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El municipio de Huizúcar: historias, patrimonios e identidades, a través del relato de sus pobladores. José Heriberto Erquicia-Cruz,
Martha Marielba Herrera-Reina, Ariana Ninel Pleitez-Quiñónez. Páginas 22-36.
hasta la fecha así es. Pero algunas cosas se han
desaparecido; por ejemplo, esa de María Magdalena;
otra es la del Carmen. La gente colaboraba. La fiesta
del Señor de la Caridad. Hoy, como ya perdimos
la fe. Antes montón de ventas que ponía la gente
en la noche y se quemaban los toritos. Antes en la
fiesta del Señor de la Caridad celebrábamos; y hoy
tenemos esa inquietud. Parece que esas cosas están
desapareciendo, y nosotros quisiéramos que no
desaparezcan.
Hay muchas opiniones de las personas con respecto al
cambio cultural. Una de ellas expresaba: “Todas esas
tradiciones no son de ahorita. Porque bien que aquí que no
a todos los padres les gusta. Hubo uno al que no le gustaba”.
Aunque el padre opinara diferente, la comunidad sigue
teniendo el control de las actividades que realizan, al igual
que de la reconstrucción. Si la gente se opone, tienen el poder
de decidir sobre estos elementos particulares. La religión
dicta una serie de patrones, pero es la religión popular y
sus dinámicas las que expresan las particularidades de la
localidad. En ningún lugar está escrito que los historiantes
bailen durante las fiestas patronales, pero este tipo de
elementos apropiados hacen que la comunidad exprese su
identidad y valores culturales.
Otra cara de la religiosidad popular en Huizúcar se ubica
dentro de los grupos poblacionales de origen pipil asentados
en la cordillera del Bálsamo,
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por lo que probablemente se
pueda identificar a esta región geográfica como un espacio
de reproducción cultural. La cultura material prehispánica
ha legado a la zona dos lugares con manifestaciones gráfico-
rupestres que tienen, entre otros elementos, motivos de
Tláloc (deidad de la lluvia y el agua). El primero de ellos es El
Letrero del Diablo en el municipio de Jicalapa y, el segundo, El
Letrero ubicado en el municipio de Chiltiupán. Cada uno de
ellos se ubica cerca de afluentes de agua como por ejemplo
los ríos. En el petrograbado de representación de la deidad
Tláloc (sitio El Letrero), probablemente sus pobladores
realizaron rituales donde se lo veneraba para pedir por el
agua (Escamilla y Fowler, 2013, p. 162).
Esta petición de agua se puede identificar en la diversidad
de fiestas religiosas cristianas que se realizan en Huizúcar,
que podrían tener un posible origen prehispánico, y
que actualmente se relacionan con la lluvia, el agua y la
agricultura. El ciclo agrícola juega un papel fundamental
en las creencias religiosas actuales. Así, se adapta el ciclo
agrícola con los rituales y las estaciones climáticas; por
ejemplo, en enero es el tiempo para el agradecimiento de los
dones recibidos y la bendición de la nueva semilla (fiestas
de la Sagrada Familia y el Niño Dios); en febrero da inicio
la preparación de la semilla y el ciclo agrícola (fiesta de
Candelaria); en marzo y abril es la época de la siembra en los
campos o cerros; aparecen en algunos lugares las primeras
lluvias (fiestas de San José y Semana Santa). En los meses
de mayo a octubre es el tiempo de los santos patronos, para
el control del temporal. Entonces, la petición de la lluvia y
la fertilidad comienza con la fiesta de la Santa Cruz (3 de
mayo); julio es propicio para el desarrollo y crecimiento de la
milpa; se ritualiza con la fiesta de santa María Magdalena (22
de julio); entre agosto y septiembre hay un período que se
presenta como el momento de la primicia, donde los elotes
crecen y se madura la mazorca, concluyendo con la cosecha
de elotes en septiembre. Es en este mes que se lleva a cabo
una de las festividades más importantes en honor al santo
patrono san Miguel Arcángel, este asociado al ciclo agrícola,
al que se le celebra y pide por el agua para propiciar buenas
cosechas. Este patrono se ubica en el punto más alto del
sector urbano. Retomando el análisis de Jarquín (2010),
son especialmente las montañas las que fungieron como
residencia de algunos dioses e incluso fueron consideradas
como entes sagrados. Cada una personificaba la figura
específica de un dios, como el caso particular de Tláloc
(el agua), entre los nahuas, quien representaba la deidad
de la fertilidad agrícola, cuya residencia era el Tlalocan, al
interior de las montañas. Tierra, agua, flores y frutos, paisaje
y ambiente hacían un conjunto digno de su dueño, que en
su mansión, en su paraíso, no manejaba el rayo cegador ni
el trueno espantoso, sino solo mostraba su aspecto amable,
dando al lugar sensaciones de bienestar, regocijo y paz. Este
espacio rechazó estados de cansancio y preocupaciones,
cesó el dolor y la tristeza (Jarquín, 2010, p. 68).
El sincretismo religioso de san Miguelito, como le llaman
los huizucareños, ofrece la particularidad de retomar a la
deidad prehispánica de Tláloc, que, en este caso, se vuelve
el señor de las lluvias, la milpa y la buena cosecha. Existe un
punto en el que el arcángel y Tláloc llegan a ser uno mismo.
Según Villela (2009), en sus análisis de las deidades de la
lluvia, se refiere a san Miguel Arcángel como el que
7 Esta zona geográfica y cultural se conforma de los municipios de Teotepeque, Jicalapa, Chiltiupán, Tamanique, Comasagua, La Libertad, Santa Tecla, Zaragoza, San
José Villanueva, Huizúcar y Nuevo Cuscatlán.