, el centro histórico sigue siendo
un sitio donde convergen diariamente cientos de miles
de salvadoreños. El transporte colectivo y el grueso de
la población transita cotidianamente por la zona, lo que
lo convierte en un espacio de privilegio para el comercio
informal y en un sitio de alta contaminación ambiental,
visual y acústica.
Por otro lado, la historia sísmica de la ciudad ha tenido
un efecto importante en su infraestructura, ya que en la
actualidad existen algunos edificios inhabitables; pero que
llevan más de veinticinco años vacíos. La región donde se
ubica la ciudad es de alta sismicidad. Así, ya en 1555, fray
Antonio de Remesal anota un sismo mediano: “Se alborotó
la tierra como si hubiera entrado en la villa todo el infierno
junto” (Arias, 2007).
La ciudad, hoy, ha dejado de ser el centro de la política, de la
economía y de las relaciones exteriores. El centro de Gobierno
es disperso, las industrias y los centros comerciales están
en el entorno de la ciudad y las embajadas se encuentran en
la parte alta de San Salvador.
Marco normativo del centro histórico
de San Salvador
El centro histórico de la ciudad cuenta con un amplio marco
normativo que regula sus actividades. Este procede del gobierno
local de la ciudad, y trata sobre los temas de participación
ciudadana, convivencia ciudadana, mantenimiento y mejora
de la infraestructura de los espacios públicos, uso del espacio
público, conservación patrimonial, planificación, recaudación
municipal e institucionalidad reguladora.
A esto se agrega la declaratoria legislativa a través del
Decreto 680 del 18 de julio de 2008, publicado en el Diario
Oficial Tomo 380, No. 155 (21 de agosto de 2008), en donde
se reconoce la importancia cultural e histórica del área